Marta reflexiono.
– Pues… te dire -replico-. No se si sabran mas que yo.
Ignacio hizo un gesto de asombro.
– ?Si, hombre, no te extrane! Supongo que de momento lo que quieren es restablecer el orden en la nacion. Luego… no se -prosiguio-. Por ejemplo, mi padre querria restaurar la Monarquia; pero tengo entendido que muchos de los generales que intervienen son republicanos y que quieren mantener la Republica.
Ignacio la oyo pensativo. Finalmente, dijo:
– Claro, claro… Seguramente todo depende de como vaya la cosa. De si resulta facil o dificil.
Por primera vez, Marta, al oir aquello, le asio las munecas y le miro profundamente a los ojos.
– Dime, Ignacio -pregunto, con voz dulce-. ?Tu que deseas, que resulte facil o dificil…?
Ignacio le sostuvo la mirada.
– Siento decepcionarte… -contesto por fin-. Pero no puedo contestar como desearias.
– ?Como que no?
– No. Comprenderas… -anadio el muchacho- que no me hace ninguna gracia ver a la valenciana con un fusil apuntando a tu padre, a ti y a todo aquel que no vista mono azul. En fin, que no me hace gracia nada de esto. Ahora bien… tampoco veo claro lo que vendria despues. De manera -concluyo- que mi papel es exactamente el de un imbecil.
Marta le solto las munecas. Bajo la vista y dijo:
– ?Continuas pensando que Espana no tiene salvacion…? ?Que no hay nada que pueda elevar los sentimientos de la gente, despertarla?
Ignacio se encogio de hombros.
– Lo veo dificil, la verdad… «La Voz de Alerta», el notario Noguer. ?Que es lo que los hara cambiar? Si ganan, volveran a las de siempre. Mas duros que antes porque la conciencia les remordera menos, puesto que han sufrido. Pero, en fin, no quiero hablar por los demas; quiero hablar por mi. No se que nos ocurre, Marta, en este pais. Pero somos… yo creo que somos locos. Tu crees que yo vivo tranquilo, ?verdad? Que pienso con la cabeza, que he mejorado mucho… ?Como no! Aprobe segundo curso, ya no subo nunca a la UGT… Pues bien, te aseguro que estoy mas excitado que nunca y que soy el mismo de antes o peor. Influible, segun el clima me da. A ti misma te respeto…pero creo que por ti, no por mi, ?comprendes? Creo que por miedo a perderte. Y en casa me domino los nervios porque mi madre lo merece. En fin, que si hubiera nacido en una esquina, a estas horas montaria en esos camiones o tal vez los volara en la carretera. ?Que esperanzas hay, Marta? Somos… ?que se yo! El profesor Civil venga a hablar de la cultura mediterranea. ?Por que vemos gigantes en todas partes? Si, claro, dicen que somos mas sensibles que los demas, que nos anticipamos… Me gustaria que me convencieras de que lo vuestro es una cruzada, ?comprendes? ?Como puede ser una cruzada si la mayoria de los que la llevan a cabo…? ?Si, ya veo! La idea, superior al hombre, etcetera. Con medios minimos se pueden obtener grandes resultados.
No se, no se. «Por sus obras los conocereis…» Y te juro que las obras de don Jorge…
Marta le escuchaba emocionada. Miraba al muchacho que tenia enfrente, moreno, de rostro energico y trabajado, de expresion muy parecida a la de Matias Alvear, excepto en los ojos, que eran de su madre, de aire ligeramente madrileno a pesar de no haber vivido alli, y sentia que le admiraba. Admiraba su lucha, su franqueza. No le faltaba mas que un empujon… Comprender que estaba precisamente en sus manos, en las manos de la gente como el y su padre, de la clase media eterna y sana, dar categoria y elevar el tono de la mision emprendida de reconquistar a Espana.
– Tu error tal vez consista en no ver mas que «La Voz de Alerta» y que el notario Noguer… y que las personas como mi padre -le dijo-. Pero has de saber que hay otras muchas. Hay muchachos como Roca y Haro, como Padilla y Rodriguez, y personas como el subdirector de tu Banco. Habra dos albaniles y un electricista… Mucha clase media, mucha. Sera la base de la nacion. Te comprendo muy bien, y no pretendo convencerte ahora. Ya lo veras por tus propios ojos. Mira… ?Por que insistir? ?Quieres un detalle? Supongo que va a servirte de punto de referencia. ?Sabes quien fue a ofrecerse para salir con arma? Adivina.
– No se.
