comprender los gritos que daba. Era preciso saber que la novia de Ideal le habia dicho a este: «Chico, ?para que voy contigo si no tienes que comer ni puedes llevarme al cine?», para no sonreir ante la importancia que se daba ahora el muchacho.
Solo algunos veteranos temian que Cosme Vila les preparara una jugarreta. Los demas, nada. «?Que jugada ni que ocho cuartos? No hay trampa posible. Sus camiones llegan, ?no es eso? Pues ya esta.»
El Responsable se sintio
Porvenir, con su pelo ondulado y un traje nuevo, azul marino, volvia a pasear por la Rambla como en los felices dias de su llegada a Gerona. Volvio a sacar la calavera, volvio a ejecutar juegos de manos, echaba monedas al aire al ver un grupo de badulaques.
– El anarquismo tiene eso -contaba en el cafe Gran Via-. Hoy abajo, manana arriba. En Barcelona me lo decia el librero: Bakunin paso malos ratos, pero los paso muy buenos. Ahora ?que? UGT, izquierdas y demas estrechandose el cinturon. Nosotros aqui con tortillas de seis huevos. ?Eh…Santi, se te apetece una tortilla de seis huevos?
Pero no precipitarse. No para todo ahi. Ahora vendra todo, hasta la confiscacion. No hay que olvidar el programa porque estemos en el paraiso.
El Responsable y Cosme Vila no se hablaban. Su entrevista habia sido escueta y brevisima, en terreno neutral: la barberia de Raimundo. La conveniencia mutua los hizo llegar a un acuerdo pero se despidieron sin darse la mano ni desearse salud. Para los asuntos de tramite. Porvenir llamaba por telefono a Gorki, o Gorki a Porvenir. Su ultima frase era siempre: «Ahora, cada uno a lo suyo».
El Responsable sentia nacer en su pecho sentimientos contrapuestos. A medida que crecia en entusiasmo, crecia en envidia. Envidia de Cosme Vila. ?Lo que este habia hecho en poco tiempo! Habia suprimido a la sirvienta y al hermano Alfredo. Habia pegado fuego a un convento y paralizado la ciudad. Editaba un periodico y estaba organizando una Milicia Popular que podia competir con el Tercio.
El Responsable comprendia que la CNT llevaba leguas de retraso en cuanto a resultados. «?Pero nosotros cortamos el gas, el agua y la electricidad!», replicaba Ideal. El Cojo citaba la explosion del Polvorin, el miedo que paso el Inspector de Trabajo al oir en su despacho el petardo. El Responsable no se dejaba impresionar. Sabia que todo aquello habia sido bien organizado, pero que duro poco y que la desgracia les impidio hacer mas.
Y, no obstante, el hecho de que a la postre Cosme Vila hubiera tenido que recurrir a el le demostro que, en el fondo, el Partido Comunista se andaba por las ramas. «A mi me parece que nosotros atacamos siempre mas al centro», dijo el dia en que por primera vez,' despues de la resurreccion, reunio en pleno su Comite Ejecutivo.
Porvenir le miro retadoramente, como exigiendo pruebas. Y entonces el Responsable dijo, con naturalidad:
– Os voy a dar una a todos. -Paro un momento-. ?Nada de suprimir sirvientas ni sacristanes! -Hizo otra pausa-. ?Nada de volar esta piedra o la otra! Tal como estan las cosas, hay que llevar a cabo algo decisivo y CNT-FAI se encargara de efectuarlo: hay que suprimir al comandante Martinez de Soria.
El silencio que siguio estas palabras constituia la prueba del efecto que produjeron. Una sensacion de escalofrio recorrio el gimnasio. ?Suprimir al…!
Pero pronto la tension cedio. En el fondo de su cerebro, uno a uno fueron preguntandose los anarquistas: «?Por que no?»
Ideal fue el primero que abrio la boca.
– Con lo que le importaria a el convertirme en fiambre -dijo.
El Cojo se habia sentado en el alfeizar de la ventana.
– Debimos hacerlo cuando lo de octubre.
