Marta regreso. Y entonces le toco el turno a Pilar.

– Pues yo, cuando me case, si puedo vivire en el centro. ?Que quieres! Estoy acostumbrada a ello. De poder elegir, viviria en la misma Rambla… Me gusta la Rambla. Toda Gerona pasa por alli al cabo del dia, ?y en la Rambla fue donde volvi a ver a Mateo el dia de la entrada de las tropas! A Mateo y a ti, claro… ?Te acuerdas, Marta? Ibas con Maria Victoria repartiendo latas de conserva… Y felicidad. ?Quieres que te confiese una cosa…? Me pareciste muy mayor. Es natural, llegabas cansadisima. Ahora te has recuperado. ?Lo mismo que yo! Si. Tambien yo soy feliz, Marta, completamente feliz. Mateo vale mucho mas de lo que yo me merezco. A veces me pregunto que habra visto en mi. Soy tan ignorante… Tiene que explicarmelo todo: que si el abrazo de Vergara, que si el socialismo marxista… Menos mal que me presta revistas y que de vez en cuando yo lo interrumpo con un beso. Contra eso no acierta a defenderse. Lo llama el arma secreta. Deja de ser de Falange y es mio, es solo para mi. Y a mi me gusta besarlo. Nunca hubiera creido que me gustara tanto. ?Jesus, que tonta soy! ?Te imaginas si mi madre me oyera? Me encerraba en el convento de San Daniel… Pero ya somos mayorcitas, ?no te parece? Luego una se confiesa y en paz. Paz relativa, claro… ?Ay, y otra cosa! Mateo tiene tambien sus planes, ?sabes? No se si se examinara en septiembre, porque esta tan ocupado que no le da tiempo a abrir un libro. Pero, en fin, quiere organizar la provincia como no lo suena ni el Gobernador, quien por cierto el dia de mi cumpleanos me mando un precioso ramo de flores… ?Oh, Marta, tienes razon! ?Amar es bonito, es lo mas bonito del mundo! ?Querras creer que a veces me asusta tanta felicidad? Cuando veo a Mateo dedicarse con tanta fe a los crios, a las Organizaciones Juveniles… Buen aprendizaje para luego, para cuando tengamos hijos, ?no crees? Claro que, acostumbrado a formar centurias, no se conformara ni con dos ni con tres… Querra tener un batallon. ?Los que Dios quiera! ?Que mas da! Uno se llamara Cesar, por supuesto… Y la primera nina, Marta… ?Jesus, ni que eso fuera a ocurrir ahora mismo! ?Oh, no, por Dios, en este vagon no…! Ah, tambien yo daria cualquier cosa por ver ahora a Mateo… Seguro que andara en el coche de tu hermano, hablando de politica… Que si Ciano, que si Roosevelt, que si el Chamberlain ese del paraguas… ?Crees que hablaran un poco de nosotras, Marta? ?Si…? ?Ay, no se, eres muy optimista! Esos hombres… ?Por la Virgen, que sed tengo! Me muero de sed. ?Queda algo en esa cantimplora? Y que bien se esta sentada aqui en el suelo, que bien se esta…

A veces, las sacudidas del coche, los frenazos del maquinista, las obligaban a abrazarse fuerte… Y se reian. En una de esas sacudidas la convulsion fue tal que se encontraron sepultadas por las hermanas Rossello, por Chelo y por Antonia. '?Que nos ahogamos!', gritaron Marta y Pilar. Pronto consiguieron liberarse y entonces brotaron de nuevo las risas.

En la estacion de Granollers, en la que permanecieron paradas largo rato, Chelo, que habia oido a retazos las confesiones de Marta y de Pilar, les hablo tambien de su amor, Jorge de Batlle. 'La gente mira a Jorge de una manera rara… Y es que ?es tan retraido! Pero ?como puede ser de otro modo con lo que ha sufrido? Pero se van a llevar una sorpresa… Yo conseguire cambiarlo, llenarle la cabeza de recuerdos agradables. Y entonces todo el mundo lo querra tambien… ?No faltaria mas!'.

Por su parte, Antonia, de repente, puso tambien sus cartas boca arriba y les comunico que habia decidido profesar. La guerra, la horrible muerte de Laura, la condena de su padre, todo ello la habia impresionado tanto que llego a la conclusion de que lo mejor que podia hacer era irse a misiones. Ahora ya estaba segura de que tenia vocacion. Mosen Alberto la habia ayudado mucho en aquellos meses. De modo que en las proximas semanas elegiria noviciado. Y, desde luego, lo mismo le daba que la mandaran a un sitio que a otro. Asi eran las cosas, asi era el mundo. Trocaria la camisa azul por el habito; las cinco flechas por el crucifijo; y la boina roja por las alas almidonadas. Posiblemente fuera aquel su ultimo viaje libre. La Seccion Femenina perderia una militante, pero ella podria rezar para que la labor de sus camaradas siguiera siendo fructifera.

Marta y Pilar se conmovieron oyendola. Antonia estaba palida y sudaba, como si no se sintiera bien. ?Aquel vagon!

– ?Quieres beber un poco de agua?

