Pero Maria, que salia a llamar a los visitantes y a Blanca, se mordio los labios viendo a esta en compania de Llanlil y Roque. El reche parecia senalar algo en direccion al rio y su rostro bronceado se destacaba casi hermoso en los desvanecidos reflejos de la luz. Blanca toco apenas su brazo en la despedida y el la siguio con la mirada firme sin advertir le presencia de Maria.
– ?Vamos, nina! -dijo ella con voz enronquecida-.
Su mama esta esperando… ?vamos!
– Si -contesto Blanca, abrazandola suavemente por el talle.
Maria no pudo evitar que sus nervios mantuviesen la peligrosa tension, pero Blanca, ensimismada en su propia felicidad, nada intuyo. En silencio entraron en la sala-cocina. Un peoncito las siguio portando una carga de algarrobillo cortado para alimentar el alegre fuego de la estufa. La concurrencia del comerciante y sus hijos ponia una nota de fiesta en la comida habitual.
– Con permiso -dijo al rato Santiago entrando seguido de su padre y el hermano menor. Alrededor de la larga mesa se ubicaron ya el padre Bernardo y Frida, mientras Blanca animaba con su franca sonrisa a los muchachos timidamente torpes en aquel ambiente familiar. Santiago principalmente parecia deslumbrado por la figura encantadora y juvenil de Blanca, singularmente embellecida en la intima fraternidad del hogar. El muchacho tenia ademas suficiente imaginacion y ardimiento para realzar su propio juicio sobre ella. No todos los dias tenia la suerte de estar tan proximo a la belleza de sus suenos. Por eso rabiaba interiormente de sus ropas desalinadas y sus maneras torpes.
– Vaya… ?que es todo un banquete! -exclamo el comerciante al promediar la comida.
– ?Le parece? -replico Ruda a su paisano-. Pues todavia falta lo mejor… los soberbios pasteles de manzana que ofrece dona Frida cuando nos portamos bien, ?obra de arte de sus manos!
– No le hagan caso… -protesto ella-. Miente tan bien este hombre que lo van a creer.
– Es justicia, senora -corroboro muy serio el padre Bernardo. Santiago se atraganto sofocado mirando a Blanca que le preguntaba:
– ?Como esta Comodoro? Papa tiene muchos amigos alli.
El muchacho tardo en contestar. Se aturrullaba y los pensamientos resbalaban por su cerebro sin concretarse. Maria lo observaba divertida, escondiendo la risa.
– Este… pues bien, senorita. Esta llegando mucha gente con el asunto del petroleo… si… mucha gente. Cavan y cavan… aqui y alla, a veces no esperan y dejan todo sin terminar… es como si estuvieran algo locos.
El padre Bernardo, que lo escuchaba, pregunto:
– ?Es cierto eso?
– Pues si, senor -respondio por el su padre.
– Cuente, paisano… Aqui llegan tan pocas noticias -le pidio Ruda, y Santiago lo miro agradecido…
– Veran ustedes… Cuando yo llegue en 1903 a Punta Borja, a lo que es hoy Comodoro Rivadavia, acababan de abandonar la perforacion del primer pozo que se hacia en busca de agua. Bueno, los pobres
– ?Bendita casualidad! -exclamo Ruda.
– ?Casualidad? Puede ser. Pero el pueblo queria agua, no petroleo. De golpe Comodoro se conmovio como recorrido una fiebre de actividad. El 13 de diciembre se confirmo la existencia del petroleo. El gobierno envio tecnicos en la materia. Llegaron los primeros especialistas y como un reguero los que tenian plata, con o sin conocimientos, empezaron a pedir tierras y levantar torres. El dislate…la gente se olvido de su sed y el
La emocionada oracion de Frida, dicha en su castellano deliciosamente enrevesado, aleteo entre los comensales, dejandolos un instante en suspenso. Ruda se atuso el bigote, el padre Bernardo se recogio en si mismo conmovido. Santiago, confuso, escondio sus grandes manos y miro a su padre, que, el unico entre todos, mascaba tranquilamente.
– Digame, amigo -interrumpio el misionero-. ?Conocio usted al padre salesiano Dabrowsky?
– Claro que si… el bendijo el primer pozo de petroleo, que, justamente, lleva el numero 2 y lo bautizaron Chubut.
– El padre Dabrowsky anduvo por aqui el anteano catequizando a los tehuelches -aclaro entonces Blanca.
– Exacto, hija -dijo el padre Bernardo pensativo-. Ya ven -continuo- como la divina Providencia anuda en sus altos designios los hilos que nos mueven a nosotros, sus desamparadas criaturas. En la costa mas esteril, en la triste soledad que rechaza el calor humano, se asientan un dia unas pocas familias en busca de su destino y, en efecto, el destino les aguarda alli, pues bajo sus plantas, la sabia naturaleza ha acumulado enormes tesoros que su esfuerzo arrancara haciendo del paramo una ciudad del futuro… Pero digame aun otra cosa: ?sabe usted si esta todavia el capitan Ruiz Moreno?
El padre de Santiago asintio con la cabeza.
– Esta -afirmo despues-. Y con el tiene un piquete de tropas que bajaron de Trelew, creo.
– ?Ah!… -murmuro el misionero.
Ruda intervino entonces.
– Bueno, padre; si le parece vamos a ver al patron… ?Viene, capataz? -pregunto a Juan, que no habia dicho una palabra.
– Voy, pues.
– Usted tambien, don Manuel.
– ?Como no! -contesto el comerciante y los cuatro abandonaron la mesa.
– Hasta luego, senora… ya volvemos.
– ?Vayan, vayan!… ?Y ojala lo distraigan un rato!
No imaginaba Frida que ellos no podian ofrecerle distraccion alguna, pues muy serios eran los motivos de aquella conversacion.
Alrededor del enfermo se reunieron los hombres, intrigados todos por saber que plan habia ideado el padre. Este extrajo de su bolsillo un grueso pliego que alcanzo a Lunder, diciendole:
– Estimado don Guillermo; usted conoce de sobra como la situacion con Sandoval y el conflicto que los separa puede desembocar en una tragedia. Don Manuel trae alarmantes noticias del Paso y yo, amigo mio, temo por ustedes y por ellos y presiento amargos sucesos…
– Lo se, padre -interrumpio Lunder-. Pero, ?como voy a entregarles a Llanlil?… ?y aun eso no arreglaria nada!
– Si es por Llanlil -dijo el comerciante- puedo llevarlo conmigo a Comodoro.
– Llanlil no soportaria nunca ser arrancado de aqui… -explico el padre Bernardo.
– ?Ni yo puedo permitirlo! -exclamo Ruda-. ?Es todo un hombre!
– Todos lo sabemos -dijo Lunder-. Pero… ?se atrevera Sandoval hasta el crimen?
– Es muy posible… -continuo el religioso-. Esta obcecado y para evitar cualquier desgracia quiero exponerles mi pensamiento. En esta carta le pido al capitan Ruiz Moreno, un cumplido y valiente militar a quien conozco, que gestione ante sus superiores en Rawson, la autorizacion de presentarse en la zona con su gente. El, con su intervencion, pondra un freno a Sandoval y protegera a Llanlil. Junto con la carta, que explica lo ocurrido, debe
