– ?Blanca dijo? Pues, don Mateo, hoy justamente anda algo indispuesta y no sale de su pieza.

– Bueno, entonces: ?vamos a ver a Lunder? -intervino Ruda, nervioso con tantos preambulos.

– Si… si… Vamos o se me hara muy tarde para seguir.

Lunder, recluido en su pieza, refrenaba a duras penas el deseo de enfrentarse con Sandoval. Con persistencia ejemplar maldecia en una interminable enumeracion las circunstancias de su forzado encierro. Oia afuera las voces amortiguadas por las fuertes paredes de barro. Sentia al viento envolver toda la casa. A traves de los vidrios empanados de la ventana acompanaba el avance del invierno, que traia ramalazos de nieve y punzadas de frio agudas como el contacto de cuchillos en el pecho desnudo. El dolor en la espalda, sordo, agazapado, tenaz, lo hacia temblar cada vez que intentaba un movimiento brusco. Despues de veinte anos de horizontes de leguas se veia reducido al ambito muelle de una habitacion… ?Suerte perra la suya!… Pero ya Ruda y Sandoval concretaban con su presencia la necesidad de saber. Procuro recostarse ahogando un gemido.

– ?Companero en que estado lo vengo a encontrar! -exclamo Sandoval.

– Hum… Ya lo ve…-murmuro Lunder. Siempre lo desconcertaba aquella envolvente duplicidad del administrador-. “Bueno -penso-, habra que esperar y no venderse…”

– Anda de viaje, a lo que parece.

– Exacto. Voy a Colonia Sarmiento a saludar a algunos amigos… arreglar ciertos negocios pendientes… En fin, cambiar un poco de ambiente… ?Ah!… Tambien a conocer a las autoridades. Porque ya tenemos nuestras autoridades propias ?lo sabia?

– Algo me dijo el misionero -contesto Lunder.

– Y de paso, don Guillermo, espero saber que ocurrio entre Pavlosky y ese indio refugiado en su casa.

Lunder miro a Ruda: “?Asi que por ahi anda el juego?” -penso-. Supongo que Pavlosky ya se lo habra contado ?no es cierto? -pregunto.

– Usted sabe como es esta gente. Nunca se les saca mas de lo que quieren decir. En resumidas cuentas, el indio lo ataco apenas lo vio.

– ?Y sabe por que? -interrumpio Ruda. La pregunta quedo sin contestar. Ruda continuo entonces: -Ese es el indio que fue atacado por ellos en la cordillera…

– Pero ese indio de porqueria, ?que se ha creido que es?…

– Un hombre despojado y peligrosamente ansioso por vengarse -dijo Lunder, mirandolo friamente.

– Otra vez estan ustedes defendiendo a esa gentuza. ?No tienen bastantes inconvenientes acaso?

– ?Cuales, por ejemplo? -quiso saber el dueno de casa. Ruda enarco las cejas, comprendiendo que el otro se delataba.

– ?Ja… ja… ja…! ?Con quien creen que tratan? Usted mismo se lo dijo a Pavlosky. Y a proposito ?se animan a probar que mi gente -o yo-, volteamos la tranquera de sus corrales?

Lunder no podia refrenar su indignacion. Con voz entrecortada y dura dijo lentamente.

– Vea yo no se si llegare o no a probarlo; pero nadie mas que su gente, entiendalo de una vez, lo ha hecho… me costo la vida de potros muy buenos y usted lo sabe tambien… -se detuvo sofocado mientras Sandoval lo miraba sonriendo aunque sus ojos tenian un brillo amenazante.

– …Usted quiere arruinarme, esa es la verdad, pero, ?cuidese! Al primero que se arrime a mi poblacion a danar algo mio lo deshago…

– ?Aunque sea un indio? ?Tan buenos ellos!… -se burlo Sandoval provocador. Se sabia alli mas seguro que en su propia casa.

– ?Basta de indios! -estallo furioso Lunder-. Ustedes siempre tienen al indio cerca para cargarle fechorias propias y ajenas…

– ?Termino? -dijo Sandoval. En ese instante alguien llamo desde afuera.

– ?Quien es? -pregunto Ruda.

– Soy yo -se oyo la voz del padre Bernardo.

– ?Adelante!

Sandoval, aprovechando la entrada del misionero, cambio de tono y prosiguio.

– Mire, don Guillermo, usted esta ofuscado. Sin mas prueba que su desconfianza me culpa a mi de esa mala jugada, pero en cambio acoge a un extrano, a un indio fugitivo de vaya a saber donde… Recapacite un poco… Entreguemelo y en la Colonia no tardara en confesar.

