formo el Frente Popular fue para conseguir ciertas libertades. Siento hablarles asi. No diria esto a cualquiera, pero estimo que dos diputados republicanos tienen suficiente preparacion politica para comprender que, un mes despues de haber ganado las elecciones gracias a los votos de los obreros, no podemos dar orden de utilizar las porras si se extralimitan un poco.

– ?Un poco?

– O mucho, lo mismo da. Por lo demas, a esos murcianos, por ejemplo, les impresionara muy poco el argumento de las perdidas. Contestaran que ellos no han tenido nunca nada que perder.

Los Costa salieron mas que inquietos y solo su temperamento optimista les impidio tomar alguna intempestiva resolucion. Sus esposas les dijeron:

– Nosotras, lo que hariamos es cerrarlo todo. Al fin y al cabo, con lo del Banco y lo de casa ya tendriamos para vivir. ?Por que no?

Anda, pensadlo. Nos iriamos a vivir a Pais. Los papas mas que contentos con ese par de crios.

Un capitulo de responsabilidades se abria ante los Costa. En Izquierda Republica habia mal humor por la huelga, por las noticias que traian los periodicos. Era cierto que en Toledo, Madrid, Cadiz, Granada, se multiplicaban las manifestaciones revolucionarias y en muchos otros lugares el fuego enlazaba uno a otro los campanarios. Los Costa decian que Azana hacia cuanto podia para contener aquello, lo mismo que Indalecio Prieto. «Parece ser que Azana. confia en Cataluna, Vascongadas y Galicia para que le ayudemos a mantener las riendas. Por eso concede el Estatuto y da todas las facilidades. Y, sin embargo, ya lo veis. Aqui mismo, tan moderados, se permite que hombres como el Cojo anden sueltos con ladrillos en la mano.»

A las setenta y dos horas de huelga el Inspector telefoneo a Julio:

– El Responsable acaba de mandarme un ultimatum.

– ?Que ha hecho usted?

– Nada. No transigir.

Julio le felicito; y, sin embargo, la respuesta del Comite de Huelga fue fulminante: se dio vuelta a las llaves. La electricidad, el gas y el agua fueron cortados.

El triple corte provoco la mayor confusion que se recordaba en la ciudad. Todo quedo a oscuras. El inspector intento telefonear de nuevo a Julio. Las tiendas cerraron en el acto, los grifos de los lavabos dejaron caer su ultima lagrima, en las cocinas se oian las mas extravagantes maldiciones.

El Comisario, Cosme Vila y Casal opinaron que la insolencia pasaba de la medida.

A Casal, el apagon le sorprendio en el momento en que ultimaba la tirada de El Democrata. La maquina paro en seco y las bombillas se apagaron. El aprendiz del taller encendio una vela. ?Que ocurria? En realidad, se encendian velas en todas partes. Casal comprendio en seguida de lo que se trataba y salio a la calle, dirigiendose a la UGT. Al entrar en el local recibio una impresion fortisima, pues le parecio que entraba en una iglesia, dado que David y Olga habian ido a comprar cuatro velas. Lo mismo ocurria en la Jefatura de Policia y en el Partido Comunista. El despacho de Cosme Vila parecia un altar, en el que Stalin era el santo, pues su retrato se hallaba rodeado de velas.

Casal y Cosme Vila se pusieron inmediatamente al habla, acuciados, ademas, por Julio, a quien dona Amparo Campo habia ido a ver diciendo: «?Te iras a cenar al restaurante! Sin agua no se puede cocinar».

Cosme Vila comprendio que el Responsable, por encima de los lamentos de las amas de casa, estaba a punto de conseguir un exito rotundo, pues la reaccion en general era favorable. Se hubiera dicho que el proposito anarquista de llevar las cosas hasta el fin se contagiaba incluso a personas a las que todo aquello perjudicaba. Se oian frases sintomaticas. «Desde luego tienen razon. La Fabrica Soler gano en 1935 seis millones de pesetas.» «Si las autoridades no intervienen es porque comprenden que estan en falso.» «Vale la pena estar unos dias sin agua si a fin de ano le dan a uno un cheque…»

Cosme Vila le dijo a Casal:

– Ya sabes mi criterio. Los anarquistas son una pandilla de bandoleros. Os dije que los tratabamos con demasiadas contemplaciones. Ahora, desde luego, se ha terminado. Tu veras si me sigues. Yo, desde luego, pienso pedir fuerza armada y salir en su busca.

