espanol'. Al saber que el obispo se habia desmayado en pleno Te Deum, comento: 'A lo mejor en el asilo tendria un puesto fijo'.
Al tomar posesion de su despacho, pregunto:
– Quien era aqui el comisario antes de la guerra civil?
– Un tal Julio Garcia… Un bicho, mason, pero inteligente y con mucha garra.
– Y que recuerdo guardan de mi predecesor, don Eusebio Ferrandiz?
– Inmejorable. Buenisima persona.
– Tal vez un poco blando?
– Tal vez…
– Pues yo en el Alcazar vi muchas peliculas del Oeste y se como las gastan…
El hombre entro en Gerona como el caballo de Troya. La brigadilla Dieguez le gusto. No le gusto que Maria Fernanda fuera monarquica, y que lo fuera el alcalde! 'Aqui habria que hacer un barrido…' Mateo se puso a su favor. 'Creo -le dijo a Pilar- que es el hombre que nos hacia falta'. Mateo dijo esto ignorando que don Isidro Moreno habia exclamado: 'Como! Ese falangista divisionario amigo de Nunez Maza? Tendra cojones! Pues si que estamos apanados'.
Don Isidro Moreno parecia gozar descubriendo los defectos de los demas. Encontro que la ciudad -sobre todo, el Onar- estaba sucia. Por lo tanto, las promesas del camarada Montaraz, 'partidario de la higiene', habian fracasado. Visito la carcel y se mostro decidido a hacer trabajar a los presos. 'No se puede tener a los hombres asi, tumbados todo el dia como lagartos. En Guadalajara temamos imprenta y taller de carpinteria'. Visito la Barca y Montjuich. 'Un nido de piojos y de navajas cabriteras… Por favor, fuera gitanos'. Pero para desalojar a los gitanos necesitaba el permiso del gobernador.
Fue aquel el primer enfrentamiento entre los dos hombres.
– Como que no se pueden desalojar? Si usted quiere, manana mismo…
– Son gente… Son personas. Adonde los llevaria usted?
– A los hombres, a trabajar en las canteras; a las mujeres, a limpiar los cuarteles… En, los gitanos! Si los conocere yo…
El camarada Montaraz pregunto, simulando sonreir:
– Actuaria con ellos… como actuo Hitler?
– Alto el carro! Yo no he dicho eso… Pero que son un cancer para la sociedad… vamos! -y se toco la piedra del Alcazar que llevaba en el bolsillo.
En casa mandaba el. A su mujer, Francisca Iglesias, la tenia asustada con sus raptos de colera. Era muy exigente, sobre todo a la hora de comer. Un temor: quedarse ciego. Continuamente iba al oculista a que le revisaran los ojos y le graduaran de nuevo los cristales. Cuando conocio a Lourdes, la mujer de Cacerola, le dijo a este: 'Es lo peor que puede ocurrir'. Cacerola le agradecio el interes y desde entonces defendio a ultranza al recien llegado.
No comprendia el problema catalan. No comprendia que la gente hablara catalan. El alcalde y su mujer! Podia ello consentirse? Tampoco comprendia el misterio de la Santisima Trinidad. Y que hubiera personas que tocaran el saxofon. Y que el general Sanchez Bravo mirara con telescopio las estrellas.
Algo en su haber: sentia una inmensa ternura por las mujeres solteras. Por ello aprecio a Marta. Y a Solita. El doctor Andujar opino de el: 'Unos centimetros mas y tendriamos un paranoico. Yo preferia con mucho a don Eusebio Ferrandiz'.
Mosen Alberto le habia recordado a Carmen Elgazu que el 8 de septiembre, al ir a misa, se acordara de rezar un padrenuestro por el alma de Quevedo, en el tercer centenario de su muerte. 'Quien era Quevedo?', le pregunto Carmen Elgazu. 'Un escritor. Un clasico… Ignacio aprenderia mucho de el'.
Al bajar la escalera de su casa Carmen Elgazu resbalo en el ultimo tramo y fue rodando hasta quedar inmovil en el suelo. En seguida noto que se habia hecho mucho dano. No en la cabeza ni en los brazos, pero si en una pierna. Era la pierna derecha. Terribles punzadas de dolor. Era el pie. Lo que le dolia era el pie derecho. Eloy, desde arriba, desde el piso, oyo los lamentos y tambien los oyeron las vecinas. Los telefonos funcionaron y todo el mundo se movilizo. Al cabo de media hora escasa la mujer se encontraba en la clinica Chaos, donde le sacaron las correspondientes radiografias: fractura del metatarso del pie derecho. El propio Moncho la escayolo, mientras llegaba, sudoroso, en un taxi, Matias.
