indignacion. Los caballos impedian que se formara la autentica concentracion de huelguistas a que ellos podia dar origen. De pronto, las maquinas empezaron a funcionar. ?Que ocurria? Se encendieron absurdamente los faroles a aquella hora de la manana. La Central Electrica tambien habia capitulado. En las cocinas los grifos chorreaban, y en los lavaderos. Las mujeres se felicitaban de balcon a balcon.

Entonces el Responsable dijo en voz baja:

– Dispersaos, pero id por las bombas…

Esta palabra logro entre los amotinados un efecto magico. A la mayoria les parecio de tanta responsabilidad la decision, que ningun espontaneo se atrevio a obrar por su cuenta como se podia temer. Los jefes de grupo recobraron en el acto su autoridad. Todo ello ocurria entre el Puente de Piedra y la Rambla. Lo mismo Laura que el profesor Civil, desde sus balcones, vieron perfectamente como Porvenir tomaba la direccion de la Plaza de la Independencia encabezando una docena de camaradas, y que el Responsable y otros tantos, siguiendo la orilla del rio, parecia dirigirse hacia el campo de futbol o hacia las canteras de los Costa.

La fuerza publica, que no habia oido la frase del Responsable, creyo que se trataba de la dispersion definitiva, que todo estaba terminado, y continuo patrullando, pero ya con aire aburrido.

Solo volvio a reaccionar cuando a las diez de la manana se oyo el primer estruendo. Provenia de la Dehesa. La primera bomba habia estallado en la Dehesa. La coloco Porvenir. Eligio aquel lugar porque le parecio adecuado empezar entre un marco de platanos milenarios. En aquel momento no pasaba nadie por alla; unicamente cerca de la Piscina habia un acuarelista solitario, sentado en un taburete portatil, y hacia el Puente de la Barca un campamento de gitanos. El resto, desierto. Era una Dehesa invernal, de color pardo y violaceo, con un vaho de neblina.

Porvenir eligio una encrucijada de avenidas, que los domingos era utilizada por Bernat y los suyos para jugar a las bochas. La bomba levanto una polvareda inmensa, una gran cabellera de granos de arena y hojas muertas, y se callo. Algunos impactos en los arboles, de cuyos troncos surgieron aristas; una de las cuales le sirvio luego a Bernat para colgar en ella su gorra y su reloj.

Aunque la explosion solo fue oida por los vecinos de aquella parte de la ciudad, pronto la cosa se supo y cundio el panico. Casal salio del taller de El Democrata y se dirigio a la UGT. David y Olga le imitaron. En el Banco de Ignacio se interrumpio el trabajo. El Comisario ordeno fuera de si: «?Que se vigile la Telefonica!»

Un cuarto de hora despues sobrevino la segunda detonacion, mucho mas intensa. Provenia del lado de Montjuich. Alguien dijo que se trataba de un barreno en las canteras, pero pronto quedo en claro que se trataba de algo mucho mas grave: del polvorin.

– ?Imposible! -clamo el Comisario.

Julio meneo la cabeza con aire que no dejaba lugar a dudas.

El coronel Munoz no comprenderia nunca como fue posible que la bomba no causara ninguna victima. Al parecer, la escuadra de servicio se habia alejado circunstancialmente a cortar lena; el centinela, fusil al hombro, se habia sentado detras de una roca, a unos trescientos metros de alla.

Se opino que era abandono de servicio. El centinela prefirio esto a haber quedado descuartizado.

Por fortuna, en el polvorin habia muy poca cosa. Una semana despues de las elecciones habia sido retirado el material. Sin embargo, algo quedo, por lo que el estruendo fue tal, que las mujeres que lavaban en los arroyos del valle de San Daniel se asustaron; y a este lado de la montana se asusto todo el personal del cementerio: el sepulturero y los muertos. Los soldados de la Guerra de Africa abrieron los ojos como si se encontraran de nuevo en 1921, cuando las emboscadas de los moros.

En cambio, los vivos parecian tocados de inconsciencia. Solo las mujeres y los ninos se encerraban en las casas, y algunos establecimientos bajaron con rapidez sus persianas metalicas. El resto de la poblacion -taxistas, cobradores de Banco, camareros, etc.- se habian apostado en las esquinas a pesar de que los guardias de Asalto intentaban con renovada energia impedir las aglomeraciones.

