– ?Y tu, Ana Maria, como estas? Hablame de ti… ?Que haces?

– ?Huy! Muchas cosas… Quiero terminar el Bachillerato. Hago el Servicio Social. ?Y acompano a mi madre al cine, claro!

– Ya… -Ignacio prosiguio-: ?Te gusta el Servicio Social?

– Nada. Es un toston. Pero quiero aprender, ?comprendes? -Ana Maria jugaba a quitarse el esmalte de las unas-. Algun dia habre de gobernar una casa… -De pronto anadio-: ?Ah, y quiero perfeccionar mi ingles!

?Ingles…? Ignacio se extrano. Todo el mundo estudiaba aleman. Ana Maria no dio explicaciones y siguio contandole. A veces se iba sola al puerto porque le gustaba ver los barcos. 'Espero que pronto lleguen otra vez transatlanticos. Creo que el unico que ha venido es el que trajo al conde Ciano'. Tambien le gustaba visitar el barrio de la Catedral. Los claustros eran una delicia. Invitaban a pensar.

– Me gusta pensar, ?sabes? Aunque tambien lo hago en la cama.

– ?Y en que piensas?

– ?Oh! Soy muy poco original. Muchas veces pienso en lo agradable que es que la guerra haya terminado.

– En otro de sus impulsos, anadio-: ?No sientes tu, algunas veces, como unas ganas enormes de recuperar el tiempo perdido?

Ignacio habia ya hundido en la arena la colilla del cigarrillo. El y Ana Maria continuaban tumbados boca abajo y sus rostros se encontraban ahora muy cerca. Milagrosamente, a la muchacha se le habia quedado intacta una gota de agua en la punta de la nariz. Ignacio, con el indice, la aplasto. Entonces ella le pregunto:

– ?Y tu, Ignacio? ?Cuando sabre algo de ti? ?Que haces?

Ignacio volvio a sonreir. Se expansiono con Ana Maria, a quien, inesperadamente, todo lo referente a Perpinan y a los exiliados parecio interesarle. Aunque ello duro muy poco tiempo. De subito la muchacha corto diciendo: 'Claro que ?eran tan canallas!'.

Ignacio cambio entonces de tema y dijo:

– Pero lo que quiero es que me licencien y terminar pronto la carrera.

– ?Terminarla?

– ?Claro! Cada noche estudio hasta las tantas… En septiembre me examino. El veintiseis.

– De tercero, ?no es eso?

– Si… -Ignacio volvio a mirar a la muchacha sorprendido, como cuando le oyo pronunciar el nombre de Mateo-. ?Como es posible que te acuerdes?

– ?Ah, ja!

El, complacido, siguio explicando:

– Tercero, en septiembre. Ello significa que en junio del ano proximo puedo tener el titulo en el bolsillo.

Ana Maria se acerco un poco mas a Ignacio. 'Abogado…', murmuro. Se habia llevado un granito de arena a la boca y su sabor salado le agradaba. Sus ojos tenian ahora el color de la felicidad, de las mananas claras.

Volvio a la realidad y pregunto:

– Y luego… ?piensas ejercer?

– Por supuesto -respondio Ignacio-. Hay que defender a la gente ?no crees?

Ana Maria apunto:

– Los abogados a veces tienen que acusar…

– ?No, no, de ningun modo! En la placa de mi puerta pondre: 'Si quiere usted acusar a alguien, llame a otro despacho'.

Ana Maria se rio y al hacerlo se trago sin querer el granito de arena salada que paladeaba con tanta fruicion.

A continuacion pregunto:

– Pero ?como vas a ejercer de abogado… a tu edad?

Ignacio se mostraba muy seguro.

– No pienso ejercer en seguida. Antes tendre que pasarme dos anos lo menos haciendo practicas.

– ?Donde?

– Lo normal. En el bufete de otro abogado que tenga prestigio y me pueda ensenar.

Ana Maria asintio:

– Claro, claro…

La muchacha parecia tan interesada por todo aquello, que Ignacio anadio:

– Luego, cuando mi cara inspire ya confianza… ?adios, muy buenas! A trabajar por mi cuenta.

– Marco una pausa y concluyo-: Y a ganar dinero.

Ana Maria lo miro con un signo de interrogacion. E Ignacio penso para si: '?Por que soy capaz de ser sincero con Ana Maria y en cambio disimulo siempre con Marta?'.

– No te extrane que te hable asi, Ana Maria. He dicho lo que siento; estoy decidido a ganar dinero.

– Aupado, prosiguio-: Estoy cansado de vivir con estrecheces, ?comprendes? En una casa sin calefaccion y con muebles anticuados.

Ana Maria hundio por un segundo la frente en la arena. Luego la levanto:

– Pero tu no acostumbras a quejarte, ?verdad?

– ?Quejarme? No… ?Por que? Pero estoy dispuesto a no ser una lagrima. Quiero ser eficaz.

– Ignacio reflexiono y anadio-: No quiero que mis hijos lleguen a los dieciseis anos como yo, siendo botones de un Banco.

Ana Maria habia mudado la expresion.

– A veces… ganar dinero cuesta caro.

Ignacio la miro.

– Se a lo que te refieres. Pero no es cuestion de exagerar.

– Se paso el dorso de la mano por la frente para secarse el sudor-. Se puede triunfar sin lesionar a nadie. Es cuestion de aprovechar las oportunidades.

Era evidente que Ana Maria habia oido muchas veces un lenguaje parecido… Secose tambien el sudor de la frente. ?Como conciliar aquello con la placa que Ignacio pensaba poner en la puerta?

– Esta decision tuya… -apunto, con cautela-, ?es producto de la guerra?

Ignacio asintio.

– En parte, si. Era un crio y me dieron un fusil. Eso cuenta ?no? -Ana Maria callaba e Ignacio, notandolo, agrego-: ?Por favor, no me mires como si proyectara atracar joyerias o abrir cajas de caudales! Simplemente, me he cansado de andar vacilando por ahi y ahora he tomado varias determinaciones; y una de ellas es ganar dinero.

Ana Maria opto por no dramatizar las cosas.

– ?Que otras determinaciones has tomado, si puede saberse?

El muchacho contesto, con la misma seguridad que antes:

– Apartarme de la politica.

La muchacha jugueteaba ahora con el gorrito blanco.

– ?Te sientes defraudado?

– ?No, no! Nada de eso… Pero he comprendido que yo no he nacido para eso, que a mi no me va.

Ahi Ana Maria le siguio sin grandes dificultades.

– Eso lo comprendo muy bien. A mi me ocurre lo mismo.

Ignacio experimento como una penetrante alegria.

– No te gusta marcar el paso, ?verdad?

– Ni pum… Prefiero pegar saltos yo sola. Y fumar algun pitillo a escondidas…

El clima volvia a ser cordial. Ignacio cogio con ambas manos un punado de arena y formando un reguero la dejo deslizarse suavemente.

– ?Espana, Espana!… Con perdon, pero estoy un poco harto. Quiero ser Ignacio.

– Cogio otro punado de arena y repitio la operacion-. Hay personas que parecen haber olvidado ya su nombre y llamarse 'acto de servicio' o 'Alcazar de Toledo'.

Ana Maria supuso que Ignacio se referia a Marta. Pero habia decidido no aludir a ella, como si no existiese.

– ?Puedo preguntarte si te has cansado tambien de la religion?

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