trescientos. Nos fusilara a todos. ?A todos!

Las tres hijas del general llamaron a este por telefono. Aquello salvo a Julio de encontrarse en los sotanos del cuartel haciendo compania al teniente Martin, quien les decia a los centinelas que lo mas duro de la carcel era verse privado de mujeres.

Julio no se arredro. Tenia su plan y lo pondria en practica. ?Un general era poco para echar las cosas a rodar! No podia confiar en nadie. «Tendre que salvar personalmente la ciudad.»

Comprendia que era el unico enlace posible con Cosme Vila, con el Responsable, con Casal y con todos. Hizo un rapido calculo de los hombres. Penso en Mateo. «Mateo cree que solo ellos estan dispuestos a dar la vida. Va a ver los que surgen en el otro lado. Me gustara darle una leccion a ese crio.»

Dona Amparo Campo admiraba la calma de su marido. Con tantos quebraderos de cabeza, y nada le impedia hacer su vida normal: tomarse su bano diario, escuchar unos discos, leer a Voltaire. A veces permanecia con el doctor Relken, hablando de filosofia, hasta las tres de la madrugada. «Las dos ideas, las dos ideas de que yo hablaba -decia el policia-. El mundo se esta dividiendo en dos bandos.» El doctor Relken entendia que los problemas eran mas complejos. Se reia de el. «Asi, pues, las partes del mundo ya no son cinco -bromeaba-; son dos.»

El doctor Relken tambien era partidario de armar al pueblo. «Y deberia usted encarcelar al resto de Falange.»

Julio negaba con la cabeza al oir esto ultimo.

– Se han alistado otros muchos. Las familias se exasperarian mas aun. Los padres de los falangistas irian a ofrecerse al Ejercito.

Julio no perdia la cabeza porque tenia la seguridad de que la sublevacion seria un fracaso. Tal vez provisionalmente, y por sorpresa, los militares ganaran en alguna plaza; pero en la mayoria seria un desastre. Por lo tanto lo que le preocupaba era el aspecto individual. Salvar a Gerona. Porque veinticuatro horas les bastarian al comandante o al alferecillo aquel para acabar con su bano y su discoteca…

Al doctor Relken le aconsejo que se marchara. «Vayase a Barcelona. Se lo ruego. Hasta que todo haya pasado. De la primera escapo usted; de la segunda no se…» El doctor estimo que Julio le aconsejaba razonablemente.

– Pero… ?no cree usted que podria serles util?

– No lo veo. Usted ya cumplio su mision cuando las elecciones.

El doctor quedo pensativo.

– Siento marcharme porque me interesaba lo de las minas -anadio.

– ?Que queria hacer? ?Meter baza en el asunto?

– Pues… ?por que no? Es un asunto muy importante para todos.

Julio le dijo:

– ?Pero no sea idiota! Ya volvera. Cuando todo este despejado; y entonces sacaremos del Pirineo hasta platino si le place.

Cosme Vila y el Responsable acudieron al llamamiento de Julio. Y este quedo estupefacto al ver la naturalidad con que ambos le contestaron: «Nosotros dariamos la vida en el acto».

Julio les pregunto si sus afiliados estarian dispuestos a hacer lo propio. El Responsable se indigno, considero que la duda era humillante. En cambio, Cosme Vila movio la cabeza. La sugestion le parecio interesante.

Imposible contestar. ?Por que no enterarse?

Cosme Vila no pensaba nunca en la muerte. Le parecia que ello paralizaria sus acciones. La doctrina por la que luchaba era tan grandiosa, que se perpetuaba en el tiempo. Por lo tanto ?a que pedir mas? El podia disolverse en la tierra; su obra se habria realizado.

Y, sin embargo, la pregunta de Julio le recordo que el peligro era colectivo y que su decision personal no bastaba. Era preciso conocer uno por uno los granos de arena para calcular su resistencia. En realidad, el fichero de su despacho indicaba que unos hombres estaban dispuestos a vivir, y querian que este vivir se desarrollara dentro de un orden nuevo; pero no especificaba si estaban dispuestos a morir. ?Diablo de Julio! Cosme Vila penso en ello. Hablo con el catedratico Morales. A Morales la idea le entusiasmo. Era preciso completar el fichero. No podia hacerse con rapidez. Seria preciso arrancar verdades sin que dolieran, mirar profundamente a los ojos, en medio de una conversacion.

– ?Preguntar a quien?

– A los afiliados. A los hombres de mas de veinte anos.

Cosme Vila reflexiono. Le parecia un poco espectacular. Y sin embargo… Penso que no bastaba con saber que sus afiliados obedecerian una orden. La verdadera potencialidad radicaba en la disposicion previa, arrebatada y ciega.

Cosme Vila salio del despacho y miro al azar entre los militantes. Gorki y Morales podian realizar la labor. ?Que importaba? La conciencia no podia ser un secreto.

Morales empezo al dia siguiente, al regresar de la redaccion. El local estaba lleno a cualquier hora, gracias a la huelga. Todos los camaradas, al verle, le saludaban. «?Hola, Lope de Vega!»

Hablo con un hombre de unos cuarenta anos, cojo, accidente del trabajo en las canteras. Hablaron en un rincon. El hombre vivia enfurecido ante la inminencia de la sublevacion militar y juraba que el lo habia previsto hacia tiempo.

Morales asentia con la cabeza. De pronto le pregunto:

– ?Tu estarias dispuesto a dar la vida para derrotarlos?

El hombre no titubeo un solo instante.

– Desde luego.

Morales hizo un signo de satisfaccion. Luego dijo:

– A mi me llena de orgullo todo eso. En el fondo soy novato en el Partido y vuestro ejemplo me infunde mucho valor.

– Yo tengo el carnet 120 -explico el hombre.

Morales le miro con fijeza.

– A veces pienso una cosa -prosiguio-. Los momentos son graves. ?Que hariamos si el Partido nos pidiera el maximo de sacrificio? Por ejemplo… -anadio, despues de una pausa- si nos pidiera dar la vida, no por los militares sino… sin explicarnos la causa. ?Que hariamos?

El hombre quedo perplejo. Se paso la mano por la cabeza.

– ?A que viene eso?

– A nada. Me lo pregunto.

El hombre marco a su vez una pausa. Luego dijo:

– Eso no se sabe nunca. Yo… creo que la daria.

El catedratico Morales parecio emocionarse.

– ?Eres casado o soltero?

– Soltero.

Gorki no habia oido aquella conversacion. La mision le gustaba, pero le daba miedo. «Preguntarle a un hombre si estaria dispuesto a morir es mucho preguntar…» Sin embargo, Cosme Vila le habia dicho: «?Que importa? Total, la conciencia no debe ser un secreto».

Sin saber como, se encontro en el balcon interrogando al carnet numero 171. Un muchacho de unos treinta anos, empleado de una tintoreria. Estudiaba ruso hacia tiempo, sin resultado. «?Darias la vida por el Partido?»

– Desde luego.

– ?Casado o soltero?

– Casado.

Gorki invito a su interlocutor a fumar. Recordo los consejos de Cosme Vila.

– ?Y si el Partido nos pidiera algo peor? -prosiguio Gorki, en tono distraido.

El militante sonrio.

– No se que puede haber peor que dar la vida.

Gorki echo una bocanada de humo.

– Pues… hay algo peor… Dar la vida de otro.

– ?De otro?

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