Don Emilio Santos, don Pedro Oriol, el profesor Civil, Matias Alvear y, en general, todas las personas de su edad y mayores no conseguian dormir. Pasaban la mitad de las noches practicamente en vela. Matias Alvear oia dar las tres en la Catedral, las cuatro, las cinco. Hacia el alba conciliaba el sueno, lo mismo que Carmen Elgazu.

Los dialogos entre esposos, en la misma almohada, daban la medida de lo que ocurria, de la angustia reinante. Algo amenazante, suspendido a ras de los tejados, podia describir la parabola de un momento a otro.

Cada persona pensaba en la manera de defender lo que le fuera mas querido; si las monjas trasladaban pianos y Pilar se habia cosido el retrato de Mateo en el interior de los vestidos, el arquitecto Ribas, jefe de Estat Catala presentia pruebas terribles para Cataluna y, por encima de todo, procuraba mantener el fuego sagrado. Temia que las demas preocupaciones alejaran de las mentes la que a su entender era la principal: el bienestar y la prosperidad de Cataluna. Si se quemaba una iglesia, pensaba: un monumento que Cataluna pierde. Si saltaba hecho pedazos un trozo de via ferrea, decia a sus colaboradores: un trozo de via que perdemos. El arquitecto Ribas estaba seguro de que el principal objetivo del comandante Martinez de Soria era cerrar con llave las cuatro provincias catalanas. De modo que se mantenia al acecho para salvar de unos y otros cuanto pudiera; y le habia dicho al arquitecto Massana: «Deberiamos conseguir permiso del Departamento de Cultura de la Generalidad para incautarnos de lo que estimaramos de valor, si vemos que la cosa huele a quemado». El arquitecto Massana estimo acertado el proyecto y consiguieron el permiso sin dificultad, con ayuda de Julio.

Cosme Vila tambien defendia lo que le era mas querido: el prestigio del Partido. Temio que el acuerdo con los anarquistas sentara mal a la opinion y busco la manera de distraerla, como habia ocurrido cuando el incendio de los Hermanos; esta vez le parecio oportuno hablar de la celula trotskista y asi lo hizo. El Proletario inicio una campana violentisima contra Murillo, Salvio y sus secuaces. La acusacion que estos formulaban a Cosme Vila y al Partido Comunista era concreta y opuesta a la de Pedro: habia traicionado al proletario mundial, supeditando sus intereses a los de Moscu. «?Vasiliev es el amo absoluto! ?Si ordena darle el pico al Responsable, se hace; si ordena agotar los recursos de la provincia, se le obedece!» Murillo aportaba datos de los tiempos en que el, «ofuscado», habia formado parte del Comite Ejecutivo.

Cosme Vila aseguro en El Proletario que Murillo, resentido por su expulsion, planeaba repartir a los suyos por las carreteras y atentar contra los camiones de viveres que continuaban asegurando el suministro. «?Vigilad las carreteras!» En los pueblos, los propios campesinos establecieron turnos de vigilancia.

No solo podia temerse la accion de Murillo y los suyos. «?Donde estaban Mateo y los demas que atacaron al doctor Relken? Imposible dar con ellos, a pesar de los registros domiciliarios. Sin duda se escondian por los campos y el hambre y el odio los llevaria a cometer cualquier barbaridad.»

El periodo de vigilancia se inicio. Se vigilaban las carreteras y los pasos a nivel, se vigilaban las imprentas y la Cooperativa; la guadana suspendida en los tejados; y unos a otros, los hombres. Guardias de Asalto recorrian la ciudad: «?Documentacion!» Se buscaban pistolas y revolveres. Por ello la gente de la edad de Matias Alvear no podia dormir. Por ello Cosme Vila cuidaba mas que nunca de su seguridad y de su prestigio.

Algunos patronos de poca monta habian acudido a verle y le habian dicho: «Oye. Concretamente, ?que es lo que querrias…?» Cosme Vila se habia mostrado implacable. «Las bases estan claras. Que el taller sea de la comunidad.»

En la visita que Vasiliev hizo a Gerona llevo el cheque prometido, exiguo, pero en compensacion recorrio las calles escoltado por el Comite en pleno; se persono en la Cooperativa, donde fue aclamado por las mujeres; subio a uno de los camiones y recorrio la provincia; la cual era, en efecto, un jardin. «Tal vez la provincia mas hermosa y variada de Espana.»

Ya en la estacion, sin embargo, al despedirse le habia dicho a Cosme Vila: «Todo eso esta muy bien; llevais las cosas como es debido, en todas partes nos dais gran satisfaccion. Ahora bien, he echado de menos algo… fundamental, que un jefe de partido no debe olvidar jamas». Cosme Vila habia abierto los ojos con curiosidad infinita, contento de que se lo dijera a el a solas, sin que los demas le oyeran: «?Entre los milicianos que aprenden la instruccion -prosiguio Vasiliev-, he visto que tu mujer no estaba!»

