* * *

Subieron al piso de la Rambla. Eloy estaba contentisimo con la pelota de rugby que trajo Julio.

– Se la he ensenado al mister y le ha gustado mucho.

– Quien es el mister?

– El entrenador del Gerona Club de Futbol.

– Ah, claro!

Matias intervino.

– Eloy juega de delantero centro. Es una promesa.

– Una promesa? Pues a ver si la cumples, majo.

La caminata habia sido de aupa y Carmen Elgazu les invito a que descansaran.

– Una taza de chocolate? Es de estraperlo…

– No, gracias. Carmen. Acabamos de tomar cafe ahi enfrente, en el Nacional.

Ni una palabra sobre los chascos recibidos. Matias no queria que Carmen Elgazu se enterara. Y para evitar que Julio se pusiera de malhumor se acerco al telefono y empezo a marcar numeros para concretar citas. El resultado fue estimulante. Estaba invitado a comer o cenar en casa de Ignacio y Ana Maria. En casa de Alfonso Reyes y su hijo, Felix, el de los pies planos. En casa de la Torre de Babel y Paz. Manolo y Esther, que vivian en el piso que antano ocuparan Julio y dona Amparo, no podian concretar fecha. 'Esto, de entrada. Luego ya veremos. Pilar vendra aqui con el nino, para que le conozcas. Ya sabes que se llama Cesar. Lo que no sabes es que crece tanto que si sigue asi pronto hara el servicio militar'.

Julio suspiro. No estaba acostumbrado a ser rechazado. Al contrario. Lo mismo en Paris, que en Londres, que en Washington, se disputaban su compania. Y he ahi que en Gerona cualquier mequetrefe se atrevia a darle la espalda.

En aquel momento se oyo en la cocina un plaf! estruendoso. Eloy fue el primero en llegar y grito: 'Tio Matias!'. Este y Julio acudieron en seguida y encontraron a Carmen Elgazu tendida en el suelo. No habia perdido el sentido, pero estaba palida, tenia un sudor frio y balbuceo:

– Azucar, por favor… Y un poco de chocolate.

Coma diabetico. Moncho se lo habia advertido a ella y a Matias. La diabetes daba estas sorpresas. De pronto se producia un bajon de azucar y el enfermo sentia sudores de muerte, una gran fatiga, mareo y un hambre atroz. Matias actuo con la rapidez del rayo. Trasladaron a Carmen Elgazu a la cama y en seguida le dieron a beber un vaso de azucar mezclado con agua y una buena porcion de chocolate. Entretanto, llamaron a Moncho. Cuando este llego, al cabo de un cuarto de hora, Carmen Elgazu ya se habia recuperado. Incluso se habia incorporado y estaba sentada en el balancin del comedor.

Moncho le tomo el pulso, la tension, le miro el fondo de los ojos y diagnostico: 'La crisis ha pasado'. No obstante, ello les serviria de aviso. Carmen Elgazu debia llevar siempre consigo azucar. A lo mejor el coma no le repetia, a lo mejor si. Ello era imprevisible.

– Supongo que ha guardado la dieta necesaria…

– Como! Ni mirarme los pasteles. Y todo sin azucar. Ya estoy acostumbrada.

Moncho fue presentado a Julio Garcia. Ignacio le habia hablado mucho de el.

– Lamento conocerle en estas circunstancias.

– Ya tendremos ocasion.

Eloy lloriqueaba en un rincon. El hubiera deseado que 'tia Carmen' se quedara en la cama. Le parecio imprudente, casi temerario, que se fuera al balancin.

Moncho se marcho, ante el desespero de Eloy.

– Eloy, hijo, ya todo ha pasado. No lo ves? -y Carmen Elgazu se puso en pie.

– Si, pero yo preferiria que Moncho estuviera en casa.

Matias le acaricio la cabeza.

– Anda, tranquilizate… Y luego desafias a don Julio a un partido de futbolin…

La conversacion se generalizo en torno al tema de las enfermedades. Matias tenia reuma y era hipertenso. Debia cuidarse. El ultimo invierno, con la humedad de Gerona, lo paso fatal. Carmen Elgazu, desde que le diagnosticaron la diabetes sufria trastornos visuales, pero no habia perdido un apice de su energia habitual. Daba gloria verla planchar y limpiar los cristales. Julio solo habia tenido, en Londres, un amago de angina de pecho, 'lo mismo que el ilustrisimo senor obispo'. Pero se habia recuperado por completo. Amparo, una salud insultante, con solo periodicos sofocos debidos a la edad.

