Todo quedo decidido. Mateo le dio dinero para la manutencion. Cocinaria para los dos. Al regresar Pedro del trabajo, encontraria la comida hecha.

– Ya me diras que es lo que te gusta.

– Me gusta todo.

Mateo quedo un instante pensativo. Faltaba ponerse de acuerdo sobre un punto delicado.

– Tendre que estar en contacto con alguno de mis camaradas… – dijo.

Pedro le miro. Reflexiono a su vez.

– ?Hay alguno que no este fichado?

– Si, varios…

– Pues que venga uno de esos. Uno solo.

– Bueno, de acuerdo. Vendra uno… a ver, dejame pensar. Uno de mi estatura. Tambien vestido de guardia civil.

No habia mas que hablar. Un colchon en la cocina y una manta; Pedro, un camastro en el comedor. A las siete de la manana, Mateo hirvio la leche para Pedro, y este se fue a trabajar al sol, a las canteras.

Al quedar solo en el piso, Mateo penso inmediatamente en Pilar. ?Si pudiera verla! Dura separacion. ?Por que el taller de costura no estaria situado en la casa de enfrente? Hubiera podido verla, asomando un solo ojo por el postigo del balcon.

Antes del mediodia llamaron a la puerta. ?Pam, pam, pam! Un cuarto golpe. Era Rodriguez. ?Valgame Dios! Mateo le esperaba con impaciencia.

– ?Que hay, que hay?

Rodriguez no podia estar mucho rato.

– Volvere manana. He de ir a ver a Marta. Dame el uniforme.

– Pero ?que pasa?

– Nada. Todo marcha bien. -Le dejo un ejemplar de El Proletario para que se enterara de las ultimas novedades.

Mateo le pidio que al dia siguiente le llevara una Historia Universal.

– Pidesela a Marta o a Ignacio. ?A que hora vendras?

– Lo mismo que hoy. A las once.

Aquello le salvo. La Historia Universal. Al dia siguiente Rodriguez se la llevo y a Mateo le parecio reconocer en seguida el ejemplar. ?Exacto! Era el que Pilar estudiaba cuando iba a las monjas.

Mateo lo tomo con emocion. En la cubierta, guerreros a caballo. «Compendio de Historia Universal.» Lo abrio por la primera pagina; y en letra infantil leyo:

Virgen santa, Virgen pura, haced que me aprueben de esta asignatura.

?Gran consuelo para Mateo! En los momentos en que por la pequena ventana de la cocina penetraran el calor o el desaliento, la letra infantil de Pilar le devolveria el animo. Mateo lanzo una especie de grito de jubilo. Rodriguez le dijo: «?Que te pasa? ?Te vuelves loco?» Mateo quiso guardar la emocion para si.

Rodriguez vivia un mundo mas real. Y le costo muy poco hacer que Mateo entrara en el.

– Perdona, Rodriguez, perdona. Hablemos de lo que importa.

Rodriguez le entero de pe a pa de la marcha de la Cooperativa, de la Milicia, de la union de Cosme Vila con los anarquistas; le entrego un ejemplar de El Democrata con las bases de Casal. Mateo las leyo atentamente. «?Ni una palabra sobre el hombre, portador de valores eternos!»

El guardia iba a verle todos los dias a horas distintas. El uno de julio, por la manera de llamar a la puerta, Mateo comprendio que ocurria algo extraordinario. Y, en efecto, fue asi: tres obreros, con mono de trabajo…se habian presentado a Benito Civil, al salir este del despacho de los arquitectos Massana y Ribas.

Mateo se levanto.

– En serio -explico el guardia-. Quieren ingresar en Falange.

Los ojos de Mateo se humedecieron.

– Pero… ?Quienes son? ?Explicate!

– Dos albaniles y un electricista.

La cosa iba en serio. Rodriguez se lo conto con detalle. Los tres pertenecian a la UGT. Las bases de Casal los habian decepcionado. «Nadie combate por una piscina.» Una de aquellas octavillas caidas de los tejados se habian detenido en la mano de uno de ellos. Discutieron. El electricista era un chico romantico, que «escribia versos y tal». Los dos albaniles estaban cansados de tanto desorden y de oir tantas blasfemias.

Mateo saco el mechero de yesca. ?Si pudiera ver a Ignacio y agarrarle de la solapa! Tenia una apuesta hecha con el. Ignacio le habia dicho: «Obrero, ninguno». Ya tenia tres. Dos cansados de oir blasfemias y uno que escribia versos y tal.

Mateo le dijo a Rodriguez:

– Hay que comunicar al comandante que contamos con tres fusiles mas a su disposicion.

Rodriguez dijo:

– Ya lo sabe. Con los de la CEDA que se alistaron, sumamos quince.

– ?Dieciseis! -rectifico Mateo.

– Claro, contandote a ti, si. -El guardia civil anadio-: Y si cuentas a Marta, diecisiete.

Mateo nego con la cabeza.

– Nada de armas para Marta. En todo caso, cuidara del botiquin.

Mateo le pregunto por las ultimas novedades sobre el alzamiento.

– Es curioso. Yo soy el jefe y ahora el que recibe instrucciones.

Rodriguez le dio la ultima lista.

– La CEDA llega a cincuenta hombres, Renovacion a doce, Liga Catalana a treinta y cinco. Los tradicionalistas, muchos; no se exactamente.

– ?Treinta y cinco Liga Catalana! -Aquello era un triunfo para Mateo-. Ya veis que los catalanistas, si se les habla como es debido, tambien entienden.

Rodriguez no dio su brazo a torcer.

– Si, pero ya veremos el dia de los tiros.

Mateo pregunto:

– ?Se sabe algo mas sobre los generales?

– De la Peninsula, no; pero si de Baleares y Canarias.

– ?Quienes tienen el mando?

– En Baleares, el general Goded; en Canarias, Franco.

A Mateo le habia exaltado la noticia de los obreros. Aquel dia, su curiosidad era insaciable.

– ?Por que crees que el Gobierno ha dejado a Mola en Navarra? Precisamente los requetes…

– Nada, un despiste. Mejor para nosotros.

– ?Cuando viste al comandante?

– Ayer.

– ?Y que dice?

– Pues… hablamos de las plazas que se consideran seguras, que responderan.

– ?Cuales son?

– El comandante considera ganadas Alicante, San Sebastian, Oviedo y Santander.

?Alicante! Mateo se entusiasmo pensando en que Jose Antonio estaba alli.

– ?Y Barcelona y Madrid?

– Dudoso. En Barcelona, tal vez dependa de nosotros, de la guardia civil.

A Mateo se le antojaba estar ya en visperas del dia senalado. La soledad y las ganas de salir a la calle, a respirar aire puro, tenian la culpa de ello.

– ?Donde tenemos que presentarnos nosotros? ?En el cuartel de Artilleria o en el de Infanteria?

– ?Uy, que prisa tienes! Nadie sabe eso, ni siquiera el comandante.

– Bueno, bueno, de acuerdo. -Mateo anadio-: Oye una cosa. ?Y los oficiales?

Rodriguez dijo:

– Como siempre; mitad y mitad. Pero el comandante opina que con los que hay basta para ganar.

Mateo se movio en la silla.

– Una ultima pregunta. ?Que piensa hacer con el general…?

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