Reflexiono. Lo mas urgente era conseguir que saliera Marta. Llamo a dos soldados y les ordeno que la acompanaran. El quedo reunido con el alferez Roma y dos tenientes que con este formaban su escolta de confianza.
Los oficiales se enfurecieron al conocer la noticia. Su juventud los movia a concebir planes de gran espectacularidad. El comandante disimulaba su estado de animo:
– ?Cuidado, cuidado, mucho cuidado!
Cuando calculo que Marta habria llegado a casa se hizo acompanar por todos ellos y salieron. Bajaron por las escaleras del Seminario. Andaban con naturalidad, pero entre todos vigilaban de continuo puertas, balcones y esquinas. No vieron a nadie sospechoso y alcanzaron con tranquilidad el piso. Solo al entrar en el Marta les dijo:
– Mirad, alli hay uno de los centinelas.
Ideal continuaba absorto en la contemplacion de las plumas estilograficas.
El alferez Roma le miro con infinito desprecio.
– ?Ese escarabajo?
El comandante, a la vista de Ideal, enrojecio de nuevo.
– ?Y pensar que esos tipejos tienen en jaque al Ejercito!
El comandante Martinez de Soria seguia como todo el mundo el curso de los acontecimientos. Lo que mas le indignaba eran «los ultrajes al Ejercito». Segun el, el Ministerio de la Guerra asistia impasiblemente a una serie de traslados y combinaciones, que afectaba siempre a los oficiales de mas pundonor. Muchos ascensos y lugares de responsabilidad, en la mayoria de los casos eran concedidos a aquellos que eran considerados por sus companeros como mas ineptos. «Es mas importante ser adicto al Frente Popular que haber defendido a Espana y tener una hoja de servicios impecable.»
?El se habia salvado…! Por puro milagro. Su amistad con Goicoechea le habia valido. «Personas como el - decia- mientras no les pegan un tiro no dejan de tener sus recursos…»
Por ello no admitia de ningun modo que un crio como Ideal pudiera tumbarle de un balazo. Despues de muchos proyectos, que iban desde encerrar a todos los anarquistas en un calabozo en compania de serpientes boas, hasta permanecer el recluido en casa, sin salir, decidieron algo que les parecio mas decisivo: informar a Julio de lo que ocurria, advirtiendole que respondia con su cabeza de la del comandante.
La idea fue del propio padre de Marta. Encargo de la mision al alferez Roma y al mayor de los dos tenientes, el teniente Delgado.
– Ya lo sabeis. Id a la Jefatura… y que la cosa no deje lugar a dudas.
Los oficiales continuaban pensativos. Les gustaba el proyecto, pero… todo lo que no fuera la supresion de los del complot lo estimaban insuficiente.
– Tranquilizaos, tranquilizaos -les dijo el comandante-. Eso no significa que me vaya a la Dehesa a exhibir el tipo. -Sonrio-. Oficialmente, hoy empiezo a estar acatarrado. -Les dio una palmada en el hombro y los acompano a la puerta.
Marta moria de curiosidad por saber lo que se habia decidido. Su padre le dijo, al verla salir precipitadamente de su cuarto: «Ya te informare, pequena, ya te informare».
Los oficiales se dirigieron a Jefatura. Ninguno de los dos habia hablado nunca con Julio. Le conocian porque su sombrero ladeado era inconfundible, asi como su boquilla y su tez morena. Ademas ?quien no sabia de el? Era el personaje mas importante de la ciudad; tal vez seguido de cerca por Cosme Vila y por dona Amparo Campo. En efecto, esta no le iba en zaga. El coche de que Julio disponia como Jefe de Policia raras veces estaba a su disposicion. Dona Amparo Campo recordaba sus caminatas por los campos de la Mancha cuando nina y queria resarcirse. Apenas si saludaba a sus amigas como Carmen Elgazu. Vivia una vida de puro ensueno, limitada a deslumbrar a la criada, a contemplarse los quimonos y coleccionar chismes. Y le decia a Julio: «No comprendo que mantengas al Comisario en su puesto. Tan burro como es. ?Por que no ocupas tu tambien ese cargo? En realidad solo admitia como personas dignas de codearse con ellas al coronel Munoz y al doctor Relken. «Doctor, vengase a comer con nosotros.» El doctor aceptaba casi siempre. «Pero, dona Amparo… poco aceite, poco aceite…»
La entrada de los dos oficiales en el despacho de Julio dejo boquiabierto al agente Antonio Sanchez. El alferez Roma no pudo dejar de mirar a la puerta de la izquierda, tras la cual sabia que continuaban cantando himnos subversivos Octavio, Haro y Rossello. Luego dijo a Julio que querian hablarle a
– Senor Garcia, los anarquistas proyectan un atentado contra el comandante Martinez de Soria. El Responsable, su sobrino, Porvenir, el limpia, etcetera… Nosotros y unos cuantos oficiales mas a los que en estos momentos representamos, tenemos el maximo interes en que eso no se lleve a cabo. Nuestra propuesta es la siguiente: cuide usted de atajar la cosa. Es usted el Jefe de Policia y esta en sus manos. Si no ocurre nada, nada y todos contentos. Si le ocurre algo al comandante -aunque sea por otro conducto que el anarquista…-, sentimos no poder responder de lo que suceda luego.