– No, gracias, no necesito nada. Esas sacudidas me han mareado un poco, pero ya estoy bien.

Penetraron en el tunel y las muchachas guardaron subitamente silencio. Pero al salir de nuevo a la luz se impuso otra vez el alboroto. Unas chicas de Figueras se pusieron a cantar y el coche entero las coreo. ?De la garganta de Antonia, la futura misionera, broto una voz dulcisima…!

Las canciones salieron como Dios quiso… Las muchachas desafinaban lo suyo y de las letras solo conocian el estribillo. Pero no importaba. Cantaron el 'Yo tenia un camarada', el 'Himno de la Legion…' Y, sobre todo, el 'Yo te dare':

Yo te dare, te dare, nina hermosa, te dare una cosa, una cosa que yo solo se: ?CAFE!

– ?CAFE! -rubrico Marta, al terminar-. ?Antes de la guerra era la consigna! ?Significaba Camaradas, Arriba Falange Espanola! En el trayecto entre Granollers y Barcelona, ultimo tramo del viaje, Marta tuvo que responder a una serie de extranas preguntas. Una chica de Olot le pregunto si era cierto que, de vivir en aquel ano de 1939, Cervantes hubiera sido falangista.

Marta se rio de buena gana y mordiendose el indice acabo contestando:

– Pues, probablemente, si… -Luego anadio-: ?Oh, si, seguro!

La ultima pregunta se refirio al conde Ciano. Una camarada de Palamos creia saber -gracias a un legionario italiano que conocio y con el que mantenia correspondencia- que el conde Ciano era un mujeriego de armas tomar, que al grito de '?Viva el Fascio!', les hacia la corte a todas las mujeres que se le acercaban.

– ?Crees que eso puede ser cierto?

Marta se acordo inevitablemente de Salvatore y respondio:

– ?Por que no? Italia sera siempre Italia.

Poco despues llegaron a Barcelona. En la estacion, varias locomotoras parecian a punto de reventar. Era dificil abrirse paso. Los andenes estaban abarrotados de gente tiznada, que se restregaba los ojos y se ponia las manos en la frente a modo de visera.

Sin embargo, Pilar, que estaba alerta, consiguio localizar a Mateo y a Jose Luis, quienes habian quedado en ir a esperarlas.

– ?Mateo…! ?Mateo…!

Se reunieron con ellos. Mateo dijo:

– Barcelona esta que hierve. Algo inolvidable.

Sin embargo, habia surgido una dificultad: tendrian que separarse. Ellos debian reunirse con el Gobernador en la Tribuna Presidencial; en cambio, ellas debian apostarse -esa era la orden- en el paseo de Gracia, esquina Diagonal, hasta que Ciano pasara por alli y Marta pudiera entregarle el ramo de flores.

Pilar le dijo a Mateo:

– ?Asi, pues, cuando te vere?

Y Mateo, que ya se habia subido al coche que conducia Jose Luis, grito:

– ?El dia de la boda!

Jornada historica. El conde Ciano y su sequito llegaron al puerto de Barcelona a bordo del crucero Eugenio de Savoia. Los recibieron Ministros, jerarquias nacionales -entre ellas, los camaradas Salazar y Nunez Maza- y una multitud que sin lugar a dudas rebasaba el medio millon. Las Ramblas, la plaza de Cataluna, el paseo de Gracia, todas las calles centricas eran un mar de boinas rojas, de camisas azules y banderas. Ezequiel, que habia salido con su hijo a husmear, calculo que 'lo menos, lo menos, dos veces el entierro de Durruti…'

El conde Ciano avanzaba en un coche negro, descapotado, saludando a la romana. A su paso la multitud no cesaba de gritar: '?Viva Espana! ?Viva Italia! ?Arriba Espana!'. '?Viva el Duce!'. Y de vez en cuando, como caballeria a galope que se acercaba: '?Franco-Ciano! ?Franco-Ciano!'.

El entusiasmo era tan grande que los comentarios holgaban. Ni siquiera Julio Garcia hubiera tenido nada que objetar. Gente muy enferma -tal vez, del 'mal de la rosa'- salia al balcon. Arcos de triunfo. Llovian flores sobre el conde Ciano. Resultaba dificil sustraerse al contagio. Ciano representaba al pais -asi lo proclamaban los altavoces- que 'ayudo desde el primer momento al Ejercito Nacional y que generosamente habia entregado para la salvacion de Espana cuatro mil vidas jovenes'. De hecho, pues, hubieran debido llover sobre el conde Ciano cuatro mil ramos de flores…

El prohombre fascista, desde su coche, miraba a uno y a otro lado y sonreia. Sin duda estaba acostumbrado al frenesi popular, pero parecia emocionado de veras. Ezequiel penso que tenia facha de general sudamericano sublevado. En todo caso, tratabase de un general vencedor… Se lo veia seguro de si, ?sobre todo cuando quienes lo aclamaban -y asaltaban su coche- eran mujeres! Bien, confirmabanse las sospechas de la camarada de Palamos. Ciano dirigia a las mujeres miradas de fuego… Pero era el caso que lo asaltaban tambien ancianos y

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