Dejando a un lado estas sacudidas provocadas por Montse, 'La Voz de Alerta' hacia honor a ese mote que adopto como seudonimo en los primeros tiempos de la Republica. Tenia ojo para todo y los concejales lo ponian al corriente dia a dia de cuanto ocurria en la ciudad. Por cierto que tales informaciones a veces eran halaguenas, a veces no. Era halagueno, por ejemplo, que no existiera el paro obrero; que todas las calles tuvieran ya su nombre adecuado; que las madres pudieran pasear a sus hijos sin temor a huelgas o disparos; y, sobre todo, que la imagen de Laura, la mujer que fue su esposa, que murio lapidada junto con mosen Francisco, estuviera en verdad presente en el corazon de los ciudadanos, como se demostro con ocasion de los funerales celebrados en memoria suya, a los que asistio una gran multitud.
No era halagueno, en cambio, que muchas personas hubieran descubierto de repente que tenian antepasados carlistas -'?corno separar el grano de la paja?', se preguntaba el veterano tradicionalista- y que Gerona hubiera sido elegida para enviar a ella tantos depurados de otras provincias. '?Se habran creido que esto es una Casa de Salud?'. Tenia noticia de que las tertulias que dichos depurados celebraban en el Cafe Nacional -a las que Matias Alvear se habia ya incorporado- se criticaba a destajo y se propagaban toda clase de bulos. Un guardia urbano le hablo de un tal Galindo, funcionario de Obras Publicas, quien por lo visto era un experto mecanografo que, utilizando solo la letra 'm' y dos o tres signos, se dedicaba a hacer caricaturas de las autoridades, empezando por la suya. '?Si consigue usted traerme uno de esos retratos, la caricatura se la hare yo!'.
Tampoco consideraba halagueno que los gerundenses se hubieran lanzado masivamente a leer tebeos. Era dificil saber que mosca les habria picado. En todas partes, hombres hechos y derechos, lo mismo pertenecientes a la clase obrera que a la clase media, leian revistas infantiles. Caminaban por la calle absortos o se sentaban en lo bancos de los parques o en los cafes. Lo curioso era que no sonreian. Por el contrario, sus semblantes parecian dramaticamente hipnotizados por aquellos dibujitos y colorines. Fanny y Bolen, si los hubieran visto, habrian supuesto que leian a Nietzsche o a Rosenberg. ?Que ocurria? El concejal de Cultura, un hombre que vendia maquinas de coser, opinaba simplemente que aquellos gerundenses querian evadirse, banarse de ingenuidad despues de la tragedia pasada. Sin embargo, 'La Voz de Alerta' se preguntaba si detras de tan singular fenomeno no se esconderia algo mas alarmante.
– ?Que podemos hacer para mejorar el nivel?
– ?Bah! No hay mas remedio que dejar pasar el tiempo… En otro orden de cosas, el alcalde se propuso atajar, en la medida de sus fuerzas, una epidemia que, segun el comisario Dieguez, empezaba a propagarse por la ciudad: el homosexualismo. No quiso hablar de ello con el senor obispo para ahorrarle un disgusto. ?Menuda parrafada -homilia- hubiera soltado el doctor Gregorio Lascasas, nacido en Zaragoza y antifeminista por conviccion, apoyandose para ello en algunos textos de San Pablo! Pero no podia dudarse de que el homosexualismo era una realidad, con tres focos definidos: los cuarteles -lo que afectaba al general-; la carcel -lo que afectaba al Jefe de Prisiones-; y el Manicomio -lo que afectaba al doctor Chaos-. Existian tambien algunos francotiradores dispersos por la localidad; pero esos eran conocidos desde siempre por todo el mundo, no constituian peligro de contagio y de ellos se ocuparia el propio comisario Dieguez, quien por cierto llevaba siempre un clavel blanco en la solapa.
El general, advertido, reacciono con violencia. '?Eso lo acabo yo en una semana!'. El Jefe de la Prision prometio 'tomar las medidas oportunas'. El doctor Chaos, en cambio, al escuchar el aviso tuvo una expresion ambigua, los dedos de sus manos hicieron crac-crac y comento: 'Es algo inevitable en cualquier manicomio. Hay enfermos predispuestos a ello. Resulta muy dificil actuar'.
?Por que resultaba dificil actuar en el manicomio? Otra circunstancia incomodaba a 'La Voz de Alerta'; pese a ser el director de Amanecer, su obligacion era someter el periodico a la Censura. Las ordenes del Gobernador eran concretas al respecto. No podia publicar un simple anuncio sin enviar antes las pruebas de imprenta… a Mateo.
– Pero ?que pasa aqui? ?Cuando Mateo andaba a gatas yo escribia ya los editoriales de El Tradicionalista!
– Eso no tiene nada que ver, amigo. No es cuestion de antiguedad. Mateo representa aqui a la Direccion General de Prensa y tiene sus normas.
Normas… ?Si, claro! El mismo habia repetido hasta la saciedad que sin disciplina no se podia ir a ninguna parte. Lo que ocurria era que existia una gran diferencia entre mandar y obedecer.