La rotura revestia cierta gravedad. Mes y medio, tal vez dos, con el pie inmovilizado. De momento, unos dias en la cama; luego tendria que aprender a andar con un par de muletas; luego con una sola. Hasta que los huesos se soldaran y adquiriera seguridad.
Aquello fue un mazazo para la familia. Salvando las distancias, todos recordaron su estancia en la clinica a raiz de la extirpacion de los organos genitales, por culpa de un tumor. Carmen Elgazu, al mediodia, se encontro tumbada en la cama -la escayola le llegaba hasta la rodilla-, rodeada de rostros amados. Matias, que pocas veces se azoraba, en esta ocasion andaba por el piso como si hubiera perdido la brujula. 'Caray con Quevedo', comento Ignacio. Moncho, con las radiografias en la mano, les dio su palabra de que no quedarian huellas de la rotura. 'Esto, entre los esquiadores, es de lo mas corriente'. Las fechas exactas de la recuperacion no se podian precisar. Dependian de la 'calidad' de los huesos de Carmen Elgazu y de su fuerza de voluntad. 'Si, ya se, esto ultimo esta garantizado'.
Carmen Elgazu no se hacia a la idea. Tanto tiempo inmovilizada, sin poder andar, sin poder salir de casa! Todo se arreglo de la mejor manera. Pilar y Ana Maria acudirian por turnos a echarle una mano. Tambien Matias, que servia para algo mas que para pescar. Quedo demostrado que la mujer tenia muchos incondicionales en la vecindad. Fue un desfile de visitas. Los duenos de las tiendas de la Rambla se ofrecieron para llevarle la mercancia. 'Un telefonazo y ahi estamos'. Carmen Elgazu descubrio mas que nunca la importancia del telefono, el cual, mediante un suplemento, le llego a la cabecera de la cama. Telefoneaba a la familia -incluso a Bilbao- y a las amistades. Hubiera querido telefonear a santa Teresita del Nino Jesus, pero tuvo que contentarse con obligarle a Matias a hacer una novena y a ponerle un cirio en la iglesia del Mercadal.
Lo que mas le dolia era no poder acudir a misa y recibir la eucaristia. Lo primero tenia remedio: la radio. Fue tambien trasladada a su cuarto, que empezo a llenarse de cachivaches y todos los domingos, a las diez, mosen Alberto celebraba una misa a traves de la emisora Gerona para los enfermos y los impedidos. En cuanto a comulgar, el obispo era tajante. De no tratarse de un enfermo grave, los sacerdotes no tenian permiso para llevar la Sagrada Forma a los hogares. 'Menuda tonteria -comento Matias-. No entendere a la Santa Madre Iglesia aunque me maten'.
La radio y la lectura de vidas de santos llenaron mucho tiempo del que le sobraba a la mujer. Se aficiono mas que nunca a los seriales. Una palabra le bastaba para reconocer a los locutores. Eloy, en cuanto podia, se plantaba en la cama de Carmen Elgazu y la invitaba a jugar interminables partidas de parchis. A veces se formaba corro alrededor del lecho para jugar a las siete y media. Tantas fueron las demostraciones de afecto que recibio la esposa de Matias que este, al dar el parte medico en el cafe Nacional, anadia siempre: 'Lo unico que me carga son las flores. En seguida huelen. A Carmen no la marean; pero a mi, si'. Galindo replicaba: 'Nada, nada, Matias, que esta usted al dia. Mujer casada, pierna quebrada'.
El alud de mimos hizo que Ana Maria arrugara la nariz.
– A mi me parece -le dijo a Ignacio- que exagerais un poco. Lo que le ha ocurrido a tu madre, tal y como dijo Moncho, es de lo mas corriente… Si lo consideras necesario, nos trasladamos todos al piso de la Rambla y le hacemos compania.
Ana Maria acerto a hablar asi con el tono exacto, preciso, para que Ignacio, que visitaba dos veces al dia a su madre, no se enfadara. Por lo demas, era asunto archisabido. Ana Maria les recriminaba a todos que pusieran a Carmen Elgazu en un altar, antes incluso de que Cesar gozara del suyo. Era un amor desorbitado, una suerte de adoracion. Todavia no se habia roto el cordon umbilical. Ni siquiera Matias se salvaba de la quema. Al menor gesto de dolor de Carmen Elgazu hubiera llamado a Moncho. Este subia solo de vez en cuando. 'Hay que esperar'. La escayolizacion habia sido correcta y era preciso que pasara el tiempo.
Mosen Alberto no fallaba nunca, a media tarde, a la hora del chocolate. Carmen Elgazu se confesaba de falta de resignacion. 'Me rebelo, mosen Alberto, me rebelo… En vez de agradecer al senor que me permitiera bajar la escalera durante anos sin tropezar ni una sola vez'. Mosen Alberto se abstenia de hablarle de la corona de
