le describia fisicamente: «Bajo y raquitico, de ojos azules y tiernos; ofrece caramelos y barras de regaliz a los alumnos».
Sin embargo, una penosa nube parecio envolver el edificio. Las criadas, que a la salida de las clases iban a buscar a los pequenos, se los llevaban con extrana urgencia. Algunas familias retiraron a los alumnos, «hasta que se esclareciera la cosa». A los adictos, el Hermano Director los miro con agradecimiento. El Hermano Alfredo, ajeno a lo que ocurria, vio tantos claros en los bancos de la capilla que pregunto: «?Que les ocurre a los chicos?» El Director le dijo: -Nada, nada. La gripe, como siempre.
CAPITULO LXVI
Parecia natural que el ritmo de los acontecimientos fuera acelerado. En realidad, los protagonistas eran personas a las que se habia mantenido inactivas durante ano y medio.
Desde el primer momento se vio que los cuatro puntos cardinales de la colera popular eran mosen Alberto, el comandante Martinez de Soria, «La Voz de Alerta» y Mateo.
El dentista, apenas regreso del viaje con Laura, se entero de que su Clinica Dental habia encabezado la lista de domicilios registrados. Su criada, Dolores, le entrego un papel de la Jefatura de Policia en el que se le ordenaba presentarse «a la mayor brevedad, para responder ante las Autoridades de poseer una pistola, un fusil y seis bombas de mano disimuladas en el interior de un arca vieja, situada encima del deposito de agua». El comandante Martinez de Soria escapo al registro por su condicion de militar, pero sabia que los trescientos detenidos de octubre habian elevado una instancia al general para que fuera juzgado por «un tribunal de la confianza del pueblo», en terminos tales que su esposa y Marta estaban mas que asustadas; y en cuanto a Mateo, por primera vez se habia visto obligado a abrir la puerta de su despacho a personas no falangistas.
En efecto, tres agentes se presentaron en su casa, en los cuales reconocio a tres asiduos concurrentes a la UGT. Don Emilio Santos quedo estupefacto al verlos, y la criada se encerro en la cocina presa de una crisis de alegria y curiosidad. Mateo saco su panuelo azul y su mechero de yesca. Los agentes rechazaron la pitillera que les ofrecia y miraron sonriendo al pajaro disecado. Se plantaron ante Jose Antonio y preguntaron: «?Es de la familia?» De repente empezaron a abrir con reprimida violencia los cajones, los armarios de la libreria. No encontraban armas. «?Donde guarda usted las pistolas?» Mateo levanto los hombros y contesto: «No las tengo». Los agentes registraron su dormitorio, el comedor, la cocina, la despensa y por ultimo el dormitorio de don Emilio Santos, Palparon el colchon y el director de la Tabacalera les dijo: «Pueden ahorrarse el trabajo». Volvieron al despacho de Mateo y se fijaron en el retrato de Pilar. Pidieron el fichero. Mateo reflexiono y dijo: «?Para que lo necesitan? Saben mejor que yo quienes somos». Ninguna ficha, ningun papel que aludiera a Falange. «Por lo demas -anadio el falangista-, el Partido es legal. Los Estatutos estan registrados en la Direccion General de Seguridad.»
Uno de los agentes le contesto:
– Vive usted atrasado de noticias.
Finalmente se marcharon, no sin sonreir de extrana manera. Mateo, a quien la ultima respuesta del agente habia dejado inquieto, sabia que aquello no significaba mas que una tregua. Supuso que se dirigian a casa de Octavio, del delineante, de Roca y Haro, de todos y cada uno de los camaradas. ?Santo Dios, como temblaria el hongo de don Jorge cuando este viera que palpaban su talamo nupcial!
Se dirigio al comedor, donde don Emilio Santos habia tomado asiento, extranamente abatido. Iba a decirle algo, pero su padre le interrumpio:
– Supuse que te llevarian esposado.
Mateo quedo de pie frente a el. Todo aquello le dolia, pero estaba decidido mas que nunca.
– ?Por que crees que han dicho que vivo atrasado de noticias?
Don Emilio Santos no habia oido nada y levanto los hombros.
Mateo se sentia incapaz de soportar la duda. Se peino rapidamente y bajo la escalera. Se dirigio sin perder un instante a casa de los Alvear. Entre el Banco y Telegrafos, alla siempre sabian las cosas al minuto. Encontro a Ignacio estudiando en su cuarto, mientras Pilar frotaba el espejo del armario.
