Jose se tumbo en la cama y se puso a fumar en esta posicion.

– Si, ya se por donde vas. Si hubiese nacido en Palacio, seria rey.

Ignacio asintio con la cabeza, aunque su primo no lo viese.

– Exacto.

Jose guardo silencio un momento.

– Pues veras… Eso del Palacio es verdad a medias, a mi modo de ver. A mi siempre me ha parecido que yo lo llevaba en la sangre.

– Pero si fueras rey…

– ?Entiendeme! Desde luego no seria de la FAI. Pero seria revolucionario de otra manera… ?Que se yo! A lo mejor me cargaria a los ministros uno tras otro.

Ignacio se rio. Pero luego se quedo pensativo de nuevo.

– Asi… que tu crees que las ideas politicas se llevan en la sangre…

– Todo se lleva en la sangre.

Ignacio dijo:

– En ese caso… ?que responsabilidad hay? -Marco una pausa-. ?Que culpa tienen las senoras de las Conferencias de San Vicente de Paul?

Jose encogio las piernas y las cruzo una sobre otra, balanceando el zapato.

– ?Caray, primito, no tienes un pelo de tonto! Pero… -de repente se incorporo y se sento frente por frente de Ignacio, con los pies plantados en el suelo-. Eso no es una razon, ?comprendes? Hay que arrasar lo que sea, para el bien de la humanidad. Para que manana la sangre sea otra. No vamos a andar con microscopios para ver si los globulos tal y si los globulos cual. El que la hace la paga, y se acabo. Si tiene la culpa el, ahi lo tiene; y si la tenia su padre, lo lamento.

Ignacio meditaba. Se le antojaba que su primo era un exaltado… en la forma, pero que en lo mas hondo de lo que decia latia un punto luminoso de verdad. Un ansia de justicia que…

Ignacio oyo que la puerta del piso se abria y reconocio el ruido caracteristico que hacia su padre con las llaves. ?Como era posible que su padre fuera tan distinto de Jose? Penso en dona Amparo Campo. ?Por que extranos caminos -de sangre, tal vez- habia llegado a querer ser una senora, a querer figurar y humillar a su criada? Habia nacido en un pueblo de Ciudad Real, en una especie de pesebre… sin aliento de asno y buey. Penso en el Responsable. Ya lo creo que sabia quien era. Lo mismo que Jose… pero con mas anos a la espalda. Consideraba burgueses incluso a los obreros en paro del bar Cataluna. Varios muchachos jovenes le escoltaban siempre, pegados a sus pantalones. Claro, claro, eran los de la FAI. ?Asi que el Responsable era a un mismo tiempo jefe de la CNT y de la FAI… y pedia armas! ?Bah…! Y sus hijas, las dos rubias del Responsable… eran muy populares y llamativas. La del sargento era conocida por toda la ciudad. Las llamaban «las vegetarianas» y siempre andaban por el Ter.

Ignacio vio la huella que Jose habia dejado en la cama. Era mas profunda que la que acostumbraba a dejar Cesar. ?Por que el recuerdo de Cesar le asaltaba cada dos por tres? Claro, todo estaba lleno de el, especialmente aquella habitacion.

Jose pregunto:

– ?Me da tiempo de escribir una carta antes de comer?

Una carta… Ignacio penso en la ultima que se habia recibido del Collell. Cesar escribia que todos los jueves por la tarde era el encargado de recoger las pelotas en las pistas de tenis. Los internos jugaban y el recogia las pelotas. Decia que no conseguia entender una palabra de lo que hablaban; mejor dicho que no entendia su manera de contar por sets. Treinta iguales, treinta cuarenta. «?Que diablos querian decir?»

De todos modos, estaba contento. Hacia ejercicio al aire libre. ?Vaya por Dios! Ignacio vio que Jose se agachaba para recoger un papel. Entonces recordo muchas otras cosas de Cesar. Por ejemplo, que llevaba cilicio. Sus padres lo ignoraban, pero era asi. Un dia Ignacio le vio en la cama: llevaba cilicio. ?Horrorizaba pensar que a lo mejor lo llevaba al agacharse, cuando recogia las pelotas de tenis! Todo aquello era un modo de expresion muy distinto del de Jose, y tal vez en el fondo uno y otro persiguieran lo mismo.

Matias llamo a la puerta de la habitacion.

– ?Que haceis, tunantes? ?Es que no oleis el arroz?

Ignacio y Jose se levantaron y abrieron la puerta. Matias estaba alli, con los auriculares de la galena. Les habia puesto un cordon larguisimo para poder pasearse por todo el piso.

Despues de comer, Nuri, Maria y Asuncion, en vez de llamar a la puerta de abajo, llamaron a la del piso. Entraron en el comedor remoloneando, conducidas por Pilar y como dirigiendose al cuarto de esta. Matias comprendio y dijo:

– Mira, Jose. Estas amigas de Pilar quieren conocerte.

Jose miro a las tres chiquillas sonriendo.

– Son muy guapas -dijo-, aunque no tanto como Pilar -anadio.

– ?Oh, oh…! -Y todas entraron precipitadamente en la habitacion.

Pilar se habia pasado todo el almuerzo contemplando a su primo, un poco molesta porque el prefirio hablar de Inglaterra -de la miseria de algunos barrios de Londres- y de Norteamerica -los linchamientos de negros- a interesarse por ella, por lo que hacia en las monjas y por si la habia imaginado tal como era o un poco mas baja.

De tal modo, que a los postres la chica quiso dejar sentado que tambien entendia algo de aquellas discusiones.

– Jose… -dijo-, ?en Madrid tambien persiguen a las monjas como aqui?

– ?A las monjas?

– Si.

– ?Quien persigue a las monjas?

– El Gobierno.

– ?El Gobierno?

Pilar se ruborizo.

– Si. La Madre nos ha dicho que ha salido una ley.

Matias intervino.

– Claro, claro -explico, mirando a Jose-. Pilar se refiere a la Ley sobre las Congregaciones. -Movio la cabeza-. Un poco dura, en efecto.

– ?Esas cosas os cuenta la Madre?

Pilar prosiguio, evidentemente dispuesta a continuar ocupando el primer plano.

– Tambien nos ha dicho que hoy hay un mitin para protestar contra eso.

– ?Un mitin…?

Esta vez fue Ignacio quien intervino.

– Hoy hay un mitin, desde luego. De la CEDA. Y hablaran de esa Ley. Pero -anadio- no creo que sea el tema principal.

Jose le pregunto:

– ?Ah, no…? ?Hay otros… mas importantes aun?

Ignacio alzo los hombros.

– Todo en conjunto. Quieren protestar… contra la Ensenanza laica, el Estatuto Catalan. Y las concesiones a Vascongadas. -Miro a su madre e inclino la cabeza- y a Navarra. Contra… ?Ah! Lo principal, es pedir la amnistia para los militares que se sublevaron en agosto.

Matias pregunto:

– ?Donde dan eso?

Ignacio dijo:

– En el Teatro Albeniz. Los demas locales son pequenos.

Jose se olvido de Pilar y de que el fin de aquel mitin era tranquilizar a las monjas. Se intereso por la CEDA.

– ?Que tal marchan aqui? -pregunto-. En Madrid se gastan millones para propaganda.

Matias dijo:

– Aqui… para ellos es un hueso, por el asunto separatismo, ?comprendes? Pero en fin, hay gente que los

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