Responsable.

Cuando todos estuvieron reunidos, Porvenir busco una piedra y la deposito en el centro de aquella inmensa explanada que los arboles no protegian, llamada el campo de Marte. Sobre la piedra puso una cerilla y a su lado, estrategicamente, un pedazo de cristal.

Los rayos que caian eran tan verticales que a los pocos instantes la cerilla se estremecio y quedo encendida.

– Eso… en los bosques -dijo Porvenir.

Todos comprendieron. ?Los bosques…los bosques…! Sembrar los bosques de cerillas y pedazos de cristal.

Este fue el grandioso juego de manos imaginado por Porvenir, en la provincia. Mientras la esposa de Cosme Vila daba a luz un varon, el mas joven comunista de Espana y del mundo, mientras Casal en la UGT comparaba su comite con el de Cosme Vila y al reconocer su escalofriante inferioridad pedia y conseguia la colaboracion de David y Olga -Olga tesorera, David delegado de Propaganda-, mientras el comandante Martinez de Soria cruzaba su acero en el cuartel de Infanteria con el coronel Munoz, segunda espada de la guarnicion, unos cuantos hombres se desparramaban por las montanas proximas y lejanas con cerillas y pedazos de cristal en las manos.

Fue el momento de la grandiosidad, fue la venganza. El resultado no se hizo esperar. Comenzaron a brotar los incendios, primero cerca de la ciudad, luego lejos, cada vez mas lejos.

?Que arbitraria era la naturaleza! Algunos de los incendios nacian con timidez, nacian muertos. Unas llamas impotentes, que se asustaban al ver las costras en los labios del Cojo y se recogian sobre si mismas hasta desaparecer. Otras querian avanzar, pero la tierra se negaba a transmitir su palabra roja. Otras alcanzaban cierta altura y reducian a la nada una familia de pinos, unos olivos perdidos, sin mas. Solo los reptiles huian en sacudidas violentas. Y los colonos de don Jorge regresaban a sus casas con las palas y los utensilios preparados para la extincion.

Pero en otros lugares, en cambio, especialmente por el lado de la ermita de los Angeles, Rocacorba y Arbucias, el fuego prendio con espectacularidad. Las llamas, ayudadas por elementos invisibles, enlazaron unas con otras. Fue el gran milagro concebido por Porvenir. Pronto los pueblos adosados a las laderas y las masias vieron aparecer por las cumbres fantasticos resplandores. La vision se repitio aqui y alla simultaneamente; autenticos productos de prestidigitacion. A la luz de estos resplandores los pinos y los alcornoques se doblaban heridos de muerte. Toda la provincia se puso alerta. Los incendios de los Angeles eran visibles desde Gerona, desde los tejados, desde la propia escuela de David y Olga. Las montanas ardian, y los bosques, mientras Porvenir, el Cojo, Ideal y otros regresaban indiferentes o excitados, algunos algo asustados ante lo que estaban haciendo.

Los primeros momentos fueron de autentico estupor. El profesor Civil subio a la azotea a contemplar el espectaculo. El coronel Munoz se acerco a los ventanales de la Sala de Armas. Julio Garcia salio a extramuros. Algunos canonigos subieron al campanario de la Catedral. Toda la ciudad buscaba las alturas. Ignacio se fue a Correos y con su padre subio a la Cupula; una vez arriba, permanecieron mudos ante el horizonte en llamas, sufriendo doblemente, por los hombres que las provocaban y por la riqueza devastada.

El coche de don Pedro Oriol corria de un lado para otro de la provincia. Sus bosques parecian elegidos con precision especial. Su mujer le decia: «La cuestion es que todo el mundo se salve».

Todo el mundo se salvo; pero no muchas barracas en el monte, ni muchos reptiles, ni utensilios, ni familias enteras de pinos, encinas y alcornoques. La tierra quedo ennegrecida, humeo. Se oian risas por los atajos, crepitar de lenguas vivas. Don Pedro Oriol lloro, el profesor Civil recordo a Neron, Paco saco apuntes, el notario Noguer publico bandos sobre los imprudentes fumadores.

Mateo y Octavio, Benito Civil y Rossello, Roca y Haro entendieron que el momento habia llegado. Al regreso de los trabajos de extincion, para los que se movilizo el Ejercito, pero en los que participaron muchos voluntarios, pusieron mano sobre mano en la mesa del despacho, ante la fotografia de Jose Antonio.

Al dia siguiente unas letras de tamano colosal -como Teo de pie sobre su carro- aparecieron en la Dehesa, pintadas en negro, una en cada tronco de arbol, de forma que leyendolas unidas decian: VIVA FALANGE ESPANOLA.