Bueno, no era cosa de hacerse mala sangre… ?Existian tantas compensaciones! ?No era el triunfador de la ciudad? El propio don Anselmo Ichaso, el de la hermosa barriga y los trenes miniatura, le habia escrito desde Pamplona: '?Le felicito a usted! ?Ahora tendra usted ocasion de llevar a la practica sus proyectos, de organizar a su modo su querida Gerona!'.
Era cierto. La naturaleza dual de 'La Voz de Alerta', pese a los pequenos inconvenientes, podia manifestarse a gusto. Para cerciorarse de ello no tenia mas que recordar su situacion cuando quien ocupaba el sillon de la Alcaldia era Gorki. Este solo pensamiento le bastaba para ser feliz, a lo que sin duda contribuia un equilibrio fisico envidiable, gracias al cual el cuerpo no era para el un lastre; antes al contrario, un venero de sensaciones placenteras.
Semejante estado lo predisponia, como siempre, a dar rienda suelta a su vertiente afectiva, que existia, ?como no!, en su interior. Aquella vertiente que lo llevo antes de la guerra a ocuparse de los problemas que solian atosigar a su fiel criada, Dolores. En esos meses de clima tibio, los beneficiarios de su explosion sentimental eran los ancianos. Si, el flamante alcalde se ocupaba ahora de los ancianos gerundenses, de los que quedaron abandonados, como si de sus padres se tratase. Habia internado a gran numero de ellos en los Establecimientos previstos a tal fin y se las ingeniaba para obtener a su favor, milagrosamente, las debidas subvenciones. Ademas, consiguio que Marta lo ayudase en esa tarea. Las chicas de la Seccion Femenina visitaban periodicamente a esos viejos asilados, protegidos de 'La Voz de Alerta', haciendoles un rato de compania y llevandoles pequenas fruslerias que distrajeran su animo.
Con todo, los dias eran largos y 'La Voz de Alerta', de repente, dejaba de ser feliz y se sentia abrumadoramente solo. Sobre todo al caer la tarde, no era raro que se pasease por el Piso, con las manos a la espalda, contemplando las paredes como si en ellas hubiera un jeroglifico. Entonces se preguntaba si no le convendria volver a abrir su consulta de dentista, tanto mas cuanto que solo habian quedado dos profesionales en la ciudad, que al parecer no daban abasto, puesto que las dentaduras se habian estropeado con la guerra tanto como los espiritus.
Montse, la rechoncha criada, no creia que la solucion estuviera ahi. Montse pensaba que lo que le faltaba a aquel hombre era una mujer. 'Lo que le convendria al senorito -se decia para si, y cualquier dia se lo soltaria por las buenas-, seria volverse a casar con una mujer joven y tener hijos'. Tambien 'La Voz de Alerta' habia pensado en ello; pero habia que dar tiempo al tiempo y esperar a que se difuminase un poco mas el recuerdo de Laura.
Otro de los momentos en que 'La Voz de Alerta' se sentia solo era cuando, ya avanzada la noche, abandonaba la redaccion de Amanecer. Era muy corriente que no se dirigiera directamente a su domicilio sino que se dedicara a deambular por la ciudad. Por regla general, se daba una vuelta por los Cuarteles de Artilleria, donde inevitablemente se acordaba del comandante Martinez de Soria. Luego solia detenerse en el Puente de Piedra y alli, acodado en el pretil, contemplaba las lentas aguas del Onar, sonando con poder canalizarlo un dia, a fin de yugular el peligro de las inundaciones. Luego bajaba por la Rambla, o se internaba al azar por cualquier calle. Gerona estaba desierta a esa hora, desierta y oscura. Las guerras traian eso: luces de victoria, pero falta de bombillas. ?Cuando podria dotar a Gerona de una red electrica que asustase a las ratas e infundiese confianza a los hombres? 'La Voz de Alerta' escuchaba sus propios pasos de alcalde resonar en las aceras. Los serenos lo saludaban. La ciudad dormia, a excepcion del Casino de los Senores, donde varias mesas de poquer se prolongaban hasta la madrugada; y a excepcion del Convento de las Adoratrices, donde las monjitas se turnaban ante el Sagrario.
Gerona conto muy pronto con otro triunfador. Triunfador inedito, puesto que era forastero, puesto que llegaba de lejos. Era uno de los seis jesuitas llegados a la ciudad para cuidar de nuevo de la iglesia del Sagrado Corazon. Dichos jesuitas se instalaron en la Residencia aledana al templo y en poco tiempo, confirmando las esperanzas del senor obispo -'?ah, si los jesuitas volvieran a Gerona!', le habia dicho el prelado a mosen Alberto-, se constituyeron en una celula viva y operante, que a buen seguro pesaria lo suyo en el remozamiento de la religiosidad gerundense.
Lo cierto es que la llegada de los representantes de la Compania de Jesus habia dado lugar a comentarios muy diversos, y no solo en el Cafe Nacional.
– Los jesuitas son muy inteligentes, desde luego; pero van a lo suyo…
