libros estaban alli. Polvo, mucho polvo. Luego miro el comedor. Luego entro en su dormitorio. Luego, sin mirar a su padre, le estrecho la mano y salio, en direccion a la casa de los Alvear.
Subio la escalera de prisa y llamo. Tardaron en abrir. Una voz pregunto:
– ?Quien es?
– Soy Mateo.
La puerta se abrio y Mateo se encontro cara a cara con Pilar. Pilar le abrazo a su vez: era la primera vez que le abrazaba. Con la mano le acaricio los larguisimos cabellos de la nuca; solo pudo balbucear: «Mateo, Mateo…»
El muchacho penetro en el piso, hacia el comedor. Ignacio estaba en el Banco, Cesar en el Museo ayudando a mosen Alberto a hacer las maletas y a esconder en algun sitio la cama del Beato Padre Claret.
Carmen Elgazu le sirvio cafe. Matias Alvear le dijo que todo aquello habia sido una imprudencia, que los militares debian haber esperado un mes mas y asegurar el golpe de Barcelona y Madrid. Mateo le contesto: «Ya no hubiera dado tiempo».
Luego Mateo les expuso su proyecto.
– En cuanto icen la bandera, la turba invadira la ciudad. Tengo que huir a Francia.
La noticia los dejo estupefactos. A Pilar le dio un miedo infinito que Mateo «echara a andar en direccion a las montanas…» Ademas, se daba cuenta de que aquello significaba la separacion definitiva. Continuaba pensando en que debia irse a una gran ciudad. Tal vez Madrid…
– ?Madrid? -Mateo suponia que en Madrid las represalias adquiririan caracteres dantescos.
Matias aprobo el proyecto de huida pero desaprobo el plan de salir a trompicones, sin conocer la provincia.
– Hay sesenta kilometros lo menos. Te haras sospechoso. Y luego la montana es traidora… -A su entender debia llevar un companero. «?No hay ninguno de tus falangistas que conozca los Pirineos?»
– ?Jorge! -grito-. Jorge ha ido de caza por alli.
Era cierto. Mateo enarco las cejas. Podia ser una idea. Don Jorge tenia propiedades cerca de los Pirineos.
– Y me gustaria llevarme tambien a Rossello.
La cuestion era dar con ellos.
– Jorge habra ido a su casa. Su padre… ?supongo!, le habra perdonado. Rossello no creo que haya querido ver a los suyos. Debe de estar en la fonda con Octavio.
Pilar retenia la mano de Mateo. Todos le miraban, a pesar de sentir que prolongar la escena era imprudente, que era preciso aprovechar aquel par de horas. Hasta que Matias Alvear ordeno a Pilar que saliera en busca de los dos falangistas.
Pilar obedecio y regreso con ellos -Jorge y Rossello- y con el propio Octavio. Octavio tambien queria marcharse, aun cuando su novia le habia asegurado que podian esconderse en lugar seguro.
Matias Alvear hizo un gesto dando a entender que los consideraba locos.
– ?Estais locos! ?Donde quereis ir cuatro hombres juntos? No llegariais ni a diez kilometros de aqui.
– Es verdad. Somos demasiados.
– Dividios en dos grupos. Separados. De dos en dos.
Se convino asi. Rossello tambien conocia algo los caminos, o por lo menos, asi lo dijo. Acompanaria a Octavio.
– ?Y Roca, y los dos albaniles, y…?
Rossello dijo: «Me parece que todos tienen la misma idea. ?A ver si nos encontramos todos en Perpinan!»
Pilar se desesperaba viendo que todo iba tan de prisa, y que la despedida habia de efectuarse ante tanta gente. No podia manifestar lo que sentia. Volvio a abrazar a Mateo. Mateo le dio un beso en la frente. Uno y otro revivieron en un segundo los meses pasados juntos, la fidelidad que se habian jurado sus corazones.
– Volvere.
– ?No, no, no volveras!
La respetuosa actitud de los demas violentaba la escena.
