de las apariencias en todas partes existia, y no solo en la estacion otonal, un mundo doliente. 'El dolor forma parte de la vida. En cada hogar y en cada individuo se esconde la afliccion y es deber de todos mitigarla en lo que nos sea posible'.
El doctor Andujar tenia cuarenta y seis anos y una salud de hierro. Pelo abundante, frente ancha, ojos muy negros, la psiquiatria lo habia atraido desde el primer curso de la carrera.
Vestia siempre trajes severos. Al hablar con los enfermos apenas si gesticulaba, por lo que sus palabras iban saliendo de su boca con una gran carga de autoridad. Tenia las cejas muy pobladas y cuando se reia la nuez le subia y le bajaba, lo que divertia mucho a sus ocho hijos. Su esposa, Elisa, no contaba en su mundo profesional. Era muy 'madre' y nada mas. Llevaba anos sin leer siquiera el periodico y nadie comprendia que el doctor Andujar pudiera conversar con ella. En cambio, su hija mayor, Gracia Andujar -de quien Mateo habia hecho mencion-, era su secretaria, su enfermera, su colaboradora insustituible. Gracia tenia dieciseis anos, habia terminado el Bachillerato, pese a lo cual no se corto la trenza unica que llevaba, linda trenza que basto para que Esther dijera: 'Por fin una nota alegre en las calles gerundenses'.
No dejaba de ser paradojico que el doctor Chaos y el doctor Andujar sintieran una amistad reciproca tan solida, pues eran tan distintos como pudieran serlo Alfonso Estrada y el senor Carlos Grote. El doctor Chaos, como es sabido, creia que la religion y sus derivados eran comodas soluciones inventadas por el hombre, desvalido e ignorante. El doctor Andujar, por el contrario, era creyente a machamartillo. En todas partes -incluyendo la locura- veia la presencia de un Ser Todopoderoso. De ahi que se uniese fervorosamente a los Viaticos y que nada lo hiciera tan feliz como asistir a la Santa Misa los domingos, con toda su familia, ocupando dos bancos de la iglesia.
Ahora, en Gerona, en aquel otono gris que en opinion del profesor Civil era el color que mejor le iba a la ciudad, los dos hombres, al rememorar sus tiempos estudiantiles, recordaron que ya por entonces, en la Facultad, sobre todo al salir de la sala de diseccion, habian discutido largamente sobre el particular. Y advirtieron que los anos transcurridos no habian hecho mas que reforzar el criterio de cada uno. En efecto, el doctor Chaos le confeso a su amigo que cada vez que realizaba una autopsia se afianzaba en su conviccion de que no existia sino el cuerpo, lo biologico. En cambio, el doctor Andujar manifesto que a el le ocurria lo contrario: ante la muerte sentia, casi de manera palpable, como al paralizarse el corazon se escapaba de cada hombre algo que no tenia nada que ver ni con los musculos ni con los vasos sanguineos: un soplo de existencia superior.
Esta disparidad conceptual abarcaba los campos mas diversos. Era muy raro que estuvieran de acuerdo en algo. ?Nunca olvidarian la obligada cena protocolaria que, en honor del doctor Andujar, a la llegada de este, organizo en su casa el Gobernador! Se tocaron toda suerte de temas -cierta posible semejanza entre Gerona y Santiago de Compostela; el caracter espanol; la guerra civil…- y la discrepancia fue continua. Hasta el punto que Maria del Mar dijo: 'Me recuerdan ustedes a Pablito y a Cristina. Se adoran; pero son el gato y el raton'. A lo que el doctor Chaos contesto: 'Si, algo hay de eso. Pero que conste que aqui el raton soy yo'.
El doctor Chaos dijo esto porque en el fondo de su corazon envidiaba a su amigo: sereno, cabeza de familia, aficionado al canto gregoriano, sin apetencias malsanas…
Este era, por supuesto, el tema concreto sobre el que las divergencias de los dos colegas adquirian evidente patetismo: el de la deformacion sexual que afectaba al doctor Chaos. En efecto, nadie mejor que el doctor Andujar conocia el asunto. Y su tesis, defendida tambien desde los tiempos estudiantiles, era que el doctor Chaos hubiera podido dominarse, corregirse y encauzar su inclinacion hasta conseguir interesarse por el sexo contrario. El doctor Chaos lo nego siempre, con una firmeza que casi causaba espanto. No creia en la posibilidad de autodominio, y mucho menos en su caso. 'Ya en el periodo de la lactancia me repugnaba el pecho de mi madre. Y, por supuesto, a los cuatro anos aranaba a mis hermanas y a todas las ninas de mi edad'.
Ahora, con motivo de su reencuentro, el doctor Andujar le pregunto:
– Pero ?no has evolucionado nada en todo este tiempo? ?No se ha operado en ti ningun cambio?