– ?Si llega! -rezongo Ruda.

– ?Confesar que? -pregunto Lunder.

– ?Que solo el es el culpable de lo sucedido!

– Usted es un…

– Soy un hombre de bien de quien usted, en cambio, esta acabando con la paciencia y la buena voluntad -lo atajo Sandoval- pero senores -prosiguio-, ?que les propongo? una union beneficiosa… entendimiento total…

– Si, y carta blanca para acabar con los paisanos…

– interrumpio don Pedro Ruda.

– Esas son fantasias… nada mas que fantasias. Los indios no seran mejores tratandolos con tanta blandura… Cuando venia, se estaban reuniendo para reclamar raciones. Llega el invierno, la necesidad los aprieta ?y que hacen?… nos piden, ?o nos roban! Pero con seguridad que en el Paso no van a conseguir mucho. Acaso usted piensa atenderlos… bueno… ?Y que con eso? seguiran luego a lo de Slapeliz, despues al valle Huemules, despues a la Germania, volveran luego aqui hasta arrasar con todo… Por ultima vez, don Guillermo, le ofrezco mi amistad. Pienselo antes de contestar. Voy a la Colonia; cuando vuelva ya no habra tiempo de arreglar nada; alli me esperan y recibire instrucciones que no puedo olvidar. ?Me va en ello la cabeza!

– Hijo -murmuro el padre Bernardo contristado-. Eso le prueba que usted tambien es un engranaje de la complicada maquina de intereses extranos al bien de estas tierras. ?Que garantia ofrecen entonces sus palabras? En cualquier momento pueden ser revocadas…

– La fuerza de mi brazo y de mi ambicion, que si Lunder quiere no conocera rivales…

– Sigo sin entenderlo… -dijo Lunder extranado.

– Quisiera explicarme mejor… pero… hay que ser prudente ?sabe?

– Si es por eso le dare el gusto -repitio Lunder-. Padre, don Rua, ?quieren dejarme solo un momento?

Sandoval no volvio a hablar hasta que se encontro solo con el dueno de casa, despues prosiguio:

– Pues mire; la situacion es la siguiente: yo necesito su alianza porque asi lo quiere la Compania. Desde la frontera hasta la costa tenemos estrategicamente ubicados nuestros puestos y pobladores. Si usted se nos une tiramos una linea que nos hara duenos de toda la zona y entonces tendremos un poder y una riqueza como no la sono ninguno de nosotros. ?No comprende todavia que mas tarde o mas temprano, la Compania se saldra con la suya? ?O usted cree que podra hacerle frente!…

– Si no puedo yo, lo hara la justicia. Esto no es un desierto, sino una nacion con sus leyes y su gobierno… usted no puede atropellarlas impunemente…

– ?Bah… bah! ?Gobierno… justicia! El gobierno tiene tantas posibilidades de enterarse siquiera, como el indio de salir librandose de mi ley… Ya ve. Usted se empena en salirme al paso y yo en cambio le ofrezco un negocio hecho y en marcha… y ademas…

– Ah… con que, ?hay todavia un “ademas”!

– Si, Lunder. Es el que para mi lo abarca todo y a todo sobrepasa en importancia. Yo soy joven, solo, libre y puede decirse casi rico. Pues bien, Lunder; todo lo que poseo, lo que valgo y represento, lo pongo a su disposicion, y mas aun mi nombre y mi poder, por ser el esposo de Blanca…

Lunder estaba estupefacto. Frente a el, aquel hombre, su enemigo, cobraba inusitadas dimensiones y lo envolvia en una nueva situacion inesperada. ?Que iba a responderle ahora? Casi sin reflexionar, las palabras salieron de su boca:

– ?Usted no sabe lo que dice, Sandoval! ?Yo no vendo a mi hija por ventajas mus o menos!… Sandoval respondio vivamente. -?Quiero a Blanca; la necesito!… -?Pero, de que pasta esta hecho que no comprende los sentimientos de un hombre honrado? -grito Lunder iracundo-. Usted es un vulgar aventurero…

– Basta, Lunder… ?no me insulte o tendra que arrepentirse -exclamo el administrador amenazadoramente.

– Atrevete, canalla; no te basta con exterminar a los indios, amparar criminales en tus campos, arruinar a los pobladores, dominar por el miedo o la necesidad a tus vecinos; no te basta con todo eso, sino que quieres todavia ser el esposo de una mujer honrada a la que no llegaras nunca a querer…

Вы читаете Conquista salvaje
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату