Con todo, el principal proyecto de Pilar sincronizaba con uno de los formulados por Carmen Elgazu y tenia un nombre concreto: Mateo. Cuando se encontraba con el, en Falange, en la calle, donde fuera, alegres campanas repiqueteaban en el pecho de la muchacha. Pilar estaba asombrada, pues temio que Mateo, en el transcurso de la guerra, la habria olvidado o habria entregado su amor a otra mujer. Asuncion le habia repetido con machaconeria: '?Que te crees tu que va a acordarse de ti!'. Y mira por donde se produjo el milagro. Nada de cuanto Mateo vivio en aquellos anos de ausencia modifico sus sentimientos. Todo lo contrario. El chico habia llegado a Gerona queriendola mucho mas. ?Como la miraba! ?Y como la besaba! Con ardor 'convincente', esa era la palabra. Y en cualquier sitio: al subir a su casa, en un pasillo, en la Dehesa, si por casualidad podian ir de paseo un momento.
Por mas que tales besos de Mateo colocaban a la muchacha ante un serio dilema. Mateo venia de la guerra, habia bebido en cantimploras de legionario, estaba fuerte y se lo llevaba todo por delante. Era natural que quisiera besar a su novia y lo era asimismo que Pilar consintiera, intuyendo que de otro modo perderia al ser que amaba. Pero luego a la muchacha la hurgaban los escrupulos, los remordimientos, y, una y otra vez, ?y sin proposito de enmienda!, corria a confesarse. Era un juego agotador que probablemente no terminaria hasta el dia en que se vistiera el traje de novia y se acercara al altar.
En resumen, Pilar era una muchacha hermosa, muy mujer. Debido a su juventud y a su talle, la camisa azul le sentaba mucho mejor que a las camaradas de busto opulento. A menudo se colocaba la boina roja para atras, con cierto desparpajo, casi con cinismo, lo que hacia las delicias de Matias. Por el contrario, Carmen Elgazu la reprendia: 'La impresion que das es que quieres provocar'. A lo que Pilar respondia: 'Caliente, caliente, mama. ?Y te dire mas!: creo que lo consigo…'
La mejor amiga de Pilar seguia siendo, sin discusion, Marta. Podia decirse que no tenian secretos entre si. Eran una y carne y se comunicaban, casi con morbosidad, los mas reconditos pensamientos. Tan pronto se reunian en casa de Marta, procurando que el hermano de esta, Jose Luis, no estuviese alli, pues las intimidaba un poco, como se citaban en el cuarto de Pilar, en el cual, comodamente sentadas en la cama, hablaban de lo divino y lo humano hasta que una de las dos gritaba de repente: 'Pero ?te das cuenta? ?Son mas de las diez!'.
Una sombra en la felicidad de estos coloquios: Pilar no estaba segura de que Ignacio sintiera por Marta lo que esta por Ignacio. Marta, al respecto, vivia en el limbo, confiada y feliz, y guardaba en una carpeta amarilla y nostalgica todas las cartas del muchacho. Pero Pilar conocia a fondo la inestabilidad de su hermano y a veces sentia temor, y Marta le daba un poco de pena. La hubiera deseado un poco mas… coqueta. Marta seguia siendo hija de militar y jamas se hubiera echado para atras la boina roja. Se la incrustaba en la cabeza como si fuera un dogma, tapandose el gracioso flequillo y la frente hasta las cejas. '?Quieres hacerme un favor, Marta? ?Quieres ponerte un poco de rimel y pintarte las unas? ?O te figuras que si haces eso saldra perjudicada la idea del Sindicato Vertical?'.
Marta comprendia muy bien la intencion que se ocultaba tras estas palabras, pues su madre, que por fin se habia decidido a salir de Valladolid y a reunirse en Gerona con sus hijos le decia muchas veces aproximadamente lo mismo. Pero la chica, jefe provincial de la Seccion Femenina, no sabia que hacer. En el fondo se quedaba un tanto desmoralizada, por creer que la coqueteria no era algo que dependiera de la voluntad.
Pilar hacia tambien buenas migas con Asuncion, cuyo padre habia muerto. Asuncion continuaba viviendo al lado de su casa y habia cambiado mucho. Estaba dispuesta a ejercer el Magisterio, pero se habia vuelto tan beata que convertia lo natural en conflicto. Los hombres la asustaban. Fue la mejor colaboradora de Carmen Elgazu en el barrido de la iglesia parroquial. '?No acabaras haciendote monja?', le preguntaba Pilar. '?No, no! -protestaba Asuncion-. La verdad es que me gustaria casarme y tener hijos…' 'Pues chica, como sigas con esa falda negra hasta los tobillos…' Asuncion, para compensar, era muy culta. Pilar se daba cuenta de ello y se sentia apabullada. 'Mujer, la de libros que te has tragado. ?Hay que ver!'. Asuncion tenia un cuerpo insignificante y se habia vuelto muy miope. Estaba tan celosa de Pilar, que su confesor la amenazaba con dilatados anos de purgatorio si no acertaba a dominarse.
