la sacristia habia colgado un calendario atrasado, del ano 1929. 'Ese ano cante misa. Ahi me plante'.
Utilizaba un breviario de tapas rojas alegando que el color negro lo ponia nervioso.
No faltaban, en la ciudad, gentes que se mostraban escandalizadas por algunas de las singularidades del padre Forteza' En algunos conventos las monjas, al enterarse de que el jesuita 'soltaba carcajadas ante el Sagrario', se pusieron a rezar por el. '?Dios mio, el diablo andara por ahi!'. Dona Cecilia, la esposa del general, le oyo un sermon y diagnostico: 'A ese hombre le convendria hacer el servicio militar'. Carmen Elgazu le censuraba que les hiciera poco caso a las mujeres. 'Las mujeres influimos tanto en los hombres, que no escucharnos es una equivocacion. Ademas, con eso lo unico que consigue es que sabados y domingos hagamos cola en su confesonario'. Era cierto. Las hermanas Campistol, y otras muchas mujeres corno ellas, esperaban con ansia a que llegara el fin de semana para ir a confesarse con el padre Forteza, sin que las desmoralizara que el jesuita les impusiera, por cualquier nimiedad, penitencias tremebundas.
El padre Forteza tenia muchos proyectos. Pero antes de ponerlos en practica queria conocer mas a fondo la ciudad. Los anos de ausencia de Espana lo habian desconectado un poco de ciertas constantes de la raza. Ahora, desde su regreso, vista la orientacion de las autoridades y habiendo auscultado el palpito de la gente, les decia a los muchachos:
– No entiendo nada de nada, esa es la verdad. Vivo en el limbo.
Por supuesto, el padre Forteza sufria de una limitacion: no habia vivido la guerra, solo supo de ella por los periodicos alemanes. Por tanto, al escuchar ahora los relatos directos iba de sorpresa en sorpresa. '?No es posible!', exclamaba una y otra vez.
Tales relatos iban dirigidos, naturalmente, a convencerlo de que la consigna 'ni perdonaremos ni olvidaremos' tenia amplia justificacion. Ahi el jesuita negaba con la cabeza. 'Eso, ?jamas! Eso no es evangelico'.
– Usted no vivio esto, padre -argumentaban los propios sacerdotes-. Usted no conocio a Cosme Vila ni al Responsable. Le juro que si hubiera vivido en zona roja opinaria de otro modo.
Un dia el padre Forteza hablo del asunto con Agustin Lago, el Inspector Jefe de Ensenanza Primaria, quien tambien acudio a su estrambotica celda a confesarse con el. Agustin Lago le dijo:
– Ya conocera usted la frase famosa: 'Lo que para un italiano es un crucigrama y para un aleman un enigma, para un espanol es un problema en el que cree jugarse el honor e incluso la eternidad'.
El jesuita le objeto que, aun suponiendo que dicha frase encerrara una verdad, lo mas perentorio era luchar contra ella y en consecuencia cancelar lo mas urgentemente posible el clima de victoria.
– Perpetuar rencores es inadmisible, hijo mio. Hay que combatir el error, de acuerdo. Eso es lo que hace mi hermano, misionero en el Japon. Pero por encima de todo debe respetarse a las personas, tanto mas cuanto mas equivocadas estan.
Asi las cosas, la vispera del Corpus Christi, por la manana, el padre Forteza recibio la orden de presentarse en el Palacio Episcopal. Mosen Iguacen, el familiar del senor obispo, le dijo:
– Esta tarde, a las cuatro.
El jesuita supuso que el doctor Gregorio Lascasas queria darle el visto bueno a uno de sus proyectos: el de organizar, durante el verano, una serie de tandas de Ejercicios Espirituales, a puerta cerrada.
No fue asi. El senor obispo le comunico que le habia elegido para asistir en la carcel a los condenados a muerte.
El padre Forteza palidecio, pues mosen Alberto le habia hablado de las escenas vividas por el en la carcel de San Sebastian.
– Pero… -murmuro el jesuita.
El senor obispo, doctor Gregorio Lascasas, se levanto y al tiempo que le daba a besar el anillo le dijo:
– Estoy seguro de que realizara usted una magnifica labor.
