desabrocharle la blusa estaria dispuesto a afiliarse a la UGT'. Luego hablaron de la noche. Se les echo la noche encima en el camino, y los faros del automovil rastreaban la carretera como si fueran perros policias. La noche era del agrado de Mateo. En la cama tenia ideas claras. Ya en el frente le habia ocurrido asi, bajo el firmamento. 'Mis mejores decisiones las he tomado de noche'. A Ignacio le sucedia lo contrario. De un tiempo a esta parte padecia de insomnio y las sabanas se le antojaban avisperos. Y cuando conseguia dormirse, sonaba, sonaba mucho. Sonaba verdaderas barbaridades: que atracaba el Banco Arus; que mesen Francisco resucitaba y lo deslumbraba con un espejo; que la guapetona Adela lo invitaba a subir a su casa a tomar el te. '?Hombre! - exclamo Mateo-, si se tercia, ?no te andes con chiquitas!'.

?Como se estimaban reciprocamente los dos muchachos! Y en realidad tenian pocas ocasiones de estar solos y charlar a gusto. Aprovecharon aquel viaje para resarcirse, asi como el Gobernador y sus acompanantes habian aprovechado el suyo cuando fueron a esperar al conde Ciano.

– Ignacio, ?te acuerdas mucho de nuestra guerra?

– Mucho. Mas de lo que imagine. Es como un telon de fondo. ?No te ocurre a ti lo propio?

– ?Hombre! Todavia no me he acostumbrado a no andar por los montes y a no llevar detras de mi a un peloton. ?Era tan duro aquello! Y tan hermoso…

– ?Hermoso? Eso habria que preguntarselo a los muertos.

– A los muertos tambien les parecio hermoso. Cayeron por un ideal. ?No has oido al ex legionario?

– Lo he oido, claro. Pero el vive. Y los hubo que murieron tontamente, sin saber por que.

– Nunca se muere sin saber por que.

– No exageres, Mateo. El heroismo no es ninguna obligacion. ?Cuando te meteras eso en la cabeza?

– Nunca.

– Lo siento. Lo siento por ti…

– Ignacio… ?te acuerdas de cuando llegaste del frente? Hablabas de otro modo…

– Estaba borracho. Me habia contagiado. Ahora lo que quiero es aprender.

– La guerra es una gran leccion.

– A mi me parece que la gran leccion es la paz. Y el Derecho Civil.

– La paz a menudo entontece el cerebro. Y conste que la idea no es mia. Es de Dostoievski, que si no me equivoco es santo de tu devocion.

– Con todos los respetos por el ilustre epileptico, preferiria no haberte visto nunca con una pistola en el cinto.

– Hay pistolas necesarias. ?O no lo crees asi? ?Te acuerdas de Cosme Vila?

– Mira, vamos a dejar eso y a hablar otra vez de Pilar, y de Marta, y del doctor Andujar… En la Universidad he visto a un mutilado, ciego. Una de esas pistolas necesarias lo dejo ciego. Deseo que al pobre muchacho la noche le guste tanto como a ti…

Mateo se callo. Por un momento se imagino sin ojos. ?No podria conducir el coche, cuyos faros rastreaban la carretera! Pero pronto reacciono. Y tambien Ignacio. Tacitamente acordaron terminar el viaje en buena armonia, dialogando sobre lo que pudiera unirlos y no sobre lo que los separaba.

– ?Asi, pues, Viva la Vida? -exclamo Mateo, con repentina sinceridad.

– Viva la vida, si -rubrico Ignacio, encendiendo un pitillo y pasandoselo a Mateo, quien se lo llevo a los labios y lo chupo con profunda voluptuosidad.

El automovil enfilo la recta de llegada a Gerona, donde el recibimiento que se hizo a los muchachos, en sus respectivos domicilios, fue triunfal.

Don Emilio Santos, que a medida que se le curaban las piernas iba recobrando el humor y la serenidad, le dijo a Mateo, en tono ironico:

– ?No te parece un abuso aprobar sin haber olido un libro? En ese plan, si el general Sanchez Bravo se empenara, le daban en junio el titulo de Ingeniero Agronomo…

En el piso de la Rambla, Matias fue mas concreto aun. Le dijo a Ignacio:

– De acuerdo, has aprobado. Pero este invierno deberias estudiar en serio, ?no te parece? El ano que viene lo que querran es que sepais Derecho y no que canteis Cara al sol. Yo creo que deberiais reanudar las clases con el profesor Civil.

Ignacio asintio. ?Pero se sentia tan lejos de aquellos tomazos que guardaba encima del armario! De momento, al dia siguiente llamo a Marta -?ah, era preciso reconciliarse con ella!- y se la llevo al restaurante del Puente de la Barca, donde comieron, como antano los hermanos Costa y como ahora los gourmets, ancas de rana amenizadas con clarete. Marta, pese a las ancas de rana, se sintio feliz… Y para premiar la 'gesta' de Ignacio, le regalo un reloj de bolsillo antiguo, de esfera azul, que habia pertenecido a su padre, el comandante. Ignacio tomo en sus manos el reloj con amor. Siempre le habian gustado los relojes de bolsillo antiguos, con la cadenita. 'Gracias, Marta -dijo, con emocion, abriendo y cerrando varias veces la tapa plateada-. Es precioso'. Marta explico: 'Mi padre lo compro en Africa'.

