esas monjitas que el senor obispo me ha enviado, la conveniencia de que hojearan, si es que la capilla les deja algun rato libre, algun Manual elemental de esos que suelen estudiarse las enfermeras.

El Gobernador salio del Hospital hecho un lio, posponiendo para otro dia la visita al Manicomio. 'Lo normal despues de una guerra, ?no es cierto?'. Esas palabras sonaban en sus oidos; esas palabras y el crac-crac de los huesudos dedos de las manos del doctor, el cual lo acompano hasta la puerta, desde donde lo saludo con un gesto de gran senor, para dirigirse acto seguido a tranquilizar a su perro, Goering, que correteaba por alli nervioso en extremo.

El camarada Davila, mientras regresaban al Gobierno Civil, barboto para si:

– Hay algo extrano en ese hombre; pero no se lo que es. Al entrar en la calle de Ciudadanos, le dijo bruscamente a Miguel Rossello:

– Oye, aguarda un momento. Llama por telefono a la Inspeccion de Ensenanza Primaria y pregunta por el Inspector Jefe. Si esta alli, dile que vamos a verle.

– 'Okey'.

El camarada Rossello se apeo y llamo. El Inspector estaba en su despacho.

– Pues andando.

El Gobernador se habia acordado de que el hombre, llegado a Gerona hacia lo menos una semana, habia llamado ya dos veces lo menos solicitandole audiencia. Penso que era mucho mejor entrevistarse con el en su feudo, un destartalado piso de la calle del Norte, en el que habia vivido la Valenciana.

– ?Te acuerdas de como se llama?

– Si. Agustin Lago.

– Bonito nombre.

El Inspector Jefe se habia tomado la molestia de bajar la escalera a esperar al Gobernador. Este se apeo del coche y al primer golpe de vista le echo al Inspector unos treinta y cinco anos de edad y penso que de su frente emanaba un halo de nobleza.

– Mucho gusto en conocerlo, senor Gobernador.

– Igualmente, camarada Lago.

– ?Quiere usted subir?

El Gobernador hizo un gesto que significaba: 'Estoy dispuesto'.

El Inspector se aparto a un lado para cederle el paso y en ese momento el camarada Davila se dio cuenta de que a su anfitrion le faltaba un brazo. Su manga izquierda flotaba.

– ?Caballero mutilado? -pregunto, antes de abordar la oscura escalera.

– Asi es. En la batalla de Belchite.

Mientras subian, el Gobernador, en tono mas cordial que antes, dijo:

– Si no te importa, preferiria que nos tutearamos.

– Me parece muy bien -acepto Agustin Lago.

El despacho estaba en mantillas, a excepcion del Crucifijo y de los retratos de rigor. Sobre la mesa, un monton de carpetas y un fichero de mano, con cartulinas verdes. Y una maquina de escribir alta y pesada, sin duda extraida del Servicio de Recuperacion.

– No puedo ofrecerte nada de beber.

– No importa.

El Gobernador miro de frente, con atencion, a su interlocutor. Este parecia un tanto intimidado. Llevaba gafas bifocales y sus modales eran tan correctos, tan mesurados, que casi rozaban la asepsia. Tal vez ello se debiera a la amputacion del brazo, puesto que al hombre se le veia constantemente preocupado por ocultar su manga hueca.

El camarada Davila se entero, gracias al interrogatorio previo, de que el camarada Lago era de Ciudad Real y de que su nombramiento no tenia nada que ver con su hoja de servicios, sino que correspondia a los estudios que antes de la guerra habia cursado en la Escuela Superior del Magisterio, en Madrid.

Tambien supo que Habia llegado solo, sin familia -lo mismo que el doctor Chaos- y que de momento se habia instalado en una modesta pension de la plaza de las Ollas.

A la media hora de conversacion el Gobernador se dio cuenta de que Agustin Lago era persona culta y capaz. El vocabulario que empleaba no mentia, asi como su capacidad de sintesis. Por lo demas, dio pruebas de conocer al dedillo sus obligaciones, lo que satisfizo en grado sumo al camarada Davila. ?Era tan importante aquel cargo! Porque, si la salud fisica era el soporte necesario, tanto o mas lo era la formacion intelectual de las nuevas generaciones.

