brillaban; si empleaba palabras raras los oyentes se pasaban la lengua por las encias. «Si, claro, claro - comentaban-. Debe de ser eso.»
Entendian que para ser felices era preciso matar al cura. Y luego al sargento de la guardia civil. Hecho esto, se podria colectivizar. La colectividad la concebian como un haz de esfuerzos en comun en el momento de las faenas duras: tractores que servirian para todos, abonos que llegarian a placer, avionetas con liquidos para matar los escarabajos, para desinfectar los olivos; en el momento del reparto darian lo que tocara dar, pero cada uno sabria que era el amo. «Daran lo que tengan que dar -le contaba el catedratico a Victor-. Pero cada uno quiere poseer un pedazo de tierra y unos cuantos animales.»
Por ello llenaban los camiones, contentandose con recibir a cambio ejemplares de
– ?Y de las bases que…?
– Cosme Vila las esta redactando. Los fascistas le ponen dificultades, pero caeran.
– Bueno, bueno, dile que sabemos esperar.
Y, sin embargo, y a pesar del entusiasmo de Morales, Cosme Vila sabia que no podrian esperar. ?La tierra se cansaria de ser nodriza! Por otra parte, el numero de beneficiarios aumentaba a diario en la Cooperativa. Algunos anarquistas se habian presentado con la cabeza gacha, por el plato de lentejas. Cosme Vila comprendio que tenia que conseguir dinero para que los huelguistas pudieran comprar carne, leche y aceite y para pagar a los campesinos.
Dinero, dinero. No debia decir nada a nadie, pero necesitaba dinero. La situacion era euforica en la ciudad. Practicamente lo dominaba todo, y las autoridades se tambaleaban. Faltaba un tiron mas. Un tiron y el alcalde dimitiria, y el Comisario. ?Si el Municipio fuera suyo! Con los recursos que habia en el. Todo llegaria. En cambio, parecian fallarle los pescadores; los pescadores le habian contestado: «El comunismo ya nos lo hacemos nosotros, y si quereis pescado traednos billetes».
Billetes, para comprar tambien pescado para los huelguistas.
No quedaba mas remedio que hablar con Barcelona. El manco le habia hecho promesas, el camarada Vasiliev tambien. El camarada Vasiliev le habia dicho: «Si hace falta, se abrira una suscripcion en Rusia»; Cosme Vila entendio que era la ocasion, y por ello el jefe decidio el viaje a Barcelona, o tal vez enviar como delegados a Morales y a Gorki.
Un hecho resultaba evidente: Cosme Vila no era el unico personaje que tomaba decisiones. Simultaneamente a sus monologos interiores, se desarrollaban interminables dialogos en la Jefatura de Policia. El Comisario entendia que las cosas habian llegado al extremo. Su decision consistio en encararse con Julio con energia insospechada, poco habitual en el. «?Hay que mandar un ultimatum a ese imbecil!», habia dicho. Julio no se dejo impresionar; sin embargo, consideraba que el Comisario tenia razon y que era preciso hacer algo.
La poblacion no conseguia viveres pagando, mientras los comunistas llenaban sus cestos cada manana en el Centro Tradicionalista. En la estacion se negaban a descargar bultos, segun el destinatario. «?Eso para quien es? ?Costa, Corbera…? ?Ahi se queda!»
Por otra parte, los propietarios se habian levantado en bloque para protestar. Los colonos les decian: «?Se acabo de ordenar la vaca! ?Lo hemos entregado a los camaradas de Gerona!» Algunos propietarios se dejaron amedrentar por las amenazas, que por regla general salian de boca de las mujeres; otros, a imitacion de los suegros de los Costa, habian levantado acta notarial y presentado pleito al juzgado.
Todo esto tenia suma importancia, pues los abogados veian una ocasion para tomar la palabra, y ademas el juez, que no olvidaba que Cosme Vila habia querido substituirle sin contemplaciones, parecia predispuesto a fallar en favor de los propietarios.
Las consecuencias de la situacion podian ser gravisimas. Ya
Ahi estaba. Julio advertia claramente cual era el plan de Cosme Vila: conseguir que los propietarios, por cansancio, renunciaran a sus derechos. En este caso, los campesinos habrian conquistado posiciones definitivas, gracias al Partido Comunista.
– ?Naturalmente que es eso! -rubricaba el Comisario, al ver que Julio iba mas alla que el mismo en sus acusaciones-. ?A ver, pues, si terminamos el asunto de una vez!
