rey Victor Manuel? El padre de Roca fue al Banco Arus, y, asomando su pequena cabeza por la ventanilla, hizo bailotear el preciado papel frente a los ojos del subdirector.

Las personas se proponian algo y les salia al reves. Por ejemplo, Cesar…

Ello ocurrio el ultimo dia de la fiesta de la Rambla, mientras sus padres estaban en el balcon escuchando la musica de la Pizarro-Jazz, Cesar se habia quedado en el comedor, contemplando el rio seco… y rezando. Los bailables le llegaban como con sordina. De pronto, los rezos transformaron aquella musica profana en musica angelica. Oia violines. El muchacho casi se rio, pensando si en el cuarto vecino, en el de Pilar, San Francisco de Asis y Santa Clara le estarian dando un concierto al San Ignacio de la otra pieza. ?Como un sonambulo abrio la puerta para comprobarlo! El cuarto de su hermana estaba oscuro, pero le parecio ver una luz. Una luz a los pies de San Francisco, sobre el pequeno pedestal. Fue acercandose fascinado y entonces descubrio que era el reflejo de algo, del cristal de la ventana que daba al rio, de las bombillas de las casas de enfrente. Pero en todo caso era una luz movil que, partiendo de los pies del santo empezo a ascender por su habito hasta quedar fija en su rostro. Entonces este rostro se torno espectral. Cobro expresion sobrehumana. Sin duda San Francisco de Asis se disponia a hablarle. Miraba a Cesar como si le viera pequeno, pequeno y que todavia iba disminuyendo de tamano, debido a que el seminarista iba doblando las rodillas y las pegaba al suelo. Y sin duda alguna habria hablado, de no ser por la subita catastrofe: Pilar, que acababa de bailar con Mateo, irrumpio feliz en su cuarto, riendo y dando vueltas aun, ajena a la presencia de Cesar en la oscuridad, tropezo con el, dio un grito de espanto, la luz volvio a descender a los pies de San Francisco, toda la familia acudio a ver que ocurria y Matias dijo a Cesar: «Chico, no comprendo que no te baste con tu habitacion para rezar».

Mosen Francisco habia comentado un dia con Ignacio que la convivencia con un santo era dificil. Ignacio habia contestado:

– Querido mosen, es dificil la convivencia con cualquiera, con una persona normal, con quien sea.

Las dos ultimas catastrofes que cayeron sobre la ciudad afectaron a un numero reducido de personas, pero fueron irreparables. De comun no tuvieron sino el desenlace: la muerte.

Uno de los protagonistas vivia lejos de la ciudad; el otro cerca. Uno de ellos tenia la familia en la ciudad; el otro lejos. Ninguno de los dos tenia nada que ver, directamente, con Ignacio; y, no obstante este, en ambos casos, penso con dolor: «Bueno, los gusanos no pierden nunca el apetito».

Alguien -Ignacio no recordaba quien- atribuia estas rafagas, estas repentinas acumulaciones de dolor, a los astros. Segun el, de repente los astros senalaban una ciudad de la tierra y decidian: «Alla»; sus invisibles ejercitos descendian en tromba sembrando la ruina. «No es siempre Marte -decia-. La gente que cree que es Marte o que es Jupiter, se equivoca. Colaboran todos, todos los astros. Todos los astros miran siempre a la Tierra esperando el momento. Y el peor de todos es la Luna. La Luna hunde los barcos, hace vomitar a las mujeres embarazadas, trae la sequia y, sobre todo, enciende los cerebros. Cuando veais los cerebros encendidos, mirad la Luna: se esta riendo. Se pone bigote y se rie. Estos dias, desde luego, se esta riendo una barbaridad. Hasta que algun dia construyan un cohete o un obus y la despedacen.»

Ignacio penso que, por esta vez, la ciudad elegida habia sido Gerona. Y por lo visto la Luna preciso mas aun: eligio el piso de Pedro. Mando un ejercito al piso de Pedro y en el encendio un cerebro: el del viejo de la cocina, el padre del joven comunista.

Segun conto Pedro a Mateo y a todos cuantos fueron a verle, fue algo inaudito, inexplicable. Precisamente el viejo, desde que tenian radio, parecia haber rejuvenecido, se habia pasado aquellos quince dias pegado al aparato, excepto en las horas en que su hijo lo reclamaba para oir Moscu; y he aqui que aquella tarde, de repente, salio de la cocina, pero no solo: llevaba una maleta en la mano.

Pedro, asombrado, le pregunto adonde iba. El viejo le contesto con seriedad:

– Aqui no hago nada, me voy a America. Pedro creyo que su padre bromeaba, si bien le extrano mucho, puesto que su padre no bromeaba jamas.

