CAPITULO XXXVI

NADA HUBIERA PODIDO hacer desistir a Julio Garcia del programa que se habia trazado. Ni siquiera lo consiguieron sus 'hermanos', los masones de la logia Cavour, de Washington, quienes le advirtieron que ellos no podrian protegerle si, en el pais de Franco, las cosas se le torcian. Julio llevaba clavada en el pecho la espina del exilio, la anoranza, y confiaba en el color de su pasaporte.

A lo largo de la travesia Nueva York-Bilbao, a bordo del Covadonga -el mismo que tomara su esposa-, tuvo tiempo de meditar. El mar le importaba un bledo, de modo que no acostumbraba, como otros pasajeros, a acodarse en la barandilla para banarse de azul. Ademas, en este caso el azul le hubiera recordado las camisas de Falange y ello no seria de agradecer. En el comedor y en el bar hizo algunas amistades, pero a lo que mayormente se dedico fue a pensar en si mismo. Dio un lento repaso a su vida, desde su gris infancia en Madrid, donde conocio a Matias Alvear, hasta su prepotencia actual. Se lo habia ganado a pulso. Simple policia, habia llegado a comisario y a traves de las distintas Logias consiguio amasar la gran fortuna de que ahora disfrutaba. Fue durante la guerra civil espanola, en sus viajes al extranjero comprando armas francesas, inglesas, belgas, rusas! La mayoria de vendedores, judios. No importaba la calidad del material. El cobraba una comision y el resto se lo encontrarian los milicianos en el frente de batalla. Se rio pensando en una frase que le solto en Paris a Amparo: 'Tengo tanto dinero que un dia de estos voy a comprarte un abrigo de pieles de algun animal raro…'

Los exiliados le querian. Habia ayudado a muchos. A los arquitectos Ribas y Massana; a don Carlos Ayestaran, tio de Moncho; a Antonio Casal, siempre muerto de miedo; a David y Olga, cuyo negocio editorial era prospero y de cuyas ganancias el percibia un suculento porcentaje. En Paris se instalo en un confortable piso de la avenida Foch, en el que organizaba cenas con la elite y por el que se paseaba con un batin de seda. Cuando la ocupacion alemana se traslado a Londres, de donde huyo hacia Washington por temor a los bombardeos. Su mujer, Amparo, siempre a su lado. En Paris, aprendiendo a decir bon jour y mudame; en Washington, aprendiendo a decir ockey.

No tenia miedo, pese a que Matias, en su ultima carta, le decia que 'esperara un poco mas'. Ademas del pasaporte tenia en la mano varios triunfos: el salvo a Marta al comienzo de la guerra civil, llevandola en el propio coche de la jefatura de policia hasta depositarla en casa del fotografo Ezequiel, y mas tarde habia salvado de una muerte segura a don Emilio Santos, padre de Mateo, sacandolo de la checa de San Elias. Marta y Mateo se acordarian de aquello… Seguro que si! Esas cosas no se olvidan. Los dos muchachos actuarian de 'Detente bala', que era el escudo con el que se protegian los requetes. Sabia que el Tribunal de Responsabilidades Politicas habia abierto expediente contra el, pero no se atreverian a tocarle un pelo a un ciudadano norteamericano.

Amparo le habia pintado un programa mas bien macabro de la Espana actual. Oligarquia. Unos cuantos arriba y el rebano abajo; con una zona intermedia -como los Alvear- que aceptaban la situacion como si fuera normal, o que no moverian un dedo para modificarla. Muchos retratos de Franco y de Jose Antonio? Que mas daba! El estaba cansado de ver los retratos de Roosevelt y de Truman. Fanatismo patriotico? Tambien existia en los Estados Unidos. El vivio el regreso de los combatientes al termino de la guerra mundial, cuando la rendicion del Japon. El numero de banderitas fue inconmensurable y mas que regresar de Europa y del Pacifico parecian regresar del planeta Marte. Y por encima de todo, confiaba en su 'corazonada'. Nunca le traiciono. Ni siquiera cuando en el ano 1933 gano Gil Robles las elecciones. Tenia un sexto sentido, un amuleto en forma de tatuaje que se llamaba Berta.

* * *

Llegado a Bilbao, siguio la misma trayectoria que dona Amparo. Llamada telefonica a Matias -con voz tremula-, y el tren hasta Barcelona. Matias le aconsejo -tambien con voz tremula- que en Barcelona alquilara un taxi que le depositara directamente en el piso de la Rambla. 'A tu mujer, en este ultimo trayecto, le dieron dos bocadillos que le sentaron fatal. Tu ensena un paquete de dolares y veras que te tratan como si fueras Clark Gable'.

