cambio de decoracion. Gerona, viniendo del Collell, desconcertaba un poco como cuando se llega a una gran ciudad. ?Pero es que le parecia que vivian en otra orilla sus propios padres! Incluso Carmen Elgazu… Llego a pensar que le dolia mas profundamente el hecho de que ardieran los arboles que el de que Murillo -por fin se entero de ello- formara parte del Comite del Partido Comunista. Cesar experimento gran angustia y por otra parte notaba que Ignacio se daba cuenta de ello. No sabia que hacer. Al comulgar pedia serenidad. Por la calle se detenia al oir las campanas. Hubiera querido entrar con frecuencia en el cuarto de Pilar a pedir a San Francisco de Asis que le iluminara con los rayos que salian de sus estigmas; pero si Pilar no estaba presente… no se atrevia; y si estaba presente no queria distraerla de sus liricos ejercicios literarios.

CAPITULO LIV

Ignacio y Mateo habian acordado con el profesor Civil que no reanudarian las clases hasta primeros de octubre. Sin embargo, para no perder contacto con los textos, un dia a la semana irian a verle, y charlarian durante una hora. Fue Matias quien sugirio aquel reposo, entre otras causas porque el ahorro de tres mensualidades caeria como una bendicion. Mateo ya tenia ocupaciones fijas; Ignacio dedico el tiempo sobrante a divagar por la Dehesa, a banarse en el Ter o a ir a la UGT, en calidad de oyente de las clases de Economia que Casal continuaba dando a sus afiliados.

David y Olga se alegraron lo indecible de verle alli, y lo aprovecharon para revivir los tiempos en que estuvieron tan unidos a el. Le querian sinceramente. A veces decian que el afecto de Ignacio era el unico que verdaderamente les era necesario. «Haces alguna escapada por otros dominios -le reprochaba David, sonriendo-. Claro, te hablan de cosas muy bonitas, como San Pablo y misiones historicas. San Pablo… no me quiero meter. Era tapicero y los tapiceros me han inspirado siempre mucho respeto; pero las misiones historicas, ya ves el ejemplo de Italia: Mussolini ya habla de mision historica en Abisinia.» Olga remataba: «Cuando Mussolini o alguno de ellos grita: Viva la mision historica, es cuestion de preparar unos cuantos ataudes».

El problema religioso era el unico que impedia a Ignacio creer enteramente en el socialismo como remedio posible de los males de Espana, ya que su descubrimiento de que las circunstancias de soledad, clima, constitucion fisiologica, etc… influian directamente en el individuo, ahora superponia, con mas conviccion aun que cuando lo discutio con Mateo bajo los arcos de la Rambla, el factor economico.

En efecto, los incendios, la colonia de S'Agaro, los cientos de obreros que desfilaban por la UGT con sus problemas urgentes de subsistencia, todo ello relegaba a quimerico el pensar en las rutas del mar y otras sandeces. Casal, en sus lecciones, demostraba claramente que razas enteras en el curso de la historia habian sucumbido por falta de medios de produccion. «Claro que se puede ser pobre y cantar flamenco -decia Casal-; pero la voz se quiebra pronto. Tambien se puede ser rico y no tener remordimientos de conciencia; basta con correr las cortinillas. Espana es un pais miserable, y ademas torpe. ?En Madrid quebro una fabrica de material fotografico porque los obreros se negaron a trabajar con unos guantes especiales, que les molestaban! De ahi que resulte tragicomico hablar de autarquia. Tenemos mucho que aprender. Lo primero que hay que inculcar es un poco de civismo. En Francia hay montanas de manteca en las tiendas… y en las casas… A ultima hora en los mercados regalan la fruta y las patatas… Pero… es que la gente cumple las leyes, y ademas se fabrican muchos automoviles. Civismo e industrializacion, ahi esta. La Revolucion francesa tiene algo que ver en todo eso, creo yo. En fin, en Espana la linea a seguir esta clara.»

Ignacio oia a Casal pensando que una gran verdad latia en sus palabras. Todo aquello le parecia mas cerca del sentido practico que cualquier otra doctrina. Pensaba que Matias Alvear hablaba un lenguaje analogo y ello para el constituia ahora la mejor de las garantias. Habia acabado por admitir definitivamente que su padre era hombre de gran sentido comun, y le erigia en arbitro de todos sus problemas, grandes o pequenos. Era poco espectacular creer en la experiencia paterna: Rossello no le hacia ningun caso a su padre, Mateo no oia siquiera a don Emilio Santos; sin embargo, ello no alteraba el criterio de Ignacio. Matias Alvear podia fallar en las recetas pero en cuanto a diagnosticar era infalible. Los telegramas continuaban descubriendole el cruce de los acontecimientos y ensenandole a sintetizar; y la vida que dejo atras en Madrid, le respaldaba, y los anos de matrimonio y los hijos. Sin contar con que no era hombre de un solo periodico.

