en casa acunando al pequeno Cesar, que ya sabia indicar con los dedos que estaba a punto de cumplir los dos anos de edad.
CAPITULO XXIV
LA SUPERIORIDAD AEREA de los aliados era la causa de la seguridad en el triunfo final. Sin embargo, los bombardeos sobre Inglaterra continuaban siendo terribles. Las V-I, y sobre todo las V-II -a las que los ingleses llamaban robots, puesto que no necesitaban piloto- eran demoledoras. Su mayor ventaja era que distraian fuerzas aereas inglesas, las cuales perseguian el emplazamiento de las catapultas. Cincuenta mil toneladas de bombas habian sido lanzadas hasta el momento por los ingleses sobre este objetivo.
Los robots se oian cuatro o cinco minutos antes. La gente se habituo. Era preciso huir de los cristales, de las ventanas o tumbarse en el suelo. Los autobuses londinenses eran ratoneras. Y se habian evacuado, voluntariamente, ninos, ancianos y enfermos. No obstante, el pueblo ingles, fiel a su estoicismo y sentido patriotico, decia: 'Las bombas que caen sobre nosotros no caen sobre nuestros soldados'. Entretanto, en la batalla de Francia el avance proseguia incontenible. Se acercaban a las 400 000 las bajas ocasionadas al Eje desde el desembarco de Normandia. 'Esto no es una batalla -decian los generales-. Esto es una caza'.
Pero ocurrio que llego a Gerona una noticia inesperada: una V-II habia matado en Londres a la mujer de mister Edward Collins, el consul ingles. Mister Collins quedo hundido en su sillon del hotel del Centro. Recibio la visita del consul norteamericano, mister John Stern y de Manolo y Esther, con quienes habia entablado amistad. La escena fue emotiva, pues el hombre, de natural optimista, apenas si tenia fuerza para pronunciar una silaba. Por fin mister Edward Collins se marcho, aunque quedo claro que pasados unos dias se reintegraria a su destino. El ultimo en despedirle fue mister John Stern, quien estaba convencido de que, pese a todo, los recursos del Eje seguian siendo ingentes.
La labor de estos consules consistia principalmente en resolver los problemas que planteaban los refugiados aliados y observar tambien con detalle la acogida que las autoridades espanolas daban a los refugiados del Eje. Por ello se enteraron de que, de los ultimos 15 000 refugiados alemanes que habian cruzado la frontera, medio centenar estaban concentrados en la poblacion gerundense de Caldas de Malavella -en su famoso balneario, a 15 kilometros de la capital-, en espera de un posterior traslado.
El consul aleman, Paul Gunther, naturalmente se entero de la circunstancia y fue a verles. La espantada fue general. Los refugiados rehuyeron su presencia, porque le suponian miembro de la Gestapo y la mayoria de ellos habian huido por estar mas o menos implicados en alguna accion contra el nazismo e incluso en el atentado contra Hitler.
– Asi que, no puedo seros util en nada?
– Estamos en territorio espanol y a las ordenes de las autoridades espanolas…
En cambio, fue bien recibido Mateo. Mateo habia oido hablar del matrimonio que regentaba el balneario, senores Montagut, populares porque ella, desde el final de la guerra civil y en cumplimiento de una promesa, llevaba habito morado con un cordoncillo amarillo y porque el, por la misma causa, habia dejado de fumar y subia una vez al mes a Montserrat.
Los senores Montagut comentaron con Mateo que la 'clientela' que les habia tocado en suerte era un tanto dificil. Educados y cultos, cuando se emborrachaban -y lo hacian a menudo- perdian la compostura y transformaban sus fiestas en orgias. Todos habian llegado sin recursos, pero Caritas Espanola, de reciente fundacion, les habia prometido ayuda, con aportacion americana! Uno de ellos, Hans, que llevaba peluquin, poseia 'unicamente' un saxofon de oro. Era su unica prenda, su unico aval bancario. Una walkiria llamada Gely tenia como unico patrimonio su cuerpo, verdaderamente hermoso y vibrante. Otro jugaba muy bien al billar. Se pasaban el dia reclamando periodicos alemanes, jugando a las cartas y haciendo gimnasia. Cada cual, por supuesto, reaccionaba segun su temperamento. Un tal Munster, pequeno como un jockey, solo pedia poder dar a diario una vuelta en motocicleta.
Mas de la mitad de los refugiados quedaban fuera de juego por el problema idiomatico. Pero Hans, por ejemplo, el del saxofon de oro, que por las noches inauguraba el baile, habia estado en la Legion Condor, en la guerra de Espana y se desenvolvia muy bien hablando con Mateo. En un momento de sinceridad -y de borrachera- le 'confeso' a Mateo que habia sido de la Gestapo, pero que se decepciono. Y que 'estaba enterado de muchas cosas'. Por ejemplo, de que en territorio aleman y tambien en territorio polaco existian campos de exterminio, sobre todo para los judios, pero tambien para algunos catolicos y para prisioneros sospechosos. 'Le repito, amigo espanol -y Hans eructaba que daba gusto-, que en esos campos sobre todo hay judios y que su muerte es atroz'.