Cosme Vila oyo rumores de lo que se estaba tramando en contra suya. Entonces decidio no ausentarse personalmente de la localidad y mandar a Barcelona a Gorki y a Morales. «Yo me quedare aqui a parar el golpe», dijo.
La masa de afiliados vivia ajena a estas preocupaciones. ?Y era preciso ocuparse de ella! Cosme Vila no olvidaba ni un momento la observacion del catedratico: hay que ocuparles el pensamiento… Porque, en efecto, se veia que los afiliados, inactivos a causa de la huelga, se aburrian. Algunos habian empezado a beber. Otros hablaban de formar una Compania teatral y un Orfeon.
Era el momento, no cabia duda. Era el momento de poner en practica el proyecto de la Milicia Popular. Mientras las autoridades se preparaban a lanzar la ofensiva contra el Partido Comunista, este se prepararia para defenderse. Base numero nueve. ?No se acordo asi? Con bastones, con algunos fusiles. ?Convenia no perder minuto! El jefe echaba mucho de menos a Teo. No obstante, penso que, dadas las caracteristicas del asunto, debia cuidarse personalmente de todo. Constituir la Milicia y ademas -otra cuna esencial- fundar celulas en los cuarteles, entre la tropa.
Por lo demas, todo estaba preparado. Para los cuarteles contaba con un alferez de Artilleria, chusquero. Y tocante a la organizacion de la Milicia, al dia siguiente de haber sido acordada por el Comite Ejecutivo habia hablado con dos veteranos del Partido. Militares retirados -brigadas en la guerra de Africa- y ambos aceptaron con entusiasmo encargarse de su formacion. «Cuando quieras, camarada.» Uniformes, el Partido los tenia. Gorros tambien; y los bastones los habian suministrado, de madera de roble, las celulas agricolas de los Pirineos.
?De cuantos hombres se compondria la Milicia? Cosme Vila consulto el fichero del despacho. Veia desfilar los rostros en las cartulinas como Julio los ojos de los suicidas. Eligio un total de doscientos cincuenta varones de dieciocho a cuarenta y cinco anos. No quiso citarlos por medio de
– A la Dehesa, a las seis de la tarde, con este uniforme y alpargatas.
Los doscientos cincuenta hombres recibieron el aviso sin saber de que se trataba. «?Sabes algo?» «?Nada! ?Absolutamente nada! ?Por que nos habran dado ese mono?»
La curiosidad los llevo a ser puntuales. Cosme Vila los esperaba en compania de los dos brigadas. A medida que los seleccionados llegaban, los iba saludando uno por uno. «?A que viene eso?» «La Milicia. La Milicia Popular.» ?La Milicia Popular…! Los hombres se miraban unos a otros. ?Por fin! «?Y armas?» «?Todo se andara!» Sin querer adoptaban aires marciales.
Cosme Vila los arengo con lexico parecido al de los cuarteles. Los rostros no se parecian a los de las fotografias. Eran menos cerrados, mas debiles. Seria preciso imponer severa disciplina.
– ?Manos a la obra!
Los dos brigadas dieron un paso al frente. Una lista por orden alfabetico dividio la Compania en secciones y escuadras. Se oian peticiones: «A nosotros nos gustaria ir juntos». Cosme Vila contestaba:
– ?Esto no es un convento de monjas!
De pronto, una voz ordeno: «?Nombramiento de sargentos y cabos!»
Los militantes se mordieron las unas; hubo gran expectacion.
Cosme Vila dio los nombres. «He tenido en cuenta los servicios prestados al Partido, la mayor o menor experiencia -algunos de vosotros han hecho ya el servicio militar- y las facultades fisicas.»
Los dos brigadas de Africa, a uno de los cuales no le faltaban siquiera los bigotes afilados, revivian dias historicos. A los sargentos y cabos que resultaron elegidos les entregaron un fusil; a los simples numeros un recio baston. El brigada de los bigotes, Molina de apellido, le dijo a Cosme Vila: «Esto nos gusta porque aqui, por lo menos, sabemos que todos son voluntarios».
Surgio una dificultad: el altavoz de la Piscina. Vomitaba bailables tan estentoreamente que su ritmo era obsesionante. Segunda dificultad: los curiosos. Surgian de todas partes, sobre todo de la Piscina. -La mayoria de estos ultimos eran anarquistas e iban con
