– Siempre les toca a los mejores.
Me reuni con Olvido, bajamos cogidos de la mano, sin hablar, ni siquiera le comente lo de las quinientas pesetas, me indignaba que la colecta no hubiera llegado ni a dos mil, me sentia sucio y culpable, un sentimiento que muchos otros debian compartir conmigo, el chico de los Valbuena habia hecho promesa, la de su madre, de subir andando con las botas llenas de garbanzos, se las habia llenado con garbanzos cocidos y ahora, junto a la cuneta, cuando pasamos a su lado, los estaba reemplazando por piedras, querria destrozarse los pies en la bajada para quitarse de encima el mefitico olor de culpa y miedo, le comprendia muy bien. Cruzabamos el soto de Casares cuando sono la primera campanada tocando a muerto.
Capitulo 19
Si subi a Oencia fue por el chantaje de Jovino, «sube o no hueles un kilo mas de la pena del Seo», con la disculpa del negocio queria adoptar una pose cinica y dura ante mi mismo, pero en realidad subi por solidaridad, le machacaran, pero con testigos puede que no le machaquen del todo, con el amigo Menendez seguia en muy buenas relaciones, «ademas tengo que decirte una cosa confidencial, algo definitivo, sube», y subi, no llegariamos a la docena los que nos atrevimos a plantarnos frente al unico edificio de ladrillo, encalado y con una bandera sobre la puerta: todo por la patria. Ni se molestaron en sacar un centinela, pero los famosos del pueblo, la cuadrilla del Gas en pleno, se nos enfrento en la explanada interponiendose entre nosotros y la casa cuartel como si temieran un asalto, quedamos en dos filas de uno frente a otro como en un torneo a lo Ivanhoe, lar armas en el bolsillo, el odio en las pupilas, lo que fuera a pasar envenenando el aire.
– Lolo, sera mejor que te evapores.
– ?Por que? No hice mal a nadie.
– Para que no te lo hagan a ti.
Lo de Dragonte sono y la autoridad competente encabritose, lo que no puede ser, no puede ser y ademas es imposible, los cuatro vecinos asesinados era un crimen, pero en recinto sagrado y con parroco incluido una afrenta al mismisimo regimen, algo a compensar con un gesto rapido, se lo repitieron hasta la nausea a Manuel Castineira, el hermano de Genadio, lo mejor es que te evapores una temporada, pero Lolo, el Puto, andaba mas que sonado, vivia a medias de la caridad y del vino de los Perrachica y alli le trincaron, en la barra, tomandose un blanco.
– No te importa acompanarnos, ?verdad?
– ?De que se me acusa?
– De nada, hombre, el teniente quiere preguntarte algunas cosillas de puro tramite.
Que Chaves se ocupara del caso eran palabras mayores, le vimos entrar al cuartelillo con su cara de caricatura facil, el pelo negro de bicho ocultandole la frente y la mandibula recta tipica de cazador de fugitivos mas adelantada que nunca, cuanto mas se le adelantaba mas peligro a su alrededor, nos dejo pocas esperanzas.
– Lolo, si no colaboras te vamos a dar la fiesta.
El ventanuco de la celda, enrejado, no decia nada, era la ventana grande de la oficina, abierta de par en par, a proposito, la que nos radiaba las voces del teniente a traves de los tiestos con geranios, las contestaciones del Puto resultaban inaudibles, lo mas probable es que no le llegaran al cuello de su camisa.
– Le van a torturar.
– Ojala se quede la cosa en una tanda de hostias.
Trono la voz del Chaves:
– ?Donde estan?
