– Y a todo esto, ?por que no te echas novia? Asuncion estaria dispuesta a creer todo esto que me cuentas y mucho mas… Alfonso Estrada hacia un gesto expresivo y rehuia el tema. No se sabia si era por Asuncion en particular o por las mujeres en general.
– Eso es lo que no me gusta de vosotros, los congregantes -apostrofaba Pilar-. Hablais de cualquier cosa, hasta de fantasmas, pero no de chicas. ?Os asustamos o que?
– ?Asustarnos? -Alfonso se reia-. Me afeito con Gillette, como Mateo…
– El dia que me cuentes un chistecito verde, me lo creere… Alfonso Estrada era querido por todo el mundo, gracias a su exquisita correccion. El padre Forteza no era el unico en augurarle un gran porvenir.
En la Delegacion de Abastecimientos y Transportes, donde Pilar trabajaba por las tardes, el ambiente era muy otro. La tarea le resulto alli mucho mas facil a la muchacha, pues a peticion propia la destinaron a 'Cartillas de Racionamiento', donde ya estuvo en la epoca 'roja', a las ordenes de la Torre de Babel. 'Esta visto -comento- que he de ser yo quien distribuya los viveres de la ciudad'.
Su jefe en este Servicio era precisamente Carlos Grote, el chismoso contertulio de Matias. Pilar lo llamaba La Gaceta de la Ciudad. Pero tambien se encontraba a gusto con el, porque era hombre muy carinoso y porque demostraba sentir por Matias un gran respeto. A Pilar la llamaba 'hija'. 'Cualquier cosa que te ocurra, hija, ya sabes'. 'Descuide, senor Grote. Pero no creo que me ocurra nada'.
El senor Grote era lo mas opuesto a Alfonso Estrada que pudiera imaginarse. Pese a ser isleno -'de Santa Cruz y no de las Palmas', concretaba siempre-, no sentia la menor inclinacion por lo misterioso. 'Las cosas son o no son', era su lema. Fue socialista toda su vida y creia, como Antonio Casal, que la sociedad giraba en torno a la economia y a la lucha de clases. Meticuloso en extremo, controlaba las 'Cartillas de Racionamiento' como el senor obispo su fichero sacerdotal. 'Esos endiablados apellidos catalanes… -murmuraba siempre-. Con lo facil que es escribir Lopez o Ramirez'.
El senor Grote descubrio que los chismorrees, que tan mal le sentaban a Galindo en el Cafe Nacional, hacian por el contrario las delicias de Pilar. Asi que cada tarde se traia su racion para la muchacha. '?Sabes que el Gobernador le ha traido como regalo a Pablito, su hijo, una armonica? Sera para ver si le calma un poco los nervios…' '?Menuda sesion de poquer anoche en el Casino! Tu amigo -o tu camarada, si lo prefieres- Miguel Rossello, perdio hasta la camisa'. 'Oye, Pilar… ?Por que no le dices a mosen Falco que haga un poco la vista gorda en la censura de peliculas? Se ha puesto en un plan… Nadie tiene la culpa de que no haya besado nunca a una mujer…'
Un dia el senor Grote entro en el despacho de Pilar con cara de circunstancias y le dijo a la chica:
– Pilar, hoy te traigo la noticia del siglo…
– ?Que pasa? Algo del doctor Chaos, como si lo viera…
– Te equivocas… Se trata de tu hermano Cesar.
Pilar se quedo clavada en la silla y miro a su jefe con asombro casi comico.
– ?No te alarmes, mujer! Y no me preguntes como me he enterado… Lo se de buena tinta, y basta -Pilar se mantuvo a la expectativa-. Se trata de ese asunto de la beatificacion…
Pilar levanto la cabeza y su expresion recordo la del director de la Gerona Jazz, el popular Damian, cuando hacia un solo de trompeta.
– Pero, ?senor Grote! ?No se de lo que esta usted hablando!
El senor Grote se froto con gusto las manos.
– Escuchame, hija… y me lo agradeceras. En esos expedientes hay un defensor: no se sabe todavia quien sera. Pero hay tambien un acusador, llamado 'abogado del diablo', que se encarga de buscarle los defectos al encausado. ?Empiezas a comprender? Pues ahi esta: en el caso de Cesar, el 'abogado del diablo' sera mosen. Alberto…
Pilar se quedo estupefacta y la informacion mas bien le parecio un cuento digno de Alfonso Estrada. Sin embargo, ?lo malo, o lo bueno, que tenia el senor Grote, era que sus chismes acostumbraban a ser ciertos! Ahora bien, ?a que hablar de defectos tratandose de Cesar? ?Que defectos pudo tener su hermano? ?Y por que seria precisamente mosen Alberto el encargado de buscarselos?
– El obispo lo ha elegido a el, hija… Tiene miga, ?no? Pilar acabo mordiendose varias unas a un tiempo y exclamando:
– Aqui, senor Grote, no hay mas 'abogado del diablo' que usted.
