?Santo Dios! El Gobernador irguio el busto y por un momento su silueta fue jocosa. Pablito se referia a uno de los tenientes juridicos de complemento que ejercian en Auditoria de Guerra -por tanto, companero de Jose Luis Martinez de Soria-, llamado Manuel Fontana, de Barcelona, y con el que, lo mismo el que Maria del Mar, habian coincidido ultimamente en varias ocasiones.

La sorpresa del Gobernador se debio a que dicho teniente, conocido familiarmente por Manolo, apenas si estuvo quince minutos en la reunion y porque la opinion de Pablito coincidia plenamente con la de Maria del Mar, quien la vispera le habia dicho: '?Sabes una cosa? Ese muchacho, Fontana, es una joya. Ojala se quitara el uniforme y te ayudara en el Gobierno Civil'.

El camarada Davila, que no salia de su asombro, insistio:

– Dime, Pablito. ?Por que te ha gustado tanto Manolo, si puede saberse?

– No lo se, papa. Es muy simpatico…

Simpatico… ?Era eso una respuesta? ?Debia valorar la simpatia con vistas al equipo de colaboradores de que el Gobernador queria rodearse?

El camarada Davila puso la mano en la cabeza de su hijo y le alboroto el pelo mas aun. A veces sentia tan hondamente que aquel pedazo de carne era suyo, que se le humedecian los ojos.

?Ah, en cambio Pablito, aunque alegre, era muy concreto, y mucho menos sentimental que los gerundenses de la zona idilica de la Cerdana! Se pasaba el dia leyendo, leyendo cuantos papeles impresos caian en sus manos. Un tanto excesivo para su edad. El camarada Davila lo hubiera preferido mas frivolo, mas inclinado a expansionarse; pero era inutil. El unico juego que le gustaba a Pablito era el billar. Por fortuna, habia nino en la casa, que se trajeron de Santander y en el que de vez en cuando padre e hijo libraban duras batallas, pues el Gobernador opinaba que el billar era un ejercicio disciplinante, que estimulaba al mismo tiempo la imaginacion y el rigor, con la unica desventaja de que 'a menudo obligaba a levantar ridiculamente la pierna derecha'.

– ?Y tu, Cristina? ?Con quien lo has pasado mejor en la fiesta?

Cristina, que sostenia entre las manos un conejillo de trapo -los animalillos de trapo la chiflaban tanto como los libros a Pablito-, cerro por espacio de unos segundos graciosamente la boca y luego respondio:

– Contigo, papa…

?Ah, no! Aquello era demasiado. El Gobernador se emociono mas de lo debido. La familia era un peligro, tanto o mas grave que las mangas cortas y los escotes. Si no conseguia domenar su universo afectivo, estaba perdido.

– No seas tonta, Cristina. Me refiero a los invitados.

La nina se echo a reir.

– Pues, de los invitados… dona Cecilia.

– ?Es posible?

Si, lo era. Dona Cecilia era la esposa del general. Por lo visto estaba tan contenta con la llegada de su hijo, el capitan Sanchez Bravo, que no solo se extralimito un poco en la fiesta, bebiendo champana, sino que sostuvo con Cristina un largo dialogo, contandole que, si un dia llegaba a ser rica, se compraria muchos sombreros y muchos collares.

– ?Y por que te ha gustado tanto dona Cecilia, vamos a ver?

Cristina tiro al aire el animalejo con que jugueteaba y dijo:

– Porque cuando sonrie se parece a este conejillo.

CAPITULO VI

'La Voz de Alerta', por su condicion de alcalde, era en cierto modo el gran triunfador de Gerona. Su baston de mando no lo podia todo, pero podia mucho. 'La Voz de Alerta' se daba cuenta de ello cuando entraba en cualquiera de los cines de la ciudad y el acomodador lo conducia a la fila de butacas reservada para las autoridades, fila senalada con un cordon rojo en el pasillo. Aquel cordon rojo era la linea divisoria entre los demas y la jerarquia, entre los demas y el. Tambien tomaba conciencia de su poder cuando al pasar por la calle algunos transeuntes, que ni siquiera conocia, lo saludaban quitandose el sombrero o la gorra.

'La Voz de Alerta' desarrollaba una actividad comparable a la del Gobernador Civil. Sus colaboradores en el Ayuntamiento, los concejales, pretendian que dispersaba un tanto sus energias, que en resumidas cuentas se ocupaba poco de las tareas especificamente municipales; pero el argumentaba que el presupuesto de que disponia era tan menguado que no cabia hacer mas. Bastante habia conseguido: la Brigada de Limpieza iba cicatrizando el aspecto de la capital; habia reorganizado el Parque de Bomberos; habia reabierto la Biblioteca de la Rambla; el Matadero funcionaba con normalidad; y pronto se iniciarian las obras de la nueva plaza de Abastos, cuyos planos, publicados en Amanecer, habian encandilado a las amas de casa. ?Que mas podia pedirse?

