advertido desde pequeno: «No firmes nunca un papel, Pedro. Yo, por haber firmado uno, estoy en esta cocina desde hace tantos anos».
La cadena de Fiestas Mayores empezo. A las orquestas les llovian los contratos de todas partes. Gracias a ello el Rubio ex anarquista, el «chivato», consiguio ser admitido en calidad de saxofonista en la orquesta mas importante de la ciudad: «Pizarro Jazz». Y, por otra parte, Mateo le habia colocado en el almacen de la Tabacalera. Y al preguntarle Mateo: «Pero… ?los musicos no notais la crisis…?», el Rubio habia contestado: «?No seas idiota! Cuanta mas crisis, mas baila la gente». El Rubio estaba resultando un hombre aprovechable.
Otra persona aprovechable era mosen Francisco. El vicario de San Felix tambien consiguio un contrato: llevar su orfeon catequistico a cantar sardanas y
?Toque de alarma en casa de los Alvear! De repente llego Cesar. Llego del Collell con una carta de su profesor de Latin que decia: «Obliguenle a dormir. Aqui se ha pasado noches enteras rezando, sin notar cansancio». Matias Alvear le asio de la barbilla y le pregunto: «?Es cierto?» Cesar afirmo con la cabeza. «Pero me encuentro muy bien.» Matias Alvear no supo que comentario hacer. Porque la verdad era que el chico tenia un buen aspecto. Carmen Elgazu se quito el delantal y, arreglandose con prisa el mono, fue a visitar a mosen Alberto. «?Cesar se ha pasado noches enteras rezando, sin notar cansancio! ?Que opina usted?» Mosen Alberto, que ya estaba enterado del asunto por un informe del director del Collell, opino simplemente que Cesar era un santo y que aquello era una manifestacion de la gracia. Carmen Elgazu se llevo las manos a las mejillas y exclamo: «?Jesus!» Era tanto su jubilo que los ojos se le llenaron de lagrimas, que acaso fuera agua, acaso no. «?Un santo! ?Un milagro! ?Mi hijo hace milagros!» Mosen Alberto intento calmarla. «Son casos sobrenaturales, no hay duda. Ausencia de sueno… Es una de las manifestaciones caracteristicas de los estados contemplativos, sobre todo del extasis. Lo mismo que la carencia de necesidad de alimento. Santa Catalina de Siena -por cierto que la imagen que tienen ustedes es magnifica- dormia media hora cada tres dias y santa Lydwina durmio tres horas en treinta anos. Sin embargo, tenga usted calma. Nada de milagros. ?Y sobre todo no le digan nada al chico! Obliguenle a acostarse.»
Y de repente, el sol desencadeno su ofensiva. Apenas asomaba tras la silueta de Montjuich, un calor bochornoso caia sobre la ciudad. Los grandes ventiladores de Izquierda Republicana fueron puestos en marcha, los pequenos del Banco Arus se complacieron de nuevo en trasladar los papeles de sitio; pero existian personas sin defensa posible. Los guardias urbanos -el padre de Haro, en el puente de Piedra-, los vendedores ambulantes, los albaniles, los peones. Sobre ellos caian los rayos como martillazos.
Era una especie de borrachera. Los cuerpos quedaban empapados y pronto la piel comenzaba a hervir. Y acto seguido, hervian los cerebros.
Sobre todo los cerebros de los obreros en paro. Este era el punto delicado. Teoricos del hambre les habian dicho: «No os preocupeis; en verano se vive de cualquier modo». Los obreros parados descubrieron que era peor. El calor, el sudor, las horas largas. Sentados en las aceras con la gorra hasta los ojos, de pronto, hartos de sol y de si mismos, pegaban un brinco. Buscaban un poco de sombra, algo fresco con que remojar los labios, un poco de conversacion. Les parecia amargo incluso el tabaco. Pasaban los carros: «?Helao, el rico helaoooo…!»
