hospitalidad que ansiabamos, nos regalo un plus de confianza en el azar, la suerte para quien la desafia, crecio el valor de Olvido y me volvio a besar en la boca, por primera vez se conocieron nuestras lenguas.
Y el amor me aconseja la piel como una esencia untada, como un tacto que ignora su materia. La metamorfosis del animal se completo en el magnifico leon alado de piel amarilla y melenas al viento, tratamos de abrazarlo, lo veiamos los dos, no era un espejismo, por entre nuestros unidos cuerpos, con un rugido de felicidad, salto poderoso e invencible hacia el sol poniente, llovieron los petalos rosas del crepusculo sobre nuestras cabezas y una serena confianza se aposento en nuestro animo.
Capitulo 14
La convoco en el piso de arriba, en la zona noble, en la sala de no uso, para tantear su estado de animo y para remachar la orden con carinosa insistencia, Dositea se sento en una de las mecedoras y la hija, por primera vez en su vida, en la otra, las mecedoras de no uso eran para los mayores, alli, meciendose las miradas de la una en las de la otra, la madre trato de establecer contacto con Olvido, le resultaba tan dificil, suspiro.
– Debes comprender, mi matrimonio fue una farsa de conveniencias que fracaso rotundamente hasta en lo economico, tu padre… bueno, mi marido, fue un chisgarabis, un despota que jamas me manifesto una chispa de ternura.
– Madre, no tienes por que darme explicaciones.
– Quiero que lo comprendas.
– No lo comprendo, lo siento, pero no comprendo que me tuvieras enganada, es tan…
– Las apariencias mandan, Olvido, es una cosa de familia que nadie mas debe saber, no se lo digas ni a tu mas intima amiga porque tendria otra amiga todavia mas intima y asi es como se corre la voz. Lo prometiste, ?te acuerdas?
El tinglado de la farsa social se asienta sobre promesas rotas y apariencias sin capacidad de engano, se acumula en patina de abolengo venido a menos en el bargueno interpuesto entre las dos mecedoras, en el resquebrajado lienzo de un oscuro e indescifrable san Genadio, eremita perdido en una cueva remota del valle del Silencio, y de forma muy especial en las manos con huellas de lejia que Dositea se resoba en el precario trance de la verdad.
– Sere una tumba, madre, pero no lo comprendo.
– Nos quiere, te quiere mas que a nadie por el anonimato que tanto le hace sufrir, nos cuida, se ocupa de nosotras, fijate lo que nos ha mandado, azucar, harina, chorizos, por cierto, va a matar un cerdo en Navidad, tantos anos sin celebrar la matanza…
– Por favor, dejalo.
– Seguimos siendo unas Valcarce, hija, y hay que comportarse. Mi desliz fue una cosa tan natural, ?comprendes?, Angel se habia quedado solo, Angustias se le murio en el parto de la segunda Niceta, la primera se les murio de meningitis con meses, necesitaba compania, al contrario del otro rebosaba ternura por todos sus poros, lo que nunca tuve, y aunque era bastante mayor que yo, quiza por eso mismo, nos consolabamos de nuestras diferentes soledades y casi sin darnos cuenta…
– Ya, cuanto mas prima, mas te la arrima.
– ?Olvidin! Que te este descubriendo mis confidencias no te da derecho a ser impertinente, eso que has dicho es una groseria.
– Perdona, mama, no se lo que me ocurre.
La joven paseo una mano por la tirilla de la falda e inmediatamente sintio el mordisco de cien alfileres en su bajo vientre, el cilicio clavo sus garfios en la carne, unas gotas de sangre empaparon su vello pubico, el dolor, el sacrificio, eran su fuerza de voluntad, tenia problemas de conciencia y no sabia como resolverlos, disimulo la instintiva contraccion dolorosa, si todo se pudiera aguantar como el dolor fisico la vida no seria tan insufrible, penso.
– Si, estas muy rara, pero no me extrana, necesitas tiempo para hacerte a la nueva circunstancia familiar, te haras a ella, no te preocupes, Angel es una bellisima persona.
– No se si podre llamarle papa, padre, lo intentare, pero ha llegado en un plan tan mandon.
– Siempre ha tenido que mandar, tuvo la suerte de ser el primogenito que para mi fue su mala suerte, y encima el unico varon, la abuela le maleduco en la abundancia para seguir mangoneando ella, para que nada les faltara a las tias, abuelas, primas, ?tantas mujeres!, no le educaron para el mundo moderno de los negocios, pero es un hombre justo y no hubiera desamparado a ninguna como no lo ha hecho ni en los momentos bajos por los que atraviesa ahora. Tambien es un hombre de cultura superior y sus ordenes son sabias, una sabiduria que a veces no comprendemos a la primera, pero a la larga siempre tiene la razon de su parte.
– Lo que menos comprendo es por que me prohibe salir con Ausencio.
– Te lo ha prohibido y basta.
– No me basta, quiero una razon.
– Porque no te conviene.
– ?Como puedes tu decir eso, madre? ?El fracaso de tu matrimonio no fue por las conveniencias?
Demasiado cruel, pero tenia que defenderse, compenso el dano que infligia a su madre con un nuevo toque en el cilicio reglamentario de Accion Catolica.
– El pobre Jose no tiene ni apellidos, es muy buen chico y yo le aprecio como si fuera de la familia, pero su porvenir es de aparcero.
– Somos amigos, ?que hay de malo en ello?
– Que se convierta en algo mas. Eres demasiado joven, el es ya un hombre hecho y derecho y puede enganarte…
– ?No te lo consiento!
– ?Que? ?Que es lo que tu no me consientes?
– Perdona, mama, no se lo que me pasa, perdoname, estoy tan confusa… si no te importa me voy, quisiera ir a confesar.
– No me asustes, no habras hecho nada irreparable, ?verdad?
– No es eso, por favor. Os he ofendido a vosotros, a ti, tengo que aclarar mis ideas.
– Esta bien, hija, vete. Y recuerda que si vuelves a salir con Jose te metemos de interna, no nos quedaria mas remedio.
– Por favor, dejalo.
– Soy tu madre y quiero ayudarte, si necesitas alguna explicacion preguntame cuando quieras, no estoy en contra tuya.
La complejidad de por que el amor tenia que asentarse sobre la desgracia, de por que todo lo que el corazon acogia con jubilo era pecado, de por que la alegria siempre estaba prohibida por las leyes de Dios o del codigo civil, era la complejidad de su adolescencia, camino de la colegiata de Santa Maria penso que quiza don Sergio, el consiliario de las Juventudes de Accion Catolica, pudiera aclararsela, tenia fama de grandes penitencias, pero tambien de grandes perdones, de facilitar cilicios y serenidad, el tambien era joven y no estaba chapado a la antigua como sus padres.
– ?Quien es la ultima?
Pregunto a la cola de sombras arrodilladas dentro del recinto entre gotico muy tardio y plateresco poco repujado, era vispera de primer viernes de mes, nueve seguidos el mejor seguro de vida eterna.
– Ave Maria Purisima.
– Sin pecado concebida, padre, quiero confesar los pecados que he cometido