– ?A quien?
– Exactamente a usted. ?Viva Espana! -Y salieron del despacho.
Julio permanecio inmovil tras su mesa de escritorio. Un hecho le parecio que quedaba fuera de dudas: aquellos oficiales, llegado el caso, cumplirian su palabra. Por lo tanto, era preciso reflexionar. Julio habia alcanzado un momento de plenitud en su carrera y no era cosa de perderlo todo alegremente. Ahora mismo, la sala de espera estaba llena de personas que deseaban verle. ?El arquitecto Massana, alcalde, guardaba turno! Iba a pedir autorizacion para que los camiones de viveres pagaran arbitrio al entrar en el termino municipal. La correspondencia de Barcelona y Madrid llevaba en gran parte la advertencia: «Para el jefe en persona». La vida se le daba generosamente y los tiempos en que en Madrid recorria anonimamente y sin un centimo los puestos de churros, habian terminado. Como le decia al doctor Rossello: «En casa conviene mejor Wagner que el folklore andaluz».
Imposible, pues, admitir por un momento tan solo que dos apuestos oficiales cortaran en seco todo aquello. Curiosa situacion. De pronto la vida del comandante Martinez de Soria se convertia en preciosa para el. Casi tan preciosa como la de dona Amparo Campo. Porque, detras de aquellos oficiales, debia de haber otros, y luego otros…
Era preciso respetar la vida del comandante… Y, sin embargo, los oficiales debian comprender que no podria vivir siempre pendiente del pulso de su jefe. De momento, si. ?Que estuvieran tranquilos! No solo llamaria al Responsable y a todos sus colaboradores, sino que les daria ordenes draconianas. El sabia como hacerlo: acompanandolas de alguna promesa o concesion.
Ahora bien, esto no bastaria. El alferecillo habia dicho: «Aunque el atentado llegue por otro conducto…» ?Insinuo que no eran solo los anarquistas los que habian sentenciado al comandante?
Julio, echandose el sombrero para atras, se preguntaba como habrian llegado a conocimiento de ello. Porque el hecho era cierto. Personalmente lo supo gracias a Murillo, quien, muerto de miedo por las amenazas de Cosme Vila, era ahora escudero y esclavo del policia. Murillo le habia comunicado que el Partido Comunista preparaba la supresion de varias personas de la localidad, entre las que se contaban el comandante Martinez de Soria y algunos medicos. «?Por que algunos medicos…?», le habia preguntado Julio al jefe trotskista. «Es la tactica rusa - contesto Murillo-. Suprimir medicos. No se por que.» En todo caso, lo importante era que el comandante encabezaba tambien la lista negra de Cosme Vila.
Julio acaricio a Berta. La voz del alferez Roma volvia a su cerebro. ?Cuanto odio delato! «Despues de todo - penso- yo les pago en la misma moneda.»
Mosen Alberto, vigilado; el comandante Martinez de Soria, vigilado; Julio, respondiendo con su cabeza.
Un hecho extranaba a la ciudad: la insistencia con que Cosme Vila pedia la destitucion del alcalde. El arquitecto Massana decia a unos y otros. «?Eso os extrana? Quiere entregar la vara el catedratico Morales».
Tal vez fuera cierto. El catedratico se estaba convirtiendo en el hombre del dia, empujado por las alabanzas del periodico y por la conviccion que tenian los huelguistas de que un hombre como el realzaba el prestigio del Partido.
Cosme Vila hacia cuanto podia para aumentar la popularidad del futuro alcalde. Ocasiones no le faltaban para
