– Pues se ve que alla hay ocasiones excepcionales todos los dias.
Marta no quedo convencida.
– Te dare otro detalle -anadio Ignacio-. Continuamente se miraban, decian CAFE y se reian.
Al oir aquello Marta quedo roja como la grana. Los demas se miraron perplejos.
– ?Que significa eso? -pregunto Cesar, tocandose las gafas de montura de plata.
Ignacio levanto los hombros.
– No se… Yo cuento lo que oi, nada mas.
Marta se separo el flequillo a uno y otro lado.
– Muy sencillo -explico-. Son nuestras iniciales, CAFE. «Camaradas, Arriba Falange Espanola.»
El subdirector del Banco habia sido el encargado de proponer a los Costa el traslado de su fortuna al extranjero. «Nuestro Banco puede hacerlo. Hemos servido ya a tres clientes. Les puedo explicar el procedimiento. Podran elegir entre Suiza, Inglaterra, Estados Unidos…»
El subdirector llevaba a cabo estas gestiones doliendole el corazon. Le dolia que salieran divisas de Espana. Pero lo preferia a que sirvieran para comprar armas con destino a Cosme Vila.
Los Costa le contestaron con dureza poco habitual en ellos. «Mientras haya Republica, nosotros no sacaremos ni un centimo.»
Estaban desesperados por la huelga, por la milicia, por los asesinatos, por todo; pero querian defender la Republica.
Era su idea. En su ultimo viaje a Madrid, les habian dicho que el Partido Comunista preparaba una revolucion para agosto y los militares el levantamiento para noviembre. «La unica posibilidad de hacer fracasar a unos y otros es unirnos en bloque los republicanos de buena fe, que todavia somos unos cuantos.»
Los Costa creian que el subito crecimiento de la tendencia revolucionaria de muchos Partidos, Sindicatos y personas se debia al peligro militar. Su suegro se enfurecia al oir aquello.
– Estais ciegos -les decia-. Completamente ciegos. Esta es la excusa que dan. Se van hacia la revolucion porque este es su plan desde el primer momento. ?Si, si, no sonriais de esa manera! Este es el plan de todos ellos desde 1931. Y no digamos desde vuestro famoso Frente Popular.
Los Costa se veian obligados a discutir con mucha gente. Algunos viejos de Izquierda Republicana atacaban a Casal en forma que ellos estimaban injusta.
Las esposas da los dos industriales, poco acostumbradas a discutir, habian tomado una determinacion: marcharse a Pais, llevandose a sus respectivos hijos.
Los Costa las habian dejado partir. Sin ellas, el piso les parecia vacio. «Cuando uno se ha acostumbrado a la familia…» Pero consideraban que su puesto estaba en Gerona, ayudando a las personas de sentido comun.
?Valgame Dios, cuan escasas eran esas personas, al parecer!: de pronto
Los Costa querian dimitir. «?Que se vayan todos a freir esparragos!»
La opinion de los Costa no conseguiria enfriar el entusiasmo que Casal, David y Olga sentian por las bases, pues no solo habian sido redactadas de acuerdo con las ultimas experiencias socialistas en el mundo, sino que tenian algo verdaderamente original: nacian aprobadas por la Inspeccion del Trabajo. ?Y contaban con el apoyo de las autoridades para ser llevadas a la practica! Esplendida transformacion de la provincia: aprovechamiento de los arrozales, exportacion masiva de ajos, nuevos mercados para la industria del corcho, intercambios con Mejico… Las necesidades de cada oficio habian sido estudiadas al microscopio, desde las de los matarifes hasta las de los camareros que habian desertado.
Cien folios, escritos a maquina por Olga. El trabajo habia sido duro. Y lo unico que los maestros no comprendian era que el catedratico Morales -a quien veian con frecuencia- no hiciera el menor caso de las bases y que
El catedratico Morales se reia de ellos.
