continuaban, que en Barcelona los anarquistas habian llevado el peso de la batalla, que otros como Cosme Vila y el Responsable alcanzaban su plenitud revolucionaria, que misteriosas radios anunciaban que en el puerto de Cartagena los marineros se habian sublevado contra los oficiales y los habian tirado uno a uno con piedras y bolas de hierro atadas al cuello y en los pies, al mar, al Mediterraneo que tanto amaba el profesor Civil, y aquella noticia habia paralizado el corazon de don Emilio Santos, pensando que su hijo mayor estaba alli, y, en cambio, habia llenado de gozo a su criada, la cual por primera vez desde que estaba a su servicio le dijo a don Emilio que le odiaba, «por fascista».

Cosme Vila y el Responsable sabian todo eso y mas. Ahora sabian que por el lado de la Catedral se habian hecho sensacionales descubrimientos: viveres para cinco anos… y esqueletos. Esqueletos de bebes en las monjas. Se decia que estaban expuestos a los pies de las escalinatas de la Catedral. ?Era preciso ir a verlos! Era preciso comprobar aquello, hacer fotografias, informar a Vasiliev, a los anarquistas de Barcelona, a Rusia, al mundo entero. «?Victor, trae tu maquina fotografica!» El Responsable prepararia su andar incontenible. «Reunidos todos los hombres y en marcha hacia los esqueletos, a los pies de las escalinatas de la Catedral.»

Asi se hizo. Y aquella consigna que recorrio las calles volvio a reunir a todo el mundo. De un golpe, sin saber como, los mil hombres y mujeres -los dos mil quiza- que cuando la rendicion de los oficiales se habian congregado ante el cuartel, se encontraron de nuevo todos sin que faltara uno solo, en la plaza de la Catedral, dispuestos a contemplar los esqueletos.

Pero todos tuvieron una decepcion. Eran huesos, pobres huesos nada mas. Todos se dieron cuenta de que un esqueleto, fuera de monja o de hijo clandestino, no era mas que un monton de huesos como el que cada uno llevaba consigo, que con solo tocarlo se desmoronaba. Ademas… ?quien decia que eran de bebe? El tamano no correspondia; a menos que las monjas, por gracia especial, dieran a luz cuerpos ya crecidos.

La decepcion ante el espectaculo de lo muerto dirigio la mirada y el pensamiento de todos hacia lo vivo. Se interrogaban unos a otros. ?Que habia, proximo a ellos, que estuviera vivo? ?Lo mas vivo posible, el mismisimo simbolo de la vida, de la fuerza, de lo que perdura por encima de los anos? ?La Catedral! Fue un grito que salio del fondo de alguna garganta reseca, que no habia participado ni de la ronda de porron en la iglesia del Carmen ni de la de caliz que organizo Murillo. ?La Catedral! Todos miraron las inmensas escalinatas, en uno de cuyos peldanos brillaba abandonada una casulla. Y vieron la fachada y luego el campanario. La cima de este era la cima de la ciudad. Era lo mas alto, lo que presidia, era el principio de vida. A su altura ningun hombre, ni siquiera Teo. Solo las montanas del Pirineo, visibles al fondo de los meandros del Ter.

Cosme Vila y el Responsable se miraron. ?A la Catedral! Santi llevaba una bandera roja. Se hubiera dicho que las fabricaba con su propia carne, o con la sangre que habia brotado del Cojo al saltar este desde la hornacina de la Virgen del Carmen. Todos juntos empezaron a subir, en filas compactas, las escalinatas. Cosme Vila tenia un presentimiento: no llegarian arriba sin que ocurriera algo. ?Cuantos peldanos habia? Los chicos del Instituto aseguraban que noventa, otros decian que ciento. En todo caso eran muchos y el sol caia sobre ellos y la calva de Cosme Vila.

Cosme Vila tenia el presentimiento de que ese algo que ocurriria seria la aparicion del senor obispo. El senor obispo habria sido informado del incendio de esto y lo otro, de los jesuitas, de las Dominicas. El senor obispo era de prever que lo permitiria todo excepto eso: que le incendiaran la Catedral. Para el la Catedral debia de ser lo que para Cosme Vila seria el Kremlin, llegado el caso. ?Que no haria Cosme Vila por salvar el Kremlin?

Los mil hombres y mujeres -dos mil quiza- subian lentamente los peldanos ajenos a los pensamientos de Cosme Vila. Y, no obstante, y como siempre, fue este quien tuvo razon. Antes de llegar arriba aparecio alguien. No era el obispo: eran los arquitectos Massana y Ribas, delegados de Cultura de la Generalidad. Y a su lado otro hombre con un libro en la mano: el catedratico Morales.