El tren partio y Cosme Vila permanecio un minuto clavado en el anden. ?Su mujer! Vasiliev tenia razon. Se apodero de su pecho un entusiasmo sin limites por la sagacidad de aquel hombre y de la revolucion que representaba. Se sintio pequeno, un simple aprendiz…

Su mujer quedo estupefacta. «?Yo un fusil? Pero ?por que? ?No comprendes que el crio…?» Cosme Vila hundio en los suyos sus ojos, esperando, esperando, sin anadir una palabra mas. Y aquel silencio dio a entender a la mujer del jefe que Cosme Vila debia de tener razon, que si el estimaba que debia ir a aprender la instruccion, por algo seria. Y dejo el biberon y se fue al primer piso del Centro Tradicionalista, donde su presencia paralizo de emocion a los dos brigadas de la guerra de Africa, a todos los milicianos, a la valenciana y a las demas mujeres que marcaban el paso y aprendian a desmontar y montar el cerrojo a gran velocidad.

?Y Cosme Vila no paro ahi! Le obligo a su suegro a hacer otro tanto. «Ya cuidara del paso a nivel tu mujer.» Su suegro le miro perplejo, pero poniendose el chaleco, dijo: «Andando».

Entonces Cosme Vila en persona se puso a vigilar a los que hacian la instruccion. La inhabilidad de su mujer le ponia nervioso y al llegar a casa le decia: «No quiero cenar». Era el castigo que le imponia. No cenar y prohibirle que le diera un beso a su hijo. El crio ya no se comia el pie; ahora senalaba con el indice los caballos, las vacas, las jirafas de un libro en colores que el suegro le trajo. A veces el nino alcanzaba con su rechoncha mano un ejemplar de El Proletario y lo desmenuzaba, babeandolo luego. Cosme Vila se le plantaba entonces delante y no sabia que hacer. Le parecia raro que aquel minusculo ser sentado en el suelo, con aquella cabeza pequena y chata, fuera hijo suyo. No queria dejarse conmover. ?Tampoco podia llevarle a hacer la instruccion! Pero podia mandarle a Rusia en cuanto tuviera edad de soportar las inclemencias del viaje.

La vigilancia habia ganado la ciudad. Padres a hijos, vecinos a vecinos. La huelga continuaba. El doctor Relken se ofrecio a los arquitectos Massana y Ribas: «Si para vigilar los monumentos y las obras de arte puedo serles util, cuenten conmigo».

El catedratico Morales les decia a David y Olga: «?Que os parece el cambio dado en poco tiempo? Mi abuelo era rico. Murio sin haber empleado un cuarto de hora de vida en pensar que existia una palabra llamada pueblo. Ahora esta palabra ha pasado a primer termino. Es la principal preocupacion de todo el mundo. Me parece que conseguir esto bien vale mantener unas cuantas fabricas cerradas».

David y Olga le preguntaban:

– Pero, en definitiva, ?que os proponeis?

El catedratico Morales les contestaba:

– Aqui, obligar al alcalde a dimitir, y que el Teatro Municipal se llame «Teatro del Pueblo». Luego seguir escalando las bases, una a una. En toda Espana nos proponemos hacer lo que se hizo en Rusia. Con permiso de la UGT…

En el Banco, a Ignacio le habian dicho que podia tomarse las vacaciones anuales cuando quisiera. «?Vacaciones…? ?Para que?» No podria salir de la ciudad, ni a Puigcerda ni a la costa. No podia salir ni siquiera de su casa a partir de las ocho de la noche. Su padre se lo tenia prohibido. No hacia otro trayecto que el necesario para llegar a casa de Marta, adonde subia diariamente. «Ya me tomare las vacaciones mas tarde… Por Navidad o ya veremos.»

En casa de Marta parecia no ocurrir nada. El hecho de que padre e hija disimularan sus respectivas actividades los obligaba a hablar en la mesa de temas generales y a afectar aire tranquilo; y, sin embargo, se vigilaban mas que nunca entre si, y la esposa del comandante los vigilaba a los dos.

Ignacio le habia dicho a Marta:

– Lo que no comprendo es una cosa. Con la mezcla que estais haciendo -Renovacion, CEDA, Falange, etc…-, ?que pasara si triunfais? Supongo, desde luego, que se acabo la Republica…

Marta reflexiono.

– Ya ves -dijo-. Te juro que no habia pensado en ello. Nunca se me habia ocurrido pensar concretamente en lo que vendria despues. No se por que me figuraba que pondriamos en practica el programa que predica Falange.

Ignacio movio la cabeza.

– Eso demuestra muchas cosas, pero, en fin… Supongo que los de «arriba» saben perfectamente lo que quieren.

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