dos no era plato de gusto, cumplian el requisito del peregrinaje procesional marchando en fila india, paraguas en ristre, la otra condicion era la lluvia, si no llovia, el chorrito de insolita semejanza no se podria formar, pero tal como amenazaba el cielo no habria peligro, lloveria a cantaros. Desde la salida del pueblo hasta el valle del Oro la ascension marcho sin novedad salvo que, a pesar del sigilo con que se habia llevado a cabo la maniobra, la fila de procesionarios no dejaba de crecer, unos cincuenta hombres como minimo componian ya la comitiva.
– Cuidado con el macho, si da un traspies se nos escaralla la vieja.
Desde el valle del Oro, el trepar por el caborco del Infierno supuso una dificultad tremenda, el empinado camino se subdividia en sendas menos que de herradura, bifurcaciones infinitas de los buscadores que por alli merodeaban a diario, una doble dificultad, la de mantenerse en pie y la de dar con la direccion correcta, la que dijera dona Oda.
– Caliente, cona, por ahi va caliente.
Sus instrucciones obedecian al juego infantil de la busqueda del tesoro, caliente equivalia a un arre, adelante, nos aproximamos, mientras que frio indicaba un alejamiento, media vuelta y hasta el proximo dilema. Cayeron las primeras gotas.
– ?Nos toma el pelo o que?
– Calla, no la cabrees.
– Caliente, caliente.
En una dificil encrucijada, la cabalgadura se planto como una estatua de bronce sobre su peana de piedra, al borde del abismo. Como para poner a prueba el temple de los animos empezo a llover, fuerte, un liquido denso brunidor de rocas ocres y pulidor de hojas verdes, un diluvio, el aire se cargo de electricidad, las herraduras se asentaron en el firme sacando chispas al pedernal y fue el avergonzado macho quien dio senas de sentido comun negandose a seguir.
– He dicho caliente, cona.
La abuela se sujetaba con una mano el ridiculo sombrero de copa, sobresalia esperpentico por encima de los paraguas, y con la otra estimulaba a su hijo, su piel de hule la impermeabilizaba, estaba en su dia y el agua era imprescindible, lo habia contado mil veces, nadie podia llamarse a engano.
– ?Se encuentra bien, madre?
– Caliente, ?no me oyes?
– El animal no quiere seguir. ?Y usted, madre?
– Pegale una coz en sus partes, veras como anda.
Se iban a crismar, Eloy descabalgo y despues descabalgo a la fuerza a dona Oda, la razon del macho se imponia tras varias caidas de los que desde la cola intentaban ganar posiciones para averiguar lo que estaba ocurriendo en cabeza.
– Nos va a dar un pasmo, ?que hacemos?
Algunos descreidos, calados hasta los huesos, iniciaron la retirada.
– Esta como un cencerro y nosotros mas por venir con ella.
– ?De quien ha sido la idea?
– Del Menendez, supongo.
– Ese tiene menos luces que un sotano oscuro, yo me largo.
Dona Oda se mantenia hieratica, su orgullo solo aceptaba dos salidas, el cofre o la horca, ?como le iba a importar la lluvia si estaba representando la escena con la que sono desde nina?, el despenarse no tenia la menor importancia. Se orino de gusto sin perder por ello su dignidad.
– ?Se atreve a seguir, abuela?
– La duda ofende.
– ?Pues vamos alla!
Fue Jovino quien tomo la decision circense, se la monto a hombros como hacen los padres con los ninos que se cansan de ver el desfile y echo a andar por el borde del abismo con pasos de funambulista en numero de gala y sin red. Nadie imito su ejemplo, Eloy le lanzo una nimia advertencia.
– ?Cuidamela, por Dios!
Jovino no contesto, centraba todos sus sentidos en evitar la caida tarareando para si, que voy a hacer yo con un hombre, si necesito un batallon, quien contesto fue dona Oda:
– ?Cagaos!
El resto de los peregrinos, quietos, asombrados, vieron alejarse a la pareja tras la cortina de agua espesa como almibar, si hubieran levitado a los cielos no les hubiera parecido mayor milagro. Jovino avanzo paso a paso, era dificil traducir el esfuerzo a metros, caliente, caliente, asi una distancia indefinida que le introdujo en una absoluta soledad y en un fondo de saco, callejon sin salida, no podia escalar la pared aquella con una bicentenaria a las costillas, se acabo.
– Aqui es, mira ese buraco.
– Es una conejera.
– No importa, mira.
Tenian que hablar a gritos, tal era el estruendo del agua. La sento en una roca, la ayudo a colocarse el sombrero, su centro de gravedad, y miro en la madriguera por no desairarla.
– ?Aqui no hay nada!
Se arrepintio del nada pero ya era demasiado tarde, tenia que haber dicho cualquier otra cosa, mierda, segun la leyenda el cofre mas peligroso era el vacio, la nada arrastraria su espiritu al absurdo de un purgatorio eterno, la anciana perdio la voz, abrio la boca para gritar pero no emitio ningun sonido, las pupilas se le volcaron hacia dentro y se desmayo. Jovino se agacho a auxiliarla y fue entonces cuando sintio en la espalda el impacto de un chorro continuo, estaba seguro, levanto la vista con alegria y, en efecto, habia localizado a La Meona, por encima de el se abrian los muslos mayestaticos de una mujer berroquena, muchas veces se habia visto en situacion similar, absorto ante los separados muslos de mujeres de carne y hueso, blancas, negras, mulatas, arabes, chinas, flacas, gordas, reales o inventadas, pero jamas habia sentido la gloria de un espasmo tan gozoso. La habia localizado. Existia.
Capitulo 21
Conducia Rene, los baches me sacaban de vez en cuando de mi ensimismamiento pero regresaba de inmediato a el, volvia a recordar una salvajada tras otra, me dolia el alma por culpa de las atrocidades ultimamente vistas, el alma si existe es el yo que te habla desde detras de las pupilas cuando cierras los ojos, la mia no paraba de largar, en el azul del cielo un galfarro se precipito como un proyectil contra un pajarillo, saltaron las plumas del pardal por el aire, que Dios exista ya es mas dudoso, somos su obra y la naturaleza no es etica, el hombre mata, el pez grande se come al chico, el galfarro al pardal, el pardal al gusano y el gusano al hombre, el galfarro era un halcon peregrino, todo gris, de ser milano le hubieran brillado las plumas rojizas de la espalda, de existir Dios como nos lo describen seria un Ser mas rencoroso que justo.
– ?Tu crees en la justicia divina?
Rene se tomo un buen kilometro para contestar.
– Yo, como mi abuelo, era frances, ya sabes, ?no?, racionalista y tal, solo creo en el dicho la dans sal de la pans, en espanol algo asi como la danza sale de la panza.
– No es mal refran para el hambre que se gasta.
– Hambre algunos, porque otros…
Senalo con el pulgar hacia atras, por encima de su hombro, ibamos a Zamora con una tonelada de wolfram en la caja del Ford, yo llevaba una guia falsa en la cartera y por si habia problemas administrativos con los de trafico un fajo de verdes y otro de marrones, a distribuir segun la complejidad del problema y el caracter de los motoristas, en ultima instancia imaginacion, acelere y Star. Zamora no me gusto nada a pesar de sus muchas iglesias antiguas, la catedral tiene un divertido cimborrio que se parece al casco de los reyes godos segun los dibujos del libro de historia, de vacaciones puede ser, la dicen movida, pero de rematador ni pum, demasiado pequena y abigarrada, una encerrona, puede ser que en la mala impresion me influyera la melancolia del alma que venia arrastrando, ademas del miedo a fallar el trueque.
