Del fondo llego su voz fingida, de tarde de titeres.
– Fu, fu, fu, fu, mucha calma. El secreto esta en el alma.
Resono aquella estrofa por la estancia irregular; y detras del biombo surgio una risa joven. Era la risa de Elsa. Bruno y yo la escuchamos inmoviles.
– Se pondra buena enseguida -dije-. Dale un beso de mi parte cuando le vuelva la memoria. Me bajo.
– Adios, nino cubico.
Me habia acompanado hasta el arranque de la escalera y le mire con sorpresa.
– ?Por que me llamas asi?
– Porque te pareces al nino de un cuento que invento mi hijo. Hace ya mucho tiempo.
– ?Y cubico que quiere decir?
– Raro, diferente. Que sale por donde no te esperas. En el dibujo estaba hecho de cubos de colores. Es un nombre inventado.
– Ah, bueno.
No le pregunte mas. Le di las gracias y le bese las manos. Cuando ya estaba bajando por las escaleras, le oi decir:
– De todas maneras, Baltasar, para llegar al milagro tienes que haber pasado mucho tiempo no entendiendo nada.
Aquella fue nuestra despedida.
XIII. LAS MUTACIONES
El profesor de ciencias se llamaba don Marcelino, era flaco y siempre estaba triste. Segun el, todo lo que pasa y no se ve es cosa de las celulas. Eran un ejercito oculto y sigiloso. Me aprendi la definicion del libro sin acabar de creerme nada de lo que decia, como cuando recitas en el credo «que fue concebido por obra y gracia del Espiritu Santo». Por lo menos, en el libro de ciencias venia dibujo. «Elemento primordial de los seres vivos, hay que verlo al microscopio, consiste en una masa llamada protoplasma envuelta por una membrana; dentro se encierra el nucleo.» Yo dibujaba muchas celulas en el cuaderno, con cuidado, pero tambien con algo de aprension, el nucleo verde en forma de suela de zapato y el protoplasma azul mar con rayitas mas oscuras imitando aranazos, mas grandes, mas chicas, lisas, jorobadas, ya era una mania lo mio de pintar celulas. Me alucinaba que fueran tantas y pensar que me estaban corriendo por dentro como bichitos. Cambiaban de tamano, se estiraban, se reproducian, y las sobrantes sin hacer ruido ni que nadie las enterrara morian en algun escondite de las tripas, de la cabeza o de la sangre, mientras yo las dibujaba o me bebia una coca-cola. «Tienen la culpa de todo», aseguraba cenudo don Marcelino, «absolutamente de todo.» Un chico le pregunto: «?De lo bueno tambien?» «Hijo mio, si es que bueno no hay nada.» Luego de repente se puso enfermo y dejo de venir. Seguramente por culpa de las celulas. El director dijo que desmoralizaba a los alumnos. Yo me acuerdo muchas veces de don Marcelino.
La vuelta de mis hermanos y la marcha de los de arriba -que fue a los pocos dias- coincidieron casualmente con la ausencia de este profesor. Y poco despues me di cuenta de que a mi por dentro me habia pasado algo anormal: mi familia dejo de despertarme aquella curiosidad que me traia siempre en vilo, note que los miraba como desde lejos y hasta que me aburrian un poco. Seguro que era algun proceso de mutacion celular que se me vendria iniciando. Pero no lo tome como enfermedad, simplemente estaba huyendo a respirar otro aire.
Por casa corrian calambres encontrados. Unos de negocio. Otros de pesadumbre y mal aguero.
Los primeros tenian que ver con el piso de arriba y las dudas sobre su destino. Mi madre, tan decidida para hacer lo que le da la gana o para olvidar lo que le aburre, estaba obsesionada por aquel asunto, y empezo a pedirle consejo a papa, que ahora venia mas por casa: «Echame una mano, Damian, ?a ti que te parece? Algo habra que hacer. Se lo van a comer los ratones. Yo no soy capaz de meterme con eso, es un martirio, se me aparece por las noches.» «?Pero se te aparece que?» «Todo, todo, la geografia y la historia, es que vacio pesa mas que lleno, no soy capaz de subir, ya te digo, pero lo tengo encima.» Y papa, con bastante paciencia y un poco desconfiado al principio -que yo eso lo comprendo, por la manera de ser de ella-, aventuraba consejos de como convenia pintarlo y alquilarlo para hacer una buena inversion. Hasta que llego un momento en que era casi imposible pillarlos hablando de otra cosa. Ella, en vez de protestar, como de costumbre, buscaba papeles por los cajones y se los ensenaba, discutian amistosamente, el sacaba una agenda electronica (que entonces eran novedad), barajaban nombres de arquitectos. Aquello los unia, no cabe duda, y llego a provocar besos y abrazos. Pero era un tema aburridisimo, salpicado ademas de alusiones al futuro en Madrid, que unas veces parecia inminente y otras un nubarron que se aleja. «Para evitarte quebraderos de cabeza», decia papa, «las obras podrian empezarse cuando ya nos traslademos a Madrid.» Y yo me veia incluido en aquel plural del que queria soltarme.
