– ?Y por que no te compras tu otra, Jovi?
– No, mi Bayard es recuerdo de familia.
En realidad era un trofeo de guerra, se la gano al mus a un legionario valon.
– Has hecho una buena compra -remato Mayorga-, tiene el tamano justo.
– ?Justo para que?
– Para sujetarla en la pantorrilla con un esparadrapo.
Justo para que no abulte mucho y sin embargo a media distancia tenga la precision y potencia necesaria para tumbar a un tio, quiere decir. Me sentia fuerte, seguro, decidido, mire mi reflejo en el vaso, y hasta guapo, ?por que no? La meti en el bolsillo trasero abotonandolo con mimo, mas adelante me haria uno lateral de lona para que no se rompiera, una especie de funda oculta, dos, una para el pantalon y otra para la chaqueta. El contubernio lo remato Jovino.
– Recuerdalo siempre, no la saques sin motivo ni la enfundes sin honor, la pistola es como la picha.
La primera entrevista liquidada, las otras dos eran personales e intransferibles, asi es que me despedi de todos y trate de perderme entre los puestos de la feria para adquirir poco a poco un caminar normal, suponia que todos los ojos se clavaban en mi abultada nalga izquierda, «vienen los mineros», me advirtio la pulpera, «?y a mi que?», para mostrar mi aplomo tome un rabo de pulpo indiferente a su bulla, la vi al otro lado de la plaza, un revuelo de melenas y faldas, Olvido estaba alli, le hice un gesto de aguarda, dejalos pasar, algunos venian ya colocados con una botella de conac en la mano de la que bebian a morro, en primera fila miembros de la Brigada del Gas, petulantes, disfrutando de la admiracion y temor que despertaban a su paso, listos para la gamberrada con la que se imprimian caracter, media docena de maricas a las que habian clavado un cartucho de dinamita en el culo.
– Una hermosa bestialidad, ?no?
Me lo dijo don Guillermo, a mi espalda, me sorprendio su presencia y el verle tan elegante, contrastaba con aquellos energumenos, se habia puesto un impecable traje blanco y fumaba displicente un cigarrillo rubio, en un club ingles no hubiera desentonado, pero en la feria era todo un acontecimiento.
– ?Va de viaje?
– No, ?por que?
– Como lleva corbata.
Los brigadistas soltaron a las maricas, las miserables urracas volaron despavoridas con la mecha ardiendo junto a la cola, la gente corrio a refugiarse bajo los soportales, fuegos de artificio vivitos y coleando, las aves apenas se elevaron unas decenas de metros y explotaron en una traca brutal que se resolvio en una lluvia de plumas y un par de heridos sin importancia, rasgunos superficiales.
– Las averias a nuestra cuenta.
– ?Viva el Gas!
Mister White se sacudio una mota de polvo invisible.
– Bien, parece que ya podemos hablar con cierto sosiego.
No estaba tranquilo, a las chicas no les habia ocurrido nada, otro gesto de espera, ya te buscare, pero la siniestra banda se dirigia hacia el casino y alli estaba don Angel, soportaba mal las impertinencias y los gasogenos no estaban acostumbrados a que no se las soportasen, en la duda decidi liquidar cuanto antes el asunto del Ingles. Paseamos como dos
– ?Has tomado una decision?
– Si, claro.
– ?Y puedo saber cual es?
– ?Han cambiado en algo las condiciones que me ofrecio en Perrachica?
– Solo en la escritura.
– ?La casa sera mia?
– Lo sera y por escrito.
– Entonces, de acuerdo.
Extendi la mano para firmar el trato, chocamos los cinco y le agradeci que no intentara convertirlo en un pulso como hizo Jovino, tenia una piel suave, sin callos, pero varonil, me gusto, llegariamos a entendernos, queria creer que todo se desarrollaria segun mis intereses, podria enganarme con suma facilidad, pero si lo hacia le perseguiria hasta el fin del mundo para darle muerte.
– Puedes recoger tus cosas y trasladarte a la villa cuando quieras, cuanto antes mejor.
– Viajo con lo puesto -me palpe la Star-, no tengo equipaje.
– ?Por que te has comprado una pistola?
Volvio a sorprenderme, si queria deslumbrarme con la exhibicion de que nada escapaba a su control lo consiguio, nos miramos a los ojos y no se si leeria en los mios lo de a pesar de todo si me enganas te perseguire hasta el fin del mundo, yo en los suyos ni pum, no estaba acostumbrado a ojos tan azules y gelidos, me decian menos que si fueran de cristal, un inconveniente a superar.
– Farda mucho.
– En nuestras gestiones la utilizaras cuando te diga, a ser posible nunca.
– A veces, con ensenarla sobra.
– Carmen, la Pesquisa, se encarga de la casa, en cuanto llegues te instalara en tu cuarto, pero, por favor, no la llames jamas Pesquisa, es de muy mal gusto.
– No creo que a ella le importe.
– A mi si.
Con una pistola al cinto y un hogar en el futuro no me iban a detener ni las trampas de Fumanchu, me quedaba la tercera cita, la mas importante, pero antes tenia que pasar por el Macurro, no fuera el padrino a enredarse en trotes para los que no estaba. Me estremeci al ver la fuerza de la puja, habia billetes de mil sobre el tapete verde amontonados con la impudicia que en un casino soslaya la presencia de fichas, un silencio expectante alrededor de la mesa, «chist, los mirones de piedra y dan tabaco», Chaves se habia esfumado y su lugar lo ocupaba un tipo mas joven que yo, repartia cartas con ademan zafio e intenciones asesinas, Jovino me cuchicheo el por que le habian consentido sentarse con los grandes, «Pepin, el del Gas, de dinero lo que quieras», don Angel perdia con el rostro imperturbable de la costumbre, en la mesa y en el juego se conoce al caballero, era su marca de fabrica, si al menos la hiciera en su elemento, en la salita privada del Gran Kursaal, el casino donostiarra embarrancado entre las olas del Cantabrico y la desembocadura del Urumea, pisando una alfombra de terciopelo y reflejandose su frac en el vidrio tallado de una copa de brut, tendria alguna oportunidad, me dio lastima, imposible ganar aqui, jugaba con los conocimientos de un profesional, pero le faltaba el carisma de los elegidos, algo tenia que quebrarse en su delicado espiritu al verse trasladado de la
– Tu no me conoces, ?verdad?
Frente a mi, Pepin, el Gallego, brigadista del Gas, tratando de fulminarme con la mirada.
– Disculpa, no leo los periodicos.