– Pues vas a saberlo: el profesor Civil.
Encabezando la lista de los vigilados figuraba el comandante Martinez de Soria. El Rubio fue quien se dio cuenta de ello. El comandante creia que su asistente se limitaba a sacarle brillo a las polainas, a cuidar de su caballo; en realidad, el Rubio le habia tomado afecto, principalmente por ser el padre de Marta.
Y, ademas, conocia las maneras de sus antiguos camaradas. Le basto ver a Ideal mirar al balcon ocultando el rostro para comprender que algo ocurria. Luego, ante el cuartel, vio a Blasco encendiendo un cigarrillo cara a la pared; mas tarde a Santi sentado en la acera con aire aburrido.
Comprendio de que se trataba. ?Que poco sabian disimular! De no ser la cosa tragica, pues soltar un tiro era a la vez lo mas dificil y lo mas facil del mundo, el Rubio se hubiera reido. Sin embargo, sintio como un cosquilleo en el corazon. Y despues de reflexionar con la nariz pegada a los cristales, le dijo a Marta:
– Marta, siento decirselo a usted, pero… creo que es mi deber, mire quien esta alli.
Marta miro y vio a Ideal, detenido ante una tienda de plumas estilograficas.
– ?Y pues…?
– Quieren matar a su padre de usted.
Marta enrojecio y se volvio hacia el Rubio con actitud de panico. Penso en su hermano, caido en Valladolid. No sabia que decir.
– ?Usted cree que…?
– Los conozco. Por eso se lo digo.
El Rubio le conto lo que venia observando de una semana a esta parte. Y concluyo:
– Avise a su padre sin tardar. Y mi consejo es que salga lo menos posible… y nunca solo. Y, desde luego - anadio-, que se busque otro asistente.
– Si yo le acompanara seria peor. No les importaria darme tambien a mi.
– Pero ?por que?
Marta conocia la historia. Comprendio que la razon era aceptable. Entonces sintio una ola de agradecimiento hacia aquel muchacho que Mateo consideraba demasiado frivolo. Penso que Ignacio tenia razon cuando decia de el: «?Bah! ?Es mas serio de lo que el mismo cree y de lo que su saxofono podria dar a entender!»
Marta no perdio ni un minuto y se dirigio al cuartel. En el camino, cerca, vio a Blasco encendiendo un cigarrillo… Paso sin dificultad, los centinelas la conocian; y llegada al despacho de su padre le comunico la advertencia que el Rubio acababa de hacerle.
El comandante Martinez de Soria se quedo de una pieza. Se paso la mano por la cabeza.
Marta queria echarsele al cuello, pero se contuvo. El comandante dijo mirando afuera:
– Claro, claro, he de ir con cuidado.
Y de pronto enrojecio. Le entro una rabia incontenible. Barboto una retahila de juramentos que por su incoherencia se parecian a los del general. Marta le escuchaba muerta de panico. Nunca habia visto a su padre en aquel estado, lo que le dio idea mas clara aun del peligro que todo aquello significaba. En el patio del cuartel, unos pocos soldados se paseaban con aire provocadoramente aburrido. «?Todo esto acabara, todo esto acabara!»
A decir verdad, la noticia sorprendio al comandante. Esperaba un ataque por el lado comunista, pero nunca por el lado del Responsable. De momento acuso al coronel Munoz y a Julio de instigadores; luego murmuro, bajando el tono de voz para tranquilizar un poco a Marta: «No, no, nada de eso. Son ellos mismos, esa pandilla de cretinos».
Todo aquello revelo a Marta algo importante: que su padre no estaba exento de miedo. Durante varios minutos le noto en los hombros una inclinacion inequivoca, que denotaba miedo. Luego dio la impresion de que intentaba dominarse, y de que por fin lo conseguia. La colera se adueno de su espiritu, o tal vez efectuara una autocura de pensamientos nobles.
Porque, si era cierto que fue el temor de un balazo en la sien el que al pronto paralizo al comandante, tambien lo era que, acto seguido, el hombre sintio con mas fuerza aun la responsabilidad de lo que llevaba entre manos. Nadie mas que el dirigia el movimiento en Gerona; si le ocurria algo, el enlace quedaria roto, otros tendrian que volver a empezar.
Penso que el hecho de que sus atacantes fueran unos irresponsables tenia dos facetas opuestas. De una parte, parecia mas facil escapar a ellos, puesto que sus planes no habrian sido cientificamente meditados; de otro parecia mas dificil, puesto que cualquiera de ellos era capaz de dar la vida para acabar con la suya.
