– ?De parte de quien?
– Del Comite Revolucionario Antifascista.
– ?Que Comite es ese?
– Pronto lo sabreis.
Algunos patronos ofrecian resistencia, a pesar de todo. Los milicianos decian:
– ?Eres de los que llevaban arma o que?
La razon era convincente. Los garajes, cerrados por la huelga, fueron abiertos violentamente, lo mismo que los particulares. Cuando el conductor en su primera maniobra mostraba ser experto, los duenos de los garajes suspiraban con un hilo de esperanza, pero con frecuencia ocurria lo contrario.
A las siete de la tarde la ciudad era un autodromo. Coches de todas marcas y tamanos iban y venian a velocidades increibles. El panico de los transeuntes se acentuo hasta lo inverosimil, pues en un santiamen el aspecto de los vehiculos habian cambiado por completo. Ondeaban banderas sobre los chasis; en todas partes inscripciones, preferentemente macabras. Porvenir habia atado a la camioneta una tibia, que iba chocando con la madera de atras. Los limpiabotas habian irrumpido de nuevo en el primer plano y uno de ellos habia dibujado, en el parabrisas de su Renault, una calavera. Pero sobre todo, los fusiles. Los cristales del coche bajos, y canones asomando por las ventanillas laterales. De todos los coches brotaban fusiles. Imposible salir al balcon y no sentirse apuntado desde la calle por docenas de fusiles que pasaban unos tras otros. De repente, un frenazo y milicianos que se apeaban. ?Para que? No se sabia. Algo importante.
La posesion de los coches dio a todos una gran seguridad. Los puestos de gasolina recibieron la orden de no agotarse. Las mujeres de los milicianos empezaron a admirar a sus hombres y a creer que verdaderamente la revolucion iba en serio. Pero muchos de estos les decian: «?Te equivocas si crees que lo he requisado para divertirme! ?Hay mucho que hacer, mucho que hacer!» Era lo que Julio temia, coincidiendo en ello con el profesor Civil: que la necesidad de justificar el coche llevara a correrias desenfrenadas…
Cosme Vila hubiera querido organizar todo aquello sistematicamente y al efecto habia constituido el Comite Revolucionario Antifascista de Gerona bajo su presidencia y la de Gorki, con el Responsable y Porvenir en representacion de CNT-FAI, Casal y David por la UGT, y Alfredo, el andaluz, en representacion directa del pueblo. Este Comite tendria poderes lo mismo para dar ordenes que para castigar abusos. Y, sin embargo, toda sistematizacion se revelo imposible. La reunion se celebro a las siete, en el local que por la manana era de la Liga Catalana. Todos los miembros acudieron, excepto David, y el Comite Revolucionario Antifascista redacto un mensaje que iba a ser leido por radio. Pero con solo salir al balcon se veia que a la masa le importaban un bledo los mensajes, que los milicianos se bastaban para planear y realizar sus operaciones revolucionarias. Las noticias que llegaban de fuera eran contradictorias; algunas hablaban de resistencia feroz por parte de los fascistas y aquello desataba los animos mas aun. Otras ocho iglesias ardian, unas enteramente, otras solo los altares, y los Comites Revolucionarios de los alrededores iban y venian de sus pueblos al centro de la ciudad informando de las medidas que ellos habian tomado. En seguida destaco el Comite del pueblo de Sali, cuyos dos coches, eternamente uno tras otro, fueron llamados pronto los coches de la muerte, pues en la bandera unas letras negras decian «Muerte a los fascistas». Los componentes del Comite de Salt exaltaban hasta lo indecible a los de Gerona. Ellos no solo habian quemado la iglesia sino que al cura le habian cortado lo que le hacia hombre y luego le habian colgado en la fuente de la plaza, con los pies en el agua. ?Podian ir a verlo! Todavia estaba alli. Tambien habian saneado el Manicomio sacando a las monjas en un carro. ?No hacian mas que embaucar a los locos con jaculatorias, aprovechando que estaban locos! Ahora hacian trabajos utiles para la poblacion. Algunas limpiaban los waters del cine, del cafe, del local del Comite Revolucionario, otras fregaban el suelo en casas de obreros y desde luego todas tendrian que ir a la fuente de la plaza todos los dias y bailar un poco ante el cura colgado en ella.
Algunos milicianos de Gerona alzaban los hombros. «?Y eso que es? Vereis lo que pasa aqui esta noche.» Les molestaba que se las dieran de listos porque conducian coches que eran llamados de la muerte. ?Iban a ver los nombres que daban a los suyos! Por de pronto se procedia a completar las listas, que no lo estaban. ?Cuantos habian salido con armas? ?Cuatrocientos, quinientos? ?Y los de Liga Catalana? ?Y los guardias civiles que todavia estaban en el cuartel? ?No tantos humos porque habian mojado los pies de un cura!
