forraba luego las que mas le gustaban y las guardaba cuidadosamente, Marta las entregaba a su padre para la biblioteca del cuartel. Su padre le decia: «Las llevare, porque no hay peligro de que nadie las lea. Nunca un soldado lee un libro, ni por casualidad».
Pilar estaba muy orgullosa de su cabellera exuberante, ondulada sin necesidad de ir a la peluqueria; y Marta presumia de su color palido y de su inmovil delgadez.
Carmen Elgazu les dijo a una y otra:
– Bueno, ya estais hechas unas mujercitas. Pensad que el hombre es, en gran parte, lo que quiere la mujer. Sobre todo, no olvideis que la religion lo es todo en un hogar. -Luego anadio mirando a Pilar-: Y… mucha pureza. -Carmen Elgazu, no sabia por que, en este sentido le temia mas a Pilar que a Marta.
CAPITULO LXV
En efecto, quien habia dado la orden de abrir la carcel era Julio Garcia. Desde el momento en que el triunfo del Frente Popular fue conocido oficialmente, Julio se convirtio en gigante, en una especie de virrey de la ciudad.
El Comisario de la Generalidad tenia su despacho en el primer piso; la Jefatura de Policia quedaba abajo. El Comisario recibio de Barcelona poderes muy amplios; lo primero que hizo fue llamar por telefono a Julio. Este se puso un inmenso abrigo con cuello de negra piel, se calo el sombrero y bajo las escaleras de su casa. Pronto se encontro ante el enorme edificio. Varios agentes, al verle, se pusieron en pie. El entro y tomo posesion de la Jefatura.
Delicioso instante, harto tiempo esperado. Llamo a todo el personal de plantilla y, senalando algo inmovil en un rincon, dijo: «Antes de empezar a actuar, he de presentarles a ustedes mi secretaria. Se llama Berta». Los agentes miraron en la direccion indicada y vieron la tortuga.
Julio Garcia hubiera deseado quedar solo unas horas para saborear su triunfo midiendo el despacho y llenandolo del humo de sus cigarrillos. Pero no le dio tiempo. Parecia como si la radio hubiera dado la noticia de su reincorporacion. Tanta gente acudio a verle, que de momento no advirtio que algo habia cambiado en aquel despacho, en el que no habia entrado desde el ano 1934: el pisapapeles del escritorio. Ahora habia un pisapapeles de cristal, que representaba un pueblecito nevado. Con solo tocarle, una lluvia de copos descendia lentamente sobre un campanario y unas casas diminutas.
El Comisario le dio carta blanca a Julio, y este la utilizo.
Su labor fue inmediatamente improba. Pocos dias le bastaron para demostrar a su mujer que se acercaba el momento de poseer una
Una de las medidas que le parecio mas urgente fue la renovacion de los Ayuntamientos de la provincia, que el Comisario le habia ordenado. La tarea fue facil. Muchos alcaldes habian presentado automaticamente la dimision; en otros casos, los partidos izquierdistas le telefonearon diciendo: «Ya esta arreglado».
Otra orden dada se refirio a la tenencia de armas sin permiso legal. Julio organizo unos registros, cuyo resultado fue concluyente: mas de ciento cincuenta personas derechistas de la ciudad quedaron sometidas a atestados. Se citaban nombres. En el Banco Arus se hablaba de mosen Alberto.
A Julio le interesaba solucionar el problema del paro. El espectaculo de aquellos hombres que llevaban meses sin trabajo era ignominioso. Hablo con el Comisario, con los Costa, con el arquitecto municipal. Recibio una comision de tales obreros, y estos salieron muy satisfechos. Por de pronto, se les asignaba un subsidio. ?Ya era hora! Y antes de quince dias, colocados en obras que emprenderia la Diputacion Provincial.
A Julio le ocurria algo singular. Habia sonado en planes de venganza. Ahora que se hallaba en el poder pensaba principalmente en realizar una labor positiva e incluso metia baza en asuntos que no tenian nada que ver con sus funciones, pero que consideraba intimamente ligados a la buena marcha de la provincia.
Entre estas acciones positivas se contaba la revision del sistema administrativo del Hospital Provincial, del Hospicio, del Manicomio y demas establecimientos beneficos. El estado en que estos se encontraban constituia una acusacion formidable contra las autoridades salientes. Julio llamo al doctor Relken. Este le trazo una sintesis rapida de lo que se podria hacer, en su opinion:
– En el Hospicio, menos delantales de presidiario, mas comida y mas gimnasia. En el Manicomio, menos calabazas, menos nabos y mas material psiquiatrico. En el Hospital, mas caras, mas medicamentos, menos monjas y mas enfermeras con titulo.
