Pero los dos brigadas superaron aquello. «?Alinearse… Mar!» Los doscientos cincuenta hombres obedecieron, distanciandose con el brazo. Las secciones formadas, impecables. Cosme Vila contemplaba todo aquello reclinado en un platano milenario.

Pronto, bajo el follaje, y aprovechando los intermitentes silencios del altavoz, se oyeron los gritos marciales: «?Un, dos, un, dos!» Por el momento la uniformidad era dudosa, y las alpargatas se revelaban demasiado ligeras para hacer crujir la arena como los brigadas hubieran deseado. «?Media vuelta… Mar…!» Algunos continuaban en linea recta, como atraidos por el maillot blanco de la hija del Responsable. Otros se dirigian hacia Cosme Vila; los dos brigadas, que tambien exhibian mono azul, tan nuevo que se les abombaba en el pecho, se miraban con aire desesperado.

Vuelta a empezar, otra vez agrupados, cada uno en su puesto. «?Un, dos, un, dos!»

De pronto, todo salio a la perfeccion. «?Izquierda, mar!» Todos a la izquierda. «?Derecha, mar!» Todos a la derecha. «?Media vuelta…!» Los milicianos obedecieron como un solo hombre. Y entonces, ante la estupefaccion de todos, se encontraron frente a frente de una formacion identica a la suya, pero compuesta de caballos.

Los brigadas enmudecieron. Nadie acerto a explicarse que habia ocurrido. ?De donde salieron? ?Como? ?Quienes eran los jinetes? El sol y el sudor emborrachaban y nadie acertaba a distinguirlo.

Cosme Vila permanecia impasible. Habia visto aparecer los caballos a la entrada de la Dehesa, a trote mas agresivo aun que el del comandante Martinez de Soria cuando daba vueltas al circuito. «Ahi va el regalito de Julio Garcia…», se dijo. Y, en efecto, a no tardar reconocio los gorros de los guardias de Asalto.

La caballeria. La prometida y esperada caballeria. El telefono de la Piscina habia comunicado con Jefatura y ante la escalofriante noticia de la Milicia Popular, las autoridades exclamaron: «?Es el momento! No hace falta ni siquiera el ultimatum». Alli estaban ahora los animales relinchando, mirando a los milicianos con ojos acuosos, siendo mirados por estos con una expresion que iba transformandose de sorpresa en colera y deseo de que un rayo cayera sobre sus crines, a medida que descubrian de que se trataba.

El momento fue de intenso desconcierto. Dos secciones de guardias a pie habian hecho su aparicion envolviendo a la Milicia. Los milicianos se sentian ridiculos, formados de aquella manera, con el baston en el hombro; los que llevaban fusil sabian que estaba descargado; y algunos se alegraban de ello dada la expresion del oficial de Asalto que se habia apeado de su caballo.

Este oficial era un gigante parecido a Teo, con menos angulos en la cara. Parecia llegar dispuesto a no perder tiempo. Se dirigio a Cosme Vila: «De orden del Comisario va usted a entregarme los fusiles y venirse conmigo. Y disuelva en el acto la formacion».

Cosme Vila le escucho. El altavoz de la Piscina habia parado. «?Camaradas, no entregar nada! ?Corriendo a vuestras casas!»

Los milicianos no esperaban aquello. Sin embargo, como tocados por un resorte se quitaron el gorro y echaron a correr en todas direcciones. Por otra parte, los guardias de a pie desplegaron y a cincuenta metros escasos les obstruyeron el paso. Los del baston se rindieron sin resistencia apenas, aunque ninguno cedio el arma sin acompanar el gesto de una sonrisa ironica. Los del fusil forcejearon con dureza, pero a la postre quedaron indefensos.

El oficial ordeno a todos: «?Andando! ?Y poco ruido!» Algunos obedecieron. Otros miraron a Cosme Vila y se hacian los remolones. Varios, con franca insolencia, sacaron las tabaqueras del bolsillo. «?Andando, o habra jaleo!» E indico las porras de sus agentes. La prudencia se apodero de los milicianos. Lentamente empezaron a dispersarse. «?Andando!» Los agentes los persiguieron porras en alto y los milicianos, por ultimo, pusieron pies en polvorosa.

Cosme Vila habia quedado alla, escoltado por un grupo de guardias.

– Usted se viene conmigo a Comisaria -repitio el oficial.

Cosme Vila no se inmuto.

– ?Me llevaran a caballo o a pie?

