que lo haces como si fueras un boxeador Un saludo de «tu novia de vacaciones».

ana maria.

A veces voy a leer donde tu y yo nos sentabamos, en la punta de Garbi. Vale.

Luego se hablo de las primeras lluvias por el lado de Cadaques… Y aquello barrio, como siempre, la gente de playas y montanas y la devolvio a Gerona. La ciudad parecia un rompecabezas, al que cada tren, coche o bicicleta llevaba una nueva pieza hasta que quedase completa. Visto desde lo alto habria sido un espectaculo maravilloso comprobar la precision con que cada persona iba a ocupar su puesto.

Su puesto, primero en el piso que le correspondia, luego en el corazon de las familias que le recobraban; luego en el despacho, en la fabrica, en los partidos politicos…

Los partidos politicos… Apenas los calendarios anunciaron septiembre, se sintio una sacudida electrica. ?La tregua habia terminado! El Democrata estaba ahi, El Tradicionalista estaba ahi. El verano no habia hecho mas que calentar las cabezas, acusar las diferencias. Todo el mundo habia tenido tiempo de rumiar su represalia.

Los obreros de los Costa habian regresado en sus autobuses. Y se habian reincorporado a la fundicion -gafas de motorista y pistola en las manos que despedian chorros de fuego-, o a las canteras de Montjuich, donde los martillos repiquetearon de nuevo. Los Costa regresaron del Norte, de comprar hierro y de banarse en San Sebastian, y entraron en Izquierda Republicana, con sus trajes grises y la punta del panuelo saliendoles del bolsillo del pecho y diciendo: «Amigos, los vascos nos dan ejemplo. Elecciones municipales por su cuenta y riesgo. Hay que acabar con el Gobierno de Madrid. Vamos a celebrar Asamblea General».

Los Costa tenian una hermana soltera, Laura, quien se asusto al verlos llegar tan excitados.

Al Partido Socialista, se habia presentado, ?por fin!, Antonio Casal, y mirando el retrato de Largo Caballero que presidia el salon y senalando la puerta a la izquierda que ponia «Comite Directivo de la UGT» dijo: «Camaradas, los socialistas en Madrid y Asturias continuan repartiendo armas. Aqui parece que nos dejaremos pillar en traje de bano».

El Responsable -su expediente por lo de la imprenta estaba en un punto muerto: faltaban pruebas- convoco reunion general en el Gimnasio, CNT-FAI. Y unos sentados en los potros de madera, otros colgados de las anillas oyeron que el Jefe les decia: «Cuidado, que nosotros fuimos los primeros en zumbar, y ahora los socialistas y demas ralea pretenderan que los verdaderos proletarios son ellos».

En Estat Catala, el arquitecto Ribas, el arquitecto Massana, David y Olga iban a alcanzar la maxima violencia. Valencia iba a ser declarada puerto franco, para escamotearles el trafico a los de Barcelona y Tarragona… Querian levantar fabricas textiles en la provincia de Leon y en Andalucia para competir con Sabadell y Tarrasa… Y, sobre todo, el problema del campo, como si quisieran convertir el jardin que era Cataluna en un erial como Aragon, donde unos cuantos don Jorge pudieran ir de caza.

En la barberia comunista, la estrella de Victor declinaba. La prebenda de Cosme Vila le habia asestado el golpe de gracia. Todo el mundo intuyo la diferencia que habia entre un jefe que lo era por azar y otro que lo era por temperamento, y porque llevaba mucho tiempo preparandose para ello. Habia un carretero, un gigante, Teo, que le dijo al empleado de Banca: «Se avecinan acontecimientos. A mi y a unos cuantos camaradas nos gustaria que el jefe fueras tu». Cosme Vila se hacia el remolon. Decia que trabajar ocho horas y ademas ocuparse en serio del Partido, que ya habia quedado constituido, era imposible. «Cuando todos los demas -describio un ademan que englobo a todos los partidos izquierdistas- se hayan estrellado entonces hablaremos…» Mucha gente se iba acercando a la barberia. Un tal Gorki, perfumista; Murillo, el decorador del taller Bernat. Sus bigotes de foca entusiasmaban al barbero. «Un pequeno trabajo, camarada, y te pareceras a Stalin», le ofrecia, tijereteando. Cosme Vila les decia a todos que lo mismo daba que el puerto franco en el Mediterraneo fuera Valencia, Barcelona o Tarragona. «Para nosotros -explicaba-, el puerto de Odesa. Por cierto, Victor -anadia, deferente con el Jefe-, que Vasiliev me dio esas fotografias de Odesa… Aunque alli, ya lo ves, por donde la luna resbala es por las fabricas y por los aerodromos…»

En el otro lado, todo el mundo se alineaba para resistir la embestida. «La Voz de Alerta», al regresar de Puigcerda, paso por el pueblo de su criada, Dolores, para recogerla y llevarla en coche a Gerona. Cuando el automovil del dentista se detuvo ante la puerta, toda la familia salio, y a poco todo el pueblo. Dolores queria que el senorito se quedara a comer con ellos. El sitio que hubiera ocupado en la mesa, habria sido respetado para siempre; pero «La Voz de Alerta» no quiso molestar.

