Amanecer, habia dado publica cuenta de su gestion. Advirtiendo que el doctor Gregorio Lascasas estaba tambien cansado -estaba tan poco acostumbrado a que le llevaran la contraria!-, cambio de tercio y le puso al corriente de esa obra en que se habia empenado.

– Adelante, adelante… -le animo el obispo-. Mas arte romanico, y menos frases de Castelar.

* * *

El doctor Andujar continuaba ejerciendo de psiquiatra en el manicomio y en la consulta particular. En esta obtenia exitos, pero que no tenian repercusion en la calle. Exitos anonimos. A el le daba igual. Lo que pretendia era ser eficaz. Amaba mucho a los locos, a los que trataba con gran carino y de los que decia que a menudo daban ejemplo y soltaban verdades como punos, especialmente los esquizofrenicos. 'La esquizofrenia es, en lenguaje profano, la rotura de la personalidad. Eso se da frecuentemente despues de las guerras o de una etapa de infortunio'. Sin saber exactamente por que, asociaba esta palabra con el 'amor' de su hija, Ricardo Montero. Ultimamente se habia enterado de que vieron al ex alferez dando tumbos por la noche, en compania del capitan Sanchez Bravo, despues de haber bebido mas de la cuenta. Decidio, como al comienzo, esperar y no alertar a su hija, Gracia Andujar. El gigante se caeria por si solo. Gigante de los pies de barro? 'Seamos mas precisos. Un hombre tarado, que un padre no puede desear para una hija inexperta como los angeles'.

El doctor Andujar, sabedor de que en aquella guerra 'de los cinco continentes' se estaba decidiendo el porvenir del mundo, desde un principio se propuso analizar, dentro de lo posible, la personalidad de Hitler. 'Me interesan sus habitos, su patologia. A traves de esos datos tal vez pueda aventurarse lo que va a ocurrir, las decisiones que el Fuhrer tomara'.

No le iba a resultar facil recoger informacion. Contaba con Eva, la mujer de Moncho, con las revistas alemanas, con los discursos de Goebbels, con Mi lucha y diversos libros que se habian traido los fugitivos de Alemania, algunos de los cuales habian recaido en su consulta, otros, en la clinica del doctor Chaos. Se entero de que Hitler era un maniaco de la limpieza, que cambiaba de camisa cuatro veces al dia. Como calzado, no queria mas que unos botines flexibles o unas botas con canas blancas. Raramente, zapatos, que siempre tenian que ser de color negro. No llevaba cinturon, ni chaleco, pero utilizaba tirantes. Le gustaba llevar la cabeza descubierta, con un coqueto mechon sobre la frente. Cuando las circunstancias le obligaban a llevar sombrero o quepis, lo inclinaba ligeramente sobre la oreja derecha con la visera tapandole los ojos.

Hitler no llevaba joyas, ni anillos, ni reloj de pulsera. Guardaba un viejo reloj de oro, sin cadena, en el bolsillo de su chaqueta, pero siempre olvidaba darle cuerda. Habia dicho que 'piedad, bondad y clemencia' eran cualidades de esclavos. Afable en sociedad. Amigo de los artistas, los ninos y los animales. Galante con las damas. Hitler era el compendio de una crueldad implacable y una maldad viciosa. Su ciclopea voluntad parecia poseer el increible poder de paralizar los espiritus. En 1938 Churchill se atrevio a decir: 'Si Inglaterra tuviera que defenderse de la anarquia, yo rogaria a Dios que le mandara un hombre del valor de Hitler'.

En el curso de sus arengas se deshidrataba hasta el extremo de perder varios kilos de peso. Esta perdida la compensaba con la absorcion del contenido de botellas de agua colocadas al alcance de su mano. Lo primero que tomaba al despertar era una infusion de valeriana, detalle que Moncho hubiera aprobado. Habia llegado a fumar cuarenta cigarrillos diarios, pero lo dejo. Tampoco bebia alcohol. Nunca llevaba dinero encima. Se lo prestaba Goering. Su modestia contrastaba con la suntuosidad de los edificios que planeaba, junto con su arquitecto Speer, al que, por cierto, el hijo del gobernador, Angel, detestaba. Jamas consintio en desnudarse, ni parcialmente, ante testigos. Jamas se dejo radiografiar el pecho, porque hubiera tenido que mostrar el torso desnudo ante los doctores. Lloraba a veces, por ejemplo, cuando se le moria un canario o escuchando a Wagner. En su visita a Paris, despues de la ocupacion de la capital, al encontrarse ante la tumba de Napoleon dijo: 'Este es el momento mas grande de mi vida'.

El doctor Andujar necesitaba saber muchas mas cosas, pero por el momento le resultaba imposible. Hitler creia en los astrologos? Era ello cierto? Las noticias al respecto eran contradictorias. El doctor Andujar guardaba los apuntes en una carpeta de color verde. Por otra parte, tampoco le sobraba el tiempo. Aquellos ochocientos internos en el manicomio! El camarada Montaraz le repetia una y otra vez: 'Dejelo de mi cuenta. Estoy llamando a muchas puertas, y alguna se abrira'. Por lo demas, los enfermos mentales aumentaban en Gerona, y segun sus colegas lo mismo ocurria en toda Espana, especialmente en Cataluna, el Pais Vasco y Galicia. Esto ultimo no le sorprendio, puesto que habia ejercido durante siete anos en Santiago de Compostela.