En cambio, le preocupaba lo indecible que su madre, Carmen Elgazu, hablara pestes de la UGT. Porque tambien su madre era sensata y tenia sentido practico. Ella no creia que la finalidad de la UGT fuera regalar la fruta y las patatas. «Donde esten David y Olga -decia-, no espero que regalen sino malos consejos».

Ignacio se reia y pensaba: «?Como convencer a mi madre?» Por otra parte, tal vez ella acertara. El chico se guardaba de rechazar por infantiles los argumentos de Carmen Elgazu, incluso hablando de politica. Desde que la beso en el cuello en el comedor, cuando la enfermedad, y luego la acompano varias veces a la Iglesia, e incluso un dia a comprarse un paraguas, la oia con mucha atencion, porque admitia la existencia de un saber extralibresco, directo y eficaz.

Y por si esto fuera poco, ?como resistir su entereza? Ignacio miraba ahora a su madre con admiracion. Y esta ?como le correspondia devolviendole mil por uno! ?Carinoso hijo; que Dios se lo conservara! Entraba en la cocina a gatas y la asustaba haciendole cosquillas en las piernas. En ocasiones, al verla sentada y cosiendo, se colocaba detras, le deshacia el mono y asombrado ante la longitud de su cabellera -mezcla de blanco y negro- que le llegaba casi al suelo, la peinaba interminablemente como de nino hiciera en Malaga. En otras ocasiones organizaba pequenos complots familiares, con el fin de que Carmen Elgazu no tuviera que levantarse absolutamente para nada durante las comidas. Ignacio, Pilar y Cesar y el propio Matias Alvear eran los encargados de ir a la cocina y de servir. Carmen Elgazu tenia prohibido moverse. Presidir la mesa y comer, nada mas. Los cuatro confesaban que juntos no conseguian lo que ella sola, pero el detalle hacia feliz a la mujer. Ignacio oyendo a Casal se preguntaba a veces con inquietud si el programa de industrializacion no traeria consigo la perdida de entidades humanas como su madre. David contestaba que al contrario. «Habra muchas mas. Ahora muchas mujeres querrian ser Carmenes Elgazu y no pueden, porque no tienen fuego en la cocina ni mesa que presidir.»

Otras veces, Ignacio pensaba en Marta. A Marta la palabra socialista -a pesar de que en Valladolid los socialistas se pasaran a Falange- parecia causarle horror. Hablaba poco de ello, pero resultaba claro. De Casal decia: «Solo verle me da miedo». Ignacio le preguntaba: «?Por que?» Marta contestaba: «Eso es lo horrible, que no lo se. Pero me da miedo».

Ignacio habia observado que este sistema de sentenciar sin dar luego la explicacion era habitual en Marta. Acaso quisiera darselas de mujer intuitiva; lo mas probable era que lo fuese verdaderamente.

No obstante, su intromision en el circulo familiar le estaba poniendo nervioso. Ignacio continuaba experimentando fuerte impresion al ver a la muchacha, porque en realidad algo magnetico emanaba de ella. Pero era una impresion desasosegadora, como la que produciria una estrella que no estuviera en su lugar. En el fondo no comprendia que Marta congeniara con su hermana. Eran totalmente distintas y, sobre todo, habia entre las dos diferencias vitales, de inteligencia y aun de educacion. Por lo visto, la picardia de Pilar, sus intervenciones inesperadas y la salud que irradiaba su persona conquistaban a todo el mundo. Ahi estaba Mateo como ejemplo vivo.

Ahora Pilar le decia, dandole un codazo a Mateo:

– ?Que pasaria, Ignacio, si yo fuera a la UGT, mientras Casal esta hablando del transporte y le quitara el algodon que lleva en la oreja?

Ocurria eso, que la alegria de Pilar acababa contagiandose. En realidad era inutil intentar hablar seriamente en su presencia. Varias personas lo intentaban -Cesar, Julio-, pero no lo conseguian. Tal vez, el unico que a veces lo conseguia fuera mosen Alberto.

Cesar fracasaba. Pilar le tiraba de la nariz o le ponia la mano en la cabeza, imprimiendole un movimiento de rotacion y le decia: «Anda, hombre, que vives en este mundo». A veces le tocaba en los costados preguntandole, con expresion de comico asombro: «?Oye!, ?que te pasa aqui? ?No te das cuenta de que te estan saliendo alas?»

A Julio le tomaba el pelo. Pilar, desde que tenia un retrato de Mateo en la mesilla de noche, ya no le temia a nadie, ni siquiera al policia.

Y a Julio esto le ofendia. En paro forzoso, expulsado del Cuerpo, a pesar de las gestiones del coronel Munoz,

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