Ignacio, al enterarse de todo esto, pego un brinco de satisfaccion.

– Pero… Ana Maria! Te das cuenta de lo que esto significa? Vamos a quemar las etapas. Yo estoy ya situado, si te conformas con vivir sin demasiado boato. Podriamos casarnos en verano. Por ejemplo, el doce de agosto, dia de tu cumpleanos. Ah, pero antes tienes que recuperar esos kilos que has perdido y aquel brillo de tus ojos! Voy a llamar a Moncho para que te eche un vistazo.

Moncho y Eva, solicitos como siempre, recibieron a la pareja en su domicilio-laboratorio. Moncho, de entrada, y despues de una somera exploracion, descarto cualquier tipo de gravedad y asi lo dijo. Pero harian falta unos analisis. Tal vez faltaran globulos rojos o algun tipo de mineral. La estructura de Ana Maria era fuerte y habia sido bien alimentada. En la espera, a vivir confiados.

– Si quereis, aprovechad para ver algun bichito en el microscopio…

Ignacio casi aplaudio.

– Hala, si! Que conviene ver esas cosas!

Ana Maria nego con la cabeza. Estaba un poco mareada.

– En todo caso, cuando sepamos los resultados de los analisis…

Moncho no supo que decir. La llegada de Ana Maria habia alterado sus planes. Habia proyectado, como siempre, ir con Ignacio a esquiar, estaba vez a La Molina. Ana Maria no estaba en condiciones ni siquiera de subir a pie las escalinatas de la catedral. Bien! Renunciaria a todo ello y organizarian varias tertulias, en las que Moncho intentaria explicarle a Ana Maria por que el amaba tanto los vegetales, la vida inmovil -aunque tambien el correr del agua de los arroyos- y todas sus teorias sobre vivir hasta los setenta anos y luego morir de repente.

– Te acuerdas, Ignacio? La duda permanente es un error. Hay que elegir, y elegir cosas humildes: el trabajo, los amigos, la marca de tabaco… Aunque yo, como es de suponer, no he fumado en mi vida y ahora estoy leyendo a Rousseau.

Ana Maria quedo encantada con aquella pareja, que juzgo ideal, pues Eva no se quedo atras y tuvo una brillante intervencion en contra de las guerras e incluso en contra de los bichitos visibles al microscopio y que se comian unos a otros.

– Tu caso, Ana Maria, esta clarisimo. No tienes por que preocuparte. La psique influye mucho y por ese flanco a veces discuto con Moncho, quien acepta la tesis pero en la practica concede demasiada importancia a las leyes bioquimicas y fisicas…

Les acompanaron a la puerta. Quedaron en cenar juntos dos dias despues.

– Cenar temprano. Que a Ana Maria le conviene descanso…

* * *

Manolo y Esther recibieron con todos los honores a Ignacio y Ana Maria, lo mismo que a raiz de aquella visita fugaz de Semana Santa, cuando presenciaron desde el balcon el desfile procesionario. Ignacio recordaba que Manolo le habia dicho: 'Te has fijado? Esther y Ana Maria se entienden de maravilla. Son de la misma clase'.

En esta visita se confirmo el diagnostico. Manolo y Esther estaban enterados, por boca de Ignacio, del triunfo conseguido por Ana Maria con respecto a su padre. 'Lo importante es que haya cedido. Ahora vosotros teneis que ganaros a pulso la nueva situacion'. No hicieron en absoluto mencion de la palidez de Ana Maria, de la que tambien estaban enterados por Ignacio. Al oir que posiblemente el 12 de agosto se celebraria la boda, Manolo palmeo.

– Ya esta! En la ermita de los Angeles… Apenas si nadie se casa alli. Y la cuestion en la vida es ser un poco original, como me ocurre a mi con mi sombrero tiroles.