Limpieza de la ciudad… 'La Voz de Alerta' queria que Gerona volviera a tener el aspecto senorial que tuvo cuando la Dictadura de Primo de Rivera. Quedo tan harto del ensayo de 'calzar a Espana con alpargatas', que ahora iba a probar lo contrario; vestirla de frac en la medida de lo posible. Por lo pronto, ademas de revisar el alcantarillado, habia reabierto el Casino de los Senores para que pudieran acudir a el las personas -?ay, que pocas quedaban!- que todavia sabian sentarse en un butacon, darle ordenes al camarero y desplegar el periodico. Ademas, fundo la Sociedad de Tiro de Pichon, que celebraria sus campeonatos en la Dehesa. Pensaba organizar Concursos Hipicos. Y sobre todo, queria elevar el nivel del lenguaje que empleaba la gente, su vocabulario. Consideraba esto esencial, pues, quien mas quien menos, todos los gerundenses se habian contagiado de la ordinariez de los 'rojos' y nadie conseguia hilvanar una frase sin intercalar alguna expresion soez. Incluso habia pensado pedirle al Gobernador que impusiera multas a los mal hablados; pero el Gobernador, con eso de hacerse llamar camarada y con su mama de apadrinar ninos pobres, le contesto: 'Se puede imponer una multa a quien blasfeme. ?Pero no a quien diga ?porra! en vez de ?valgame Dios!'.

A 'La Voz de Alerta' le hubiera gustado mucho que sus coincidencias con las demas autoridades no se hubieran limitado al plano patriotico; pero habia acabado por desanimarse. El Gobernador, salvando las distancias, a veces parecia una replica del socialista Antonio Casal. El general Sanchez Bravo tenia buenas maneras, pero su repertorio ideologico era tan menguado como el presupuesto del municipio. Mateo… era el Mateo de antes y de siempre. Borracho de juventud y levantando el brazo hasta las estrellas. Mosen Alberto, indignado porque tambien en el Ayuntamiento habia letreros prohibiendo hablar en catalan. En el fondo, 'La Voz de Alerta' no habia conectado psicologicamente mas que con el notario Noguer y con el senor obispo. ?Ah, el senor obispo, doctor Gregorio Lascasas! Sabia adonde iba y distinguia lo blanco de lo negro. 'La Voz de Alerta' acudia a Palacio con frecuencia para echar una parrafada con el. ?Cuanto se reian los dos contando chistes baturros! El senor obispo conocia un monton de ellos y los soltaba con mucho donaire, extremando su acento aragones. 'No se lo que me ocurre con usted -le decia a 'La Voz de Alerta'-, que en cuanto le veo siento la necesidad de contarle chistes baturros'. Claro que, a lo largo de sus entrevistas, hablaban tambien de cosas serias. De la doctrina de Santo Tomas; de las apariciones de Fatima; de la conveniencia de abrir en la diocesis algunas causas de beatificacion entre los martires habidos en la guerra. A veces el doctor Gregorio Lascasas le hacia incluso confidencias un tanto delicadas. Por ejemplo, ultimamente le dijo que la semideificacion de que era objeto Jose Antonio por parte de algunos falangistas iba adquiriendo caracteres tales, que nada tendria de extrano que la Iglesia se viera obligada a intervenir.

El agradable entendimiento entre el senor obispo y 'La Voz de Alerta' significo para este un espaldarazo moral. ?Eran tantos los que lo acusaban de intolerante que, en ocasiones, estaba a punto de chaquetear! El propio notario Noguer le decia: '?No lo fatiga a usted firmar tantas denuncias? En la vida lo mas hermoso es perdonar'. Al oir esto, 'La Voz de Alerta' se estremecia. Pero entonces recordaba la dialectica empleada por el doctor Gregorio Lascasas en favor de la 'santa intransigencia' -y las palabras de Cristo: El que no esta conmigo esta contra Mi-, y cobraba fuerzas de nuevo.

Tal vez la unica persona que hacia tambalear sus convicciones era su nueva criada, una rechoncha criatura llamada Montse, llegada a Gerona no se sabia como. La muchacha tenia veintidos anos y para salir a la calle se perfumaba que era un placer. 'La Voz de Alerta' la contemplaba en ocasiones mientras ella fregaba de rodillas el suelo, y sentia violentas sacudidas en su carne pecadora. Si, tenia la impresion de que, llegado el caso, ahi daria su brazo a torcer. 'Con el permiso del senor obispo -se decia a veces- cualquier noche de estas voy a cometer una barbaridad'.

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