inteligente, que santo, que ingenuo se le aparecia ahora su condiscipulo de la Facultad!

El doctor Andujar sonrio tambien. Afuera, las enfermas seguian paseando.

– Estaras pensando que deberia llevar sotana, ?no es eso?

– ?Quia! -El doctor Chaos se levanto-. La bata blanca te sienta de maravilla. Es el uniforme de la inocencia.

– Perdona -contesto el doctor Andujar, levantandose a su vez-, pero lo inocente es ser medico y no aceptar que existe el misterio.

– Yo no niego que exista el misterio -replico el doctor Chaos, pasandose la mano por la frente-. Lo que niego es que tu sepas donde esta.

El doctor Andujar avanzo un paso y se coloco frente a su amigo.

– Pues lo se, querido Chaos. El misterio esta en que yo me encuentre en Gerona… y en que tu no me hayas pegado efectivamente un punetazo.

Avanzaron hacia la puerta. El doctor Chaos tenia ganas de suspirar, pero no lo hizo. Ahora, de espaldas al crucifijo, se sentia mejor. Infinitamente triste, pero con una sensacion de sosiego.

– ?Cuanto le debo por la visita, doctor? -pregunto, volviendo ligeramente la cabeza.

El doctor Andujar hizo un mohin comico. Luego dijo:

– Ahi en el vestibulo esta mi hija Gracia, que es quien lleva las cuentas. Entiendase con ella.

– De acuerdo. Y muchas gracias…

El doctor Chaos salio y abandono el Manicomio. Fuera, el otono obtenia tambien de los arboles bellas mutaciones. El otono era positivo, como afirmaban 'La Voz de Alerta' y el general Sanchez Bravo. Invitaba a hacer proyectos… Y era complejo.

CAPITULO XXIII

El acontecimiento mas importante ocurrido en aquel mes de octubre, ademas del comienzo del campeonato de futbol, fue la apertura del curso escolar. Algunas personas, como el profesor Civil, recordaban que David y Olga, antes de 1936, habian tenido originales ideas pedagogicas -utilizar pizarras de color verde, hacer visitas colectivas a fabricas y talleres, etcetera-, por desgracia adulteradas a la postre por la endiablada politica. ?Cual iba a ser el plan actual? En resumidas cuentas, ?que rumbo imprimiria a la Ensenanza el inspector Agustin Lago?

Los comentarios eran de este tenor:

– Por fin podremos mandar nuestros crios a la escuela con la seguridad de que no les cantaran las alabanzas de Lenin.

– Si, pero ahora nos iremos al lado opuesto. Supongo que el que no se sepa de corrido los discursos de Jose Antonio, suspenso hasta septiembre.

– ?No seas exagerado!

– Pues yo he oido decir que se hara mucho deporte, mucho musculo.

– Eso me parece bien.

El senor Grote aseguro que en Barcelona, en algunos colegios de monjas, las alumnas ricas entrarian por una puerta y las pobres por otra; Galindo dio por cierto que los maestros cobrarian como maximo doscientas cincuenta pesetas mensuales, lo que los obligaria a llevar siempre la misma corbata; el profesor Civil sospechaba que los libros de texto, condicionados por el clima ideologico reinante, serian mediocres; la Torre de Babel calculo que, entre las vacaciones de verano, de Navidad, de Semana Santa y las festividades religiosas y patrioticas, los dias habiles de clase quedarian reducidos a menos de un semestre.

Cabe decir que la persona mas interesada en conocer la verdad de la cuestion, mas incluso que el Gobernador, era el senor obispo. El senor obispo no se fiaba de habladurias y sabia que del 'plan' que hubiera trazado Agustin Lago dependian muchas cosas. Asi que, para saber a que atenerse, unos dias antes de que se abrieran las puertas de las escuelas, mando llamar al inspector con el proposito de obtener de el un informe detallado y directo.

Como es logico, el doctor Gregorio Lascasas conocia ya a Agustin Lago. Y cabe decir que lo tenia en el mejor de los conceptos. Desde el primer momento valoro debidamente que viviera en una modesta pension y que llevara almidonado el cuello de la camisa. Vio en el algo incontaminado y profundo. De suerte que estaba seguro de que nada incorrecto habria germinado en su cabeza.