Por fin Mateo se separo de Pilar y acercandose a Carmen Elgazu le pidio que le diera un beso. Ella se lo dio y le colgo una medalla. Estaba emocionada. Mientras duro la discusion les habia preparado una buena merienda a cada uno. Cuatro paquetes.
Matias les pregunto:
– ?Hay alguno que no tenga dinero…?
Rossello. Rossello no tenia un centimo.
– Espera un momento. -Matias entro en su cuarto y salio con cien pesetas-. No puedo darte mas.
Rossello se lo agradecio.
Salieron uno a uno, con intervalos de diez minutos. El primero que salio fue Jorge. Las parejas se formarian a la salida de la ciudad. Tomaron la direccion de la Dehesa, carretera adelante… Pilar murmuro desde el balcon: «Que Dios os bendiga…» Y luego fue a su cuarto y se desplomo sobre la cama.
En cuanto a Ignacio, no habia podido despedirse de Mateo. Habia salido para ir al Banco en el momento en que las tropas se retiraban y corria la voz de rendicion. Al instante su preocupacion habia sido Marta, ?de quien todavia no sabia nada!
En la puerta del Banco le dieron la noticia de que los anarquistas y comunistas se concentraban ante la bandera blanca en los cuarteles. Ignacio no entro siquiera. Se dirigio a casa de Marta. La madre de la chica le dijo: «Se ha ido con su padre a los cuarteles».
?Valgame Dios! Ignacio sintio un panico cerval, pero se domino al instante, pues la madre de Marta le miraba con ojos de suplica.
– No se preocupe -dijo el muchacho-. Se la traere, sea como sea. -Iba a salir cuando sono el telefono. El coronel Munoz informaba a la esposa del comandante de que unos guardias de Asalto se dirigian a su piso para custodiarla. Le dio toda clase de seguridades…
Ignacio salio, bajando la escalera a saltos. Su primera intencion fue ir a los cuarteles, pero pronto comprendio que si le veian seria peor. Entonces se dijo: «No hay otro remedio que hablar con David y Olga…»
Se dirigio a la UGT. ?Cuanto tiempo llevaba sin subir aquellas escaleras! Pregunto por los maestros. Estos salieron. Al verle no pudieron reprimir una expresion de gran sorpresa.
– ?Tu por aqui?
En aquel momento Ignacio se dio cuenta de lo incongruente de la situacion, de que habia obrado sin pensar si todo aquello era logico o no. ?Que mutaciones mas extraordinarias! David y Olga, que no tenian nada que ver con el asunto, arrancados de sus planes revolucionarios para preocuparse de la hija del comandante Martinez de Soria. Ignacio no se arredro. Sintio que todavia creia en las cosas extraordinarias. Miro fijamente a los maestros. Y les explico.
Los hombros de David y Olga se acercaron mutuamente, como siempre que los maestros oian algo insolito.
– ?Te das cuenta de lo que nos pides?
– Si.
Y sin embargo, a la maestra le basto un segundo para dominar su sorpresa. Inmediatamente reacciono. Penso que tal vez la vida no fuera tan rigida como ellos a veces habian creido.
– De acuerdo. Que vaya a casa.
Ignacio dijo:
– Pero… es que esta en los cuarteles.
?En los cuarteles! Los maestros se miraron. No habia tiempo que perder. Olga salio, seguida a corta distancia por Ignacio. Al llegar al Puente de Piedra vieron la multitud que se acercaba, conduciendo los oficiales hacia los calabozos del cuartel de Infanteria.
Olga se dirigio a un oficial de Asalto. Este le dijo: «La muchacha ha pedido que la acompanen al cuartel de la Guardia Civil. Alli estara».
Ignacio se reunio con Olga y propuso alquilar un coche e ir a buscarla en seguida. Asi lo hicieron. Subieron a un taxi sin perder un segundo y se detuvieron en una esquina proxima al cuartel. En efecto, en el encontraron a Marta, sentada entre Padilla y Rodriguez.