Julio le decia a su fiel agente Antonio Sanchez:

– Lo terrible de esa gente es eso, que son poetas. ?Donde estallara la tercera? No se sabe. Imprevisible en el tiempo y el espacio. Las patrullas buscaban inutilmente a los anarquistas por las calles. Todos habian desaparecido. ?Bombas de reloj? ?Caidas del cielo? Acaso no estallara ninguna mas.

A las once en punto, las personas que se hallaban en la Plaza de la Independencia oyeron el tercer estruendo. Pero fue un simple petardo. Un gran susto y nada mas. Estallo en la mismisima Inspeccion de Trabajo. El Inspector, amigo de Largo Caballero, se tiro al suelo y se refugio bajo el escritorio. Al ver que no ocurria nada, cerro el puno y grito: «?Pronto sabreis quien soy!»

En aquel momento, toda la ciudad se sentia indefensa, a merced del Responsable. Incluso el coronel Munoz. Al coronel, cualquier cordon que se arrastrara por el suelo en el cuartel le parecia sospechoso.

Todo el mundo se sentia a merced del Responsable, excepto Cosme Vila. Cosme Vila, a quien Teo tenia al corriente de cuanto ocurria, entendio, por el contrario, que el Responsable habia perdido definitivamente la batalla en el momento de ejecutar el primer atentado.

– Analizad la situacion -les decia a los suyos, los cuales miraban con inquietud el desarrollo del plan anarquista-. No os dejeis llevar por la espectacularidad del momento. Basaos en los hechos. ?Que buscaba la CNT? El paro de las fabricas, gracias a las barricadas. ?Que consiguio? Las fabricas y los talleres zumban que da gusto; las barricadas ya no existen. Luego cortaron la luz, el gas y el agua. Tambien ahi han capitulado de una manera imbecil. Por burros, pues esta arma es revolucionaria ciento por ciento. Todo ese ruido de ahora no es mas que el clasico funeral. Lo unico que no debian haber hecho era eso: disgregarse y soltar bombas; lo que tenian que hacer era lo contrario: unirse y presentarse como martires. ?Que se le va a hacer! A la gente no le gusta que la metralla le roce la cabeza; sobre todo, cuando solo se la roza, sin arrancarsela. Asi que, han perdido la oportunidad. ?El polvorin! ?Para que? Para que el general les ensene las polainas. La Dehesa, la Inspeccion… Eso es lo absurdo, lo propio de locos: entrar en litigio con el Inspector de Trabajo y echarle un petardo a el, en el escritorio.

Los oyentes se rascaban la cabeza. A todos les parecia que tener a la ciudad en un puno era en cualquier caso una demostracion de poder.

– No seais burros. Lo que hay que ver es lo que vendra luego. Se han echado la opinion en contra.

Teo opino:

– Pero han sembrado.

– ?Sembrado…? Si, para nosotros.

Hubo un momento de perplejidad.

Cosme Vila dijo:

– El Inspector estara ahora como un cordero conmigo.

Nadie concedia a esto la menor importancia.

– Es esencial, teniendo en cuenta que el sabado a mas tardar llegara nuestro turno, ?no es eso?

– ?Que turno?

– Nuestra presentacion de Bases -explico Cosme Vila-. Bases en serio, cientificamente revolucionarias.

El jefe los miro de uno en uno. Le parecio que sus palabras abrian brecha. La valenciana estaba nerviosa y como preguntando a que se esperaba.

Cosme Vila se dirigio a ella.

– ?Que…? -le pregunto, en tono que todos sabian que preludiaba una subita decision-. Te gustaria meter baza cuanto antes… No estas convencida, ya lo veo…

Ella se sento, con gesto aburrido.

– Pues… si quieres… puedes empezar -anadio Cosme Vila, acercandose al escritorio-. Puedes acompanar a ese. -Y senalo a Murillo.

– ?A que? -pregunto el aludido.

Cosme Vila, que habia adquirido expresion grave, abrio un cajon, saco un paquete y se lo entrego.

– A redondear el prestigio del Responsable.

Todos quedaron estupefactos. El paquete contenia un objeto pequeno, ovalado, que pesaba increiblemente. Cosme Vila habia tomado asiento.

Todo aquello era inesperado.

– ?Adonde hay que llevarlo? -preguntaron.

– Si no teneis nada que objetar -dijo Cosme Vila-, yo escogeria el Museo Diocesano.

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