– ?Por que os extrana? Vuestro socialismo es ingenuo -decia-. Todas las inteligencias del mundo estan abriendo los ojos…ven que os perdeis en tierra de nadie e ingresan en nuestras filas. No contamos solamente con Teos y similares, no creais. ?Por que no escuchais Radio Moscu? Estos dias ha ido alla vuestro escritor favorito, Gide, y ha hablado desde el balcon de la Plaza Roja. Manana daremos en
Casal barbotaba:
– ?Pues tendran que tragarselas! Vamos a ver quien habra sido el tactico esta vez.
Por desgracia, estaba escrito que el tipografo no iba a salirse con la suya. Apenas el Inspector del Trabajo habia estampado su firma al pie de los cien folios que le presento Olga, cuando empezo a circular una noticia de la que al pronto no hicieron caso, pero que luego se revelo como cierta: la de que Cosme Vila y el Responsable habian llegado a un acuerdo y que a partir de aquel momento se ayudarian mutuamente en el mantenimiento de sus huelgas respectivas.
– ?Imposible! -clamo Casal-. ?Como puede ser eso?
– Muy sencillo -le conto un afiliado-. El campo gerundense aportara viveres como hasta ahora, viveres al Partido Comunista; por su parte, el campo de Barcelona aportara los que pueda al Responsable. Todo ingresara en la Cooperativa Proletaria de Cosme Vila, pero se beneficiaran en comun.
La noticia se confirmo oficialmente. El acuerdo estaba hecho, «sin que implicara aproximacion ideologica. CNT-FAI y el Partido Comunista continuarian exigiendo cada cual lo suyo, en forma irreconciliable».
Casal quedo estupefacto. «?Esto sera un aborto! ?Se echaran unos encima de otros como lobos!» Se equivoco. A los comunistas los gano la disciplina y a los anarquistas la posibilidad de saciar el hambre y la enigmatica sonrisa del Responsable, que decia: «Dejadme hacer, dejadlo de mi cuenta».
Casal penso luego que todo ello, en el fondo, no cambiaba nada, tal vez lo contrario. Sus bases serian la nota cristalina del sentido comun. Tambien esta vez se vio obligado a rectificar. En cuanto Julio lo recibio, tomo el inmenso «Informe» de sus manos, lo hojeo y dijo: «Muy bonito, muy bonito… Arroz, tratados con Mejico… Pero, de momento, ?que, amigo? Todos parados, y quien sabe hasta cuando. Esa gente puede resistir un ano…»
Casal se sulfuro.
– Pero ?publicar las bases, y todo el mundo se pondra de nuestra parte!
– Se publicaran, amigo Casal, se publicaran. Pero que todo el mundo se ponga de nuestra parte, ya no es tan seguro.
David y Olga, con su natural pesimismo, estaban convencidos de que habian perdido la batalla. CNT-FAI y el Partido Comunista del brazo constituian una fuerza incontenible. El propio general habia telefoneado a la Comisaria: «?A la carcel toda esa gentuza, a la carcel!»
– Pero ?que estan hablando de ajos si ya no queda uno solo en la provincia?
Los militantes de la UGT defendian aquello con teson.
– Es magnifico, es lo que nos hace falta. Pero ?como ponerlo en practica?
Los camiones iban y venian. Al pasar bajo el balcon del Centro Tradicionalista, se oia: «Un, dos, un, dos». Hacian la instruccion arriba, a puerta cerrada. Se decia que incluso mujeres aprendian a manejar el fusil. Todas las tardes, bajo el tupido follaje de la Dehesa, Victor y el catedratico Morales, que ya habia terminado el curso en el Instituto, dirigian, pincel en ristre, a los muchachos del Partido que demostraban aficion y aptitudes.
CAPITULO LXXXI
La exaltacion de los anarquistas por haber reconquistado un puesto de honor en la ciudad fue tan espectacular, que los bares y cafes que continuaban abiertos vieron vaciarse sus botellas en un santiamen. Incluso los que llevaban dias olfateando por la orilla del rio y por los campos cercanos en busca de algo comestible, hallaron en el fondo de sus bolsillos con que festejar aquello. ?Ahi era nada montar en un camion con carteles y banderas, zumbar carretera adelante y regresar al atardecer con montanas de alimentos! Su alegria era tan grande como lo fue su miseria. Era preciso seguir paso a paso la vida del Cojo desde su orfandad para