Cara al otono, las piezas de la familia Alvear iban colocandose en el sitio mas adecuado. En vista de que el sueldo de Matias en Telegrafos seguia siendo exiguo -de momento las promesas del Sindicato Vertical dormian horizontalmente la siesta…- y de que Ignacio tardaria aun unos meses en licenciarse, se acordo que Pilar empezase a trabajar. 'No hay otra alternativa. Tienes que ayudarnos'. Pilar acepto de buen grado… a condicion de que le quedaran horas para cumplir el Servicio Social, que habia sido declarado obligatorio.

Mateo se encargo de solucionar el problema: a primeros de octubre Pilar empezo a trabajar, manana y tarde. Por las mananas en Salvoconductos, cuya oficina se habia instalado en la planta baja del Gobierno Civil; por las tardes, en la Delegacion de Abastecimientos y Transportes. 'Asi te ganas dos sueldos -le dijo Mateo- y el dia se te hara menos monotono'.

A Pilar, el trabajo en Salvoconductos no le gusto. Aquellas colas de gentes que se acercaban con aire de pajaros asustados a la ventanilla a entregar la documentacion, la ponian nerviosa. Le daban ganas de gritar: 'Pero ?si aqui no nos comemos a nadie!'. Los salvoconductos se exigian especialmente para poder trasladarse a la zona fronteriza -el coronel Triguero no queria lios en su terreno-, y para obtenerlos se necesitaban dos avales. Pilar dio pruebas de tener poco aguante. '?Dos, senora! ?Dos avales y no uno solo! ?No ha leido usted las instrucciones que hay en la puerta?'. O bien: '?Y la foto? ?Como le vamos a dar el salvoconducto si no ha traido usted la foto?'. A veces, al repasar las solicitudes, a la hora del cierre, prestaba atencion a la grafia y a las firmas, y pensaba para si: '?Dios mio, Espana es un problema de ensenanza primaria!'.

Su jefe inmediato era, ?quien lo hubiera pensado!, Alfonso Estrada. Alfonso Estrada, veintidos anos, ex combatiente en el Tercio de Nuestra Senora de Montserrat y actual presidente de la Congregacion Mariana. Alfonso y su hermano, Sebastian -que estuvo en el Baleares y que desde el final de la guerra andaba de tercer oficial en un buque de pasaje de la Compania Transatlantica-, en breve iban a heredar una considerable fortuna legada por su padre, que fue jefe de la CEDA y- al que los 'rojos' asesinaron. Pero por lo visto habia dificultades testamentarias y por el momento la herencia era intocable.

Pilar lo pasaba estupendamente con Alfonso, quien se habia matriculado libre en Filosofia y Letras. Alfonso era bien plantado, aficionado a la musica -tocaba con mucho estilo el piano- y era ademas un conversador nato. Tal vez aludiera con exagerada frecuencia el tema religioso, del que Pilar estaba un poco harta, por culpa de Carmen Elgazu; pero lo hacia con alegria. Lo sorprendente en el era que 'creia en fantasmas'. Dicho de otro modo, le fascinaba todo lo que contuviera misterio, desde los fenomenos fisicos hasta las leyendas de la selva o de su oponente, el desierto. Seguro que en Rusia, en el lago Baikal, hubiera gozado lo suyo. En los ratos de calma en la oficina gustaba de hablarle a Pilar de la posible vida en Marte y, sobre todo, de contarle relatos terrorificos, con abundancia de castillos ingleses, apariciones, rayos y pisadas misteriosas de gente muerta hacia anos. El muchacho sabia crear la atmosfera a proposito con solo cuatro palabras y un ademan; y si se producia un apagon, lo cual era frecuente, se apresuraba a encender placentero un par de velas. Tambien le gustaba hablar de quiromancia y de los efectos de las drogas. '?No seras espiritista, como el Responsable?', le preguntaba Pilar. 'Pues casi…', le contestaba Alfonso, cuya susurrante voz hizo que en el frente le llamasen Sordina. Por supuesto, el muchacho admitia que el padre Forteza lo habia influido en esa direccion, si bien aseguraba que, en honor a la verdad, habia empezado a aficionarse a esas cosas en los parapetos, en las noches de guardia. 'En el frente, de noche, se ve lo invisible y se oye el silencio, ?comprendes? Ademas, mi hermano, Sebastian, esta convencido de que los peces tienen su lenguaje y su mundo. ?Si, si, riete! ?Ay, me da pena que solo creais en lo que se puede retratar…!'.

Pilar le escuchaba, divertida.

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