fluidos manaban por todos los orificios de su cuerpo, incluidos los ojos, desprendidos como bolas de tapon de gaseosa, el liquido se derramaba efervescente formando un charco en el que chapoteaban las cien pezunas, me volvio a mi ser la voz de Chaves.
– Le voy a ensenar como se varea la lana.
El chasquido, lugubre y salvaje, sono como si hubieran golpeado con una pala la superficie lisa de una piscina, la sangre salpico hasta el techo.
– ?Se tiro a la pastora de Los Mazos?
– Madre mia…
Apenas se oian los madre mia, puede que me los estuviera inventando, conte hasta diez golpes y no pude mas, si la actuacion de Charlot me habia revuelto las tripas, la del teniente me hacia vomitar, jamas habia sentido tanto asco, odio o lo que fuera, ante ningun enemigo, ni en la guerra de trincheras, ni siquiera en el unico asalto a la bayoneta en que participe y en el que por fortuna no tuve que ensartar a ningun ser humano, Jovino trato de animarme, supongo que fue el, «animate, tengo la pista del filon grande de la pena, si coincide con la historia de la vieja Oda la cosa es segura, un momio, nos pondremos de acuerdo para hacernos ricos, tu te encargas del transporte, que ahora eres alguien en el gremio de los rematadores, el resto a mi cuenta, sera un golpe definitivo, listo, animate que aqui no se acaba el mundo», me preguntaba cosas absurdas, que si me gustaban las tias con las tetas gordas, que si habia sobornado a alguno de los suyos, ?que tenia que ver eso con el wolfram?, supongo que no contesto porque ni siquiera podria oirle al teniente pero hizo bien, confirmar tamana infamia le hubiera colocado en una situacion incomoda, los de la Benemerita son insobornables, por mi podian ser incombustibles e imperdibles, despedian chiribitas los ojos de Pepin, el Gallego, lo tenia cara a cara, tu y yo vamos a terminar como el rosario de la aurora, estaba en pesimas condiciones para iniciar la pelea, cuando se produzca no viviras para contarla, asesino, eran unos latigazos tan crueles, los sentia como si se los estuvieran aplicando a mi madre, ?a quien?, ?quien era mi madre? Madre mia, no era el momento para pensar en buenos panales ni para hacernos ricos con el wolfram, se lo pregunte:
– ?Que podemos hacer por el?
– Nada, con los amigos hasta la muerte, pero ni un paso mas alla.
Sensata medida, me cago en Cristobal Colon, si estuviera en el pellejo del Puto me concentraria en una unica idea salvavidas, la venganza, resistir para poder vengarme, hacerle rodajas, pasarle por el molinillo, embutirlo en tripa de cerdo, celebrar con un banquete la onomastica de tal dia como hoy. El ultimo silencio me llego como un consuelo, lo que sea ya es, se acabo.
– Se acabo, ya puede retirarse.
– No puede. ?Le echo?
– Claro.
La boa constrictor se escindio en repugnantes eslabones individualizados, sus vivos colores se desvanecieron en caras terrosas, malbarbadas, los componentes del Gas abrieron la fila para que pudieramos pasar a recoger el cuerpo que alguien habia arrojado sobre la hierba, las mujeres pusieron el carro en movimiento, gemia, porque no engraso los ejes me llaman abandonao, un cuerpo irreconocible, un amasijo sanguinolento que lo mismo podia ser Lolo, el Puto, que el Cid Campeador o Juanita Reina, algo solo vagamente humano.
– Dios mio, ?que es esto?
Sonrio el Mediocapa.
– Me alegro de que hayan venido. Ustedes son testigos de que no se le ha tocado un pelo. Cualquiera puede despenarse por estos andurriales.
Mire a Manuel Castineira y no pude evitar el vomito, si no se moria es que no se moria nadie de una paliza.
Capitulo 20
Jovino suplico, soborno, amenazo a cada uno de los miembros de la familia Pousada hasta llevarlos al convencimiento de que habian sido ellos mismos, en conclave, quienes lo habian decidido.
– Hoy es el dia.
A punto de amanecer, por la ventana del dormitorio principal de casa Perrachica, se veia que «negros nubarrones amenazaban el reinado de Witiza», los textos de don Pancracio seguian haciendo de las suyas, se acabo el buen tiempo, el color panza de burra de origen galaico afloraba por la hendidura de las montanas del oeste.
– Si el tajo de Friera llora, lluvia en una hora.
– Tardara mas, pero hoy es el dia.
– Voy a despertarla.
Prisca salio para vestir a la abuela y Eloy para enjaezar al mulo, Jovino se mantuvo al margen para no romper el carisma de ceremonia secreta y consanguinea que habia seducido a la por lo menos bicentenaria dona Oda, por entretenerse deslizo la mano entre las sabanas hacia las nalgas de Celia, pero no era una manana propicia al escarceo.
– No seas borde, prepara a los tuyos si quieres que todo salga bien.
Tenia razon la de Veariz, Jovino se vistio en un santiamen y en otro paso a la palloza y desperto a su cuadrilla, el cuadrado magico, a Carin, el manco, y a los otros tres, Para, Villa y Cabeza por sus lugares de origen, Paradaseca, Villalibre de la Jurisdiccion y Cabeza de Campo, tuvieron que esperar fuera a que terminara el ritual de vestir a la abuela, era su dia y trataba de disfrutarlo a tope.
– ?Sabra llegar?
– A eso apostamos, ?no?
A Prisca le toco soportar el caracter protagonico de la anciana, «visteme despacio que tengo prisa, decia mi senora», con infulas de grandeza saco del baul de los objetos perdidos el traje de caza que le regalara a final del XIX la condesa de Campomanes, en donde habia servido con lealtad y eficacia, y buena prueba de ello eran los arreos donados, zapatos planos de puntas rectangulares, enaguas blancas sin almidonar, chaquetilla ajustada de gruesa lana y amplia falda con corte de sastre cortesano, «me sienta lo mismito que a ella y es que Villafranca siempre fue famosa por la belleza de sus mujeres». Una corbata cinegetica, de batista, oculta la garganta marchita que no para de hablar.
– Tiene razon, parece una senora de las que salian en
– Tu no puedes entender de senoras, eres de las de colchon estrecho, amontonada, mas que amontonada.
– Abuela, no quiero volver a hablar de eso.
– El toque final, aprende.
La anciana se coloco un esperpentico sombrero de copa, una especie de cubo de alas arremangadas, se miro en el espejo y se aprobo gozosa, por fin iba a protagonizar su aventura. Prisca suspiro.
– Que la Virgen de Dragonte nos sea propicia.
– A esa ni me la nombres, mira lo que ha hecho al pobre don Recesvinto, es mas puta que la de la Encina, que quiere ser patrona del Bierzo.
– Que cosas dice de la Virgen, abuela.
– Dejate de pamplinas, cona, aqui virgen, virgen, lo que se dice virgen, me parece que no quedo mas que yo.
– Lo que usted diga, abuela.
Tambaleandose, salio al breve zaguan por su propio pie, alli su hijo la enlazo por el talle, la cabalgo a lo amazona sobre el macho lucidor de hermosa albarda y se cabalgo a si mismo tras ella para sujetarla en su precario equilibrio. Iniciaron la marcha acompanados solo por los hombres, iban en busca de los tres cofres enterrados en la pena, mejor dicho, en busca del cofre de oro, el encontrar cualquiera de los otros