La otra corriente electrica la segregaba Lola, que habia vuelto de su viaje nerviosa y de humor atravesado. Se mordia las unas mas que nunca y a nadie le quiso contar que tal les habia ido en Italia. A saber si seria porque le dio pena venirse o porque trajera malos recuerdos. Yo me encogia de hombros. Mama un dia le pregunto que como era la hija de Gabriel y Lola respondio cortante: «Pues con ojos y boca, como todo el mundo.» Que ahi es cuando note yo que me habia desentendido de los parentescos de puro hartazgo. Porque ni siquiera me pregunte si seria algo mio o no esa nina de la que nunca habia oido hablar.
Pero la intranquilidad de Lola y su mal rollo se agarraban como lapas sobre los amores de Fuencisla, que no veia nada claros. Y tenia muchos remordimientos. Le conto a mama que era ella quien le aconsejo a Fuencis maquillarse, ponerse lentillas y algo de tacon, peinarse y vestirse de otra manera. Y total para que. Estaba segura de que Ramon, aunque se dejaba querer, andaba por ahi con otra chica mas joven. Con esa «habia llegado a todo». Y lo peor era que Fuencisla no queria oir ningun comentario acerca del asunto; estaba ciega. «Pues habra que abrirle los ojos», dijo mama. «Pero hacen falta pruebas.» «?Que pruebas? Basta con mirar. Ramon es un chulo, con sus camisas mejor planchadas que nunca. Se aprovecha de ella, te lo digo yo. De chacha en dos casas, y en aquella sin cobrar. A mi me indigna.» Discutian si ponerla sobre aviso o no, y nunca se atrevian a nada. «Se trata de su vida», intervino un dia Maximo. «?Por que no la dejais que se desengane sola o que llegue a vieja viviendo de ilusiones? Todos necesitamos de una ilusion, ?no?, yo nunca la he visto tan contenta. Se ha tenido el pelo de un color catastrofico, en eso estamos de acuerdo, pero si ella se ve guapa, pues fenomenal.» Y Lola daba detalles, decia que aquella situacion la traia sin sueno, que era como una bomba de relojeria.
Fuencis entonaba en la cocina, desafinando un poco, canciones de Maria Dolores Pradera, sobre todo una que dice: «Amaneci otra vez entre tus brazos», se habia vuelto adicta al tabaco rubio y cada vez estaba mas en Babia. ?Cuando se le habian quemado a Fuencis unas croquetas? A mi ese me parecia el dato mas alarmante.
O sea que la casa zurriburri andaba a la deriva y era incomodo pisar las baldosas. Por cualquier juntura podia salir una chispa electrica avisando desalojo. Y yo habia dicho ?basta!
No es que hubiera renido con nadie ni me cayeran gordos de repente. Era algo mas simple. Habia marcado mi territorio: de lo pintado para aca es lo mio, de lo pintado para alla es lo vuestro. Y todo sin hacer ningun esfuerzo ni poner malas caras, que por eso al principio nadie lo noto, enrollados como estaban cada cual en su desvario. Fue como borrar de la pizarra un problema de muchas cifras que le toca resolver a otro. Cuenta nueva, que alivio. No se imagina uno lo que esta necesitando algunos cambios hasta que se producen. Pero en la respiracion lo note, en que dormia mejor y en que se me abrio un apetito que no conocia dengues. Por ejemplo, un bocadillo de mortadela, que antes no lo podia soportar, me sabia a gloria entre clase y clase.
Intensifique mis estudios sobre las celulas y a ratos me tentaba la idea de ser medico. Pero el cambio mayor fue que me meti a jugar al futbol en plan bestia y me converti en una revelacion como portero. Yo mismo estaba pasmado de lo facil que era. Entretenia mucho, me ayudaba a no estar nervioso, deje de pasar frio y encima logre ser foco de atencion por algo que no tenia nada que ver con mi padre, mi abuela ni mis hermanos. Algo que tanto a don Claudio, el profesor de gramatica, como a la senorita Paquita les causo una mezcla de asombro e inquietud, como si yo me hubiera escapado de su mando a distancia. En cambio, entre los chicos de clase mi imagen de nino solitario, inofensivo y un poco repipi se desplazo hacia otros terrenos mas prestigiosos. Y yo aproveche para darle un corte a todo el que intentaba meterse conmigo.
Lo raro es que hasta entonces nunca habia aguantado un partido de futbol por la tele, ni coleccionaba cromos ni sabia quien era Zubizarreta. Cuando jugue de portero la primera vez, que tenia gripe el de siempre y me pusieron alli entre los dos montones de abrigos yo creo que para reirse, todos me miraron al final con ojos como