las conversaciones. Y, sin embargo, un detalle escapaba a la comprension. Se justificaba que Cosme Vila, por su origen y por las meditaciones a que podia dar motivo su antiguo empleo, fuera comunista. Parecia logico que lo fueran Teo, Gorki y la valenciana; pero nadie se explicaba la subita revelacion del catedratico Morales. «?Que tiene que ver ese hombre con la chusma?» Todo el mundo sabia que formaba parte del Comite Ejecutivo. ?Al salir del Instituto de comentar el Quijote o una tragedia de Racine, se iba a la Cooperativa a repartir ciruelas! Y despues al periodico.
Era gran amigo de David y Olga. En tiempos fue simple maestro como ellos. David y Olga tuvieron esperanzas de ganarle para el socialismo: el les habia dicho siempre: «Dejadme reflexionar, dejadme reflexionar». El resultado de las reflexiones habia sido su adhesion al Partido Comunista. «Todos los defectos y crueldades las se -confeso a los dos maestros-. Pero considero que es una etapa que hay que franquear, desgraciadamente inevitable. Luego se vera que no ha sido inutil.» Era un gran admirador de Rusia y consideraba que aquella nacion habia dado un paso gigantesco desde 1917, adaptandose a la vida moderna y multiplicando sus posibilidades. «Una nueva revalorizacion del hombre, que hay que poner en practica en el mundo entero.» Otros que le conocian atribuian todo aquello a un problema sexual. Le consideraban un profesor resentido por su fealdad, al que las mujeres no hacian caso; y que por ello odiaba la sociedad y se sentia a sus anchas al lado de la valenciana o colgando ciruelas en las orejas de otras horribles militantes.
Su actitud habia producido estupor y nerviosismo entre la poblacion. Desde el punto de vista practico, David y Olga eran de las pocas personas que no podian lamentar la decision del catedratico. ?Gracias a su intervencion consiguieron que -?por fin!-, aunque un mes antes de finalizar el curso, en un par de docenas de escuelas los alumnos construyeran cometas, cultivasen un campo, se lavaran la cabeza, se turnasen democraticamente en la vigilancia, diesen una explicacion cientifica del cosmos y escucharan con atencion las peroratas higienico sexuales de sus profesores!
Morales les decia, sonriendo: «En pago, los productos que saquen del campo serviran para la Cooperativa…»
Casal asistia confuso a todo aquello. Pregunto a David y Olga que se proponian.
– ?Que pretendeis con todo esto?
Los maestros le miraron con fijeza, como si por fin se decidieran a darle una explicacion franca. Por ultimo le dijeron: «Amigo Casal, vamos a hablar claro. No creas que todo esto tenga nada que ver con el Manual… Lo que pasa es que tenemos pruebas de que lo del levantamiento militar es cierto».
– ?Como…?
– Como lo oyes -David prosiguio-. Y en consecuencia creemos que deberiamos unirnos todos y no alimentar discrepancias.
Casal les miro a los ojos. Se le hacia dificil dudar de ellos.
– ?Hablais en serio…? -pregunto.
Olga le contesto:
– Nos consta que es cierto.
Tanto, que de Barcelona habian salido para Francia varios representantes de la Republica, con la mision de asegurarse la ayuda del Frente Popular frances para cuando el momento llegara…
Casal no sabia que decir. Olvido la Cooperativa Obrera, los malabarismo de Cosme Vila y las dificultades con que tropezaba para redactar unas bases que satisficieran a todos.
– Asi que Julio tenia razon… -mascullo. Luego volvio a dudar-. ?Imposible, imposible! ?Que pueden esperar? Seran cuatro jefes aislados. La mayoria de los militares estan por la Republica.
– No seas iluso -anadio David-. Lo que pasa es que estamos olvidando donde radica el verdadero peligro.
Casal se dejo ganar por el nerviosismo. Consulto inmediatamente con los jefes de la UGT de Barcelona. De Barcelona le contestaron: «Es cierto. Cuidado con los militares, los carlistas y Falange».
La mujer de Casal le dijo: «?A ti te extrana que se subleven? ?Que van a hacer, si no? Cosme Vila los iria matando poco a poco a todos».
A Casal le entro un furor incontenible. Comandante, carlista, Falange. ?Que pasaba con Mateo que no daban con el?
Tal vez Cosme Vila estuviera en lo cierto… ?Iba a verle o no iba a verle? Estimo que ya se habia rebajado demasiado. ?Y ademas aquel piso destartalado! ?Que desnudez! Casal penso que la confortable cama en que dormia con su mujer le impedia cometer ciertas barbaridades. Pero era evidente que el peligro era grave. El tono de conviccion de David y Olga no mentia. A Casal le parecio comprender por que el Partido Socialista le aconsejaba no indisponerse demasiado con Cosme Vila.