Y el caso es que el senor Grote justificaba a su manera su aficion por el fisgoneo ajeno. Se aburria en casa, con su mujer. Su mujer, tambien canaria, 'aunque de Las Palmas y no de Santa Cruz', se pasaba el dia bostezando y quejandose de la humedad de Gerona y de lo duro que seria el invierno. '?Sabes lo que es una maniatica, Pilar? Pues eso es mi mujer. No tiene mas que una obsesion: la limpieza. ?Que todo parezca de plata! ?Crees que eso tiene interes? Prefiero dedicarme a la maledicencia…' '?Ay, hija, todavia estas a tiempo! Antes de casarte -y que Mateo me perdone- cuenta hasta ciento'.
La verdad es que Pilar procuraba corresponder con el senor Grote y al efecto disfrutaba contandole las rarezas, los 'misterios' que Alfonso Estrada le habia referido por la manana en Salvoconductos. Pero el senor Grote, rodeado de fichas, se reia a mandibula batiente. '?Como, que dices? ?Que los peces hablan? ?Je! ?Menudo vozarron tendran los cetaceos!'. '?Y que hay vida en Marte? ?Cuantos habitantes, vamos a ver? Ya sabes que a mi me gustan las cifras exactas…'
En resumen, Pilar estaba contenta… Mateo -con el permiso del senor Grote- le regalaria el anillo de prometida el 6 de enero, o sea, el dia de Reyes; el Servicio Social era una magnifica institucion; con los dos sueldos que percibia podia ayudar a sus padres y hasta se atrevio a encargarles a las hermanas Campistol un traje de noche, con vistas al baile de gala que se celebraria en el Casino el ultimo dia de Ferias; Marta seguia siendo para ella como una hermana, mas aun, y le habia propuesto que la acompanara a Alicante al traslado de los restos de Jose Antonio; por si fuera poco, el pulso de Pilar era tan normal como un reloj. ?Que mas podia pedir?
Dos cosas la preocupaban: que en ocasiones experimentara como un secreto placer denegando un salvoconducto, y que en el fondo de su corazon deseara, sin saber exactamente por que, que Alemania atacara por sorpresa a algun otro pais y lo invadiera en tres semanas, como habia hecho con Polonia.
Eloy, el 'renacuajo', continuaria adscrito hasta nueva orden a la familia Alvear, pues las gestiones realizadas por la Seccion Femenina y por Carmen Elgazu en el Norte, para encontrarle parientes, habian fracasado. Se obtuvieron referencias de un individuo de Guernica exiliado en Toulouse, minero de profesion y que 'podia ser tio suyo'. Pero el supuesto 'tio' nego todo parentesco con Eloy.
En vista de ello se aplazo cualquier decision, tanto mas cuanto que el chico se sentia feliz en casa de los Alvear y estos, aun conscientes de que aquello no podia durar indefinidamente, estaban encantados con el. Incluso la mujer de la limpieza, Claudia, por lo general hosca y callada, sentia por el pequeno viva simpatia, sobre todo porque Eloy, siempre presto a echar mano en la casa, la ayudaba a limpiar los cristales, bajaba el cubo de la basura y quitaba con la escoba las telaranas del techo. Ultimamente se habia empenado en hacer las camas… 'Pero ?si no sabes! -reia Carmen Elgazu-. ?Si luego se nos enredan los pies y no hay quien pegue ojo! Anda, coge el molinillo y muele el cafe…'
La llegada de Manuel, de Burgos, habia constituido un refuerzo para Eloy. Hicieron buenas migas. No tenian mucho que hablar, pues a Manuel le tiraban los libros y a Eloy el futbol. Pero jugaban juntos al parchis y a las cartas, en espera de que empezasen las clases en el Grupo Escolar San Narciso y se daban alguna que otra vuelta por las margenes del Ter. A veces Matias, al salir de la oficina, se los encontraba a los dos esperandolo junto a la Cruz de los Caidos, que se habia levantado precisamente delante de Telegrafos. Eloy, al verlo, tiraba con brio al aire la boina vasca que Matias le trajo de Bilbao, mientras Manuel sonreia un poco cohibido, como siempre. Matias se emocionaba al acercarse a ellos y a gusto los hubiera invitado a fumar.
Eloy llevaba mucho tiempo pensando en ganar como fuere algo, para contribuir de algun modo al presupuesto hogareno. Y he ahi que tuvo una idea digna del hombrecito que empezaba a ser. El chico, que habia regresado del Campamento Onesimo Redondo mucho mas crecido, tostado por el sol y con las pecas de la cara mucho mas visibles, sin encomendarse a nadie un buen dia se fue al Estadio de Vista Alegre y pregunto por el encargado de la conservacion del campo de futbol. Dicho encargado se llamaba Rafa, vivia alli mismo, con su mujer, junto a los vestuarios de los jugadores, y era muy popular y campechano.
Eloy se ofrecio para ayudarlo. Entre semana podria ir todas las tardes, una vez terminadas las clases y, por supuesto, los domingos, el dia entero. ?Debia de haber tanto que hacer! Engrasar las botas de los jugadores; inflar los balones; cuidar el cesped del terreno de juego…
– Con que me den alguna propina… y de vez en cuando me dejen chutar a puerta, tengo bastante.