?Que ocurria? Los tres hombres extendieron sus brazos en lo alto de la escalinata indicando con ello que querian hablar a la multitud. Todo el mundo se detuvo y ellos hablaron. Comprendian los sentimientos que inspiraban al pueblo, su proposito de tomar venganza, pero… aquello seria un error fatal y la revolucion tenia que ser constructiva y no destructora. ?Que sacarian con incendiar la Catedral? El mundo entero hablaria de ello. Si como iglesia merecia ser incendiada, como obra arquitectonica, especialmente por la amplitud de su nave, era unica en la tierra y por eso tenia que ser guardada y convertida en Museo del Pueblo. Se incendiaria todo lo que hubiera en ella de religioso: altares, imagenes, misales; se fundirian incluso las campanas para fabricar armas con su bronce, armas con que sostener al pueblo donde le hiciera falta, en Zaragoza, Castilla o en Madrid, en el cuartel de la Montana. Pero el edificio tenia que ser respetado y convertido en Museo del Pueblo, instalando alli todos los trofeos y la historia viva de las conquistas de la revolucion. Cataluna entera se lo agradeceria. Seria una honra para Cataluna. «?Viva la Revolucion, viva Cataluna, viva el Museo del Pueblo!»

La voz del arquitecto Ribas obro el milagro. Enardecio al propio Cosme Vila. Este comprendio que el arquitecto tenia razon y el asentimiento del catedratico Morales a sus palabras le confirmaron en ello. ?Museo del Pueblo…! Idea excelente. Llevarian alli el arbol genealogico de don Jorge, el sillon de dentista de «La Voz de Alerta», que parecia un sillon de tortura, el cuerpo «incorrupto» de San Narciso.

Cosme Vila se volvio de cara a la multitud.

– ?Camaradas! ?El camarada Ribas tiene razon! ?Dispersarse! ?Basta por hoy! ?El, el arquitecto Massana y representantes del pueblo se encargaran de este Museo! ?Por ello el arquitecto Massana acepta presentar su dimision de alcalde, porque tendra que encargarse de este Museo! ?Por ello propone como sustituto el camarada Gorki, y este tambien acepta! ?Camaradas, a las seis todos en la Plaza Municipal! -Cosme Vila sentia que debia decir algo para contentar al Responsable y a los anarquistas-. ?Nos hemos unido todos para hacer frente al enemigo comun! ?La Cooperativa continuara funcionando para todos! ?Que las mujeres vayan a buscar lo que les haga falta! Ahora mismo, los encargados de ella se dirigen a abrir las puertas. ?Salud! ?Viva la Revolucion!

CAPITULO LXXXVIII

No hubo descanso para la ciudad, para los doscientos treinta y cinco hombres sublevados y sus familias, para los sacerdotes, monjas y militares, para todo aquel que tuviera manos finas, llevara pulsera de oro o sombrero.

La transformacion habia sido tal en pocas horas, que todo el mundo se sentia flotar en el aire, lo mismo los que atacaban que los que se defendian; todo el mundo excepto Cosme Vila, el Responsable, Casal, y David y Olga y los hombres que, de pronto, en las barricadas de Gerona y en los pueblos limitrofes, se constituyeron en jefes, se sentaron en la alcaldia y nombraron un Comite Revolucionario.

Acaso fuera esto ultimo lo que dio a Cosme Vila mas clara sensacion de que el momento habia llegado: la simultaneidad con que en el cinturon de la ciudad brotaron pequenos Comites, los Comites revolucionarios, comites que a medida que se abria el campo erigian en sus locales simbolos agricolas, que ganaban la provincia, los mansos, la tierra y los postes telegraficos. En un santiamen cada celula comunista de campesinos quedo convertida en Comite, en union de los anarquistas. Del cobertizo o la era pasaron a instalarse en un lugar centrico, de la azada pasaron al fusil ametrallador, del carro al coche requisado, de lo anonimo a la direccion visible del pueblo.

Por otra parte, las radios eran implacables. El director de la Emisora gerundense se habia presentado a Cosme Vila, al descender este de la Catedral: «Camaradas, leeremos los textos que tu nos des. El catedratico Morales podria formar parte de la emisora». El catedratico Morales, mucho antes de que la multitud, a las seis en punto de la tarde, proclamara alcalde a Gorki, informo a los gerundenses de que Barcelona estaba completamente dominada, que en Madrid los militares se habian rendido en el Cuartel de la Montana, que el Gobierno contaba con el oro, la fuerza, la moral, las simpatias de Rusia, Francia, Inglaterra y todas las grandes democracias del mundo; que aquello, en fin, habia constituido un fracaso sin precedentes en la historia de los levantamientos militares. El catedratico Morales habia dicho: «Antes de ocho dias no quedara un solo foco faccioso en todo el territorio».

Por ello los ocho incendios de la ciudad y la noticia de que Cosme Vila, el Responsable y Casal constituirian aquella noche un Comite Revolucionario local, a imitacion de los barrios y los pueblos, llevo al interior de las casas una cantidad de zozobra mayor que la que podian absorber sus habitantes. Por eso se veia a Laura corriendo desesperada en direccion a casa de sus hermanos; a las monjas del convento de clausura de San Daniel, buscando a tientas quien accederia a recogerlas; a Corbera, el de la fabrica de alpargatas, subiendo a Palacio con un mono azul para disfrazar al senor obispo y llevarselo a su casa en espera de un escondite mejor; a don Pedro

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