– A pie. -El oficial enfundo su pistola-. ?En marcha!

Ordeno a los jinetes que se volvieran al trote y a la casi totalidad de los de a pie los mando regresar por el otro lado. Solo cinco agentes quedaron escoltando a Cosme Vila.

Echaron a andar. Cosme Vila dio unos pasos mas adelante. Alguien entre los curiosos grito: «?A la carcel!»

Cosme Vila meditaba su situacion. La avenida central de la Dehesa era larga. Las botas de los guardias resonaban con mas contundencia que el calzado de la Milicia Popular. El jefe consideraba que Julio cometia un error llevandole a pie. Segun el itinerario que siguieran al entrar en el casco urbano la masa de afiliados se daria cuenta de lo que ocurria y organizaria lo que hiciera falta en su defensa. ?En linea recta seria preciso pasar ante el local del Partido!

Por el momento, sin embargo, se habia quedado sin defensores. Los curiosos que se iban agrupando mas bien le eran hostiles. «?A la carcel!», se oyo otra vez.

En la Catedral dieron las siete de la tarde. Ya los caballos habian desaparecido. Cosme Vila irrumpio en la calzada que conducia a la Plaza de Telegrafos. En todo lo que alcanzaba su vista no se veia concentracion alguna de militantes.

– Tal vez mas adelante. Los milicianos habran avisado a alguien. Todavia no da tiempo.

De pronto, el panorama cambio. Al llegar al Puente, en el que convergian varias carreteras de entrada a la poblacion, oyeron a su espalda una algarabia infernal. Gritos, ruidos de motores y bocinazos.

Cosme Vila volvio la cabeza, y los guardias lo mismo. ?Que ocurria? Un camion, y luego otro y luego otro. Cosme Vila comprendio: entraba en Gerona la caravana de viveres procedente de Banolas. «Viveres para los huelguistas de Gerona.» Pedian paso a traves de los transeuntes. Iban cargados de ajos y en las cuspides aparecian sentados felices militantes.

Cosme Vila no perdio un momento. Se irguio sobre sus pies, miro en direccion a los camiones y luego levanto el puno con energia estremecedora.

Los militantes, desde sus torreones de ajos, le reconocieron en seguida. Vieron a los guardias. ?Detenido! Llevaban al jefe detenido. El grito se escapo de sus gargantas. Las bocinas sonaron al unisono en colosal estruendo. Los militantes saltaron desde los camiones al suelo y en actitud suicida se dirigieron de frente hacia los guardias. Algunos, faltos de otra cosa, llevaban manojos de ajos en las manos.

La circulacion se interrumpio. Algunas mujeres se mezclaron entre los militantes. Los balcones se abrieron.

Dos guardias quedaron escoltando a Cosme Vila y los tres restantes, con las porras en alto, esperaron la acometida de los militantes. El oficial toco el pito, pero ningun otro agente aparecio por los alrededores.

A la vista de las porras los militantes no se decidian a avanzar. De pronto de la parte trasera de uno de los camiones salio una piedra que dio de lleno en el hombro de uno de los guardias. Este cayo al suelo.

– ?Animales! -grito el oficial. Y saco su pistola.

Los demas guardias le imitaron. Se oyeron tres disparos.

El panico fue indescriptible. Algunos militantes se refugiaron detras de los camiones, otros se dispersaron. En las ventanas no habia quedado nadie.

Subitamente, el primero de los camiones puso el motor en marcha y arranco, de prisa, sorteando a los guardias. Se arrimo a Cosme Vila. El conductor grito, dirigiendose a este: «?Sube, sube!» Y habia abierto la portezuela.

Cosme Vila dudo un momento.

– ?No! -rehuso-. ?Pero concentraos en Comisaria!

Los guardias, al advertir la inclinacion de Cosme Vila, supusieron que iba a subir y dispararon contra los neumaticos.

Cosme Vila se volvio furioso.

– ?Ya esta bien, ya esta bien!

El camion huia a toda velocidad. En la puerta de Telegrafos habia aparecido Matias Alvear con bata gris y lapiz en la oreja. Pero, al oir los disparos, volvio a entrar.

Cosme Vila preferia ser llevado a pie, ahora que todo el mundo estaba alerta. La valenciana asomaba a lo lejos, seguida de una patrulla de militantes. Se veia su inmenso escote. El guardia herido se habia incorporado por si solo. Era preferible que fuera asi.

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