– Debo proponer a Madrid el nombramiento de varios inspectores provinciales. Cuatro lo menos. Pero me encuentro con que no conozco aqui a nadie.

– No te preocupes. Le dire al Jefe del SEM que te facilite los nombres.

Por supuesto, debia tambien revisar, y en ello estaba -senalo las carpetas y el fichero de la mesa- la tarea efectuada hasta entonces por la Comision Depuradora de los maestros.

– ?Que tal la labor de esta Comision?

– Excelente. Los pliegos de cargos estan casi completos…

– ?Que sanciones son de prever?

– Tengo la impresion de que la mitad lo menos de los maestros de la plantilla profesional deberan ser separados del servicio.

El Gobernador, siguiendo su costumbre, contrajo los musculos abdominales.

– ?Tanto como eso?

– Por lo visto -explico el Inspector Jefe-, los famosos David y Olga, cuyos nombres aparecen en todos los informes, ejercieron una influencia decisiva en toda la provincia.

– Si, ya lo se.

El Gobernador estimo que acababa de recibir una mala noticia. ?El cincuenta por ciento! ?Que ocurriria cuando, en octubre, se reanudase la vida escolar? Aparte de que muchos pueblos se quedarian automaticamente sin maestro, en las localidades importantes, y no digamos en la capital, se apoderarian del terreno libre los colegios religiosos, los cuales andaban preparandose con impetu extraordinario, al apoyo de una serie de privilegios estatales.

Agustin Lago no comprendio que al Gobernador lo afectase este ultimo aspecto de la cuestion.

– Los colegios religiosos constituyen una garantia, ?no es asi?

– En mi opinion, no -replico tajante el camarada Davila-. Me refiero a la ensenanza en general, claro esta. Me temo que los alumnos se pasen el dia rezando padrenuestros y cantando salves, y que en cambio las matematicas, la geografia y demas queden relegadas a un plano secundario.

– En vista de que el Inspector Jefe continuaba asombrado, concluyo-: Conozco el pano, mi querido amigo. Cuando quemamos iglesias, las quemamos. Pero cuando toca salvar el alma, entonces lo demas puede irse al carajo.

Sin perder la compostura, Agustin Lago hizo patente su disconformidad. Personalmente consideraba que podia hallarse el justo medio, que los alumnos podian ser adiestrados simultaneamente en el estudio y en la fe. 'Con permiso, vamos a emplear el topico: lo cortes no quita lo valiente'.

El Gobernador hizo un mohin esceptico, que se acentuo todavia mas al oir de labios de su interlocutor que al pronto el Ministerio habia retirado de la circulacion todos los libros de texto utilizados en Cataluna, incluso los vigentes antes de la guerra, a excepcion de un tratado de Ortografia.

– ?Vaya, menos mal! -exclamo el Gobernador al oir esta salvedad. Luego anadio-: ?Ni siquiera los libros de ciencia pueden ser aprovechados?

Agustin Lago se mordio el labio.

– Por lo visto hay quien opina que la ciencia puede interpretarse de muchas maneras… -Luego anadio-: Y ademas, su aprobacion depende tambien de Madrid.

El camarada Davila, pensando que hasta octubre habria tiempo sobrado para fiscalizar todo aquello de cerca, dio un viraje al dialogo, intentando llevarlo de nuevo al terreno personal. Agustin Lago lo habia intrigado. Por un lado, daba la impresion de sentirse muy seguro, de haber filtrado con tiempo sus convicciones; por otro, de pronto se ruborizaba, sin motivo aparente. Su voz chocaba tambien un poco. No correspondia a su condicion de caballero mutilado. Era una voz aflautada, de escasos registros. ?Y aquellos modales, tan correctos! Llevaba un traje gris, impecable, camisa blanca, con cuello almidonado, y muy pequeno el nudo de la corbata.

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