Otro de los problemas… era el de la ensenanza. Julio, en su periodo de vacaciones forzosas, habia recorrido al azar los barrios extremos y habia comprobado que el numero de ninos que no asistian a la escuela era muy crecido. Y sus informes sobre lo que ocurria en los pueblos, era desalentador. Se puso al habla con Barcelona y consiguio de la Generalidad el fulminante nombramiento de David y Olga como inspectores del Magisterio, con jurisdiccion sobre todos los establecimientos docentes de la provincia, incluidos los religiosos.
Para cada tarea encontraba los nombres necesarios. Julio estaba satisfecho, y su alegria era compartida por todo el mundo; desde su fiel colaborador, el agente Antonio Sanchez, extremeno de fino olfato, hasta el Comisario y, de manera especial, los Costa.
Los Costa, en efecto, se sentian tan euforicos con sus flamantes actas de diputado, que habian reunido a sus obreros y les habian hecho un discurso de amor y hermandad. Los obreros los habian oido con suma atencion, y al final uno de los canteros les dijo a los dos industriales:
– Nos complace mucho que tengan ustedes tan buenas intenciones, pues de este modo suponemos que no surgira ninguna dificultad.
– ?Dificultad…? ?De que se trata?
– ?No han recibido ustedes una nota del Sindicato?
– No hemos recibido nada.
– Bueno, no importa. Ya la recibiran.
Los Costa se habian encogido de hombros con cierta perplejidad. Pero pronto la buena armonia reinante y el recuerdo de que el local de Izquierda Republicana se hallaba abarrotado de la manana a la noche, les devolvio el optimismo.
Las destituciones y los nuevos nombramientos cambiaron la suerte de muchas personas, y de rebote la de la ciudad. El notario Noguer se vio obligado a dimitir como alcalde y en su lugar fue nombrado, con caracter provisional, el arquitecto Massana. El arquitecto contaba con muchas simpatias. Era el gran impulsor de la Gerona moderna y se le atribuia un gigantesco proyecto de urbanizacion. Al tomar posesion del cargo, concedio una paga extraordinaria a todos los empleados dependientes del Municipio, y aquello le valio la adhesion unanime.
Entre las personas mas euforicas se contaban evidentemente David y Olga. Olga habia vuelto a peinarse como era debido y habia vuelto a ponerse su jersey de cuello alto. Les seducia la Inspeccion del Magisterio, de la que ahora eran responsables, y a ella dedicaron lo mejor de su tiempo.
Recabaron informes de todos los maestros de la provincia y las conclusiones a que llegaron fueron desoladoras. Por un maestro que cumpliera con su deber, veinte vivian con la rabia en el cuerpo, porque el sueldo era infimo o porque en el pueblo los padres preferian que sus hijos trabajaran en el campo. Muchos de ellos vivian practicamente abandonados, no recibiendo dinero ni siquiera para comprar tiza y el edificio de la escuela se caia de puro viejo. Los maestros de la zona fronteriza se lamentaban doblemente, pues «en Francia, aldeas de cuatro casas tenian maestro, bien pagado, con escuela decente y todo cuanto le hacia falta.» David y Olga les dijeron: «Id tranquilos, esto se arreglara».
Luego les toco el turno a los establecimientos de ensenanza religiosa.
– Es increible -le conto David a Julio, despues de la visita de inspeccion-. Las monjas y demas destinan hora y media a rezos, religion, etcetera… Sus libros de texto estan plagados de exageraciones, imponen castigos absolutamente absurdos. Y esos habitos que llevan, con crucifijos en el pecho, y esas alas almidonadas que obsesionan a los alumnos. Lo que ocurre en las Escolapias es algo indescriptible. En la iglesia separan las alumnas pobres de las de pago. Estas son las primeras en la fila y, desde luego, a poco que estudien tienen aseguradas buenas notas. Las Dominicas son, mas que nada, infelices. Casi ninguna tiene el titulo de maestra. Representan sainetes y comedias con angeles y diablos, y a los diablos, naturalmente, se les cae la cola. Las del Corazon de Maria, son inteligentes, pero de un fanatismo recalcitrante. Solo las Carmelitas realizan una labor eficaz, cuidando