– Ande, deje la maleta y venga a oir musica -le dijo. Pero el viejo continuo avanzando por el comedor y repitio: «?Por que? Aqui no hago nada, es mejor que vaya a America». Y continuo avanzando, avanzando hasta que cruzo el umbral del balcon, que estaba abierto, hasta que tropezo con la barandilla, hasta que doblandose de repente sobre ella, debido a su peso, desaparecio por el otro lado, estrellandose contra las piedras de la calle de la Barca.

Pedro no pudo sino salir al balcon con el rostro aterrorizado, roto el cerebro por el ruido sordo que el cuerpo de su padre hizo al estrellarse.

Y luego nadie pudo consolarle. Porque era evidente que hubiera podido evitarlo, hubiera podido levantarse y cerrarle el paso a su padre, cuando vio que se acercaba al balcon; pero el, aunque le extrano, creyo desde luego que bromeaba, con su maleta.

Fue un drama sencillo y que sumio a todo el mundo en una gran perplejidad. Todo el mundo hizo cuanto pudo para consolar a Pedro; pero era inutil; ademas de que este solo conto el hecho una vez, en voz baja y en muy pocas palabras. Una ambulancia se llevo el cuerpo del viejo, un policia saco el inventario de lo que habia en la maleta: unos calzoncillos largos y un lapiz. ?Un lapiz! ?Para que? Julio decidio esperar ocho dias antes de presentarse a Pedro para pedirle una fotografia de su padre; pero en la cartulina 371 de su fichero apunto: «Jaime Bosch, 67 anos, ojos desorbitados».

Ignacio y el Rubio, Mateo y sus camaradas, ?y Teo en representacion de Cosme Vila! acompanaron a Pedro en el entierro del suicida, hasta el cementerio. Benito Civil propuso: «Habria que encargar una lapida». Todo el mundo le miro; entonces el recordo que era el propio Pedro quien las labraba.

La segunda noticia mortal la capto Matias Alvear en Telegrafos. El telegrama provenia de Valladolid e iba dirigido al comandante Martinez de Soria: el hijo mayor de este habia caido acribillado a balazos delante del local de las Juventudes Libertarias, mientras pegaba en la pared un cartel de Falange.

El comandante, al leer el telegrama, se cuadro militarmente, su esposa prorrumpio en un gran sollozo; Marta se retiro a su cuarto y se arrodillo. Cuando los ojos le quedaron secos como el Onar, su padre le dijo:

– Haz tu equipaje. Nos esperan para el entierro.

En Valladolid, la familia -incluido Jose Luis- y una guardia de camisas azules acompanaron a Fernando al cementerio. Y al regresar a Gerona, cuando Marta aparecio en el umbral del comedor de los Alvear, estos se levantaron. Pilar se le acerco y la asio de la muneca.

Marta no hizo ningun comentario. Se sento en un rincon, junto a la pequena mesa que el encaje de bolillos de Pilar cubria. Cesar pregunto si Fernando habia tenido tiempo de confesarse.

– Fue instantaneo.

El dolor de Marta era silencioso; el comandante, en cambio, habia reaccionado en forma desconcertante. Por de pronto habia envejecido cinco anos, segun el criterio de Marta; y en el cementerio de Valladolid perdio los ultimos cabellos negros; ahora, al encontrarse de nuevo en Gerona intento recobrarse. Y si por un lado, cuando estaba en casa, se dejaba influir por el estado de animo de las mujeres, acompanandolas a la iglesia con mucha frecuencia, al encontrarse en el cuartel no dejaba traslucir su estado de animo y bromeaba con los demas jefes como si tal cosa.

Por debajo de la puerta se deslizaban continuamente cartas de pesame: comandante Campos, notario Noguer, «La Voz de Alerta», coronel Munoz… La ultima que abrio fue la de Mateo: este le decia que en la lucha por el amanecer de Espana era inevitable que cayeran los mejores.

El comandante, con la carta en la mano, temblo de ira.

– ?Que quiere decir ese loco con eso del amanecer?

Su esposa intento calmarle; luego Marta le explico que aquella palabra formaba parte del lexico falangista.

– Es una imagen. Quiere decir que Falange traera la luz o algo asi.

El comandante rompio la carta y quedo pensativo, mirando como las sombras invadian los tejados de la ciudad.

CAPITULO LVII

La dimension de las catastrofes, apenas pasadas unas horas, quedaba reducida a comentarios. Enorme capacidad de absorcion. El doctor Relken decia en el Neutral que los gerundenses eran gente estoica.

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