Julio siguio las instrucciones. La estacion de Barcelona le parecio la antesala del infierno. Cafarnaum. Riadas humanas se cruzaban de un tren a otro y en los andenes mucha gente -muchos soldados- en el suelo, dormitando, con la mochila por almohada. Tuvo que ir a los urinarios y casi salio vomitando. Compro varias revistas y periodicos – La Vanguardia!- y salio fuera de la estacion. Una hilera de taxis con gasogeno que apestaban. Eligio un chofer de mediana edad y le dijo, entregandole el equipaje: 'A Gerona'. 'A Gerona?', le pregunto el taxista, asombrado. 'Si, a Gerona. Es que no figura en el mapa? Si mal no recuerdo la distancia es de cien kilometros'. 'De acuerdo. Pero aguarde un momento… Voy a decirle a un companero que avise a mi mujer'.

Poco despues enfilaron la carretera. El taxista llevaba a la derecha del volante una imagen de la Virgen de Montserrat, una chapa con la efigie de san Cristobal y un retrato de Franco. Tambien un ramillete de flores. El hombre, completamente calvo, andaria por los cincuenta. Hubiera resultado inutil pedirle mas velocidad. 'El gasogeno, sabe usted… Y ya ve como esta la carretera'.

Julio iba acordandose de los nombres de los pueblos. Badalona, Montgat… De repente, otra vez el mar. Le sorprendio que no hubiera controles, como en aquellos tiempos de la FAI. Controles de guardia civiles. En America no cesaban de despotricar contra la guardia civil y el poema que les dedico Garcia Lorca aparecia en todas las publicaciones literarias.

– De donde es usted, si puede saberse? -pregunto Julio.

– De Logrono.

– Que tal el negocio del taxi?

– Pse…

Julio se dio cuenta de que el hombre no le contestaria mas que con monosilabos. Por lo visto era algo completamente fuera de lo corriente una carrera de cien kilometros. Probo hablarle de la guerra… 'Donde estuvo usted?'. 'Por ahi, pegando saltos, como todo el mundo'. 'Yo vengo de America… Llevaba tiempo fuera de Espana'. 'Ya…'

Le ofrecio un cigarrillo americano.

– Oh, muchas gracias! -y el hombre lo tomo y lo encendio con fruicion.

Julio encendio uno a su vez, con su boquilla de oro, que provenia de su estancia en la avenida Foch. Se ladeo un poco mas el sombrero, como siempre y desplego La Vanguardia. Por todos los santos, por todas las logias del mundo! Marzo, 30. Pasado manana, gran desfile de la Victoria, A eso se le llamaba hilar delgado. Pasado manana, 1 de abril, septimo aniversario de aquel 1 de abril de 1939, en que Franco firmo el historico parte: la guerra ha terminado. Julio noto que se le revolvian las tripas. Franco aparecia vestido de Generalisimo y medio periodico era hagiografico. Que lenguaje! Seis, siete, ocho articulos laudatorios, desde todos los angulos, destacando el del director, Luis de Galinsoga, quien proclamaba a Franco 'El eco de Dios'. Julio empezo por sonreir. Luego solto una carcajada. 'Ja, ja!'. El taxista le miro por el espejo retrovisor, pero no solto una silaba. Y Julio, sin animo para seguir leyendo, de repente se sintio un poco cansado y se adormecio.

* * *

Gerona!

– Donde le dejo?

– Hotel Peninsular…

– Conoce usted el camino?

– Cuando yo le avise, tuerce a la derecha…

Julio hubiera deseado prolongar aquel instante. Le faltaban ojos para mirar. Reconocia los comercios, los edificios. Amparo le habia advertido: 'El hotel Peninsular esta en la calle Jose Antonio Primo de Rivera, antes calle Francisco Ascaso'. Alli se hospedaba tambien el consul norteamericano, mister John Stern. Llegaron frente al hotel, un mozo salio por el equipaje y Julio arreglo cuentas con el taxista, anadiendo una propina que le hizo temblar.

El recepcionista le reconocio. Era evidente que le reconocio. Y al ver el pasaporte norteamericano expreso su asombro. Tampoco hizo el menor comentario y Julio relleno la ficha. Inmediatamente despues subio a su

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