La conversacion fue larga y Ana Maria aguanto perfectamente la prueba. Hablaron de mil cosas e hicieron planes para cuando estuvieran casados y Ana Maria viviera tambien en Gerona. Hablaron de la guerra, que evidentemente estaba dando un vuelco a favor de los aliados -la maniobra en Africa habia sido magistral-, y de los datos que el doctor Andujar estaba recopilando sobre Hitler. Hablaron de Maria Fernanda, la esposa del gobernador, que era un tesoro y que a buen seguro haria buenas migas con Ana Maria, lo mismo que la condesa de Rubi. 'Al gobernador, en cambio -tercio Manolo-, no acabo de entenderle. A veces parece liberal y ocuparse de los problemas sociales, a veces te pega un porrazo de no te menees en nombre de Jose Antonio y del camarada Giron'. Hablaron de Angel, el hijo del gobernador, al que Manolo y Esther habian encargado los planos de un chalet en S'Agaro, con piscina y pista de tenis. 'Aunque a lo mejor cometo un pecado -dijo Esther-, me gustaria que, en lo posible, sobresaliera el color blanco, que es el de la arquitectura de mi tierra'. Hablaron de la reconciliacion de Mateo y Pilar. Esther estimo que no tendria nada de extrano que de nuevo la ciguena anduviera flotando sobre el piso de la plaza de la Estacion. Hablaron de la nueva revista musical que hacia furor en el Paralelo, en Barcelona: Los vieneses. Al parecer, constituia una revolucion, con fuentes luminosas, perfeccion del conjunto, la inimitable gracia de un showman llamado Franz Joham. Ana Maria les informo de que, en Barcelona, cuando se producia el cese de algun personaje politico, como habia ocurrido con Serrano Suner, la gente cantaba: 'Se va el caiman, se va el caiman…' Y que la cancion Besame mucho era prohibida una y otra vez, por sus insinuaciones pecaminosas. Ignacio intervino: 'He leido a un autor frances, un tal Sully, segun el cual la agricultura y la ganaderia son las dos ubres de Francia; podria decirse que la hipocresia y el miedo son las dos ubres del franquismo'. Etcetera.

Esther quedo con Ana Maria que jugarian al tenis y le pregunto si estaba aficionada al bridge. 'Me temo que no conozco siquiera las cartas francesas, excepto el as de corazones'. 'Pues tendras que aprender -insistio Esther-. Aqui organizamos campeonatos locales. Ultimamente, suelen ganar Chafo y la condesa de Rubi'. Ignacio protesto. Lo que le convendria a Ana Maria seria el deporte. La natacion, por supuesto y tambien excursiones. Y aprender a esquiar. 'Moncho se lo ha aconsejado y creo que tiene razon'.

Manolo tuvo buena cuenta de no advertir a Ana Maria que se aproximaba la fecha en que su 'bufete' tendria que enfrentarse con los abogados de su padre, Rosendo Sarro. Por lo visto este se habia metido en un buen lio, al vender en Sabadell y Tarrasa tejidos a precio legitimo, de escandallo, pero obligando al comprador a adquirir como si fueran Coyas o Grecos cuadros pintados por cualquier aficionado local. Un buen truco, que casi suscitaba admiracion.

Ana Maria, en un momento determinado, se reclino en el divan -la chimenea, ardiendo- como si se desperezara y dijo: 'Se esta bien aqui… Esto es confortable. Y estoy segura de que vuestro chalet en S'Agaro lo sera tambien'. Ignacio, al oir esto, arrugo el entrecejo. Ana Maria se dio cuenta y dandole una palmada prosiguio: 'Anda, no seas tonto, que yo, por ti seria capaz de vivir en la calle de la Barca e incluso en el palacio episcopal'.

* * *

La ultima pregunta que le formulo Ana Maria a Esther fue por que no tenian en casa un perro o un gato. 'Hacen mucha compania, no?'. 'Si, es verdad -accedio Esther-. Pero dan mucho la lata. Y te prometo que Jacinto y Clara se bastan y sobran para no dejarme respirar'.

Manolo se rio de las palabras de Esther.

– Ya lo habeis oido, muchachos… Los hijos producen asma. Asi que, tenedlo en cuenta…

La ultima visita de Ana Maria fue al piso de la Rambla. Ignacio decidio, ya era hora!, presentarla a sus padres. Por fortuna, el microscopio de Moncho les habia dado buenas noticias. Un poco de anemia y una cierta falta de cal en los huesos. 'Lo repito una vez mas. Ejercicio, mucho ejercicio! Y pasate por aqui, que Eva te dara unas pocimas de herboristeria que ella sabe preparar'. Por lo demas, Ana Maria no era la misma que cuando llego a Gerona. Por lo visto, la presencia de Ignacio y el afecto de sus amistades la habian mejorado sensiblemente.

Al entrar en el piso de la Rambla y ver el perchero con el sombrero de Matias colgado se quedo inmovil por unos instantes.

Cuanta modestia! Era posible? Si, lo era. Y en medio de esta modestia se habia criado Ignacio, habia terminado su carrera y habia aprendido lo que era la intimidad.

Carmen Elgazu y Matias se habian compuesto para recibir a la muchacha. Ana Maria no sabia si besarles o estrecharles la mano. Por fin les estrecho la mano, mientras Carmen Elgazu decia:

– Bien venida, hija…

Matias detestaba las situaciones equivocas.

– Anda, sentaos… Quereis una taza de cafe? Digo cafe, no digo malta.

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