Casal fruncio las cejas.

– No comprendo -dijo-. ?Que te propones?

– Que el lunes, a las ocho en punto de la manana, tus afiliados y los mios vayan a trabajar, cueste lo que cueste.

Casal se rasco la cabeza.

– Julio no querra ayudarte.

– Julio ayudara. Esto le conviene menos que a nosotros.

Casal comprendia que lo absurdo habia sido no resistir al principio.

– Debimos entrar a pesar de las barricadas.

Cosme Vila no compartia su opinion.

– Siempre ves las cosas a medias. Entonces hubieran sido unos martires, se les habria impedido manifestar su opinion. ?Que mejor que cometan barbaridades? No olvides la ley. Hay que procurar que el enemigo fracase por si solo.

El acuerdo tomado por Cosme Vila y Casal llego inmediatamente a oidos del Responsable. Este, que se preciaba de conocer el pano, despues de analizar la situacion dijo que no solo los comunistas responderian en bloque al llamamiento de su jefe, sino que, como siempre, arrastrarian con ello a los que dependian de Casal. «Estos son los perros de aquellos», sentencio.

La unica probabilidad de resistir, dada la intervencion de la Fuerza Publica, le parecio que estribaba en una participacion masiva de los anarquistas de la provincia. Sin embargo, no cabia contar con ello. El Responsable sabia que entre la poblacion campesina dominaba Cosme Vila. «Los campesinos andaluces son anarquistas - explico-, pero en esta provincia son conservadores. Confian en los repartos de Moscu.»

Toda la jornada del domingo la paso recorriendo las diferentes barricadas. Y en seguida se dio cuenta de que no le iba a ser facil dominar a sus hombres. La huelga les habia dado el gusto de la pelea. Por lo demas, pensaba poco en los demas Sindicatos. Los principales enemigos continuaban siendo para ellos los patronos, los Presidentes con sus coches, los curas, los militares que se paseaban mirando ironicamente aquellos rusticos parapetos. Los enemigos continuaban siendo «La Voz de Alerta», los Costa, mosen Alberto, el comandante Martinez de Soria. Y la Falange de la ciudad, que en cualquier momento podia disparar desde las azoteas.

Hacia el atardecer, al Responsable le parecio haber convencido a sus camaradas. «Era preciso evitar la sangre.» ?Por que? -le habia preguntado Blasco, que montaba guardia en la Central Electrica-. El Responsable le contesto:

– Nos matarian como moscas. -Luego anadio-: Les daremos «pa el pelo» de otra manera.

Pero apenas llego la noche, la ciudad a oscuras volvio a exaltar a los amotinados. En las barricadas se organizaron hogueras para esperar el alba. Las mujeres de los anarquistas hacian compania a estos. En muchos sitios se bebio y hasta se canto y se toco la guitarra. Porvenir era el camarada ideal para improvisar juergas bajo las estrellas del firmamento. Santi brincaba de uno a otro lado.

A las siete y media de la manana del lunes salieron las primeras patrullas de guardias de Asalto. Aquello acabo de inspirar confianza a los obreros socialistas y comunistas que habian recibido orden de reintegrarse al trabajo.

A las ocho menos diez minutos, los primeros obreros se acercaban pegados a la pared, por la acera, cuando entro en escena un elemento inesperado, espectacular, que altero la faz de los acontecimientos: la caballeria. Julio mando caballos a los lugares de mayor concentracion, y los jinetes se acercaron a las barricadas en actitud de franca disposicion al combate. Aquello decidio la lucha. Hubo entre los anarquistas un momento de desconcierto, que les fue fatal. Las colas de obreros, procurando no rozar a ningun huelguista ni derribar las barricadas, abrieron las puertas de las fabricas y, en medio de un gran silencio, empezaron a entrar en ellas. En la fabrica del Gas el Cojo pego un ladrillazo a un hombre raquitico y se armo un tumulto, pero no paso de ahi. En la fundicion de los Costa, las dos hijas del Responsable aranaron a la mujer que limpiaba el despacho, pero nada mas. Los anarquistas se sentian en ridiculo y desde lo alto de los caballos los jinetes les decian: «?Ale, ale! Lo mejor es que entreis tambien, a ver si el sabado cobrais».

Se sentian en ridiculo porque cada grupo constaba de un numero reducido de hombres. Pero a medida que en las esquinas aparecian otros grupos que tambien habian sido desbordados, el aumento del numero multiplicaba la

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