Ignacio le dijo:
– Pues… en efecto, hay una noticia importante… Por lo menos para ti. Deberias saberla.
– ?Que ha pasado?
– Tu Jefe ha sido detenido.
– ?Que Jefe?
– Jose Antonio Primo de Rivera.
Mateo quedo inmovil.
– ?Como lo sabes?
– Lo ha dicho la radio. En Madrid, por tenencia ilicita de armas.
Mateo habia enrojecido hasta tal punto que la propia Pilar se asusto, sin atreverse ni a acercarsele ni a dirigirle la palabra. «Jose Antonio, secuestrado en los sotanos de la Direccion General de Seguridad.» La noticia era escueta y dura. «A eso se le llama apuntar directamente al cerebro.» Ignacio habia vuelto a enfrascarse en sus estudios y Pilar no sabia donde meterse. Mateo se despidio bruscamente y salio de la casa. Se dirigio a Hacienda y aviso a Octavio. Entre los dos convocaron inmediatamente a todos los camaradas. Se llamo incluso a Marta. Todos acudieron excepto el delineante, en cuyo domicilio estaban efectuando el registro esperado.
Uno a uno los ojos fueron retrocediendo, estupefactos. Lo primero que se acordo fue mandar a Madrid un telegrama de adhesion: «A las ordenes, siempre. Arriba Espana»; telegrama que Matias Alvear transmitio lentamente, con aire pensativo. Luego todos los camaradas se volvieron hacia el retrato de Jose Antonio, y le miraron a la vez con el mayor respeto y la mayor impotencia. En realidad, a todos les habia asaltado identico temor, aunque ninguno de ellos se atreviera a formularlo: la ola de atropellos crecia en todo el pais en forma tan avasalladora, que se podia temer lo peor: que en cualquier momento Jose Antonio fuera asesinado. Mateo pensaba: «Tiene la edad de los predestinados: treinta y tres anos». J. Campistol, de Barcelona, le habia telefoneado a la Tabacalera manifestandole identica zozobra.
Mateo volvio la espalda al retrato, y en tono energico dijo a sus camaradas que ni siquiera aquella contrariedad situaba el triunfo mas lejos. «Cuanto mas nos persigan, mas proximo el dia en que nos veremos obligados a cerrar la inscripcion.»
Dos dias despues se recibio una Circular escrita por el propio Jose Antonio, en los sotanos en que se hallaba detenido. El Jefe Nacional hacia en ella un resumen de la labor del Frente Popular en el mes escaso que llevaba de vida, denunciando una vez mas que los Estatutos regionales traerian consigo la desintegracion de la Patria, profetizaba el avance implacable del Partido Comunista, informaba que la mayoria de los centros falangistas habian sido clausurados y citaba a todos los camaradas para la peligrosa tarea de la reconquista de Espana. Esta Circular conmovio profundamente a todos, pues su tono respiraba a un tiempo una gran confianza y una gran amargura. A Mateo le oriento de una manera precisa: lo del avance implacable le recordo la posicion crucial que ocupaba Cosme Vila; y lo de la desintegracion de la Patria el espectaculo que volvia a ofrecer la Rambla, en la que docenas de fanaticos tornaban a arrodillarse al oir tocar las sardanas de ritual.
El muchacho recordo sus grandes conversaciones con Ignacio, el miedo que volvia a sentir Matias Alvear de que les trasladaran a otra poblacion, a Cuenca o Guadalajara. Companys volvia a presidir la Generalidad, y todos los separatistas exiliados habian vuelto, presentando sus facturas. Por ahi penetraba el virus, a su entender. Y el regreso de otra ola de emigrados: Margarita Nelken, la Pasionaria, etc… lo acrecentaba mas aun. Mateo creia saber que habian llegado a Barcelona, procedentes de Rusia, gran numero de agitadores -Losovski, Neumman, Bazine- que se habian puesto a las ordenes de BelaKun.
Mateo media la importancia de estos hechos. Y le parecia advertir una diferencia. Mientras los separatistas habian puesto manos a la obra inmediatamente, se hubiera dicho que Cosme Vila, a pesar de la prisa demostrada en el asunto del Hermano Alfredo y de mosen Alberto, esperaria aun unas semanas, aunque no muchas, a desencadenar la ofensiva general.