Gerona volvio su mirada hacia aquellos platanos milenarios, que en cierto modo parecian carbonizados tambien. Aquel VIVA -al que siguieron otros, en otros lugares- incrustados en negro, causo una nueva y fortisima conmocion, sobre todo porque se interfirio entre los MUERAS que continuaban escribiendo en los arboles vecinos y en las paredes los obreros en paro forzoso. Los falangistas tambien elegian la noche para trabajar, pues las rondas ahora se hacian en las montanas. Recorrian las calles tambien con su fe, con identicos botes de pintura, identico carbon. De momento no hubo encuentro bajo las estrellas. Sin embargo, mucha gente juzgo que la presencia fisica de Falange en Gerona era una calamidad peor aun que los incendios. «Asi, pues, el de la Tabacalera iba en serio» -decian-. Los voceadores de El Democrata y El Proletario vigilaban las esquinas, esperando recibir de un momento a otro un ladrillo en la cabeza.

Luego, salieron los primeros folletos. En sabado, dia de mercado, los seis falangistas se colocaron estrategicamente y repartieron los primeros folletos de Falange, con las flechas en la parte superior. «No se trata de fumadores que echan colillas, como cree el senor Alcalde. Los bosques arden porque la gente sufre, odia, y quien odia enciende las cerillas con solo mirarlas.» Otros explicaban que la gente que sufria eran los obreros parados, u otros que trabajaban, pero con sed de justicia y Patria. Otros prospectos decian que en Espana morian los bosques -y con ellos los pajaros- porque desde muchisimos anos los gobiernos no conseguian encender en el alma de los espanoles una ilusion viva y unica. En los centros de derechas se repartieron unas octavillas especiales, diciendo que «cada espanol debia ser mitad monje, mitad soldado».

Los folletos causaron asombro. Los obreros decian: «Hacen como los curas, dicen que nos quieren mucho». Cosme Vila extendio un ejemplar de cada texto sobre la mesa de trabajo y comento: «Estos tios no son tontos».

Benito Civil se habia apostado a la salida de la estacion de modo que su publico se compuso casi exclusivamente de gente de los pueblos. Payeses con gorra y faja, que al ver las flechas preguntaban: «?Esto que es?», y que al leer lo de encender las cerillas con solo mirarlas creian que se trataba de una nueva marca de la Arrendataria. Algun muchacho joven susurro, en voz baja: «Son los fascistas». Y aquellas palabras le valieron a Benito miradas cuya significacion se le escapo. Mateo cuido de los barrios obreros y pobres; Octavio paso por oficinas y Bancos; el hijo del doctor Rossello, Roca y Conrado Haro ocuparon el centro, sobre todo la Rambla.

Fue verdaderamente un mes pletorico. Los danos causados por los incendios eran incalculables, y mucha gente negaba que se tratara de sabotajes. «No hay nadie capaz de hacer una cosa asi.» Mosen Francisco y los chicos del Catecismo vieron uno de los incendios ya desde Francia, al regreso de Perpinan de cantar «Frere Jacques». «Nuestra Patria esta ardiendo», penso el joven sacerdote. A los muchachos nunca les habia parecido tan maravillosa una montana; por su parte mosen Alberto creia firmemente que los falangistas no eran ajenos a aquello. «Habria que vigilarlos», le decia al notario Noguer.

Y, sin embargo, aquello no impidio que los neumaticos rodaran por la carretera… Que la vida siguiera su curso, que las vacaciones fueran empezadas con matematica puntualidad, que cada dia aumentara el trafico hacia los centros de veraneo. Los incendios en la montana originaron que el mar tuviera aun mas partidarios. De modo que la costa -desde Blanes hasta la frontera, pasando por San Feliu y S'Agaro- quedo abarrotada en los lugares de moda. Los componentes de la colonia murciana se vieron internados mas aun. Estorbaban en todas partes. Estos cambios les dolian, porque «al lado del mar se estaba como Dios» y ademas porque el agua potable les quedaba cada vez mas lejos. Solo la vision de algunas banistas esculturales reconciliaba a los nomadas cabezas de familia con los veraneantes que los expulsaban. Pero la calma duraba poco. De pronto los invadia una gran colera, y se sentaban fumando y contemplando las piraguas y los balones azules.

La invasion en la costa sugirio a varios propietarios acotar sus parajes, poner alambradas y vallas, crearse playas particulares. Algunos de estos parajes se decia que pertenecian a artistas de cine norteamericanas, que habian descubierto aquel rincon paradisiaco de Espana. Se citaba a Madeleine Carroll. Otros pertenecian a pintores extravagantes, que practicaban el nudismo con turistas extranjeros.

Las alambradas levantaron un clamor popular de indignacion. «Se reservan hasta el paisaje.» «Hasta el mar es suyo, por lo visto.» Todo el mundo derribaba las vallas, o las saltaba, y llenaba los parajes acotados de toda suerte de porquerias. Porvenir, cansado de banarse en el agua dulce de la Piscina, se dio una vuelta por alli y

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