– No es que yo crea por ahora en un levantamiento fascista -argumento el Responsable-. Pero si dejamos sueltos a los militares, algun dia nos la dan, desde luego. A mi me parece que suprimiendo esa estrella se aclararia un poco el panorama.
Porvenir intervino:
– Es el numero uno de la ciudad. El otro dia me lo encontre y me crei que estaba borracho. ?Ja, ja! Silbaba. Es mas monarquico que Romanones. Tiene una nariz como la del ex rey, que en paz descanse.
– ?Como que en paz descanse?
– Para mi, siendo ex, es como si hubiera muerto. El ambiente se habia desatado.
– ?Y la hija que? -pregunto subitamente el Cojo-. Presume mucho de vestido negro.
A las dos hijas del Responsable les dio un vuelco el corazon. La de Porvenir se escandalizo.
– ?No seas idiota! La chica no tiene nada que ver.
– ?Que no tiene nada que ver? ?Y montar a caballo?
– Anda, no seas pelmazo. Habla del padre, de acuerdo; pero deja tranquila a la familia.
El Responsable se esforzaba en dominar la situacion.
– ?Por que he propuesto esto…? Por una razon sencilla -explico-. Porque entiendo que el peligro viene siempre del Ejercito. Guardan miles de hombres secuestrados, comiendo rancho y perdiendo oportunidades. Muchas veces he pensado que no habra progreso hasta acabar con eso. -Luego anadio-: A mi me gusta menos que a cualquiera matar un hombre. Pero, que me zurzan si hay otro remedio.
El Cojo se habia bajado subitamente de la ventana.
– Pienso una cosa -dijo por fin-. ?Estamos seguros de que el comandante es el numero uno de la ciudad?
– ?Quien va a ser, sino?
Se veia que el Cojo tenia una idea fija.
– Total, un comandante… ?que? -dijo-. Quedan hasta generales. Yo preferiria asaltar la carcel y saldarles las cuentas a «La Voz de Alerta» y al don Jorge ese de la madre que…
La novia de Porvenir parecio hallar acertado el plan. Desde un dia en que, al salir ella de la Piscina, «La Voz de Alerta» la miro de determinada manera, no podia pensar en el dentista sin sentir ganas de cometer una barbaridad.
– Es una idea que no hay que olvidar -dijo.
Blasco voto en contra.
– Esos ya estan en el garlito -opino-. Si hay que zumbar, se zumba a los de fuera. Y si no encaja el comandante, se le da pa el pelo al notario Noguer o a uno de esos. Material no falta.
Porvenir reflexionaba. A veces sentia celos del Responsable. Comprendia que tenia mas experiencia que el. En Barcelona consiguio que la CNT le escuchara y movilizara los campesinos. Porvenir se preguntaba: «No se si yo hubiera conseguido otro tanto».
– El Cojo tiene razon -dijo-. ?Quien asegura que el comandante es el cogollo del asunto, que no es un simple criado? ?Del obispo, por ejemplo, o de ese curita del Museo, que le confiesa todos los dias? ?El curita, sobre todo, a mi…!
El Cojo negaba, negaba energicamente con la cabeza.
– Copiar, siempre copiar -decia-. Copiar lo que hacen los demas. ?No se solto ya una bomba en el Museo? Mantengo lo de la carcel. ?Hay que zumbar a «La Voz de Alerta» y al propietario ese de las cuatrocientas masias!
– Cuarenta.
– Pues cuarenta.
Santi vivia los momentos mas intensos de su vida. ?Andaba pensando que lo mejor seria contentar a todos! Pero no intervenia. El Responsable le tenia prohibido intervenir en las reuniones oficiales hasta haber cumplido los diecisiete anos.
El Responsable escuchaba a todos con los ojos bajos, puestos en dos bolas de hierro del gimnasio. Apretaba de tal modo los labios, que su hija mayor temia que de un momento a otro tomaria las dos bolas y las tiraria contra la cabeza de sus colaboradores.
– ?Basta ya! -exclamo por fin, levantando la cabeza y vertiendo acero por la mirada. Se calo la gorra hasta las cejas-. ?A que tanto plan y tanta monserga? -Impuso el silencio-. Aqui el numero uno es el Ejercito. Curas,