CAPITULO VII
Tal como quedo convenido, Mateo acompano a Ignacio al Gobierno Civil para presentarle al camarada Davila y formalizar su incorporacion al Servicio de Fronteras.
El Gobernador, advertido de antemano, los estaba esperando en su despacho, situado en el tercer piso del viejo caseron, de modo que el conserje se limito a llamar a su puerta con los nudillos y a anunciar:
– Ya estan aqui.
– ?Que pasen! -se oyo.
Segundos despues los muchachos entraban en el despacho. El Gobernador se habia levantado para salir a su encuentro.
– ?Adelante, amigos! ?Adelante!
Holgaban las presentaciones. Asi que el camarada Davila, despues de saludar a Mateo levantando el brazo, se dirigio a Ignacio y le estrecho con efusion la mano.
– ?Tenia ganas de conocerte!
– Yo tambien.
El gobernador dio media vuelta para dirigirse a su mesa, y mientras les indicaba a los muchachos que se sentaran donde mejor les pareciera, le dijo a Mateo:
– ?Sabes desde que hora estoy aqui? ?Desde las siete!
Mateo se rasco la cabeza.
– ?Ah, claro! La politica es homicida.
El Gobernador abrio los brazos con estudiada comicidad.
– Pero nos morimos a gusto ?verdad?
– Desde luego.
El camarada Davila se sento y se disponia a anadir algo, pero en ese momento exacto Mateo, inesperadamente, senalo un jarron de flores que habia en la mesa y pregunto con sobresalto:
– ?Que ha pasado aqui, si puede saberse? Sorprendido, el Gobernador miro en aquella direccion. Y solto una carcajada.
– ?Que voy a decirte, mi querido Mateo! Maria del Mar asegura que huelen bien… Mateo torcio el gesto.
– Tu sabras.
Todos en su lugar, el Gobernador, que sin duda estaba de excelente humor, ofrecio cigarrillos a los muchachos, que estos aceptaron. Era evidente que aquella doble visita le agradaba. El, como de costumbre, saco su tubo de inhalaciones y echando la cabeza para atras lo introdujo sucesivamente en sus fosas nasales y aspiro con voluptuosidad.
Ignacio, muy a pesar suyo, se sentia un poco cohibido. Por fortuna, Mateo echaba con naturalidad bocanadas de humo y ello lo tranquilizo.
El Gobernador deposito el tubo en la mesa y acto seguido, como dando a entender que no tenia prisa, abrio un preambulo completamente al margen del Servicio de Fronteras. Primero y como hacia invariablemente con los 'intimos', le explico a Ignacio el significado de un telefono de color amarillo que tenia en la mesa. 'Oficialmente, tengo linea directa con Madrid ?comprendes? De manera que, cuando algun pelmazo viene a protestar por cualquier tonteria, cojo este aparato, marco un numero y simulo soltarle cuatro frescas al Ministro de la Gobernacion… ?Con ello el pelmazo se tranquiliza!; y yo tambien'. Luego, y a raiz de un repentino acceso de tos, miro con ceno los cigarrillos que fumaban los dos muchachos y dijo: 'He de hablar con tu padre, Mateo. La Tabacalera esta sirviendo plantas venenosas'. Por ultimo, se refirio al conserje. 'Es un tipo original. A los retratos de Jose Antonio les quita el polvo todos los dias. En cambio, a los demas solo una vez a la semana'.
Ignacio, desde su sillon, inspeccionaba al camarada Davila. Hubiera dado cualquier cosa para que este se quitara las gafas negras. Sin verle los ojos ?que podia opinar? Debia contentarse con admirar su energico menton y su franca sonrisa. Y con oir su voz, bien timbrada.
– ?Bien, Ignacio! Ya te quitaste el uniforme ?verdad? Te felicito.
– Muchas gracias.
Ignacio comprendio que le habia llegado el turno… En efecto, asi fue. El Gobernador, sin abandonar el tono amistoso en que venia hablando, inicio el obligado interrogatorio a que debia someterlo. Pero el muchacho se