Y ademas, tenia prisa. En Gerona le esperaba El Tradicionalista, le esperaban sus amigos en el casino, sus jefes, en el cafe de los militares. Habia pasado unas vacaciones magnificas. Muchos monarquicos y mucho golf. En Puigcerda alguien habia querido casarle; el sonrio. Realizo misteriosas visitas a varios propietarios de la comarca. En cambio se nego rotundamente a poner un pie en Francia. Cuando la pelota de golf cruzaba la linea fronteriza, algun chaval se cuidaba de recogerla. El no cruzaria la linea jamas. «La Voz de Alerta» atribuia a Francia el origen de todos los males, de la corrupcion de costumbres y del ateismo. Aseguraba que los dirigentes republicanos espanoles obedecian las ordenes de los prohombres franceses, especialmente de Leon Blum.

Mientras el coche iba dejando a su espalda los Pirineos, le dijo a la criada:

– Bien, Dolores… Puedo asegurarle que la concentracion sera un exito sin precedentes.

– ?Que concentracion?

– Todos los propietarios del Instituto de San Isidro se concentraran en Madrid, para protestar contra la imbecil politica agraria que sigue la Generalidad.

La criada parpadeo.

– Pero… ?los propietarios de Puigcerda…?

– ?De toda Cataluna!

Dolores ya estaba acostumbrada a recibir confidencias de este tipo. Contesto: «Mientras no ocurra nada malo…»

?Que iba a ocurrir nada malo! Los de Estat Catala creian que ellos dormian, que se dejaban asustar por sus bravatas…

Don Pedro Oriol se alegro del regreso de «La Voz de Alerta». El Tradicionalista sin el era papel muerto. Don Pedro Oriol no se habia movido de Gerona, salvo algun viaje que hizo con su carromato por necesidades de su negocio de bosques y madera. Su veraneo consistio en ir a diario, del brazo de su esposa, a la Dehesa, al atardecer. La Dehesa le gustaba enormemente y no era cierto, como aseguraba El Democrata, que cuando miraba sus platanos milenarios calculara lo que podria sacar de ellos, una vez talados, si el Municipio se los vendiera. Iba a la Dehesa porque, desde la muerte de su hijo le gustaban la tranquilidad, el fresco y la sombra de los arboles.

A su paso mucha gente humilde saludaba a su esposa, senora de expresion triste, pero dulce, ahora eternamente de luto. La muerte del hijo habia unido al matrimonio aun mas. Por su parte, don Pedro Oriol asistia al vertiginoso encanecimiento de su pelo. Una especie de milagro posaba de un golpe luz de plata en su cabellera.

Don Santiago Estrada… regreso de Mallorca. Sus dos hijos se fueron al Internado. El entro en la CEDA y saludo al subdirector del Banco Arus, que copiaba no se que fichas sobre masoneria. Le dijo:

– ?Hombre, aqui tenemos al hombre fiel! A Mallorca tendria usted que ir. Hay mucho mason, mucho mason y mucho judio…

El subdirector, despues de saludarle, extendio ante sus ojos el ultimo numero de El Democrata, cuyo titular ponia: «Nuevo atentado de Gil Robles contra Cataluna». Don Santiago Estrada comento: «Nuestra respuesta es esa… concentracion del Instituto de San Isidro en Madrid».

Don Jorge regreso con su esposa, sus siete hijos y las dos criadas. Estaba algo inquieto por su heredero, Jorge. Este, a pesar de las advertencias de su padre, se paso el verano cuchicheando con los colonos. «Senorito, si usted supiera…», le decian estos. Le ensenaban los vidrios de las tapias, las rotas alpargatas de los chiquillos. A Jorge todo aquello le impresionaba. Su padre acabo prohibiendole que saliera solo por los campos. «?Que pasa? ?Vamos a tener un demagogo en la familia?»

Don Jorge le echo un sermon que hizo reflexionar al chico. Le dijo que los colonos estaban equivocados, que era mucho mas facil ser buen colono que buen propietario. «Ya ves la vida que nosotros llevamos, porque tenemos una responsabilidad y hay que dar ejemplo. ?Crees que no me gustaria poder ir por ahi, por los mercados, y entrar en el cafe que me apeteciera, y divertirme un poco y recorrer las Fiestas Mayores de los

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