Pero Cataluna, el Pais Vasco! Chaos le decia: 'Cuanto mayor nivel de vida, mayor complejidad. Eso de que hay mas suicidios en los pueblos, en el campo, es una monserga'. El doctor Andujar continuaba con sus charlas radiofonicas, 'Pildoras para pensar', que se habian hecho muy populares. Los miercoles y los sabados visitaba gratis. Total, apenas si le quedaba un minuto para atender a su esposa, Elisa, mujer que Maria Fernanda, la esposa del camarada Montaraz, habia calificado de 'muy primitiva'.

El doctor tenia ya dos hijos estudiando en Barcelona. Le costaban un rinon. Uno, Carlos, queria ser medico, como el. Era el mayor de los varones. Por lo visto le habia impresionado mucho la primera autopsia que contemplo. Ciertas ideas fijas se le vinieron abajo. Carlos era elegante, veinte anos y estaba en el segundo curso. Le interesaban sobre todo las enfermedades cardiacas. Estudiaba el corazon. El otro, Juan, queria ser ingeniero naval. Los hijos restantes eran todavia muy pequenos y entre todos hubieran podido formar una orquesta de camara.

Continuaba su amistad con Chaos, aunque jamas hablaban del problema de este, quien seguia igual, a la busqueda de los efebos y los ninos. Chaos no lo podia remediar: tenia la espina clavada de Solita, a quien tanto habia hecho sufrir. En el fondo hubiera deseado que se quedara en Rusia, muerta. Cuando se cruzaba con su padre, Oscar Pinel, simulaba que se abrochaba un zapato o doblaba con rapidez la primera esquina.

La clinica Chaos funcionaba de maravilla. Recibia una subvencion por tratar a los extranjeros que huian de los alemanes y necesitaban de cuidados medicos. El doctor Chaos chapurreaba el aleman, pues al terminar la carrera se paso una temporada en un hospital de Stuttgart, aparte de que durante la guerra civil, en la zona nacional, habia operado a varios heridos de la Legion Condor.

Su agnosticismo iba en aumento, asi como sus simpatias por los Estados totalitarios, que a su entender dominarian el mundo. Repetia pe a pa los argumentos que esgrimio durante aquel viaje a Barcelona a esperar al conde Ciano. Las democracias solian estar regidas por gente mayor y los totalitarismos representaban a la juventud. Estaba a favor de la eutanasia pasiva -y en algunos casos, activa- y de una rotunda seleccion racial. Un pigmeo seria siempre un pigmeo, y era como una trampa que tendia la naturaleza. Creia en la tecnica, en la ciencia, en la especializacion y en el trabajo en equipo. 'La vida es materia y es a la materia a la que hay que arrancarle sus secretos. Todo lo demas es brujeria, folletin y esclavitud'.

Moncho era, en efecto, su analista. El doctor Chaos se habia encarinado con el y con Eva. 'Hiciste bien quedandote en Espana -le dijo a la muchacha-. Te has salvado. Aqui nadie te tocara un pelo'.

Continuaba pensando que en los conventos de monjas -y tambien en los palacios episcopales- habia muchas enfermas, neuroticas, que necesitarian de la ayuda del doctor Andujar. Una hermana de Solita, hija de Osear Pinel, era monja de clausura, teresiana, en Avila, y se decia de ella que se pasaba las horas acariciando las llagas de Cristo.

Se hacia lenguas de lo que aprenderian los medicos alemanes gracias a la guerra. 'No hay mejor centro de investigacion que la guerra'. Murio su perro, Goering, y lo enterro en el jardin de su casa, con una lapida que decia 'Goering', y nada mas. Andujar le pregunto, al verlo deshecho, por que le habia puesto el nombre de Goering, siendo asi que este era un indeseable que en una ocasion habia dicho: 'Cuando oigo la palabra cultura saco el revolver'. El doctor Chaos contesto: 'Le puse Goering porque considere que mi perro era un perro vencedor'. Y el doctor Chaos hizo crac-crac con los dedos.

El anestesista de Chaos era el experto Carreras, que atendio a Carmen Elgazu cuando la operacion. Carreras se habia casado con una valenciana, Isabel, que era afinadora de pianos. 'Tu anestesias a los pacientes, yo anestesio a las teclas que suenan mal'. Isabel refino a Joaquin Carreras y le hizo entrar un poco en la buena sociedad. Carreras era un hombre acostumbrado al silencio. Le gustaba el silencio y cuando en el quirofano se hablaba se ponia nervioso; en cambio, Isabel se pirraba por las fallas y por los petardos y los fuegos artificiales. Por cierto que, segun ella contaba, los temas falleros demostraban la capacidad imaginativa e ironica del mundo levantino. Lo mismo podia ser caricaturas de los figurones de la democracia que de los falsos dioses o de los que cifraban su ideal en la acumulacion de dinero. A ella le gustaba, sobre todo, el museo de las fallas que ano tras ano, por decision del jurado, se salvaban de la quema. Por ejemplo, aquella en que se veia a Manolete

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