– Ninguno -le contesto el doctor Chaos-. Sigo en las mismas. Persiguiendo como un estupido al primer adolescente que se me ponga a tiro. ?Ya estoy acostumbrado, claro! Pero me disgusta que la cosa haya empezado a trascender en la ciudad…
La noble cabeza del doctor Andujar se movio preocupadamente. Esto ultimo no le gusto ni pizca.
– ?No crees que puedo ayudarte? -le dijo-. Si asi fuera, daria por bien empleada mi venida a Gerona y todo lo que aqui pueda ocurrirme.
– No, no lo creo. Todo lo que he intentado ha sido inutil -El doctor Chaos, advirtiendo que su amigo se disponia a insistir, lo atajo diciendo-: Ademas, ?a que perder el tiempo conmigo? Ochocientas almas, como tu dirias, esperan de ti en el Manicomio… Es bastante, ?no te parece?
El doctor Andujar nego con la cabeza.
– No, no es bastante. Acepta la responsabilidad de lo que voy a decirte: el alma que aqui mas me interesa es la tuya…
El doctor Chaos se coloco a la defensiva. Si algo detestaba eran los sermones moralizantes. Por descontado sabia que su amigo no caeria en el error de teorizar, como si tratara con un parvulo. Sabia tambien que el doctor Andujar era realmente capaz de amar y que su intencion era siempre recta. Pero ?la carga que el llevaba era tan pesada… y tan irremediable! Los dos hombres se encontraban en el despacho rector del Manicomio, cuyo gran ventanal daba al patio en que paseaban las mujeres. Habian estado observandolas un buen rato. Algunas enfermas, andaluzas, llevaban una flor en el pelo; otras rezaban el rosario; la mujer del Responsable exhibia como siempre su pancarta, pancarta que ahora decia: 'Soy feliz'.
– ?No comprendes, amigo Andujar, que si eso que tu llamas alma existiera, los instintos se le someterian como mi perro, Goering, se somete a mi?
De nuevo el doctor Andujar nego con la cabeza.
– El planteamiento es falso, y tu lo sabes. Para someter los instintos hay que luchar; y si tu perro te obedece es porque lo miras a veces con ternura, otras veces con autoridad. Ese Ser Supremo, en el que yo creo, organizo el juego de este modo: debemos merecernos la paz interior. No quiso que nuestra victoria fuese un regalo sin merito alguno por nuestra parte. Eso lo reservo para los angeles, pese a lo cual alguno se le rebelo…
El doctor Chaos, alto y elegante, permanecio inmovil en su butaca. Hubiera querido sonreir, como algunas de las enfermas que se paseaban por el patio; pero no pudo. Toda su existencia fracasada se le convirtio en presente. Detras del doctor Andujar, en la pared, habia un gran crucifijo que de pronto le produjo intensa angustia.
– Extrano Ser Supremo el tuyo, que se complace en hacernos debiles y nos ordena que lleguemos a ser duenos de nosotros mismos. Cuando en tu casa contemplas a tus hijos, ?te entretienes tambien con ese genero de experimentos? Tengo la sospecha de que lo que procuras es facilitarles el camino.
– Tambien Dios nos lo facilita, aunque en apariencia no sea asi. Conoces la frase evangelica: 'No os abandonare'. Los creyentes palpamos a diario el influjo de lo sobrenatural. Sin esa fuerza nadie alcanzaria los diez anos de edad. Todos sucumbiriamos antes. Nuestro primer acto es llorar; pero luego descubrimos que el mundo puede ser bello. De mis hijos, precisamente he aprendido esto. Los veo crecer y te juro que el espectaculo es un milagro constante.
– ?Y si uno de tus hijos te hubiera nacido anormal?
– Procuraria aceptarlo, como se acepta un rayo. Y no olvides que a menudo los anormales son los que con mayor clarividencia ven a Dios.
– La teoria es fascinante… ?Dejad que los dementes, que los lisiados, que los homosexuales como el doctor Chaos se acerquen a Mi!
– Exacto. Suena a falso, ?verdad? Parece una blasfemia. Pero lo bueno de las blasfemias es que son oraciones al reves.
– ?Entonces, cuando siento asco de ser como soy y miro con ira a los demas y al retrato de mi madre, estoy rezando?
– En cierto modo, asi es. El diablo, que es la criatura que mas apasionadamente cree en Dios, cuando blasfema no reza, porque el no aspira ya a perfeccionarse, ni puede rectificar; pero el hombre, si. Al hombre Dios le permite que dude, para que vaya convenciendose de que todo lo que no sea El es absurdo.
– En ese caso no hay mas que hablar. Estoy salvado. Porque a mi me parece absurdo todo; incluso que te este escuchando desde esta butaca sin haberte pegado ya un diabolico punetazo.
El doctor Chaos dijo esto ultimo… ?sonriendo! Por fin lo habia conseguido. La recta intencion de su amigo el doctor Andujar, el calor que este habia puesto en sus palabras, habian logrado tan bella mutacion. ?Ah, que