– Y Pilar?

– Excepto el accidente del parto, perfecta.

– Ignacio?

– No lo viste? Hecho un atleta. Moncho lo vigila y le obliga a hacer excursiones y a esquiar.

– Mateo?

– La lesion de la cadera, nada mas… -Matias anadio-: Se empeno en ir a Rusia y se trajo como recuerdo un icono y una bala.

Hablaron de Rusia y de los Estados Unidos. Posiblemente fueran las dos potencias que habian ganado de verdad la guerra. 'Aunque los Estados Unidos llevan la delantera. Su dios es el dolar y parece ser que es un dios que protege a quienes creen en el y le son fieles'.

La velada termino con el partido de futbolin de Eloy y Julio. Eloy le demostro que era algo mas que una promesa. 'Quiero llegar a ser internacional, como Pachin'.

Al llegar por la noche al hotel Julio Garcia se encontro con el anonimo: 'Distinguido senor cabron. Si no desapareces antes de una semana te levantaremos la tapa de los sesos. Recuerdos a tus hermanos de la logia Ovidio'.

Subio a su habitacion. Intento sonreir, pero no pudo. Encendio unicamente la lampara de la cabecera de la cama, se sento en la butaca y nuevamente se puso a meditar. Procedio por eliminacion. Mister John Stern le habia dicho: 'Desde el punto de vista oficial no tiene usted nada que temer. Ni le llamaran para declarar, ni le encerraran en la carcel, ni tomaran decision alguna contra usted'. Pero, claro, mister John Stern no conocia lo bastante el temperamento espanol y conocia mucho menos la actuacion que el, Julio Garcia, tuvo a lo largo de la preguerra y al comienzo de la guerra. Tampoco, como buen americano, le daba importancia al hecho de ser mason. A decir verdad, a Julio le hubiera extranado que sus 'adversarios', los fanaticos del Regimen, no dieran fe de vida. El propio Matias le habia contado la paliza que recibio el librero Jaime y mil detalles de la represion. Seguro que el anonimo procedia de la Falange. Pero los maximos responsables de la Falange eran el gobernador, Mateo y Marta. El gobernador no querria de ningun modo enfrentarse con el consul y dedicarse a enviar papelitos. Y Mateo y Marta quedaban descartados, a menos que el no entendiera ni jota acerca del corazon humano.

Podrian haber sido unos bromistas? Tal vez. Al pueblo espanol le gustaban las bromas macabras. Se habia informado sobre Jorge de Batlle, al que los milicianos habian fusilado los padres y siete hermanos: llevaba una vida tranquila, cuidando de su mujer, la maestra Asuncion y de sus propiedades. Alfonso y Santiago Estrada, a quienes habian fusilado el padre, vivian apartados de la politica. Quedaban los falangistas, los ex divisionarios, que podian haber obrado por su cuenta, sin el consentimiento de Mateo. Resumiendo, el anonimo tal vez fuera demasiado fuerte para responder a una realidad. 'Te levantaremos la tapa de los sesos'. Eso no podia hacerse en la Rambla ni a plena luz. Por lo tanto, debia abstenerse de excursiones nocturnas y de salir solo. A su lado, siempre Matias o Ignacio. O Alfonso Reyes. O la Torre de Babel…

Julio Garcia tuvo miedo. El ataque podia producirse por sorpresa en el propio hotel Peninsular, como ocurriera aquella vez con el doctor Relken, al que los falangistas -quien sabe si Mateo tomaria parte en ello- entraron brutalmente en su habitacion y le dieron a beber aceite de ricino y le pelaron al rape. Dejando dos colillas en el cenicero, llamo por telefono a mister John Stern y pidio permiso para verle con urgencia. 'Si no le importa, venga usted a mi habitacion'. Mister John Stern, que se hospedaba en el mismo piso, al cabo de unos minutos llamaba a la puerta y se presentaba ante Julio en pijama y con un esplendido batin que le cubria.

La conversacion fue breve y no aporto ninguna novedad. Oficialmente, nada que temer. Ahora bien, el conocia a los falangistas y los sabia capaces de todo. Especialmente los ex divisionarios, acostumbrados a ver la muerte de cerca en Rusia, no le daban importancia a la vida, ni a la propia ni a la de los demas. Contra ellos, en tanto que consul, nada podia hacer para protegerle. 'Hable con el gobernador. Sabe que estoy a su lado. Les habra

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