Y, ademas, llevaban ya muchas semanas acumulando miseria. Desde octubre. Las reservas se habian agotado tiempo hacia. La ayuda de las amistades, otro tanto. Las mujeres ya no encontraban ropa que lavar en el rio, el propio rio bajaba sin apenas agua. «Fulano de tal os conseguira una colocacion; dicen que Mengano necesitara gente.» Mentira. Fulano y Mengano preparaban las maletas para salir de veraneo. El notario Noguer, desde la Alcaldia, cumplio su promesa en la medida de sus posibilidades. Consiguio que el Ayuntamiento en pleno votara la construccion de un Mercado cubierto, sobre el rio, sobre el Onar. Audaz proyecto. Ochenta mil pesetas iniciales fueron destinadas a el. Las mujeres contentas. ?Plaza cubierta! Pero… los obreros llamados no llegaron a cuarenta. Cuarenta obreros, con botas de goma, empezaban a poner los cimientos, mientras los puentes vecinos se llenaban de curiosos.
Eso era todo. Eso, y los cincuenta murcianos que se habian marchado unas semanas antes hacia S'Agaro, a las ordenes del hijo mayor del profesor Civil, el arquitecto. Los demas, nada. Doscientos cincuenta hombres sin esperanza por lo menos hasta septiembre.
Y por si ello fuera poco, de los murcianos llegaron noticias alarmantes. Al parecer se habian instalado en la misma playa de S'Agaro, con sus familias, en barracones improvisados, y los veraneantes los barrian de aquel paraje alegando que lo ponian todo hecho una porqueria.
La CNT salio en defensa de los murcianos, porque era el Sindicato al que estaban afiliados. «?Trabajando bajo un sol que los mata, y no tienen ni siquiera derecho a vivir junto al mar!» Los doscientos cincuenta obreros parados se solidarizaron con la causa de sus camaradas.
Pero nada consiguieron. Gano la proteccion al turismo.
Los obreros en paro se indignaron. Estos obreros dormian desnudos sobre la cama, a causa del calor, y ello aumentaba la impresion de desamparo que sentian.
Entonces empezo el paso de turistas hacia la costa. Coches con una piragua en el toldo, otros descapotados con hombres vestidos de blanco, con mujeres hermosas que llevaban la cabellera al viento o un panuelo atado a la cabeza.
Los obreros parados se dividian en grupos. Algunos consideraban todo aquello muy natural. Era la vida que rodaba, como los neumaticos por la carretera. Otros consideraban que todo en conjunto era una mofa, una broma de mal gusto que les jugaba el mundo.
Entre estos -aunque personalmente trabajara- se contaba Salvio, que habia fundado la celula trotskista. Pero no le hacian caso. El Partido Comunista, la UGT y Salvio se manifestaban impotentes para encontrar una solucion. Los unicos que parecian comprender a los murcianos y a los parados eran el Responsable y Porvenir.
Porvenir iba de un lado para otro y era el unico contacto humano bienhechor. «Nada en una mano, nada en la otra», de repente sacaba una peseta de la nariz de aquellos seres que no poseian moneda alguna.
Porvenir dirigio la ofensiva. Nocturna ofensiva contra la albura de las paredes, de las fachadas. Capitaneando un grupo de hombres cuyo asco era total, pues entre los que partian hacia Mallorca y Puigcerda
El notario Noguer no tuvo otro remedio que nombrar una brigada nocturna de vigilancia. Serenos y guardias urbanos.
Entonces se repitio en los parados el milagro de Cesar -ausencia de sueno- sin que en su caso mosen Alberto le hallara explicacion. Ya ni siquiera podian dormir. Por lo que no solo los dias se les hacian interminables, sino las noches. Y puesto que la brigada de vigilancia les impedia pasarlas bajo el cielo estrellado, se metian en cualquier taberna abierta, a beber y a jugar a las cartas hasta las seis de la manana; mientras Porvenir, al otro extremo de la ciudad, capitaneando otro grupo, rompia el cristal de una tienda o hacia resonar ensordecedoramente las persianas metalicas.
El notario Noguer sufria. Y pidio ayuda a la guardia civil. Entonces los parados llenaron las paredes mas que nunca. Pero Porvenir les dijo:
– Camaradas… aqui nos
– ?Cual?
Porvenir se paso la mano por las brillantes ondas de su pelo.
– Manana -dijo- todos a la Dehesa, a las doce en punto. Delante de la Piscina.
Aquel dia el sol salio mas temprano y penetro en los cerebros mas hondamente. Todos acudieron a la cita. El joven anarquista los esperaba en
