dijo que aquellos que suponian que la civilizacion etiope era primitiva desconocian por completo la cuestion. La civilizacion etiope, antiquisima, era rica y floreciente, y si muchos de los pueblos de Africa habian superado el estado salvaje era gracias a la influencia etiope. Por ejemplo, en el aspecto musical gracias a ella algunas tribus, como la de los Bongos, habian alcanzado una rara perfeccion. El doctor Relken, por medio de proyecciones, mostro al auditorio arpas, pequenas guitarras, mandolinas, y a medida que la zona se orientalizaba, flautas, instrumentos usados en el interior de Africa gracias a los etiopes. Luego esculturas, tallas en madera, etc… Para no hablar del
El exito del acto organizado por los Costa fue tal, que en seguida surgieron imitadores. David y Olga le dijeron a Casal: «Deberiamos invitar al doctor a dar una conferencia aqui». Casal contesto: «Bueno, pero… en todo caso no ahora, mas tarde». Tambien se recibieron invitaciones de varios pueblos. En cambio, Cosme Vila juzgo todo aquello muy habil, pero se encogio de hombros. «Prefiero invitar a Vasiliev.» Quedaba claro que el doctor Relken no era comunista, y Cosme Vila no admitia heterodoxos en el local.
El orador, personalmente, le dijo a Julio, sonriendo: «Nunca habia tenido tanto exito». Se acosto temprano y rehuyo las aclamaciones. Y a pesar de los ruegos reiterados, mostro no tener prisa en repetir la sesion en algun otro lugar. Aseguro que hablar en publico no le gustaba. Preferia evidentemente las pequenas reuniones. «Soy hombre de… ?como se llama esa palabra tan bonita que tienen ustedes…?»
– ?Para indicar que?
– Un grupo de personas que se reunen con asiduidad.
– ?Tertulia…?
– ?Eso es! Tertulia. Soy hombre de tertulia.
Era cierto. El doctor Relken preferia, a los discursos ante numeroso publico, improvisar una reunion, por ejemplo en el Neutral. Improvisar; esa era la palabra. Porque, en realidad, siempre se presentaba alli solo, a lo mas acompanado de Julio. Pero el grupo llegaba a no tardar. La figura del doctor siempre llamaba la atencion como su extrema seriedad, a pesar de la constante sonrisa. Pronto se formaba un pequeno corro a su lado, especialmente si Julio levantaba la voz o hacia alguna pregunta a los vecinos. En este caso el doctor aceptaba de buen grado una conversacion general. Y siempre ocurria lo mismo: pronto se hallaba describiendo paises lejanos, cosas lejanas que habia visto, y que hacian las delicias de Ramon. Y a medida que hablaba el auditorio se iba haciendo mas nutrido. Al final, surgia espontaneamente el capitulo que Julio acabo por llamar de ruegos y preguntas. Preguntas extranas y dispares, que nunca quedaban sin respuesta, excepto si contenian intencion humoristica. En este caso el doctor Relken clavaba los ojos y daba la impresion de que no habia comprendido. Fue por su falta de sentido del humor por lo que Matias Alvear dijo de el: «Al domino y a otras cosas le gano yo; y don Emilio Santos tambien le gana».
– ?Es cierto, doctor, que en Rusia los obreros viven como rajas?
El doctor contestaba que Rusia era muy grande. Que desde luego, en los lugares equivalentes, vivian mejor que en Espana. Tal vez trabajasen mas horas… pero es con caracter voluntario. Quieren elevar el pais.
– ?Y en Alemania?
El doctor se quitaba los lentes.
– Pues… Hitler intenta hacer lo mismo en Alemania; pero a Hitler los obreros le tienen sin cuidado. Los halaga por conveniencia; pero lo que quiere es dominar, dominar. Confia en sus astros…
El tema del nacionalsocialismo, del Fascismo y, de rebote, el de la Falange, eran frecuentes, pues a causa de la guerra de Abisinia se habia desencadenado la primera ofensiva seria contra Mateo y sus camaradas; si bien muchos se reian de estos, diciendo que eran cuatro desgraciados y que ya se les iba dando su merecido, «como ocurrio en Valladolid».