La entrevista, que tuvo lugar en Palacio, lo convencio de que no se habia equivocado. A medida que el inspector hablaba, el senor obispo iba repitiendo para si: 'Exacto. Perfecto'. Cuando la materia rozaba la religion el doctor Gregorio Lascasas no podia menos de acariciarse el pectoral y asentir complacido. 'Realmente -seguia diciendose- es consolador oir a un seglar hablando de ese modo'.

Todo estaba perfectamente claro. Segun Agustin Lago, era natural que circularan rumores de toda indole. Pero los cabos estaban bien atados y todo cuanto se hiciera seria fruto de la meditacion. 'Evidentemente, el sueldo de los maestros era insuficiente y constituia un serio problema. Tambien era de lamentar la falta de viviendas, especialmente para los maestros casados y la infima calidad del material escolar. Pero nada de esto dependia de la Inspeccion Provincial. Lo unico que esta podia hacer era enviar obstinadamente informes a Madrid'. 'Lo importante era que los alumnos estudiasen, que aprendiesen y que formasen solidamente su caracter. Debia exigirseles mucho, pues el mundo evolucionaba de forma tal que el futuro perteneceria a los estudiosos. Ahi existia cierta desavenencia con los objetivos de la Falange, que concedia importancia primordial a la politica. Pero era de prever que todo se encauzaria de la mejor manera'. 'Habria que proceder de tal suerte que los alumnos se convenciesen de que el mejor modo de servir a Dios era precisamente trabajar. Trabajar y, por supuesto, orar… El conflicto se plantearia de forma distinta en los colegios religiosos y en los colegios laicos; de ahi que se haria necesario un control constante de la labor realizada…' 'Y desde luego, por encima de todo, habria que inculcar a los ninos el sentido de responsabilidad, del autodominio y la finura de conciencia'. Etcetera.

Las palabras de Agustin Lago, su rigor conceptual, sus ademanes mesurados y, sobre todo, el conocimiento solido que demostro poseer de lo que el doctor Gregorio Lascasas llamaba 'los esquemas evangelicos', causaron en el senor obispo tal impresion que este, olvidandose de pronto del tema de la ensenanza, proyecto toda su atencion hacia su interlocutor, cuya manga hueca, flotante, le descansaba sobre la rodilla.

– Digame, hijo mio… -hablo el prelado, llevandose los indices a los labios como si quisiera besarlos-. ?A que se debe su formacion? ?Ha cursado usted estudios teologicos o ha estado en algun noviciado?

Agustin Lago, sin querer, como le ocurria tan a menudo, sintio que se le tenian las mejillas. Luego nego con la cabeza.

– No, Ilustrisima. Pero pertenezco al Opus Dei.

– ?Caramba! -exclamo, sorprendido, el senor obispo-. ?Pertenece usted… a la Obra de Dios?

– Exactamente.

El senor obispo semicerro los ojos, de suerte que estos se le convirtieron en dos lineas horizontales debajo de las cejas.

– Interesante, interesante… -repitio-. ?Sabe usted que en Zaragoza tuve ocasion de conocer, antes de la guerra, a su fundador, el padre Escriva?

Agustin Lago expreso intensa alegria.

– ?No, no lo sabia! -Luego anadio, en tono natural-: Un hombre extraordinario, ?verdad?

El senor obispo afirmo con la cabeza.

– Duro… y afectuoso. Bonita combinacion… -Hubo un silencio, pues Agustin Lago se habia colocado a la expectativa. El senor obispo rompio dicho silencio preguntando-: Y digame… ?Que ha sido del padre Escriva? Durante la guerra corrio la voz de que habia muerto…

Agustin Lago no acerto a disimular su emocion.

– Si, eso se dijo… Pero por suerte no fue asi. Ocurrio que los rojos mataron a una persona creyendo que era el… Pero, como le digo, resulto falso. El padre Escriva entro en Madrid con las fuerzas nacionales, en el primer camion de una de las caravanas que regresaban a la capital… Y alli esta ahora.

El doctor Gregorio Lascasas estornudo inoportunamente -?ah, las corrientes de aire de Palacio!- y luego

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