A otros les hacia mucha gracia oir hablar de listas. Como si los nombres no fueran conocidos de memoria, o como si no bastara con oler para reconocer a los fascistas.
Los criterios no eran unanimes y bastaba una frase en voz alta para que esta frase fuera repetida por la poblacion y considerada una orden. Corrian rumores de todas clases. «?Dicen que hay que entregar todas las radios! ?Piden las botellas vacias, no se sabe por que! ?Los patronos tendran que presentarse al Comite Revolucionario para ser juzgados!» Muchas de estas ordenes eran desmentidas luego, otras quedaban en pie.
Una de ellas quedo en pie, pues no habia salido de un grupo cualquiera sino del que capitaneaba el Cojo, el cual iba respaldado por una masa considerable de anarquistas. Se referia a las imagenes que hubiera en las casas particulares. Las familias tenian de plazo hasta medianoche para llevar las imagenes a la Rambla. A medianoche se haria con ellas una hoguera monumental. Y, al efecto, el Cojo y Santi, que dirigian las operaciones, habian trazado con tiza en el suelo, en el centro de la Rambla, una inmensa circunferencia.
En las familias hubo discusiones y forcejeos. Muchas mujeres consideraron pecado mortal entregar las imagenes. Salieron con sus capazos como para ir de compras y se dirigieron a las afueras de la ciudad, a enterrar a San Antonio, o a Santa Teresita del Nino Jesus en un campo, fijando en la memoria el lugar exacto. Otras las disfrazaron. Algunos Ninos Jesus se convirtieron en rechonchos munecos de largas pestanas. Muchas virgenes vieron que les calzaban alpargatas rojas y que cintas de bailarina se enroscaban en sus piernas. El pie pisando la cabeza de la serpiente simulaba a la perfeccion el paso de la danza.
Matias Alvear llego de Telegrafos diciendo que habian empezado las detenciones y que el Comite habia decidido utilizar como carcel el Seminario, del que habian evacuado todo el material, dejando los salones y las celdas libres.
Tambien habian empezado los registros. En la calle del Progreso los milicianos subian piso por piso y Matias habia visto por sus propios ojos a Porvenir lanzando a la calle, desde el balcon de un abogado, los tomos de la Enciclopedia Espasa uno por uno. Docenas de personas contemplaban el espectaculo, como esperando que de un momento a otro lanzaran al propio abogado.
Pilar salio un momento, a comprar tabaco para don Emilio Santos, y oyo que el altavoz del Cataluna repetia sin cesar: «?Hay que dar con el paradero de los de Falange!» «?Atencion, atencion!» Y daban las senas de los afiliados, uno por uno.
A ultima hora Ignacio volvio a salir y, entre coches que zigzagueaban a velocidades estremecedoras, se dirigio a la calle en que estaba la UGT, con la intencion de esperar a que David y Olga bajaran y preguntarles si podia ir con ellos a la Escuela, a ver a Marta.
Al cabo de mucho rato bajo David y no hallo inconveniente alguno. Todo el mundo sabia que habian continuado siendo amigos. En el camino David le conto que habia rehusado formar parte del Comite Antifascista de Gerona porque no le gustaba el cariz que tomaba la cosa.
Ignacio apenas hablaba. Consideraba a David gran responsable y no queria hablar. Habia aceptado de sus manos el favor de ocultar a Marta, pero entendia que ello no le obligaba sino a ser correcto. De hablar, diria cosas demasiado duras.
Pero el maestro parecia no darse cuenta, como si monologara en voz alta. Su obsesion eran los coches que pasaban con los fusiles, y su gran temor la llegada de la noche.
– Esta noche van a cometer alguna barbaridad -decia-. Casal intentara impedirlo, pero no se, no se.
Ignacio andaba por la orilla del rio, adelante, recordando los tiempos en que iba a la Escuela a estudiar Bachillerato. Mil pensamientos cruzaban su mente. Pensaba en Mateo, en las montanas. Pensaba en la iglesia de San Felix -donde se habia confesado con mosen Francisco-, ahora quemada. ?Que habia ocurrido en el mundo? «?Cuando vea claro luchare…!» ?En la calle de la Rutila recordo que el mismo habia conspirado con el Responsable, con el Cojo, en el comedor, con una estufa al rojo vivo! La angustia le habia atenazado el corazon. Y la necesidad de rescatarse, de rescatar tanta locura. De salvar. ?Intentaria de nuevo ver al subdirector! ?Subiria a casa del profesor Civil y lo llevaria a otro sitio, pues siendo padre de un falangista corria peligro! Las dos ideas colosales de que hablaba Julio… frente a frente. ?Lo malo es que no estaban frente a frente, sino una encima de otra! Cuando el comandante Martinez de Soria leia el bando declarando el estado de guerra desde el caballo, Cosme Vila estaba detenido en su casa; ahora que Cosme Vila era el astro de la ciudad, el comandante Martinez