Al oir esto, el doctor volvia a erguir el cuello. No compartia la opinion de los que se reian.
– Estan ustedes equivocados tomando a los falangistas en broma, porque son pocos. Los nazis empezaron siendo unos cuantos en una cerveceria y en los comienzos de Mussolini ocurrio lo mismo. Aqui, por lo que veo, el fascismo basa su doctrina en teorias muy antiguas, que datan de la expulsion de los judios y de la Inquisicion. En este aspecto, claro esta, se estrellaran contra el conocimiento que todos ustedes tienen de estos hechos. Pero, en cambio, son astutos en otros aspectos; por ejemplo, ensalzando la conquista de America, sin explicar al pueblo los… asesinatos en… masa -y perdonen ustedes la dureza de expresion- que realizaron los conquistadores. Y, sobre todo, son astutos infiltrando en sus cuadros una idea politica muy peligrosa: la de la Unidad. Eso es, en efecto, algo mas serio de lo que parece. Hitler combatio con esta arma, lo mismo que Mussolini. Veran ustedes como iran ensanchando sus cuadros, y como los militantes se iran pareciendo entre si. Unidad, unirse todos para crear una fuerza. Es una idea que, repetida, acaba siendo arrolladora.
Alguien le objetaba:
– No veo lo que aqui puede arrollar.
– ?No…? -el doctor sonreia-. Ningun democrata lo ve, y por eso, cuando se dan cuenta todo esta perdido. Confian ustedes demasiado en el individualismo. Tambien eran individualistas los italianos, y Mussolini llego al poder. Lo que aqui pueden arrollar es simplemente la Republica.
Se hacia un silencio.
– ?Ganando las elecciones? -inquirio otro oyente.
– Pues… el fascismo espanol no las ganara -contestaba el doctor-. Pero pueden ganarlas las derechas si los republicanos no se deciden a unirse antes que ellos… Y si las derechas ganan esta vez, permitanme una pequena profecia, como observador extranjero que soy: antes de un ano los fascistas habran impuesto su voluntad. Les bastaria con asegurarse la colaboracion de unos cuantos generales; lo cual va a serles mas facil de lo que parece, pues por lo que veo en muchos sitios los falangistas son hijos de militares.
Julio mostraba estar de acuerdo con el doctor.
– Ya sabe usted mi opinion. Pero es dificil meter estas ideas en la cabeza de la gente. Aqui, si el toro no es grande no nos gusta.
– Solo hay un remedio -concluia el doctor-. Unirse antes que ellos. Formar un
– ?Un
– ?Bueno! Bloque. Formar un bloque. Lo mismo da.
Alguien objetaba que era dificil armonizar todas las tendencias. Los intereses eran muy opuestos.
El doctor se encogia de hombros. «Luego… se discute. En fin, hay cosas que un extranjero ve mejor que el que esta dentro.»
Alguien preguntaba:
– En Alemania es facil unir a la gente, ?verdad?
– Pues… mas que aqui -informaba el doctor.
Julio anadia, sonriendo:
– Y a los que no quieren unirse se los expulsa, ?no es asi, doctor?
– ?Digamelo a mi! -contestaba el arqueologo, levantandose.
CAPITULO LX
El comandante Martinez de Soria estaba nervioso. Su esposa, que siempre parecia andar sobre una alfombra, se acercaba a la ventana y al tiempo de correr los visillos le decia: «Vete a montar un poco. Te distraeras».
El comandante estaba nervioso porque consideraba que el Ejercito era la columna vertebral de la Patria y ocurria que no le gustaban ni la organizacion actual del Ejercito ni las manos que conducian la Patria. Cuando lo del