– En resumidas cuentas -decia Matias, hablando de su hija-, Pilar es una joya. La prefiero a cualquiera de sus amigas. No se como nos las arreglariamos sin sus arranques, sin sus ganas de vivir.
El ultimo personaje del piso de la Rambla, el que mas queria a Pilar, por las muchas horas que esta se habia pasado dandole clase y jugueteando con el, era Eloy, llamado 'el renacuajo'.
?Curiosa situacion! Tampoco sabia Eloy si deseaba o no que le surgiese algun pariente en el Norte con derechos sobre el. Se sentia feliz en casa de los Alvear. Habia encontrado en ella comprension y carino y podia deslizarse a gusto sobre el mosaico del pasillo hasta irrumpir como una bala en el comedor. Dormia; como siempre, en la cama de Cesar y a menudo se quedaba contemplando la fotografia de este que habia en la mesilla de noche, sin comprender que alguien hubiera sido capaz de fusilarlo.
Pilar le habia dicho que lo inscribiria para el primer turno del Campamento de Verano que se organizaria para los 'flechas', precisamente en San Feliu de Guixols, advirtiendole que si por casualidad encontraba en la playa del pueblo un banador de principios de siglo y unas calabazas, que supiera que pertenecian a la familia. 'Son de mama, ?entiendes, Eloy? Un verano fuimos alli y se le olvidaron'.
Eloy, con su cara llena de pecas, se sintio feliz… Campamento; tiendas de lona, camaraderia… ?Tal vez pudieran jugar al futbol llevando camisetas de verdad y con una pelota de reglamento! Porque la pasion de Eloy no eran ni las Matematicas, ni la Historia, ni las gestas de la Patria: era el futbol. Cuando desaparecia de casa ya se sabia donde encontrarlo: o bien en la Dehesa, dandole al balon con otros rapazuelos de su edad, o bien en el Estadio de Vista Alegre, donde una apisonadora allanaba el terreno de juego, en el que mas tarde se sembraria hierba:
– Eloy, ?quieres bajar al colmado por un quilo de sal?
– ?Voy volando!
El objetivo del muchacho era resolver el arduo problema de como llamar a Matias y a Carmen. No se atrevia a llamarlos 'padres'. La palabra padre era para el un misterio tan grande como para Asuncion la palabra pecado.
CAPITULO IV
La gestion que Mateo llevo a cabo cerca del Gobernador Civil para reclamar a Ignacio, quien se encontraba cumpliendo sus deberes militares en Ribas de Fresser, dio el fruto esperado. El Gobernador se puso al habla con el general Sanchez Bravo, el cual a los pocos dias mando un oficio a la Compania de Esquiadores reclamando a Ignacio. Este debia presentarse en Gerona el dia 20 de mayo lo mas tarde, donde quedaria adscrito al Servicio de Fronteras, a las ordenes directas del camarada Davila.
Ignacio, en Ribas de Fresser, al enterarse de la noticia pego un salto de alegria y regreso al cuartel -un garaje en cuyas paredes podia leerse todavia la inscripcion 'roja' 'NO PASARAN'- dispuesto a abrazar a sus companeros. Y asi lo hizo. Abrazo al cabo Cajal, de Jaca, relojero de oficio. A Damaso Pascual, de Huesca, pesador de la bascula del Municipio. A Royo y a Guillen, quienes andaban por el pueblo como animales en celo, buscando mujeres. A Cacerola, el cocinero romantico, el que disfrutaba escribiendo cartas a las madrinas a la luz de un candil. Y, por supuesto, abrazo a Moncho, al entranable amigo Moncho, con el que estuvo en Sanidad, en Barcelona, y luego en Madrid, y que decia siempre que la montana era la gran maestra de la vida y que la guerra espanola no habia sido sino el prologo de acontecimientos mucho mas trascendentales, a escala mundial.
La pregunta obligada a cada uno de estos companeros, y a otros muchos soldados de la Compania, fue:
– ?Que pensais hacer cuando os licencien?
Las respuestas recibidas sorprendieron a Ignacio. La mayor parte de los esquiadores aragoneses, que antes de la guerra cuidaban vacas u ovejas, volverian a su menester.
– ?Que quieres! -confeso Royo-. Eso es lo nuestro.
Guillen rubrico:
– La verdad es que tampoco serviriamos para otra cosa.
Ignacio movio la cabeza.
– ?Bien, chicos! Pero por lo menos tendreis algo que contar a vuestros hijos. Y a vuestros nietos…
– ?Jolin! -admitio Royo-. Los convenceremos de que fuimos unos heroes.
Tocante a los esquiadores catalanes, tenian en su mayoria proyectos mas ambiciosos.