David y Olga le informaron sobre la actitud de los suegros de los Costa. «La mitad del pueblo de Pais es suyo y se quejan porque les han escamoteado quinientos quilos de arroz.»
Ignacio no perdia detalle de cuanto acontecia. Y recordaba que en una conversacion con el profesor Civil le dijo a este: «Cuando vea claro, luchare…»
?Santo Dios! ?No veia claro aun? ?No quedaba suficientemente claro que para detener las toneladas de veneno que caian a diario sobre la ciudad proponian aumentar el sueldo a la gente? Su padre advertia que la violencia de los preparativos que veia a su alrededor contagiaban a Ignacio. «No seas estupido -le dijo-. Para ser valiente no es necesario tomar un fusil. Yo, en tu lugar, estudiaria mas que nunca y me vendria de Barcelona con media docena de sobresalientes.»
Estas palabras, en vez de inquietar a Ignacio, intensificaron su malestar. No por lo que le concernia, sino por la situacion de Mateo. Ya no era posible. ?Media docena de sobresalientes! Examenes convocados y Mateo no podria presentarse. El profesor Civil se habia lamentado de ello a diario. «?Decidme donde esta, decidme donde esta, ire a darle clase aunque tenga que pasar por la chimenea!» El profesor Civil tambien sonaba. Pero Ignacio no le dio nunca la direccion.
Ignacio comprobaba hasta que punto queria a su amigo. Se sobresaltaba tanto o mas que Pilar. Al igual que a Cesar, le preocupaba su escondite. Cualquier dia subirian a casa del Rubio a hacer un registro. Era preciso que Mateo cambiara, que buscara otro sitio. ?Donde? Marta compartia su opinion. «Hay que hablar con el Rubio, el acaso indique un lugar.»
Antes de marcharse a Barcelona queria dejar aquello resuelto. Por la calle se habia encontrado con Julio quien le dijo: «?Hombre, Ignacio! Tal vez tu puedas indicarme donde se encuentra Mateo…» Luego el policia habia sonreido dando a entender que bromeaba y habia intentado darle una palmada amistosa en la espalda. Ignacio le habia detenido la mano. «Con nosotros ha terminado», le habia dicho.
Mateo habia hecho saber que los examenes le tenian absolutamente sin cuidado. En cambio, la idea del traslado le parecio acertada e inmediatamente propuso la casa de Pedro. «Me aceptara -dijo-. Me aceptara, estoy seguro. ?Y por lo menos alla tendre una radio!» Pilar habia caido casi desmayada. «?En casa de un comunista!» Por el contrario Ignacio aprobo el plan. «?Donde mejor? ?A quien se le ocurrira buscarle alla?» Ignacio estaba seguro de que Pedro no delataria nunca a Mateo… menos que se lo ordenaran directamente de Moscu.
Quedaron en que el Rubio hablaria con Pedro. El Rubio le conocia de antiguo y tambien estaba seguro de el. «?Como lo va a delatar si es un chico que no dice nunca una palabra?» Por lo demas, sabia que Pedro odiaba a Cosme Vila, a Teo, a Vasiliev, a todos. A todos los consideraba traidores a Rusia y, al repasar el Boletin, habia exclamado: «?Trucos de fotografia! Lo que hay alla es mucho mejor».
Marta habia propuesto un plan, al margen de lo de Mateo: proponia que Pilar acompanara a Ignacio a Barcelona. «?Te conviene distraerte! Aqui te consumiras.» Pilar se nego rotundamente. «Imaginate que mientras estoy alla ocurre algo…»
A Ignacio no le quedo otro remedio que hacer las maletas solo. Permaneceria tres dias lo menos fuera. Muchas personas, entre ellas el subdirector, le dieron toda clase de consejos. «Vete con cuidado en la Universidad. Hay muchos estudiantes que son de las Juventudes Libertarias. Y, sobre todo, cuidado en la pension… No hables con nadie, ni una palabra sobre politica y sobre tus ideas.»
El profesor Civil fue a despedirle a la estacion. «?Repasa la leccion cuarenta y tres!» Marta le dio un beso en la frente. En el momento de arrancar el tren se acerco a la ventanilla, le puso un sobre en las manos. «Deberias entregarlo a la persona misma.» El sobre decia: «J. Campistol, Balmes, 110, Barcelona». Luego saco el panuelo para despedirle; e Ignacio vio que era un panuelo azul.
J. Campistol era el jefe de Falange en Barcelona. ?Valgame Dios! La cosa estaba clara. La chica quiso situarle ante el hecho consumado.
?Y por que llevaba panuelo azul? Le habia advertido mil veces de que no provocara a nadie.