Mateo sonreia. Hans estaba borracho y decia tonterias. 'Hala, toque un poco el saxofon. Que le he oido a usted y es un consumado maestro'. Hans, espoleado, cogia el instrumento de oro macizo y desgranaba melodias de su tierra y ritmos de orquestas negroides. Mateo aplaudia, y tambien el resto de la concurrencia. Era el momento en que la vampiresa Gely se ponia en el centro del salon y movia la cintura como si se tratara de la danza del vientre.
Otro de los visitantes fue el capitan Sanchez Bravo, quien se enamoro de Gely como un loco. Empezo a regalarle bombones y mermelada y consiguio llevarsela a la cama. Gely, en los juegos del amor, era una salvaje. El capitan la llamaba tigresa y aunque ella no entendia la palabra se daba por satisfecha y le soltaba carinosos vocablos en aleman. El general Sanchez Bravo se entero de la nueva travesura de su hijo y de nuevo se enfrentaron, ante la desesperacion de dona Cecilia.
– Es que no tengo libertad ni siquiera para hacer el amor?
– Con una refugiada alemana, no. Podria traer complicaciones.
El capitan hizo caso omiso y continuo frecuentando el balneario, aunque vestido de paisano.
Mateo a veces coincidia con Paul Gunther, quien, pese al mal recibimiento, cumplia con su obligacion. Por mediacion del consul Mateo entro en contacto con un caballero elegante, al que no le faltaba ni siquiera el monoculo. Resulto que era curandero! Claro que los curanderos, bajo el mandato de Hitler, eran personas importantes, contrariamente a los medicos, que tenian fama de liberales. El caballero del monoculo se llamaba Heinrich Halder. Mateo, herido en lo mas hondo por el evidente viraje que Franco habia dado en politica internacional, les dijo a los dos que, a su entender, Franco estaba traicionando a Hitler. 'De momento, ha enviado un efusivo telegrama de felicitacion a Roosevelt por su reeleccion, y ahora, no se lo que va a ocurrir con ustedes. Lo mejor seria retenerles para canjearlos, lo que entra dentro de lo posible; pero tambien cabe que los retengan hasta que algun tribunal los reclame'.
Paul Gunther se movio inquieto en el sillon; Heinrich Halder se adapto el monoculo. El tenia otro concepto de Franco. No le veia capaz de una cosa asi. Mateo se toco con los dedos en pinza la nariz. 'Yo tampoco -comento-, pero estoy sobre ascuas'.
Otros de los visitantes que tenian los refugiados eran Leon Izquierdo, Pedro Ibanez y Evaristo Rojas. Cacerola, desde que se habia casado con Lourdes -efectivamente, la mujer estaba embarazada-, no queria meterse en lios, y tampoco Rogelio, que se estaba hinchando en la cafeteria Espana, hasta el punto de que habia contratado a un camarero del bar Montana que se llamaba Elias y coleccionaba llaveros. Leon Izquierdo fue solemnemente humillado por uno de los refugiados alemanes, que se llamaba Franz Stromberg. Le pego al billar una paliza de no te menees, pues logro doscientas carambolas de una sola tacada. Era casi un profesional. Leon Izquierdo, director de la Biblioteca Municipal, comento: 'A partir de hoy, me declaro aliadofilo'.
Pronto el misterio se cernio sobre el balneario de Caldas de Malavella. Empezaron a llegar, semanalmente, un par de motoristas de Barcelona con una lista de nombres. Los que figuraban en ella eran invitados por la guardia civil a montar en una furgoneta y seguirles. Hacia donde? No se sabia. De momento, Barcelona. El cantarada Montaraz intervino y sospecho que desde Barcelona y sin mayor protocolo los entregaban a los aliados. Intento protestar, pero el general Sanchez Bravo le corto las alas. 'Son ordenes superiores, que ademas dependen de la jurisdiccion militar'.
Un dia en la lista aparecio el nombre de Gely. El capitan Sanchez Bravo, al enterarse, se encalabrino. Que no le tocaran a su amante! ultimamente le llevaba un vino de Pinedo que se auto-anunciaba con el slogan: 'Arriba el animo!'. Gely, en el ultimo momento, le dirigio al capitan una mirada de ternura y le regalo una sortija que llevaba, con la cruz gamada. El capitan no sabia que una tigresa pudiera ser tierna y tampoco sabia que hacer con
