y apano, se conoce que a ellos no les habia llegado el reparto del tesoro templario, algunas calicatas se llevaban el huerto del vecino por delante, el fiandon de la noche de San Esteban no estaria mas concurrido.
– ?No vienen los civiles por aqui?
– Vienen, pero hay acuerdo.
– Tenemos que irnos.
– Para mi que se las cepillo el ama de llaves, las donas Marisol, Mariluz y Marialba eran muy golosas, les preparo una mermelada con las cerecillas del tejo de Valdueza y ese fruto revienta a un caballo, desaparecio la muy y dicen haberla visto por Lugo, que compro piso y comercio, una merceria de postin, ?con que, si no?
Le dejamos con la palabra en la boca, el hombre era simpatico pero lo de la chelita no me habia hecho ninguna gracia, seria buen mineral, no seria un equivoco como el de las gafas, pero me inquietaba porque no lo dominaba como el wolfram, en la pena no habia tungstato de calcio. Subiamos a la Cabrera, a la mina Jose de don Trinitario Gonzalez.
– Lo que tengan alla arriba sera lo que les manguen a los alemanes de Casayo.
Rene demostro con tal deduccion un perfecto dominio del terreno que pisaban sus ruedas.
– Para un ingles negocio doble, ?eres germanofilo?
– Ni germanofilo, ni teofilo, nada. Los alemanes me caen bien por lo bien que hacen las cosas, el ano pasado hice dos viajes a Alemania con el Bussing del Marion, ?le conoces?, los tios tienen unas carreteras de puta aldaba,
– Tanto como dejarse no sera, digo yo.
De unos castanos bravos salio un lechuzo gigantesco, es lo bueno que tienen las noches claras de luna llena, nos evita los fantasmas y describe a los animales por su figura, lo supuse un gran duque o buho real, ay del cordero descarriado y el conejo insomne, no habia visto ninguno anteriormente pero esta noche era la de mi iniciacion en temas varios, un depredador nocturno en competencia con el aguila tambien real a la que tiene que ceder plaza en cuanto apunta el dia, nosotros eramos los grandes duques del wolfram.
– Menudo bicho.
Anore sus alas, su poder viajar muy lejos en busca del deseo de volver a casa, una libertad para mi imposible puesto que no tenia casa propia, la tendria. Llegamos a la mina de don Trinitario.
– Oye, ?que hace ese ahi?, ?no es Aquiles, el de Salamanca?
Seguro como cinco por dos son diez.
– No creo, anda, atiende a la maniobra.
La carga fue tan rapida y aseptica como en Toral de los Vados, pero como su filon era de estano no me quedo mas remedio que hacer un control.
– No habreis metido de lo vuestro, ?verdad?
– Compruebalo.
Tome varias muestras al azar, ni rastro de casiterita, todo wolfram de cinco estrellas.
– Pasable.
Media vuelta, bajabamos del monte satisfechos, al menos yo iba pletorico, el traqueteo de los baches, un camino poco mas arreglado que una corredoira, me lanzaba hacia la alegria de la luna, flotaba en el espacio, sentia dentro de mi un algo indefinido que cristalizaba en forma de personalidad, terminaria siendo alguien, pasando por encima de la remora de una cuna descarriada, con personalidad y dinero me gustaria conocer a mis padres, no me causarian ninguna nueva frustracion, no sabia muy bien si me gustaria conocerlos para escupirles o perdonarlos, decian que ella podia ser una gran senora, asi lo daban a entender los panos de encaje con que me envolvieron, pero yo preferiria a una pobre mujer desvalida con un motivo solido para abandonarme, si es que hay motivos suficientes para abandonar a un hijo, alla ella, me sentia un heroe de pelicula y su recuerdo no me iba a impedir el disfrute, tan en las nubes como un gran duque, por eso fue Rene quien dio la voz de alarma.
– ?Mira!
Una silueta inconfundible.
– Pasa de largo.
– No jodas, tienen una furgoneta cruzada.
– ?Vuela!
Rene no me hizo caso, opto por lo mas sensato y freno. Al apagarse el ruido del motor se oyo el canto intermitente de un autillo.
– Ensenale la guia, a ver si cuela.
El guardia civil se aproximo al Ford.
– ?Jose Exposito?
– Yo mismo.
– Baje, quieren hablarle.
Baje razonando con la aprension y velocidad de una liebre cuando el aliento del galgo caldea su trasero, me cedio el paso, tras el aparecieron dos sombras de paisano, barajaba mil posibilidades dialecticas, hundi la mano derecha en el bolsillo-funda de la Super Star, el argumento decisivo si no quedaba mas remedio, si me daban tiempo a esgrimirlo.
– Hola, ?ha ido bien la recogida?
– No se de que me hablan.
– Tranquilo, somos amigos.
Me sono tan a broma como si me hubieran dicho que eran titiriteros.
– Si son autoridad demuestrenlo, llevo los papeles en regla.
– Nuestra documentacion.
El de la voz cantante echo mano al sobaco, si saca la cartera vale, si saca un arma disparo, no quise reflexionar sobre las complicaciones de herir a un policia, me cenia a lo inmediato como la liebre acogotada, afortunadamente lo que saco fue un periodico en cuatro dobleces.
– ?Me permite?
El contacto lo hacemos con este numero atrasado, me explico don Guillermo dandome un ejemplar, quien te ofrezca otro igual es de entera confianza.
– ?Todo en orden?
– Puede… ?ese quien es?
El aludido se abrio el capote, junto con el tricornio era todo el uniforme que vestia.
– Es un disfraz, de otra forma no habrias parado.
Mejor no haberlo hecho, pense.
– ?De que se trata?
– Cambio de ruta. Ya no vais a Zamora, hay que entregarlo en Vigo.
– ?A quien?
– Tu te quedas, seguire yo con Rene.
Lo del
– Voy con vosotros.