La pregunta de siempre, habia suprimido la de cuantos eran porque en la iglesia se les habia podido contar a placer, siguio un silencio prolongado en donde el rumor del agua del riachuelo y el de las hojas de los chopos ironizaban sobre la placidez de la tarde, el veneno del odio se iba espesando entre las dos filas de paisanos haciendose irrespirable, me sentia profundamente deprimido, mire hacia atras para comprobar los efectivos de nuestra retaguardia, al fondo de la pradera, al borde del soto de castanos, las mujeres aguardaban el previsto desenlace, en el carro de bueyes, uno del pais de ruedas bajas sin radios, tenian ya preparado el colchon para transportarle a casa del doctor Vega, no le tenia ninguna simpatia al pariente de Olvido, pero se habia portado, traiganlo en cuanto acaben con el, no importa la hora, trono de nuevo la ventana y volvi la cabeza para enfrentarme con el absurdo.
– ?Dime donde se esconde o te pego un tiro!
Todos sabiamos que no lo sabia y le oimos por primera vez, lloraba a moco tendido con gemidos de perro apaleado. Sono un tiro de revolver y el corazon se nos subio a la garganta. No podia ser. De nuevo solo los rumores del campo, el disparatado croar de un sapo.
– No puede ser, no puede haberselo cepillado a sangre fria estando aqui nosotros.
– Calla, cono.
Paso un minuto eterno y fugaz.
– Probemos con el jarabe de palo.
Silbo el aire con un cruel latigazo y el consiguiente chasquido de la carne.
– ?Madre mia!
El aullido de dolor, por absurdo que parezca, ?que no fue absurdo en aquella tarde?, ?que no iba siendo absurdo en mi vida?, me consolo al informarme de que el Puto seguia vivo, golpe y madre mia, golpe y madre mia, cuando llegaron a treinta y tres perdi la cuenta, los nervios me iban a estallar, quise tranquilizarme con un pito, pero si metia la mano en el bolsillo en busca de la petaca el sospechoso movimiento desencadenaria un zafarrancho de muerte, me contuve, imite a los de mi fila, todos aguantabamos el tipo impavidos como la guardia de un general cuando suena la marcha de infantes, por dentro nerviosos como la colegiala a la que sorprende un exhibicionista decepcionando sus ensuenos eroticos, no comprendia la escena, la estaba sonando, intercaladas en los vergajazos preguntas absurdas que parecian mas propias del concurso doble o nada de la radio.
– ?Se emborracha?
– ?Le gustan las tias?
– ?Las tias con las tetas gordas?
– ?Se tiro a la pastora de Los Mazos?
Corria la voz de que el Charlot habia violado a varias pastoras, pero lo logico seria preguntarselo a ellas, tenia fama de mujeriego y las mujeres se le daban, las hacia reir y llorar con sus gracias chaplinescas, eso lo sabiamos todos, bajo el ritmo de los vergajazos hasta dar paso a un nuevo silencio, los silencios eran lo mas tetrico del espectaculo que no veiamos, me mareaba con solo imaginarme la espalda del Puto, la cabeza me daba vueltas por culpa del aire emponzonado.
– ?Es usted un hombre o que?
Crei que la pregunta me la hacian a mi por marearme, pero no, Chaves estaba interpelando al verdugo que resulto ser el cabo Sanchez, Mediocapa.
– ?No tiene mas fuelle?
– Dejeme descansar un rato, mi teniente, no puedo mas.
Si el hijoputa del Mediocapa no podia sacudir mas estopa, el cuerpo de Lolo era una piltrafa que no servia ni para albondigas, mejor no imaginarselo. Algo volo desde la ventana para caer en el espacio libre que dejabamos las dos hileras de hombres enfrentados, contemple la herramienta ya inutil, un palo rojo, tinto en sangre, una vara de avellano silvestre, me iba a marear y las caras de los Pepin, Lisardo, Sandalio y demas fantasmas se distorsionaron en una masa plastica, alargada, reptante, de hermosos y malvados colores, la boa constrictor de cien garras se deslizo hacia la casa cuartel aprisionandola con sus poderosos anillos, parecia imposible que las paredes de argamasa resistieran el fenomenal empuje de su presion, algo crujia, no las paredes sino los huesos de la inocente victima, saltaban las costillas una tras otra perforandole las visceras, extranos
